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Still Dre: «Compton» y la reconciliación con una causa no perdida

El magnate más importante del Hip Hop regresa a su mejor versión, básicos y por fin da sentido a todo su tejido corporativo con una obra excepcional y atemporal

12.08.15
Frankie Pizá

«Genocide» se balancea como la suspensión de un Cadillac. Aquel que de carrocería negra mate se pasea por las calles de Compton contigo dentro. Dr. Dre y sus producciones, a pesar de su pasado y siempre deuda con lo ecléctico, llevan sobre sí una cadencia distinguible: el ritmo es intenso y claro, definido, mandan las líneas de bajo y los bombos parecen ir amortiguados con en cada impacto. Estas sensaciones se pueden identificar si escuchamos con atención el instrumental del single, aquel que ahora circula por YouTube dada la imposibilidad de los usuarios de subir la versión original, propiedad única (por ahora) en reproducción de Apple Music.

El corte está producido a medias junto a Dem Jointz, y aunque en los créditos no se especifica quién tiene más culpa, la probabilidad nos dice que la mano de Dre ha hecho lo justo y necesario, no menos crucial; en «Genocide» se trata uno de los temas candentes y más familiares para cuantos vivan en Compton, una zona conocida y popular por su ambiente conflictivo y marginal, una zona que el mismo Dr. Dre se encargó de comenzar a idealizar cuando ésta era tan solo una parte de la extensa Los Ángeles. «Murder, murder» se oye. En su verso central, el Dr. Dre comienza a hablar de cristales teñidos, y espita: «I’m talkin’ about that bottom where it’s high crimes.»

Si buscamos hoy por hoy el nombre de Dr. Dre en alguna de las más habituales bases de datos, como por ejemplo Discogs (donde una exagerada alerta nos llama la atención para que «NO CONFUNDAMOS ESTE ARTISTA CON EL PRODUCTOR DE YO! MTV RAPS Doctor Dré!») o Wikipedia, observaremos que a sus 50 años el magnate luce casi como un superhéroe negro: corte de pelo rasurado a la perfección, afeitado limpio, envergadura descomunal y vigorosa, ropa negra básica y ceñida. Unas fotografías que le presentan en blanco y negro, asimilándose cierta semblanza con las formas en las que gustaba presentarse (estéticamente) a Steve Jobs (que siempre, o casi siempre, lucía la misma ropa básica y minimalista).

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Dicho aspecto podría causarnos pensar por un momento el supuesto imaginario de un super hombre como Dr. Dre caminando o sobrevolando Compton batallando los crímenes o, mejor, simplemente narrándolos; digo imaginario porque su estatus actual no es precisamente el que aporte fiabilidad a su historia sobre su ciudad, Dr. Dre no es precisamente la persona que hoy por hoy sale de una hacinado piso en los suburbios cada mañana directo a su pobre trabajo. No lo es, pero no por eso ha dejado de saber lo que se cuece ahí abajo.

En su show para Beats 1, «The Pharmacy», el propio Dr. Dre definió a «Compton: A Soundtrack By Dr. Dre» como su «grand finale», insinuando que con este esperado trabajo cierra un círculo que comenzó con «The Chronic» y refiriéndose a él en términos «televisivos» o directamente cinematográficos. Y es que, como también explicó, ha sido el filme sobre N.W.A. el que desató aquellos básicos dormidos o atrofiados del ADN Dre:

«During principal photography of Straight Outta Compton, I felt myself going to the studio and being so inspired by the movie that I started recording an album. I kept it under wraps, and now the album is finished. It’s bananas. It’s an ‘inspired by’ album. It’s inspired by Straight Outta Compton, we’re gonna call the album Compton: The Soundtrack. I’m really proud of this.»

En el artwork del álbum, que ha llegado sin apenas resonancia previa (como acostumbra ya gran parte de la industria, o al menos como dicta esta tendencia promocional también explotada por Beyoncé, Kendrick Lamar, Drake o D’Angelo), tan solo unos comentarios formales de Ice Cube también en radio, podemos observar una panorámica de la ciudad desde un welcome publicitario de Compton, una vista en grande y de altura a la que solo un privilegiado como Dre puede acceder.

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«The Chronic» actuó para sentar las bases del sonido de Dre, definiendo también los del G-Funk, mientras que «2001» llevó ese sonido y esa carga temática poblada de violencia, drogas y descontrol a una nueva generación. En «Compton», 14 años después, se puede oír a Dre bromear con la «compra» del estado de California. Digamos que este nuevo álbum parece una suerte de «vuelta a los básicos», una «reconciliación» con el yo creativo de Dre dibujada y narrada desde una posición que admite una perspectiva total de la ciudad, una posición que lleva consigo billones de dólares, grandes estudios y un gran despliegue técnico y artístico.

Dre no es el mismo que nos avisaba al comienzo del convulso y polémico vídeo de «Straight Outta Compton» («you are now about to witness the strength of street knowledge»), las cuentas lo dicen, los contratos y ventas astronómicas lo dicen, su sequía productiva lo dice, aunque no por eso debemos olvidar quién es. Dre es el principal responsable de que el Hip Hop se hoy la industria macroeconómica que es, el fenómeno de masas y la fuente de estereotipos que va regenerándose por sí sola.

La industria ha crecido con él, ha aprendido de él podríamos afirmar: desde sus inicios junto a Eazy-E y compañía en N.W.A. se encargó de construir la imagen y actitud del Gangsta Rap, una variante germinada en la West Coast del original Hardcore Hip Hop venido de la East Coast (Schooly D, Boogie Down Productions, etc) y que tuvo sus primeros estandartes en figuras como King Tee, también de Compton.

El Gangsta Rap ensalzaba el modo de vida hedonista y fuera de los márgenes de la ley y el orden, exclamando y haciendo apología clara sobre las drogas, las armas, el dinero y la crudeza de la calle, algo que rápidamente se convirtió en un modelo a seguir gracias a la fenomenología provocada por el capitalismo hambriento de finales de los 80.

El movimiento tan solo duró 4 o 5 años si lo analizamos de la forma más específica, aunque le sobró el tiempo para convertirse en el primer ejemplo de superventas del Hip Hop: N.W.A. consiguieron antes de su desmantelación en 1992 llevar su conducta (explotada por las discográficas concienzudamente y con diversos intereses que aún hoy se teorizan y analizan) a las masas de jóvenes americanos blancos que, ya fuera asustados, o incitados, consumían con pasión el producto. Dre es uno de esos pocos autores ambiciosos que ya fuera en lo alto de los créditos o en labores ejecutivas condujo el género a lo que hoy es, un ente que hoy puede mirar a los ojos de tú a tú al Pop o al Rock, estilos por siempre mayoritarios en las listas de venta o discotecas personales.

A su marcha, Dre montó la que sería la marca más importante del género junto a Def Jam o la primitiva Sugar Hill, Death Row (junto al problemático matón Suge Knight), la misma que después pasaría a ser la primera piedra de su imperio al traspasar el ecuador de los 90: Aftermath Entertainment. Y no solo eso: Dre es el creador único del G-Funk, una divergencia que aportó más frescura, accesibilidad y validez comercial para todos los públicos al Gangsta Rap, reutilizando samples de Zapp, Funkadelic, Leon Haywood o similares, y devolviendo cierto aire purista y clásico al Hip Hop de la West Coast.

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Warren G, su hermanastro, le presentó a Snoop Doggy Dogg, el tercer gran pilar sobre los que se edificó la estética G-Funk y que trabajaría codo con codo con Dre en su esencial álbum debut («Doggystyle», 1993). A pesar de los éxitos y la plena identificación del estilo y marca de agua Dre en sus producciones, el magnate colapsó en 1996, abandonando el sello justo cuando 2Pac desvelaba «All Eyez on Me» (que contenía «California Love»). Dre declaró muerto el Gagsta Rap tras su salida y comenzó una larga carrera de esfuerzo privado y acumulación monetaria que ha llevado al artista al punto más alto de la pirámide empresarial del Hip Hop. Una cúspide que sí, está instalada en Compton.

«2001» clamaba de forma madura un «todavía sigo siendo Dre» bajo un colchón de temáticas más crudas y oscuras que su clásico predecesor: la memoria del que fuera segundo largo del californiano ha sido marchitada por una larga espera primero y una horrible sucesión de singles que pretendían culminar en «Detox», un tercer álbum que nunca llegó y se desechó al completo después de la iluminación de Dre en el rodaje de «Straight Outta Compton». Los datos de que no volveríamos a oír hablar de «I Need A Doctor» (horrible single que iba a pertenecer al largo) ni de aquel posible regreso en forma de «desintoxicación» se conocieron justo cuando se anunció «Compton».

¿Dónde estuvo Dre todo este tiempo? ¿Esforzándose en el estudio para purgar su ya viciada identidad creativa o muy ocupado agrandando los dígitos de sus cuentas bancarias? Al escuchar «Compton: A Soundtrack By Doctor Dre» de cabo a rabo ambas opciones parecen válidas, y parece que se han llevado a cabo de forma paralela.

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Escucha «Compton: A Soundtrack By Dr. Dre» en Apple Music. 

En el disco estrenado el 7 de Agosto vemos a un Dre con el control total del lanzamiento y a todos los niveles de impulso y repercusión: se basa en su ciudad, la que conoce y le creó como artista, está publicado en su compañía y ha sido servido en exclusiva por un servicio que ha construido él mismo junto a Apple, la compañía tecnológica más influyente del mundo. Por si fuera poco, esos 16 cortes consiguen complementar un filme en forma de biopic sobre N.W.A. y su ascenso en la industria, una cinta pagada de su bolsillo y que ya está en cines. ¿Quién a estas alturas tiene tanto poder y tanto control sobre su obra como Dr. Dre? Ni Prince, con su paranoia creciente, su obra cerrada con llave y temidos conflictos con Warner Bros pueden asemejarse.

Con este súbito lanzamiento Dre está reconciliándose con su persona empresarial, por fin aportando un sentido a todos los que solo veíamos cifras y contratos escandalosos (y de paso, gestando un movimiento corporativo de los más salvajes que se recuerdan en el Hip Hop), saliendo del anclaje creativo en el que estaba aislado y restando arborescencias a su verdadera causa, que no es otra que conservar, desarrollar y trasladar un legado artístico importantísimo para Estados Unidos, aquel que él y sus amigos comenzaron a levantar en 1986.

Musicalmente, y comparado con «2001» o lo que iba a ser «Detox», «Compton» no solo señala a un Dre inspirado y cómodo, también demuestra algo que ninguno de sus trabajos anteriores consiguió: que hay nuevo futuro para el G-Funk y aún existen territorios por explotar. Es la gran victoria musical del álbum, que mantiene las señas de identidad del productor pero incorpora nuevas secciones y arrebatos instrumentales, nuevas formas de desarrollo y viste a su gusto ecléctico por los samples con los más adecuados contribuyentes.

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En ese sentido es importante destacar el factor determinante que ha supuesto Kendrick Lamar en la vida de Dr. Dre: sin llegar al dramatismo impreso y el contexto realmente intenso de «Illmatic» (1994), «good kid, m.A.A.d city» supuso la apertura de un nuevo capítulo en la larga historia de Compton y su relación intrínseca con el crecimiento del Hip Hop, así como el debut de Nas lo fue para Queensbridge y la Costa Este. No cuesta imaginar a un Dre observando en Lamar la nueva sangre que, desde 2012, haya regenerado el carácter creativo desanimado y probablemente frustrado de Dre.

Aquel portentoso major debut del líder de Black Hippy no congeniaba del todo con el entorno cargado y agresivas historias del común Dre, pero llevaba la realidad de Compton a un nuevo nivel de narración y entendimiento; «To Pimp A Butterfly» (2014), también impulsado por Interscope / Top Dawg Ent., ha sugerido la definición total del mensaje «positivista» aunque «reivindicativo y comprometido» de Kendrick Lamar, y supuesto un antes y un después en cómo se utilizan el ADN Soul, Jazz y Funk en el Hip Hop (explorando no solo las posibilidades de los samples más bien «básicos», sino incorporando y combinando con una instrumentación real imaginativa y orgánica).

Para Kendrick Lamar y «To Pimp A Butterfly» (2014) una de las claves en el ámbito sonoro ha sido la incursión de Thundercat en la ecuación y banda, tanto como asesor, bajista y cantante; el sinónimo en «Compton» ha sido Focus…, un joven músico y productor de la casa desde hace ya años (al que Dre introdujo en la abominable idea de «Detox» desde el principio) que resulta ser el hijo del bajista de Chic Bernard Edwards y si consultamos los créditos, está presente en prácticamente el 90% del disco.

Y hay más: en el intercambio de versos entre Kendrick Lamar y Dre no se observa la misma pasividad del veterano en «Compton» (el single final de «good kid, m.A.A.d city»), en «Genocide» Dre transmite la misma confianza en sí mismo que en sus inicios (algo que también ocurre en el single potencialmente dedicado a que Snoop Dogg se luzca, «Satisfiction»), una seguridad que aportan su rentrée en un mensaje potencialmente reivindicativo (aprovechando el contexto actual, como otros artistas contemporáneos, que están encontrando su mejor versión gracias a que la lucha racial a tomado nuevos niveles) y la que tiene al propio Lamar como principal foco de contagio.

Aparecen sin mermar las capacidades del álbum Eminem, Ice Cube, Jill Scott o The Game, aunque las colaboraciones que mejor funcionan son de largo las de los californianos más modestos (sin olvidar la gran primera colaboración entre Dre y DJ Premier en «Animals»): la versatilidad de Anderson .Paak, la experiencia de King Mez o Dem Jointz concuerdan con un Dre que está viviendo una segunda juventud en este regreso a sus raíces. Una última cuestión interesante alrededor de la sustancia creativa de «Compton» es la habitual aparición como recurso de versos escritos por otros, un factor de polémica durante décadas en las altas esferas del Hip Hop y que Dre demuestra tener más que superado.

«Compton» recurre a «ghost writers» para alcanzar su grandeza, Dre sabe mejor que nadie (en ese sentido, el hombre-marca Drake es un mero aprendiz) que cualquier obra magna de estas características tiene que pasar por muchas manos y verse expuesta a muchas perspectivas para resultar en lo que es, una nueva esperanza para el sonido Compton, su llegada a nuevas generaciones y en última instancia, una adecuada reincorporación o, tal como se insinúa, un cierre glorioso a la carrera editorial de Dr. Dre.

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