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Ikutaro Kakehashi: la idea de que todo el mundo pueda crear música

Un homenaje al alma de Roland: el padre de algunos de los instrumentos que cambiaron el paradigma de la creación musical y composición en el Siglo XX.

03.04.17
Frankie Pizá

En un panteón dedicado a la evolución de la tecnología musical aparecerán los avatares virtuales de Robert Moog, de Don Buchla, de Dave Smith, de Max Mathews y de Ikutaro Kakehashi. Estarán cerca de otros muchos, aunque los cuatro destacarán por sus contribuciones y legado a la música moderna.

El japonés puede equipararse en cuanto a relevancia a los dos pioneros estadounidenses de la síntesis electrónica, así como del padre de la música generada por ordenador.

Kakehashi creció en un Japón en servicios mínimos, tanto para la educación como para la cultura, recuperándose de las inmensas huellas de la Segunda Guerra Mundial.

No recibió ninguna educación musical (a pesar de haber nacido en Hamamatsu, la «Ciudad de la Música») y aún así revolucionó la creatividad en este campo con productos como la Roland TR-808 y la TB-303, productos icónicos de la marca Roland que él mismo fundó en 1972.

Antes de que Roland comenzara a abrirse camino, Kakehashi fundó Ace Electronics con la inversión inicial de Sakata Shokai, empresa que se convirtió en el primer link directo con los órganos Hammond en Estados Unidos gracias a la fabricación de una serie de pequeñas caja de ritmos con algunos presets que servía como perfecto complemento al instrumento.

Las Rhythm Ace se convirtieron en la antesala de las cajas de ritmos de Roland, así como Ace fue la precursora de Roland Corporation. Ace comenzó fabricando amplificadores en 1963, productos a los que se sumaron algunos pianos electrónicos, órganos y módulos de efectos. A partir de 1967, las Rhythm Ace fueron impulsadas por la propia Hammond Organ Company.

Junto a Laurens Hammond, inventor de los órganos del mismo nombre, Kakehashi desarrolló el Autochord, su primera gran innovación en la persecución de hacer la creación musical más intuitiva, simple y para todos los públicos.

El proyecto «mustang» concluyó en la creación del Hammond Piper Autochord, un modelo que creaba progresiones de acordes de forma automática a partir de notas simples.

La implantación del Autochord supuso el primer paso hacia la domesticación de los órganos eléctricos y la entrada de mecanismos que favorecían la creatividad para personas que nunca hubieran dado lecciones musicales. De hecho, el anuncio del Piper rezaba: «Para los que nunca acabaron sus clases de música».

En 1972, inspirado por el nombre de un Tudor, Sir Roland de Velville, hijo ilegítimo de Enrique VII de Inglaterra, funda la compañía que supondría un punto de inflexión en la forma en que los artistas creaban música.

Roland Corporation expandió y convirtió en universal la utilización de las cajas de ritmos antes de la llegada del protocolo MIDI, marcando el paso hacia un nuevo paradigma musical: los instrumentos y recursos que asistían al artista en las funciones creativas y no eran únicamente vehículos interpretativos.

Roland se caracterizó por estandarizar un enfoque concreto dentro de la fabricación de instrumentos: la simplicidad y la asequibilidad fueron los puntos en común de cualquier creación bajo el paraguas de la marca o de sus subsidiarias.

La primera caja de ritmos que presentó Roland fue la TR-77 Rhythm Box; después la CR-78 y en 1981 llegaría la determinante TR-808, que con sus 16 sonidos de percusión y su facilidad de uso, se hizo poco a poco con un sitio indeleble en la música urbana contemporánea.

Fue concebida para crear demos, sabiendo de su naturaleza artificial en la que únicamente se «simulaban» los sonidos de una batería; tenía espacio para 32 patrones programados y unos sonidos singulares que aún resuenan a día de hoy y conservan su estatus icónico.

La posibilidad de escuchar una composición y los compases a tiempo real fue una de las grandes innovaciones de su tiempo, antes de que Kakehashi comenzara a trabajar en el interfaz MIDI.

Un protocolo digital capaz de conectar y comunicar diferentes instrumentos electrónicos, un concepto que Kakehashi compartió inicialmente con Tom Oberheim, fundador de la marca que lleva su nombre y del «costoso» antepasado del MIDI, el interfaz Oberheim System.

Era 1981 cuando Kakehashi se unió a Dave Smith, a la cabeza de Sequential Circuits para desarrollar un interfaz más simple y barato: juntos consiguieron el apoyo de la competencia, de marcas como Korg, Kawai o Yamaha.

En la NAMM de 1983 (en California), en una demostración con el Prophet 600 y el Roland JX-3P, se presentó el lenguaje MIDI, siglas de Musical Instrument Digital Interface.

El MIDI se ha convertido en el estándar de la industria tecnológica aplicada a la música desde que fuera puesto en práctica con sintetizadores polifónicos; en su 30 aniversario (2013), tanto Dave Smith como Kakehashi recibieron el Technical Grammy por su inigualable contribución.

Desde que construyó su primer órgano monofónico de 49 teclas para su hermano en 1959, la intención de Kakehashi y de sus proyectos fue construir herramientas que pudieran tocar por los propios músicos. Hacer universal el arte de la creación musical independientemente de tus conocimientos y recursos.

Hoy en día, cuando dispositivos de creación y composición musical caben en nuestros bolsillos y pantallas de smartphone, Kakehashi se vislumbra como la primera personalidad en iniciar un cambio de paradigma que hoy contemplamos como habitual.

Kakehashi nos dejó a la edad de 87 años, según confirmó el cercano colaborador de Roland Tommy Snyder en redes sociales.

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