#Crónicas

Lapsus Festival 2016: crece el modelo y también la apuesta

05.04.16
Frankie Pizá

Fotos de Judit Contreras y Denisse García. 

Texto de Frankie Pizá y Aleix Mateu.

Inestable, repetitivo y cuasi estroboscópico, así se materializó el Footwork que Jlin en el último concierto en el Teatre del CCCB y que daría por finalizada la tercer edición de Lapsus Festival en Barcelona. Claps inesperadas, tresillos de percusión y voces intermitentes que se desarrollan como descargas eléctricas.

A diferencia de RP Boo, Traxman (más viscerales y regidos por las normas clásicas), la de Indiana está consiguiendo llevar al género a un nuevo nivel basándose en la prácticamente nula utilización de samples Soul/Funk convencionales, una concepción minimalista y a su vez, eficiente e impactante.

Fue allí, en el Teatre, donde asistimos a dos propuestas que conciben el futuro de la música electrónica de formas muy distintas aunque igual de apasionantes; Jlin y su Footwork sofisticado y frenético desvían el estilo de sus arquetipos más clásicos, y el segundo representante de Janus Berlin, Lotic, con un concepto de música de baile que impone la ruptura, la fealdad y el frecuente colapso como señales más presentes.

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Lo que asombra al observar a Lotic en directo es la forma en que él mismo y su cuerpo se relacionan con sus interconexiones sonoras abruptas y retorcidas; en los sets de Lotic la libertad para el baile basado en la continuidad no dura más de 1 minuto y medio, ya que pronto deberemos reaccionar de imprevisto ante una explosión, ruido, interferencias o un cambio que no esperamos.

Él no deja de moverse, de relacionarse físicamente con un guión sonoro que ni busca la comodidad ni el entretenimiento, sino una expresividad violenta y explícita. Lástima que las condiciones de la sala no fueran las óptimas para desencadenar todo su potencial; al de Houston no se le observó cómodo en algunas ocasiones, y normalmente es la incitación y cercanía del público la que amplifica su magnetismo.

Junto a Jlin, la primera visita a España del de Houston fue la actuación que más asombro dejó en el ambiente, y de largo la que dejó más polarizado al público que se dio cita en el festival, todo un ejemplo de riesgo y apuesta por las propuestas a menudo menos convencionales y menos presentes en los extensos listados artísticos de los festivales más consagrados.

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M.E.S.H., otro de los activos del grupo asentado en Berlín y debutante en PAN en 2015, presentó una propuesta similar aunque mucho menos radical, priorizando la narratividad de sus complejos panoramas electrónicos sobre un planteamiento visual de Mau Morgó. Imágenes espaciales acompañaban las progresiones ruidistas de M.E.S.H., que planteaban largas deconstrucciones de sonidos donde se iban formando percusiones descompasadas para culminar en cortas melodías bailables y vuelta a empezar.

En el Teatre casi no hubo espacio para el baile, y los breves momentos que artistas como Lotic o M.E.S.H. proponían eran recibidos con entusiasmo por el público, que al cabo de poco debían frenarse delante la reaparición de los ruidos. Fue en otro espacio, el Hall del CCCB, donde se amontonaron las propuestas más bailables y sin represión alguna, algo que se vio reflejado en el volumen de audiencia que tuvo el Hall respecto el Teatre.

Cuando Nthng subió a la palestra se encontró con un público ya excitado por la frenética actuación de su antecesor, y supo mantener los pies de los asistentes en movimiento para clausurar el escenario por todo lo alto. Era la primera vez que el de Lobster Theremin visitaba España, y consiguió imprimir la excitación en un DJ set que cautivó a los asistentes a través de un Techno sostenido que a su vez sostenía el impulso que Powell había establecido en el escenario.

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El nuevo miembro de XL Recordings, llegó como un golpe de puño sobre la mesa. El frenético artista es la perfecta encarnación de su música, unos ojos bien abiertos y un cuerpo que se balancea hiperactivamente adelante y atrás al son del bombo, con la actitud agresiva que ha heredado del Punk y la EBM, y que materializa con un Techno que acaba siendo eso: un material moldeable para sus filias hooligans del post-Punk y la EBM.

El set de Powell fue desenfreno y velocidad, un viaje trepidante a través de la empinada rampa que atraviesa el mundo loco y gamberro del artista (un mundo que exploramos en este artículo). No todo el público se dejó cautivar por los momentos del EBM más hardcore, pero si que Powell consiguió atraer la atención de la sala en todo momento, incluso en los interludios dónde solo sonaba una voz que, por cierto, tampoco dejaba lugar al respiro.

Si Powell fue quien llevó a la sazón el desenfreno, y Nthng quien mantuvo su ímpetu, Ceephax Acid Crew brindó al de Diagonal un público totalmente despierto y volcado, pues el británico conectó con una audiencia que mostraba respeto y ganas de fiesta a partes iguales. Acompañado por su Roland TB-303, su SH-101 y demás cacharrería analógica, Ceephax inundó de Acid antiguo toda la sala, que respondía efusivamente a los distintos movimientos que improvisaba el hermano pequeño de Squarepusher  mientras bailaban y contemplaban unos divertidos visuales en 8-bits que se sobreponían a la cámara cenital. Esta cámara revelaba la maestría del artista a la hora de crear un set íntegramente analógico.

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Como decíamos, el Hall se encargó de dar cobijo a la música más bailable, pero LCC en el Teatre, antesala de las actuaciones de la gente de Janus, resultó ser el punto de inflexión entre las dos mitades del line up. Hasta el momento había pasado por ahí David Cordero, que abrió la sala y abrazó a todos los asistentes con un Ambient meditativo y paisajista, después HKE, con un Ambient vaporoso, y Donnacha Costello, con su experimentación ambiental/minimalista que derivaba en House y Techno y que fueron la introducción perfecta para las dos chicas que le siguieron.

Las anteriormente conocidas como Las CasiCasiotone cogieron el testigo para acabar de despertar a un público inmerso en las capas sonoras, sometiéndolo a otras nuevas, ésta vez golpeadas por unas percusiones Techno que no suelen tener tantísimo protagonismo en las actuaciones de las asturianas; sorprendieron, además de por su llegada más dirigida a los términos club, por su compleja experimentación de estilismo IDM basada a menudo en grabaciones y sonidos propios.

Aunque la repentina cancelación de Karen Gwyer supuso un giro inesperado para la programación, Lapsus y su organización supo proponer una alternativa coherente y seguir así cultivando una línea editorial alejada de lo previsible; acompañando al orgánico live de Pyrénées, uno de los primeros en varios años sin interpretar en directo, se incorporó el House sensitivo de aspecto clásico y elegante del proyecto asentado en Madrid, Lanoche.

Melodías evocadoras en cada uno de los casos, aunque diferenciándose en su enfoque y tonalidades; más maximalista en el caso de Jeremías Carroza y más minimalista y preciso en el caso de Lince. Antes, el colectivo Downbeat propuso un showcase iniciado por la dupla F-On y Urtzi, quienes fueron los encargados de abrir el Hall, y un Jose Rico que supo construir un set de desarrollo lento y profundo y estrictamente analógico con un impecable despliegue de hardware.

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Una de las diferencias básicas entre la segunda y tercera edición de Lapsus Festival fue la apertura al público del Pati de les Dones en el propio CCCB; allí, a medida que crecía la afluencia y caía el atardecer, ocurrieron tres conceptos de djing totalmente dispares pero que en cada caso supieron cautivar al público.

La selección y no las habilidades fue el denominador común tanto del dúo representante de Soul Jazz Records, quienes abrieron el festival con unas excelentes dos horas de Reggae, Funk, Northern Soul y otras rarezas, sin respetar una línea muy marcada. Philip Sherburne, por el contrario, propuso un set que se fue desarrollando progresivamente y desde un punto de vista más vanguardista, dejando el terreno perfectamente preparado para el ágil y dinámico DJ2D2, un colofón perfecto para la inauguración de este nuevo espacio.

En líneas generales y aunque en cuanto a público no se cumplieron unas expectativas que, por sí solo, un cartel de tal altura y variedad había podido generar, se percibe en Lapsus un crecimiento en el modelo y también en su apuesta por aportar algo diferente al clima de eventos musicales multitudinarios de Barcelona. Ahora es el turno de consolidar esa dirección e intentar rentabilizarla sin adulterarla.

Un circuito que desde la mudanza de Sónar Festival quedó huérfano de uno de sus momentos más emblemáticos del año, aquel momento en que nos enfrentábamos a las propuestas electrónicas más punteras en un entorno urbano como el Macba y el CCCB. En un futuro en el que nunca jamás Lapsus Festival vuelva a coincidir con una importante jornada de liga futbolística, se puede adivinar que la iniciativa acabará ocupando ese sitio y experiencia que aún persiste en nuestra memoria.