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La historia oral de la música de baile en Valencia llega con el título de ¡Bacalao!

17.11.16
Frankie Pizá

Fran Lenaers comentaba en la entrevista que nos concedía a principios de año que «la época de los maratones es la época del SPOOK, porque el horario era un poco exagerado, abría a las 23.30 porque se abría pronto, y se cerraba a las 12.00 del mediodía, y muchas veces se continuaba con las luces encendidas hasta las 16.00. Estamos hablando de 16 horas seguidas de sesión».

El DJ es uno de los actores principales y una de las piezas fundamentales para entender la revolución musical y social que supuso el estallido de los clubes a partir de finales de los 70 en Valencia. Por supuesto, tiene su lugar en el libro que Luis Costa firma para la editorial Contra: ¡Bacalao!, subtitulado Historia Oral de la Música de Baile en Valencia, 1980–1995.

Según comentan desde la nota de prensa, «este libro pretende dar cuenta por primera vez de esta historia de nuestra cultura cuyo legado ha quedado desdibujado y deformado por lo que trascendió a través del eco distorsionado de los medios de comunicación».

Se han realizado muchos análisis y artículos recopilando datos y testimonios sobre la época, aunque probablemente no de forma tan exhaustiva: comentan que se trata del fruto de «un año y medio de trabajo y de cientos de horas de entrevistas».

El libro, una historial oral que «revive tanto aquellos años de frenesí como la música que se produjo y pinchó en aquel tiempo», confirma la reciente pasión por unos momentos que antaño fueron víctima del escarnio y la vergüenza popular. Tuvo que pasar más de una década para que comenzáramos a darnos cuenta del valor real de este movimiento.

«Tras la muerte de Franco, y en plena Transición, España vivió un periodo de esplendor cultural underground que, influido por la eclosión del punk británico, sentó las bases de una nueva escena artística, sobre todo musical, que, en Valencia, a partir de la iniciativa de unos pocos emprendedores y visionarios, fraguó el alumbramiento de algunas de las discotecas más innovadoras y avanzadas de Europa. Allí empezaron a operar los primeros DJ del país, mezclando los vinilos que importaban de Londres o que traían las intrépidas tiendas de discos que empezaron a proliferar en la ciudad. Nacía así una cultura de clubs cuyos bastiones fueron discotecas como Barraca, Chocolate, Espiral, Spook Factory, Puzzle, A.C.T.V o N.O.D.

Los primeros años de espíritu vanguardista y transgresor, y los pioneros conciertos que se organizaron en algunas de estas salas, desembocaron en la consolidación de un modelo de ocio nocturno que explotó el frenesí de una juventud que buscaba encontrar sus propios referentes y halló en el esparcimiento frenético de la noche una forma de liberación. Liberación que propiciaron las drogas —al principio la mescalina, y luego el éxtasis, la cocaína y el speed— que cientos de jóvenes consumían en las diferentes discotecas, algunas de las cuales abrían en horario de after hours, en un circuito que se podía prolongar ininterrumpidamente durante el fin de semana, y a veces más allá.

Pronto, el fenómeno se tornó masivo, y las fiestas de la llamada «Ruta del Bakalao» o «Ruta Destroy» se hicieron multitudinarias. Brotaron sellos discográficos y productoras que alimentaban la demanda musical de las salas, y los gigantescos parkings que se habilitaron para los coches que allí acudían acabaron por transformarse en prolongaciones de las fiestas que tenían lugar en el interior de los clubs».

Aquí se puede consultar una lista de los protagonistas que han cedido sus impresiones, recuerdos y testimonios para el libro. La portada oficial es una obra de PeBe. El documento podrá conseguirse a partir del 14 de diciembre.

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