#Artículos

Cuando Ray Kurzweil diseñó el futuro de Stevie Wonder

Hubo un momento en la historia en que el autor y teórico transhumanista más relevante y uno de los artistas con más apego a las creencias espirituales trabajaron juntos por un futuro musical mejor.

23.03.16
Frankie Pizá

«I would like to believe in reincarnation. I would like to believe that there is another life. I think that sometimes your consciousness can happen on this earth a second time around.»

–Stevie Wonder.

El reto que le propuso Stevie Wonder a Ray Kurzweil una tarde de 1982 era simple: ¿se podría simular y utilizar de forma fiel el sonido de cualquier instrumento acústico con la flexibilidad y potencia que nos daría una computadora?

Ante tal interrogante, que preveía la posibilidad futura de poder recrear una nota de grand piano grabada a través de un hardware que no fuera precisamente la fuente original con el máximo realismo posible, el inventor norteamericano fundó Kurzweil Music Systems, primer paso para llevar a cabo el diseño del teclado electrónico Kurzweill K250.

El instrumento actuaba como un sampler en el que las muestras de sonido estaban integradas en la memoria ROM, sin necesidad de un disco externo y con la posibilidad de disponer de sonidos de cuerda, viento y de más recursos acústicos en cada una de las teclas. Concretamente, el modelo contaba con 341 presets y 96 instrumentos acústicos, además de su reconocida función polifónica que permitía tocar 12 notas al mismo tiempo y también hasta 12 instrumentos simultáneamente en la misma nota.

La cita tuvo lugar en los Wonderland Studios recién fundados por el virtuoso músico, y tras cultivar él y Kurzweil una amistad que comenzaría en 1976 con el interés de Wonder en la máquina de reconocimiento de texto y síntesis vocal inventada por el de Queens a mediados de la década de los 70, primer escáner de estas características aparecido y disponible para invidentes. Stevie se convirtió en la primera persona en utilizar el dispositivo en 1976, tras asistir una demostración en un programa de televisión estadounidense.

En aquel momento, en el ecuador de la década de los 80, la carrera de Stevie Wonder atravesaba una sequía creativa y transición completa hacia un público universal; «Hotter Than Juy» en 1980 fue el último rastro de la creatividad e imaginación que caracterizaró a su etapa dorada desde que Berry Gordy y Tamla Motown le otorgaran, como a otros artistas contemporáneos, el total control y dirección de su producto artístico (concretamente, el punto de inflexión estuvo en «Where I’m Coming From», en 1971).

Lo que no había disminuido era su atención e interés por los avances tecnológicos y nuevas posibilidades para su música; Wonder fue uno de los primeros artistas afroamericanos en utilizar de forma coherente e integrar en su discurso herramientas como el T.O.N.T.O., el sintetizador Moog, el clavicordio Hohner o el ARP 2600 en la década de los 70.

A mediados de los 80, cuando el Kurzweill K250 se comenzó a comercializar tras aparecer en la feria NAMM de 1984, otros teclados e instrumentos electrónicos «todo en uno» y basados en la fórmula del muestreo se desarrollaron con éxito; por ejemplo, el Synclavier tuvo como principal consejero a otra figura de relevancia en el R&B y Funk de los 80, como fue Kashif Saleem.

Wonder hizo lo propio con la empresa de Kurzweil, convirtiéndose en consultor para la creación del instrumento (que en una primera instancia llegó con lectura braille e indicadores en sus diferentes potenciómetros y componentes) junto al pianista Lyle Mays, Alan R. Pearlman y el propio Robert Moog. Todo comenzó con la música, o más bien todo comenzó con Stevie Wonder.

TIU-articulos-Ray-Kurzweil-Stevie-Wonder-Kurzweil-K250-1

El mismo hombre que se encargó de diseñar el futuro musical del artista es el mismo hombre que hoy por hoy está a la cabeza de la teoría, predicción y principales plataformas que están diseñando el futuro de nuestra especie y nuestro mundo. Kurzweil es el director de Ingeniería en Google y principal voz teórica del progreso y dirección transhumanista a nivel tecnológico y filosófico, ya que es autor de la teoría, análisis y libro de referencia sobre la «singularidad», The Singularity is Near (2005).

Su nombre se puede identificar tanto en la evolución inminente de los sistemas de inteligencia artificial, el asesoramiento en nutrición o nanotecnlogía como en la cabeza de la llamada Universidad de la Singularidad en Silicon Valley; su pensamiento futurista y predicciones en cuanto a genética, progreso exponencial tecnológico y la consecución de la inmortalidad engloban cada vez a más seguidores, intelectuales, activistas y también recibe cada vez más financiación.

Kurzweil tiene todos los recursos posibles de Google a sus pies, a nivel logístico y económico, para que sus predicciones se hagan realidad: el umbral que propone el autor para la transición a la singularidad tecnológica es más o menos dentro de 20 o 30 años, y según sus comentarios en 2045 ya podremos decidir si morir o no morir.

Según sus propias afirmaciones, Kurzweil está convencido de que alcanzará una idea tan aterradora y a la vez apasionante como es la inmortalidad, traspasará su cerebro a la nube en forma de copia de seguridad y podrá devolver a la vida a algún otro gran intelectual como Albert Einstein. Toma unas 150 pastillas al día y semanalmente se inyecta un cóctel de vitaminas y suplementos alimenticios en su organismo.

Es ciertamente turbador pensar en un Ray Kurzweil apunto de cumplir 40 años soldando circuitos integrados y transistores en el prototipo que se encontraba diseñando para cumplir el deseo que le había transmitido un músico de profundas creencias espirituales como es Stevie Wonder; pensar que ese ingeniero prodigioso es el que precisamente puede convertir a la raza humana en algo cercano a la idea que tenemos de deidad, algo capaz de superar cualquier límite biológico.

Imaginar ese encuentro una vez poseemos y conocemos todo el contexto posterior; observar los primeros indicios del consagrado deseo y esfuerzos de Kurzweil por una humanidad mejor o, quizá, conectar a un científico obsesionado con la eternidad con uno de los músicos que menos imaginaríamos esperando turno para su criogenización.

Desde su single «Higher Ground», y más concretamente desde el accidente que aconteció tras al esencial «Innervisions» (tan solo tres días después de su publicación oficial), Wonder cree abiertamente y se ha referido en varias ocasiones a la reencarnación en su música, al fin y al cabo la idea más extendida sobre la posible «inmortalidad» (o una «explicación» para la muerte en las religiones orientales). Wonder cambió radicalmente su mentalidad en cuanto a la trascendencia de ciertas cosas y de su arte y música una vez la vida le dio «esa segunda oportunidad».

Pensar en un futuro a largo plazo en el que la nueva humanidad rinda tributo a un pensador que adelantó la nueva condición y que a su lado, orgánicamente presente, se encuentre el propio Stevie Wonder.