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Palmistry como prototipo de una nueva estética electrónica

Su sensibilidad y planteamiento electrónico ultramoderno basado en el Dancehall divagaban inadvertidos hasta que proyectos como el de Malibu, Endgame (Bala Club) y Oklou han aportado el contexto necesario para identificarlo como un pionero.

24.03.16
Frankie Pizá

Para artistas como Chino Amobi o Lotic, infligir o crear fealdad sonora es una forma de rechazar lo establecido, de contestar a la dominación occidental; música violenta que señala la violencia de nuestra sociedad y, para ellos, parece ser el primer paso para superarla.

Discográficas como NON Worldwide, Janus Berlin o Halcyon Veil están cimentadas sobre una estética que inconscientemente rompe con el progreso, rechaza el futuro y refleja el malestar de un mundo ultracapitalista mermado por las virtudes y acelerados caminos de la modernidad.

En concreto, la obra conjunta que elaboraron en 2015 Rabit y Chino Amobi representa el mejor ejemplo de esta corriente que para expresarse y conseguir ese efecto reaccionario, crítico y abrasivo a voluntad, recurre al ruido, a la experimentación y a la síntesis del Grime instrumental.

Ellos imaginan nuestra historia reciente en ruinas, abrasada; nos condenan y prolongan ese escenario apocalíptico, viendo en él motivos para generar su propia conducta sonora y artística. La rabia, la desesperación, la explosión y los sonidos de guerra son los indicativos y los rasgos que definen ese acercamiento electrónico.

Casi de forma antagónica y al otro extremo de la ultramodernidad, existen unos parámetros sonoros en los que en vez de tensión y agresividad encontramos precisión y delicadeza. El suyo es un perfil ligeramente posmoderno, obviamente futurista y en el que la estética cuidada al milímetro se acompaña con unas melodías y tonos tristes, doloridos, y unas letras y entonaciones casi próximas a la balada afligida.

En ese ámbito se relacionan de una forma ágil los patrones del Dancehall y el Reguetón; aunque los dos géneros musicales son hermanos, hubiera sido difícil de imaginar una sensibilidad y apariencia tan concreta si Benjy Keating no hubiera dado con la fórmula años antes de que aparecieran en escena Endgame, Oklou, Malibu o el colectivo Bala Club. Son estos nuevos proyectos, más recientes, los que han acabado dando contexto a un autor que divagaba inadvertido por gran parte de la comunidad electrónica.

Hasta 2015, Palmistry era el único exponente de una sonoridad abiertamente Pop que utilizaba riddims jamaicanos desde un punto de vista tan melancólico y emotivo. Ésta definición del proyecto llegó al mismo tiempo que Popcaan comenzaba a ascender como principal revolución del género gracias a su neutralización de cualquier aspecto negativo o violento a base de entusiasmo y un especial enfoque sobre nuevas formas de producción (Dre Skull, Dubble Dutch, etc). «Where We Come From» (2014) fue a grandes rasgos un nuevo comienzo para el Dancehall en el que se observó una nueva viabilidad del formato para integrarse en el Pop.

Aunque el comienzo real de Palmistry tuvo lugar cuando sus bocetos se encontraron con el rapper Triad God, quien en una primera mixtape impulsada por Hippos In Tanks, vertía los peores deseos y palabras que se conocían en su idioma natal, el cantonés (insultos, malos augurios), sobre instrumentales apesadumbrados y una actitud aparentemente «confidente» y «cercana».

Aquel era un siniestro proyecto con disfraz sensiblero que sentó las bases de la extraña fragilidad que envuelve a las canciones de Palmistry y funcionó como una anomalía en el clima londinense donde se generó; más tarde, la misma ecuación se perfeccionó al producir Keating la primera mixtape de Blaze Kidd, «Exclusivo», un MC ecuatoriano asentado en la capital británica que sería el primer link conocido hacia el colectivo que hoy se presenta como Bala Club.

En 2013 llegó «Catch», con cierta asistencia de SOPHIE y en un tiempo en que Palmistry compartía piso con Felicita, otro activo ligado estéticamente a PC Music; su primer single con Mixpak se asemejaba particularmente al material de Popcaan, aunque con la diferencia de que estaba cantado por un chico blanco que rara vez había pisado Kingston y mucho menos el Portmore Empire de Vybz Kartel. La dirección era la misma, aunque Palmistry iría en sus próximas referencias puliendo sus sonidos, afinándolos, limpiando elementos innecesarios y dando más ternura a su voz.

El proceso de difuminación entre Dancehall, R&B y la mayor inclinación minimalista llegaron a su discurso al mismo tiempo que se incrementaba el potencial Pop de su propuesta; el encanto de la misma en conjunción con su modelo de creación («focus on synthesis over sampling») tomó forma gracias a títulos como «Lil Gem», un sensacional EP parcialmente instrumental lanzado en Presto!? y que además de se su release más inspirado hasta el momento, coincidía a la perfección con el ejercicio de aislamiento, puntillismo o reducción Trance que caracteriza el discurso del fundador del sello, Lorenzo Senni.

Hoy, y escuchando la creación «Breathe» entre Malib y Uli K, es imposible no pensar en «Memory Taffeta» o alguno de los cortes de «Ascensión», la mixtape que de alguna forma actuará de precedente para el álbum debut de Palmistry, «Pagan», pendiente de fecha de salida en Mixpak aunque con la vista puesta en este 2016.

Es una dirección sensitiva y frágil que se contrapone de forma natural a la visión del mundo y reflejo de los contemporáneos y militantes en la nación NON Worldwide, aunque compartiendo grandes dosis de romanticismo en ambos puntos de vista; Palmistry está también asistiendo a la acelerada desintegración del mundo tal y como lo conocíamos, aunque su temor es dolorosamente dulce.

Aquí puedes consultar un artículo en el que se analiza la importancia de Mixpak a la hora de reintroducir el Dancehall en el arquetipo Pop. En esta otra pieza puedes saber más sobre cómo el Reguetón se ha inmiscuido en la zona electrónica experimental. Aquí una reciente entrevista a Bala Club