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Nicolas Jaar sublima el ruido de las sirenas

11.10.16
Aleix Mateu

«Ya dijimos No
Pero el Si está en todo
Lo de adentro y de afuera
Lo de lejos y de cerca
Lo que todos hemos visto
Y lo que ni siquiera dicen
Ya dijimos No!
Pero el Si está en todo
Todo lo que hay».

–Nicolas Jaar.

Medio centenar de archivos de audio en forma de estaciones de radio ficticias y artworks concebidos para la ocasión. Esta fue la críptica forma de promoción del nuevo disco de Nicolas Jaar, «Sirens«, que se publicó recientemente vía Other People, el sello dirigido por el propio artista.

A pesar de no acabar de comprender muy bien la relación con el proyecto largo ni el sentido detrás de esta idea que tituló THE NETWORK, más allá de la pirotecnia de hacer algo interactivo, laberíntico y efectista para dejar escuchar algunos segundos del álbum.

Algo parecido ocurre con la presentación de la edición especial del doble 12″: una funda de plástico con látex y una moneda dentro. La idea es que el efectivo, con el movimiento del transporte, vaya desenmascarando la funda y cree un estampado singular que revele la portada.

THE NETWORK reúne, entre los ruido para sintonizar la emisora, aquello que más le gusta a Nicolas Jaar: sugerir emotividades con clips de audio y melodías difusas que nos remitan a otras piezas más palpables.

El título de su disco debut, «Space Is Only Noise» declaraba a la perfección lo que su música hace: traducir aquello físico, como el espacio, en algo etéreo e impreciso, como el ruido. Con el paso del tiempo, estas formas se han acusado.

Lejos de que el contenido sea más denso conceptualmente, la forma se ha diluido un poco más, se ha convertido en más abstracta con el paso del tiempo. Si sus «Nymphs» dejan entrever esta voluntad, la insinuante «Pomegranates«, banda sonora imaginada por Jaar para la película The Color of Pomegranates de Serjei Parajanov, es el mejor ejemplo de esto.

En «Pomegranates» encontramos pequeños fragmentos sonoros que se cristalizan para acompañar las también abstractas imágenes, explorando sus potencias emocionales. Lo hace dando a las texturas y a los modestos sonidos un protagonismo de primer plano, mientras que las melodías suenan lejanas e incorpóreas, como ecos del pasado.

Estas formas se extienden a su nuevo álbum como si se tratara de una sábana, y Nicolas Jaar siguiera dando vueltas en ella, regocijándose en su propia morriña. Con su música sublima ora su propia melancolía, ora su contento.

No en vano el artista concibe «Nymphs», «Pomegranates» y «Sirens» como una trilogía: en su página web personal ha aparecido un triángulo con el título de los tres álbumes, y el nombre de archivo de la imagen responde a trilogy.jpg.

Aquel primer disco, «Space Is Only Noise», mantenía patrones más reconocibles y lucía un cuerpo sólido. Pero con el tiempo se ha ido evaporando hasta desprenderse casi de su forma. Como decíamos, la música parece lejana, onírica y evocadora, y tan solo unas texturas y capas que aparecen-desaparecen nos mantienen sujetos a la realidad.

Uno de los aspectos que más llama la atención es la gran mezcla de géneros, tan distantes entre sí, a pesar de que no sea una gran sorpresa, ya que Nicolas Jaar ha jugado siempre con los géneros populares (y no tan populares) para adaptarlos a su melancolía minimalista.

Su maestría en llevar géneros más físicos al mundo de las abstracciones a veces sucede de forma demasiado recurrente, hasta llegar a convertirse en el escaparate de algo aparecido a una colección de cromos que Nicolas Jaar guarda celoso.

Esta música en el artista toma un cariz frágil que en ocasiones quiere darles forma subversiva, ya sean las percusiones de la No Wave o la Cumbia chilena. La sensibilidad de Jaar es una conexión directa con la narrativa del álbum, quizá la gran novedad del trabajo del artista y, quizá, uno de los puntos más flojos.

El artista acuña la lengua latina para escribir un álbum que le conecta con la infancia y sus raíces chilenas, y de alguna forma deja lugar a la crítica política y social a través del resurgir de las nuevas conciencias, un tema de rabiosa actualidad, sobre todo por parte de algunas comunidades.

Con un texto correspondiendo a cada movimiento del álbum, que acaban por ser las letras del disco, Nicolas Jaar quiere crear un discurso críptico que no acabamos de comprender. Al igual que la iniciativa con la edición especial del vinilo, intuimos el mensaje que el artista nos quiere hacer llegar, pero no entendemos muy bien el por qué quiere explicarnos eso.

Un disco que señala la destreza de Nicolas Jaar para conducir la música por sus propios derroteros emocionales bastándose de unos pocos elementos, pero destapa también la pretensión de unas expectativas artísticas que no se corresponden con el clímax al que el álbum nos sumerge.

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