#Crónicas

Juzguemos un festival por su música

La envergadura del Sónar al borde de su 25 aniversario provoca todo tipo de críticas y juicios; después de varios análisis saliendo de la tangente y lo puramente musical, aquí nos centramos en lo único que más nos importa.

23.06.17
Frankie Pizá

Texto de Frankie Pizá, Aleix Mateu y Pau Cristòful.

Fotos cedidas por la organización de Sónar Festival. 

Sónar está a punto de cumplir 25 años. Como se ha visto en otras crónicas de esta edición, parece que sigue manteniendo su estado como «repositorio cultural» o «representante musical» de lo que ocurre tanto en el mainstream como en el underground.

Si Sónar Festival ha desdibujado su imagen con los años no nos concierne, no es un análisis que debamos hacer nosotros, sino la propia organización en un ejercicio de honestidad y humildad.

Lo que no se puede negar es que año tras año su volumen crece, su relevancia va un poco más allá, y su megáfono se extiende por partes del mundo en las que este tipo de entretenimientos no están tan consolidados.

Dejemos de juzgar a Sónar como una empresa, que lo es, y centrémonos en lo musical, en lo que ofrece, 24 años después. Hablemos de lo que realmente nos ocupa. Como negocio, tendrá sus propios análisis internos y deberá ajustar aquí y allá, responder a las cifras o a las expectativas.

Como espectáculo o experiencia musical, a pesar de su degeneración por culpa de la competitividad en el ecosistema, sigue a regañadientes aprobando un examen en el que debería lucir matrícula de honor.

La edición de 2017 ha tenido, de nuevo, la misma fórmula que años anteriores: un cartel que busca los picos de público, la diversidad y la colonización de nuevas generaciones. Además de responder como artefacto cultural y reclamo de una Barcelona asfixiada por el turismo de bajo nivel.

No es fácil de entrada: responder a todas esas condiciones, quiero decir. Los turistas deben sentirse como en casa, bailar, drogarse y disfrutar. El público local debe encontrar lo que ha venido a buscar; ya sea Yves Tumor o Dubfire.

En ese sentido: aprobado. El conflicto viene cuando la experiencia a nivel global se acaba estirando fuera de sus posibilidades intentando cumplir con todos esos objetivos. Puede venir una ola de calor, puede venir una audiencia especialmente gamberra, pueden venir una serie de conciertos a los que les importa muy poco el sonido y puedes verte arrastrado de forma inevitable por los acontecimientos.

En cuanto a la forma en la que Sónar, como organización (no como empresa ni como espectáculo), resiste los achaques y vicios de sus propias expectativas: suspendido.

Lo que jamás desaparecerá es la oportunidad: sea una edición mala, regular o muy buena del mismo festival, siempre podremos asistir a actuaciones inolvidables y momentos musicales que vale la pena recordar. Al margen de todo aquello que las envuelva. (FP)

Un DJ es lo que es

Narrativa, una DJ con narrativa. Cuando apenas importan los cortes, los fragmentos o los géneros y todo se convierte en un conjunto homogéneo que evoluciona como una sustancia única.

TUTU concibe así sus sesiones, y en Sónar, a pesar de que la hora no era adecuada para su fórmula, ni tampoco el ambiente, lo hizo mejor que nunca. Sin proyectar una imagen que no era la suya; respetando sus ideales.

Demostró que la identidad está por encima de sus objetivos en la disciplina y dio coherencia a mutaciones Grime, Noise y otras malformaciones club sin perder en ningún momento el hilo conductor, sin enredarse y consiguiendo que todo gozara de una estética común. (FP)

BFlecha y Mwëslee

Con la premisa de que resulta imposible representar el universo de «Kwalia» y de BFlecha sobre un escenario al aire libre, Belén Vidal regresaba a Sónar Festival para presentar el que ha sido su segundo álbum: un retrato metafísico tanto de su carácter y forma de pensar como de su diseño como artista.

La de Arkestra Discos llegó acompañada de Mwëslee y juntos llevaron al directo algunos de los pasajes clave de la obra; un concierto que debía disfrutarse no esperando una representación fiel de lo que significa «Kwalia», porque para eso tenemos nuestra imaginación y nuestras propias experiencias, sino esperando observar como el tándem funciona a la hora de crear y tocar música juntos.

Fue el ingrediente clave de la actuación: palpar de cerca la armonía que transmiten ambos artistas a la hora de interpretar el mundo musical que han construido juntos.

Algunas canciones se adaptaron al formato del directo, y otras gozaron de una estructura muy similar a la del disco; en el escenario del Sónar Village se pudo ver la facilidad con la que BFlecha mezcla estilos e influencias sin perder su firma singular, aquella que se extiende desde sus letras a cualquier cosa que porte, desde su maquillaje a el vestuario que escoge. (FP)

Father & Danger Incorporated: el poder de un carácter

Earl Sweatshirt había desaparecido en extrañas circunstancias de la programación del Sónar y se acercaba peligrosamente la hora de su show en el Sónar Dôme.

La música de Babyfather empezó a retumbar en el la sala. Una, dos, y hasta tres canciones pinchaba el DJ que había subido al escenario. Emocionado me fui acercando al escenario y vi en las grandes pantallas que resguardan el escenario el logo de Awful Records.

En unos instantes subían Danger Incorporated, uno de los últimos fichajes del sello. La pareja empezó a interpretar sus últimas canciones y a despertar la atención de muchos de los asistentes.

Momento perfecto para que saltara al escenario Father y sentenciara lo que nos esperaba de show: un repaso de las principales canciones del capo de Awful Records con las que demostró que no hace falta gozar de una gran fama entre el público para hacerlos bailar y engancharlos al directo.

La energía que el artista imprime en sus vídeos y releases, así como la actitud divertida y gamberra que esconden sus sonidos coloristas y los bombos de Atlanta se transmitió al público asistente que des de luego se olvidó por completo de la ausencia de Earl. (AM)

Actitud, Princess Nokia, euforia

Salimos disparados a ver Princess Nokia pero no es su nombre el que ocupa las pantallas del Sónar Village, es Bawrut. La artista de Nueva York se retrasó una hora entera en la que sus seguidores dábamos por perdido el concierto.

Pero «Tomboy» y «Kitana» para abrir, retumbando en el escenario grande, daban clara constancia de que la artista había llegado.

El show de Princess Nokia fue todo lo que se esperaba de ella, ni más ni menos. Un concierto de Hip Hop directo y desenfadado en el que la artista mantuvo al público enganchado a su música con las mismas herramientas que ha conseguido hacer sonar el Rap más clásico de Nueva York en los móviles de la gente ajena al sonido: su actitud.

Con largos momentos de playback, Princess Nokia supo jugar una de sus cartas más altas: una presencia magnética que conseguía deslumbrarnos incluso cuando sacaba el teléfono y hacía scroll de su ¿Instagram? ¿Whatsapp? mientras sonreía a la pantalla.

Eso sí, en el concierto no faltaron momentos de euforia IRL: el momento de hacer crowd surfing, de interpretar sus canciones más conocidas y de desvelar una canción de su próximo álbum, así como sus palabras de unidad con los hispanos y de fuerza a la mujer negra. (AM)

El Footwork cambia en manos de RP Boo

Unos cuantos CDJ, unos auriculares y su natural entusiasmo. No hay nada más que necesite RP Boo para enfrentarse a cualquier audiencia.

Cualquiera que escucha la música electrónica que sale de sus pads y de su mente diría que necesita muchos más recursos; un set más grande, algo más que vaya acorde con la singularidad del género y la revolución que representa.

El Footwork, de entrada un género que altera nuestra motricidad y despierta en nosotros emociones poco convencionales gracias a su frenética y futurista naturaleza, cambia en manos de su principal originador.

De forma unánime, el de Chicago es la voz más autorizada para representar el estilo; su carácter y conocimiento se nota en sus publicaciones y sobre todo al encadenar tracks detrás de la cabina. El ritmo, desenfadado pero dinámico, preciso, ágil y muy mental, está en cada mezcla y cada sucesión: porque el Footwork no se limita a los 160 y 80 BPM, no es algo simplemente matemático.

Hay una sensibilidad y RP Boo es el mejor ejemplo para enseñárnoslo. (FP)

Yves Tumor: la mordedura de la serpiente

El de Yves Tumor fue uno de los conciertos más chocantes del pasado Sónar. Aquí la sutileza andrógina e hiperdigital de su laureado disco debut para PAN se convirtió en una descarga extrema, como una reinvención pasada de vueltas del espíritu de Suicide.

Los altavoces temblaban por los atronadores martillazos de ruido mientras que Yves Tumor sacudió al público contrastando su torso negro y sudado con sus ojos en blanco, presos de la intensidad, transformado en la serpiente que da nombre a su último álbum. (AM)

Rumore: una trepidante aventura sonora, sea donde sea

Los horarios, los lugares, los momentos de un festival no siempre responden a las necesidades de un artista. El principal objetivo es la audiencia que viene al evento.

Algunos proyectos de menos relevancia se ven así descontextualizados y fuera de sitio debido a una programación inmensa que no puede escuchar deseos particulares. Pero hay artistas que pueden adaptarse a cualquier situación gracias a su virtud.

Ni el lugar, ni el momento eran los que Andrea, el veneciano detrás de Rumore, hubiera deseado, pero su implementación en directo de un sonido tan depurado, entre el Ambient, el House poco convencional y las trizas de influencia rave, fue soberbia.

Limpia, sin altibajos, con coherencia, y con todas sus máquinas resistiendo el calor interno y externo. (FP)

La ópera de KABLAM

Unos pasos y KABLAM se sitúa detrás de los platos casi de incognito. Empieza a sonar una grandilocuente opera de Wagner que prepara el SónarXS para la tormenta una tormenta perfecta.

La artista sueca firmó uno de los sets más emocionantes e impredecibles del festival que nos hizo viajar de las cuentas más DIY de Soundcloud a los clubs de Gabber, pasando por una visión muy personal de la música Pop actual.

Teñido todo por el mismo tono Club oscuro, distorsionado e industrial, KABLAM consiguió unificar en una misma experiencia las canciones de artistas de su entorno como Bala Club o Staycore, el perreo de remixes como el «Guaya» de Merca Bae, una muy personal revisión del Grime, el Hip Hop o el R&B contemporáneo y para finalizar con un huracán de Trance y Gabber industrial que llevó a todos los asistentes al extremo.

A pesar de que echaramos en falta algún movimiento de su imprescindible «Furiosa», la artista consiguió dejar su propia marca de la bestia en todo el publico.

Un breve saludo, unos pasos más, y deja el escenario desierto. (AM)

Hosted by Yung Beef

Como decía Madjody poco después de acabar el concierto: «un aquelarre».  Así se podría definir lo que hizo Yung Beef y su banda en el SónarXS.

Junto a AC3, Hakim y una raxet bailando twerk Yung Beef hizo uno de sus conciertos más salvajes y Punk hasta la fecha.

Repasó algunas de sus canciones más conocidas, acabando por «Beef Boy» y «27«, y varios de sus Reguetón banghers. Pero no cantó ninguna de ellas. El concierto fue la sucesión de canciones sonando en los altavoces del XS mientras Beefie y sus acompañantes no paraban de berrear, gritar, animar, lanzarse al público y hasta de hacer twerk hasta abajo.

El concierto, lejos de atraer por la excelencia de su interpretación o la calidad melódica, fue una conexión directa con la vertiente más festiva de la música de la calle y el Club: percusiones para bailar y un speaker animando la sesión y tomando protagonismo de más y de menos según pida la fiesta.

Cabe mencionar que a unos metros vi a GAIKA y Miss Red, que no conseguían salir de su asombro.

Si el grueso de la fan base de Yung Beef y Los Santos se encuentra en la calle y en Internet, entre jóvenes y adolescentes que dificilmente van a querer pagar el precio de un abono para esta feria de música, y la actuación parecía tener más razón de ser entre su público más fiel que no entre los asistentes de un festival, Yung Beef puso de manifiesto que su capital actual trasciende tantas barreras como se proponga. (AM)

Arca: exteriorizar, todo lo que conlleva hoy en día. 

Arca representa la multidimensionalidad artística en nuestros tiempos, en la era de la información y los canales de comunicación.

Es un artista total y Sónar Festival era la mejor ocasión para confirmarlo; recalcar que su giro creativo en su álbum para XL Recordings tiene más de experiencia que de discurso, corroborar que Ghersi ha ido quitándose capas superficiales hasta encontrarse a sí mismo y exponerse con una lírica extrema en conciertos como este y videoclips como el concebido para «Reverie».

Si comparamos su actuación de 2017 con la de su debut en el festival barcelonés encontraremos una larga distancia, aunque la misma energía: extraña, provocadora pero dulce al mismo tiempo. La misma actitud, pero una mayor latencia; una performance más medida y un espectáculo más ensayado, un upgrade de la misma intención que ahora tiene muchas más cámaras intentando inmortalizarla.

«Arca se presenta con su show, una extensión de su indómito “yo” que nos arropa, un monitor donde vemos expuestas todo lo vulnerable, mísero y bello que hay en nosotros. Ghersi tiene la capacidad de reconciliarnos con nuestros extremos: con nuestra virtud más querida, con nuestra parte más grotesca, aquella de la que solemos arrepentirnos».

«Su proyección llega a todos, al igual que los dos fogonazos de luz que se pusieron sobre él para generar el contraluz que aseguraría las mejores instantáneas del festival; su arte es una aceptación integral de sus miedos, de sus cicatrices, de su propia mutabilidad y de todas las maltrechas raíces y orgullo que porta en su ADN».

De lejos y sin ninguna duda: la mejor actuación en los últimos años de Sónar Festival. (FP)

Anderson .Paak: Anderson .Paak 

Un espectáculo a otro nivel. Nadie puede compararse actualmente a Anderson .Paak, un talento desbordante que encima de su pequeña tarima mira sin superioridad ni condescendencia a la audiencia, preparándose para darnos el mayor show que hayamos visto en años dentro de la música de raíz afroamericana.

Pura energía y fuerza; velocidad, carisma y buen gusto. Acompañado de los Free Nationals, su banda, el californiano de origen coreano demuestra todas sus virtudes: cantando, rapeando, tocando la batería o simplemente dirigiendo todos los aspectos de un concierto engrasada hasta su último detalle.

Cumplió las expectativas que lo identificaban como uno de los platos fuertes del festival: sin perder nunca la sonrisa, sin que su carisma se debilite en ningún momento, sin que el sonido se pierda cuando pasa corriendo del micrófono al asiento de su batería.

Paak es un todoterreno al que hay que ver en directo para comprender hasta qué punto la música negra le necesita. (FP)

El idioma de Elysia Crampton

«Mi español no sirve, mi castellano tampoco». Con esta frase se presentaba en medio del del Sónar Complex Elysia Crampton, con un ordenador y con un Keytar.

La actuación de la artista venezolana era una de las que esperaba con más ansia del festival a pesar de que no imaginaba su concierto en un auditorio: las percusiones tribales de Elysia Crampton empezaron a retumbar y el público teníamos que estar pegados a la butaca.

La artista estuvo fusionando el sonido de sus reconocibles sintetizadores interpretados con el Keytar junto a los breaks de percusión y ese collage de samples que caracteriza su música desde el principio.

De entre la programación que pude ver en el auditorio, LCC y Amnesia Scanner, que encontraron frente las butacas un entorno idóneo para presentar su propuesta, la de Elysia Crampton quedó un poco desprestigiada por el espacio expositivo y pretendidamente contemplativo. (AM)

Evian Christ: trance 3.0

Después de Arca (que juega ya en otra liga), otro de los shows más impactantes de este pasado Sónar fue el de Evian Christ.

Según FACT Mag el Trance fue el sonido de 2015, pero el inminente debut de este productor para Warp encendió la curiosidad de las multitudes que abarrotaron el Sónar Hall.

Allí dentro se superpusieron las voces angelicales de t.A.T.u. con el “Children” del recientemente desaparecido Robert Miles, placeres culpables que en las manos de Evian Christ quedaron deconstruídos entre atronadoras bases pseudoGrime y acompañados por unos imponentes estrobos y una acertada pantalla de LEDs a juego con su camiseta, en la que se podía leer: TRANCE.

Juzgando por actuaciones como esta, la renovación del estigmatizado Trance va para largo. (AM / ML)

Floorplan: Techno en estado puro

Al igual que RP Boo con el Footwork, el Techno adquiere una dimensión única en manos de Robert Hood y su linaje.

Después de ser parte de las raíces de la revolución o de alinearse con productores como Jeff Mills o Terrence Dixon en la versión más minimalista y extraterrestre del género, Hood tiene su propia concepción del género. Y ésta tiene mucho que ver con lo espiritual.

En el Techno de Robert Hood hay salvación, hay creencia, hay fe. Lo que produce como Floorplan es una extensión de esa esencia y en directo tanto él como su hija se encargan de dejarlo claro.

Un groove distintivo que despierta algo en nuestro interior y nos conecta tanto con ellos como con la música; no es simple funcionalidad, es una fuerza que se transmite de emisor a receptor, un entendimiento mútuo. (FP)

Avalon Emerson & Courtesy: pasado y futuro a cuatro manos 

La ex componente de Apeiron Crew Courtesy y sobretodo Avalon Emerson son dos de las DJs más en boga actualmente.

Esto se disparó con la grabación del set que Avalon Emerson realizó a principios de marzo en el nuevo club londinense Printworks, una mezcla de Techno Bass futurista, nostalgia Rave y rítmicas tribales y Electro.

Algo muy parecido fue lo que disfrutamos en Barcelona, con varios temas en común como el Trance emocionante de la colaboración entre Oklou y Air Max ’97 y el potente “Why Does It Hurt”, producido por la misma Avalon Emerson. (PC)

Suzanne Ciani, el diálogo con las máquinas

Todo el despliegue sonoro del escenario que mejor disposición sonora tiene en Sónar Día para ella. No era para menos: una leyenda a la altura de Morton Subotnick se presentaba con su set en la edición de este año del festival barcelonés.

Un sonido cuadrafónico encendido para que la experiencia generada por el directo de la norteamericana se acercara a la experiencia y no a la simple representación. No el simple concierto con una figura importante rescatada del olvido.

Ciani es todo optimismo: cambia parámetros de su Buchla con una sonrisa y con rigurosidad a la vez; sus improvisaciones tienen fluidez y tras la actuación nos deja claro qué implica ser una de las personas que más tiempo ha estado en contacto con esas máquinas. Unas entidades que también tienen su propio comportamiento. (FP)

La decepción en la que se han convertido Masters At Work

Queda algo de ilusión.

Es justo esa pequeña fuerza la que te invita a recorrer los escenarios de la noche para transitar hasta el ruedo del Sónar Car y mirar cara a cara a la decepción.

Lo que más asusta del suceso es que un festival como Sónar no tenga un recurso editorial para comunicar a los artistas de este calibre lo que la gente espera de ellos; quizá somos un reducto los que esperamos encontrarnos con la esencia real de Masters At Work, y no con las 6 horas de Techno y House plano y sin sustancia que ofrecieron (a grandes rasgos) durante sus 6 horas de sesión.

Es imposible reprimir la emoción cuando te diriges a un escenario en el que ‘Little’ Louie Vega y Kenny Dope van a presentarse durante tanto tiempo, sobrante para poder desarrollar una aventura sonora que recorra cada uno de los sectores de su ADN.

Aún con esta oportunidad, en uno de los mejores emplazamientos posibles, MAW recurren una vez más a manchar su nombre con desgana y una apuesta fácil, sin riesgo, para todos los públicos. Sin vida. Sin su vida. (FP)

Solo Jlin puede enseñarnos el futuro de la música del futuro

Si al presencia a RP Boo soltando cortes con su magia particular nuestra concepción del Footwork puede cambiar, con Jlin delante de nosotros ocurre algo parecido, aunque no similar.

Si para apreciar el Footwork nos bastaría con una tarde al lado de RP Boo o DJ Spinn, para saber de lo que es capaz y hasta qué punto llega la revolución deberíamos citarnos con la de Indiana.

Una sesión de la norteamericana es una puerta al futuro, una puerta real: parece que estamos observando la música de otro planeta y a juzgar por como recorre el propio cuerpo de la artista, no hay espacio para la incoherencia.

Timbales, tambores, estrépitos, impactos súbitos, descargas eléctricas, espasmos: la euforia conserva un ritmo constante a pesar de las desviaciones y las alteraciones. Solo Jlin puede enseñarnos el futuro de la música del futuro. (FP)

Estado de emergencia: GAIKA

Hay algo en la música de algunos artistas que cuando se interpreta en directo, crea una atmósfera y alcanza una dimensión todavía superior. Es lo que ocurrió con GAIKA en el Sónar Hall.

El artista de Warp presentó en el Sónar su reciente EP «Spaghetto» y algunas de las canciones más memorables de sus anteriores mixtapes.

Junto a Miss Red y algún otro invitado GAIKA creó un espacio de comunión en el que no faltaron las proclamas y los incentivos a la gente joven europea a luchar contra la división que está acechando desde los círculos fascistas y racistas de la sociedad.

El Dancehall futurista del artista ha conseguido convertirse en un retrato de la actualidad británica y global y así lo plasmó en el escenario del Sónar: una actuación que trasladó a todo el público a las sombras de los grandes edificios de cristal donde la única luz que llega son los neones del bar de AKIRA. (AM)

Thundercat: el doble filo de la genialidad

Es difícil ser un prodigio.

Cuando vi a Thundercat en el Sónar Village antiguo, el que tenía lugar en el centro de Barcelona, el californiano era todo alegría. Su sonrisa, su humor ácido y bonachón. Todo era júbilo y buenas energías.

Desde ese momento no ha parado de ascender como artista, ni como músico: su discurso ya se debe contemplar solo y no junto a ninguna escena, aunque la de Los Ángeles sea una de las más productivas y geniales que ha dado Estados Unidos en las últimas décadas.

Thundercat es él, y él lo sabe. Por eso, verlo en directo, y la sensación posterior del concierto, van en función de su estado de ánimo. En el escenario de la RBMA en Sónar, a Thundercat se le vio desconcentrado e incluso triste.

Así, la actuación, que comenzó tarde por algunos problemas sonoros, resultó en un concierto que no consiguió comunicar con la audiencia en ningún momento. Una exposición de sus virtudes al bajo, si, pero con el instrumento ni siquiera sonando como debía en relación con los otros elementos.

Un tímido homenaje a Kendrick Lamar y sin apenas moverse del centro del escenario, es lo que regaló Thundercat al público que habíamos venido a verlo con muchas ganas de compartir una hora de nuestras vidas con uno de esos músicos brillantes que todavía quedan. (FP)

El ataque estroboscópico de Amnesia Scanner

Sin duda uno de los directos más emocionantes del auditorio Sónar Complex y del festival. Si otras actuaciones no habían acabado de cuajar en el espacio, la propuesta casi esquizofrénica de Amnesia Scanner encontró en el anfiteatro un espacio idóneo para hablar de su libro.

Con una sala llena de humo y armados con dos grandes focos estroboscópicos giratorios, un proyector enfocando al público y luz roja, la pareja de Amnesia Scanner nos trasladó al interior del caos digital de su disco.

Patrones de percusión muy presentes pero a la vez minimalistas dejaban a las melodías todo el peso de la composición, narrativo y emocional. La forma de jugar con ellas, de hacerlas encajar con los samples de voz y las vocales generadas artificialmente, la forma de introducir elementos y alternarlos, es tan particular como lúcida, incluso cuando cuelan acapellas de Nirvana.

Sentados en las butacas la experiencia fue incluso mejor que en el futurista club que podríamos imaginar, entre los parpadeos ultra veloces de los focos, las melodías distorsionadas y a merced de la incomodidad de Amnesia Scanner. (AM)

Lena Willikens: hipnotismo bajo el sol

La DJ alemana afiliada al Salon des Amateurs pinchó el sábado por la tarde en el escenario Sónar Village, normalmente reservado a las propuestas más festivas.

Sin embargo, Willikens no tiró de post-Punk y Dub sino que basó su set en una pulsación ralentizada que inicialmente se impregnó de Acid y voces con ligeros reverbs y delayw para seguidamente endurecerse hacia el Electro y finalmente el EBM presente en tracks como «Vermoedens Van Achterdocht» de Identified Patient.

Esto, bajo la calor justiciera que marcó el festival, tuvo un efecto psicodélico e hipnótico sobre los asistentes. (PC)