#Crónicas

Paral·lel 2016: Techno en modo de pruebas

"Paral·lel apunta buenas maneras, transpira la ilusión propia del amateurismo y, por suerte, sus peores errores son minucias que no debería costarles arreglar en los próximos años".

15.09.16
Pau Cristòful

Fotos de Dídac Ramírez (cedidas por la organización).

El primer fin de semana de septiembre tuvo lugar la primera edición del Paral·lel, un nuevo festival que llenó con beats Techno los bosques cercanos a Guardiola de Berga, pequeña población catalana que no llega a los 1000 habitantes.

La máxima del festival era combinar este precioso contexto natural con un cartel que concentrara perlas del Techno profundo y atmosférico tanto a nivel nacional como internacional.

Con claras influencias de citas como el Labyrinth de Italia, la idea era que el público asistente acabara por formar una comunidad, una pequeña familia.

El hecho de que el festival contara con cerca de 750 asistentes (de 1000 abonos a la venta) así lo favoreció y precisamente esta conexión que se estableció no solo con los mismos asistentes sino con la organización es clave para entender la buena impresión general que la gente se llevó pese a los diferentes problemas que se acumularon a lo largo de los días.

Con un presupuesto de poco más de 60.000€, el Paral·lel Festival no es obra de una gran promotora sino el sueño de tres amigos que han volcado allí sus ahorros.

Esto fue evidente tanto en los aspectos positivos como en los negativos, pero los asistentes lo tuvieron en cuenta en todo momento.

Es significante que, cuando por culpa de una lluvia torrencial durante la jornada del sábado se aturaron las actuaciones y se sembró la duda de si el festival se cancelaría, la gente lejos de quejarse fue a ofrecerse para ayudar a los organizadores y voluntarios en lo que hiciera falta.

Entre el público convivieron tanto raveros de la zona con ansias de desfase como sobretodo gourmets del Techno que se habían desplazado desde 28 nacionalidades diferentes para disfrutar del festival, por lo que parte de los asistentes estaban vinculados con la escena electrónica de alguna manera (discográficas, artistas, etc.).

Crónica de la primera edición del Paral·lel Festival

El Paral·lel apunta buenas maneras, transpira la ilusión propia del amateurismo y, por suerte, sus peores errores son minucias sobretodo relativas a la comodidad que no debería costarles arreglar en los próximos años.

Son ejemplos la falta de luz en la zona de camping y parte del festival, la carencia de agua potable gratuita (las botellas pequeñas costaban dos euros pero nos confesaron que si hubieran cubierto gastos con las entradas habrían sido gratis y finalmente las vendieron a un euro en las horas de más calor) y la inexistencia de zonas de sombra cerca del escenario.

También falló un equipo de sonido que pese a ser Funktion One parece que no acabó de sonar como es debido hasta después de las lluvias y una oferta única e insuficente de comida a ocho euros el plato: que el último día y tras prácticamente una hora de cola me vendieran un frankfurt en un pan de pita porque no les quedaban nada más y me cobraran ocho euros por ello es para que se les cayera la cara de vergüenza (aunque esto era cosa de los food trucks y no directamente de la organización).

Por lo que se refiere a la música, los fanáticos del Techno disfrutaron de valiente y a algunos otros nos faltaron más concesiones al Ambient, la IDM, el Electro y otros géneros familiares: por mucho que el set sea de calidad, una sesión con bombo a 4/4 al mediodía y bajo un sol de justicia no es lo que más apetece.

En este sentido, un segundo escenario con sombra (¿en medio del bosque?) que acogiera las sesiones durante parte del día solucionaría el problema del calor y aportaría un poco de variedad, ya que tres días en el mismo sitio sin alternativas posibles acabaron por ser un poco monótonos.

También allí podrían programarse actividades complementarias como las presentaciones matinales de sintetizadores modulares e instrumentos electrónicos que se hicieron, sesiones de yoga, etc.

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Todo lo contrario a monótona es como fue la mejor sesión del festival: Svreca sacó todo el partido posible a las tres horas de su set cerrando el viernes con una narración que discurrió por diferentes tramos mediante una evolución sutil.

A eso de las 1.30h (cuando llevaba la mitad de su sesión), el productor madrileño indujo al público en un tránsito de unos 15 minutos en el que consiguió mantener la tensión y el magnetismo con una progresión lineal sin bombo.

Después de arrancar otra vez con las variaciones de Techno atmosférico y toques Electro, rebajó revoluciones para terminar pinchando el edit de Aphex Twin del “Falling Free” de Curve y la belleza ambiental de “La Pluie” de In Æternam Vale.

Al día siguiente la organización nos explicó que Svreca se había prestado a realizar varios Skypes previos para preparar la sesión, confirmando que si hablamos de uno de los mejores sets de Techno que recordamos no es por casualidad.

Antes que él actuó Eric Cloutier, quien ofreció una sesión correcta pero mucho más plagada de toques de Tech House refinado de lo que uno podía esperar en un contexto como el del Paral·lel (incluso apostó por obviedades pinchando el “Marionette” de Mathew Jonson).

Luigi Tozzi fue el encargado de inaugurar el festival con su profundidad lineal, que pese a que igual no era ideal para un primer set sí que encajó con un paisaje marcado por la puesta del sol.

Junto con Svreca, el otro gran protagonista del Paral·lel fue Peter Van Hoesen: el belga culminó la accidentada jornada del sábado con dos horas y media que obviaron las sutilezas y fueron a machete, con Techno Electro potente y vacilón al estilo del que caracteriza también las sesiones de Helena Hauff.

En un segundo plano, también destacaron los aires tribales progresivos y lineales de Abdulla Rashim (a pesar de que hubiéramos preferido verle en live y no como DJ), el 4/4 expansivo con atmósferas proyectadas al horizonte de Shifted y las ambientaciones densas con el toque místico del sitar con las que nos despertó Guillam (las sesiones empezaban a las 10 de la mañana, aunque terminaban poco después de las 3 de la madrugada).

Arovane era probablemente el artista más mítico del cartel (se trata de una leyenda underground de la IDM), pero el hecho de que actuara en los momentos de más calor y que dedicara la parte inicial de su live  a su vertiente Glitch más arisca acabaron por castigar su directo.

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El domingo fue el día que menos atentos pudimos estar a las actuaciones. Siendo la jornada final uno esperaba encontrarse con propuestas más reposadas y ambientales.

Fue así en el caso del primer tramo del directo de Mohlao, pero no en la mayoría del resto de actuaciones en las que acabó predominando un Techno 4/4 que tras dos días de carrerilla ya no nos suponía nada excitante (a pesar de que los ánimos de la pista mostraban lo contrario).

Lástima que el hecho de que no se anunciara de forma oficial hizo que nos perdiéramos la sesión de Refracted (inicialmente programada para el sábado pero desplazada al domingo por las lluvias), ya que por lo que oímos desde lejos apuntaba a ser una de las mejores actuaciones del fin de semana.

Sin embargo, y sin que esto suponga nada peyorativo de cara a la música, el mejor recuerdo que nos llevamos del Paral·lel es precisamente lo que vivimos en las horas en las que el festival se vio obligado a aturar la música por la tormenta.

Tras más de una hora refugiados en una tienda (por suerte las nuestras no se inundaron como sí paso con otras), al salir nos encontramos que las nubes habían invadido nuestras montañas, dando lugar a un precioso paisaje neblinoso que se tiñó de rosado durante la puesta de sol (algo parecido a una versión tintada con vino del fenómeno natural de la serpiente de Maloja que aparece en la película Clouds of Sils Maria (Olivier Assayas, 2014).

Pese a que quien más quien menos ha podido disfrutar de sets de electrónica en contextos naturales, muy pocas veces hemos podido disfrutar de la belleza de la naturaleza de una forma tan plena como esa tarde, lo que favoreció el sentimiento de comunidad y el aspecto «mágico» del festival que la mayoría de la gente remarcaba en la vuelta, asegurando que volverían en la próxima edición.

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