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Padre, tiendo mis manos hacia ti: La complicada figura del Pastor T. L. Barrett

Así es como Kanye West está sampleando a un corrupto y virtuoso reverendo del South Side de Chicago para uno de sus singles más brillantes, "Ultralight Beam".

16.02.16
Frankie Pizá

Anecdóticamente, el nombre de «Cristo» no se pronuncia ni una sola vez en «Like a Ship… (Without A Sail)», a pesar de ser cantado en parte por el The Youth For Christ Choir y ser el debut musical de un sacerdote. Es lo último que podríamos esperar de un álbum de Góspel grabado en 1971. En cambio, dentro del trabajo, se habla de la figura evangélica a través del término «Señor», más apropiado para extender un mensaje que pueda trascender creencias y religión.

El dato podría así facilitar el acercamiento al disco de aquellos que quieran mantenerse al margen de cualquier expresión artística que tiene a Jesús como inspiración; o quizá no hace falta puntualizar, ya que el Góspel en sí ha acabado minimizando su función a su propia estética (muchos de nosotros no somos personas ni practicantes ni católicas, pero sentimos devoción por este tipo de material).

Entre los meses de mayo y noviembre de 1988, el predicador del South Side de Chicago, Pastor T. L. Barrett, diseñó hasta tres estafas piramidales en las que estuvieron implicadas hasta 70 personas; con el propósito de la teórica ayuda a los necesitados de la comunidad, el reverendo reclamó la inversión de grandes cantidades de dinero a unas 1.920 víctimas.

Ante el reclamo de inversiones que oscilaban los 1.500 dólares, prometiendo una compensación económica a los solidarios ciudadanos que invitaran a más iguales y conocidos a adentrarse en las campañas, Barrett orquestó una estafa que ascendió a los 3 millones de dólares. No se libró ningún segmento de la población de la ciudad, según apuntó el informe de Mitchell Ware en 1989:

«The pyramids appear to involve every segment of the population of the metropolitan Chicago area. No segment of the population was excluded.»

«Claims have been filed by blacks, whites, Hispanics, minors, senior citizens and handicapped individuals.»

«There were high school students, college students, clerical people, sales people, professional people, (and) city, county, state and federal employees.»

Mientras las estafas se llevaban a cabo (la tercera y última, parada voluntariamente por el propio Barrett tras desvelarse el timo, pedía sumas de dinero que ascendían a los 5.000 dólares), el pastor creó el Institute for Positive Improvement, en el que impartía clases privadas por las cuales alumnos podían pagar hasta 1.500 dólares.

Barrett es un perfecto ejemplo de las complejidades y contrastes que puede albergar una trayectoria vital y artística; el predicador incitó a través de sus apasionados sermones a cientos de sus fieles, para los que únicamente consiguió la opresión económica. Barrett es, según a quién preguntemos y según en qué contexto nos movamos, hasta tres personas distintas: estafador, figura inspiradora y artista que llegó a editar algunos de los álbumes de Góspel más relevantes (musicalmente hablando) de su tiempo.

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En los últimos años de la década de los 60, el carismático Barrett, con ayuda de sus speeches, atrajo hasta su Life Center Church of Universal Awareness a grandes músicos y artistas de la ciudad, tales como Earth, Wind & Fire o Donny Hathaway. A través de estos enlaces, Barrett observó la sólida posibilidad de desarrollar de una forma más formal su pasión por la música y la oratoria; para su primer álbum, recuperado hace tan solo unos años por Light In The Attic, se vieron implicados el saxofonista y brillante arreglista de Chess Records Gene Barge, el bajista Richard Evans, el prodigio a la guitarra de Phil Upchurch o el coro The Youth For Christ Choir.

Barrett percibió en la música y en la oportunidad de grabar con algunos de los instrumentistas más grandes de su época una amplificación crucial para su mensaje, para así concienciar a su comunidad sobre el amor hacia Dios y mantener a los más pequeños fuera de las calles. Su apoyo no solo se extendía a través de la escena musical de aquel tiempo; una de las figuras políticas más influyentes, Jesse Jackson o el alcalde de Chicago Eugene Sawyer le respaldaron públicamente en decenas de ocasiones.

En cualquier caso, ésta no fue otra de sus maniobras de márketing o promoción desleal: Barrett encabezó con su voz dos de los más bellos y cohesivos álbumes Góspel de la década de los 70, unificando rasgos del Funk o el Soul característico de sellos como Cadet, además de incluir leves matices experimentales.

De entre los 4 álbumes que el de Chicago editó con diferentes sellos entre 1971 y 1977 destaca el mencionado «Like a Ship… (Without A Sail)», donde encontramos la sublime «Nobody Knows» y se invita a pensar en Dios como un guía o timón para las almas sin rumbo; después llegaron «I Found The Answer», «Do Not Pass Me By» y el título más conectado con el regreso a las raíces africanas, «Roots». Dentro de su tercer trabajo es donde encontramos «Father I Strech My Hands», track sampleado por Kanye West en el reciente inicio de su nuevo álbum («Ultralight Beam»), «The Life Of Pablo».

Barrett fue obligado por el tribunal a pagar una enorme indemnización para evitar su paso por la cárcel, y actualmente redimido, sigue ejerciendo el adoctrinamiento en las zonas más pobres de Chicago, donde (anecdóticamente) busca oportunidades para dinamizar las juventudes y evitar que caigan en la criminalidad.

Al igual que Norman Whiteside (Wee), quien operó como falsificador y criminal en su Ohio natal y a su vez invirtió algunos de sus beneficios en grabar el maravilloso álbum «You Can Fly on My Aeroplane», T.L. Barrett es una de esas figuras musicales singulares en las que su mensaje y discurso artístico se distanció casi de forma antónima de lo que ocurría en sus vidas personales; un ejemplo y guía para la comunidad con un talento único para la música en el escaparate, un ladrón corrupto en su interior.