#Artículos

Una historia de Nueva York: Los Guardian Angels y la voz de Margo Williams

Uno de los singles más venerados del imperio P&P Records, producido por Peter Brown y Patrick Adams, vuelve reeditado el mismo año que la patrulla civil de los ángeles guardianes de Nueva York, aquella que inspiró la canción, vuelve a las calles.

06.07.16
Frankie Pizá

1994, el alcalde Rudolf Giuliani comienza un cargo que duraría hasta un año después del fatídico atentado contra el World Trade Center (2001). Es el mismo año que entra en funcionamiento el CompStat, un nuevo sistema de gestión para un Departamento de Policía de Nueva York que hasta el momento funcionaba de forma «poco concisa».

William Bratton fue el policía encargado de introducir la idea de un «sistema computerizado» que analizara y cifrara la delincuencia en la gran manzana; fue el comienzo de un nuevo modelo que documentaba cada denuncia, cada testimonio y cada arresto, un sistema al que normalmente se le atribuye gran parte del mérito en el descenso de la criminalidad en los 90.

La creencia popular es esa: Giuliani trajo la paz y la «tolerancia cero» junto a este nuevo orden policial basado en los análisis de datos y procedimientos cartográficos. En cualquier caso, muchos autores coinciden en que al contrario de lo que se quiso vender, los delitos ya habían disminuido considerablemente cuando el procedimiento comenzó a ponerse en marcha.

CompStat representó un cambio de enfoque sobre los índices de criminalidad más que la implementación de unas normas estrictas contra la misma, y según las voces que lo critican tan solo aumentó el poder burocrático sobre las fuerzas del orden. El comienzo de una era dominada por los «datos». En realidad, el descenso fue obra de otros activos, y éstos fueron principalmente las personas.

Desde 1960, Nueva York atravesó graves problemas económicos que coincidieron con el ascenso del crimen organizado, la mafia, las bandas callejeras y la expansión de la «epidemia del crack» desde los suburbios más pobres como el sur del Bronx. La venta de drogas y la inseguridad ciudadana confluyó paralelamente con el imperante racismo y homofobia, que afectaba a todo el volumen de inmigración latina, africana y asiática residente en la urbe.

Fue en los 70 y gran parte de los 80 donde se creó el Nueva York que todos llevamos en nuestra memoria, aquel de los filmes tipo The Warriors, aquel en los que el sentimiento común era de rabia contenida y no precisamente la esperanza que algunos líderes políticos se habían encargado de sembrar en el pasado.

Era un núcleo lleno de contrastes: de una esquina a la otra de Manhattan la realidad era completamente distinta. Mientras que en barrios acomodados como Chelsea la limpieza y la seguridad eran comunes, en ese fragmento separado de la isla por el Río Harlem que era el Bronx reinaba la devastación, el desorden y las normas que escribían las pandillas.

Pacificadores o mártires como «Black Benjy» (asesinado en 1971), el legendario Benjamín Meléndez, los Ghetto Brothers o un posterior Afrika Bambaataa al frente de la Universal Zulu Nation eran necesarios para contagiar de optimismo y concienciar a las pandillas y gente de los barrios más pobres que el problema no estaba en sus iguales, estaba en el sistema.

La pandemia de criminalidad que asoló al Nueva York más decadente y caótico no solo fue contrarrestada por movimientos populares o una insuficiente y a menudo racista policía, también existieron organizaciones civiles como los Guardian Angels que velaban por la seguridad dentro de una de las zonas habitualmente más conflictivas. Era el Metro de Nueva York.

El mismo que se escucha en las grabaciones que se escuchan al comienzo del single «The Guardian Angels Is Watching Over Us», un himno escondido entre el inabarcable tejido editorial de Peter Brown y Patrick Adams que homenajeó la labor de esa legión de anónimos y de alguna forma contribuyó a incrementar su mitología. Allí se avisa de la suspensión del recorrido que llevaba al alto Manhattan, al «uptown», a Washington Heights, donde Brown y su mujer Patricia tenían las oficinas de P&P Records.

La safety patrol de estos ángeles guardianes se fundó en 1979 precisamente en el Bronx, y tuvo su comienzo en una simple reunión de vecinos cansados de la inseguridad y los delitos: fue Curtis Sliwa quien la organizó y quien dio el nombre a la ONG, a la que poco a poco se unieron nuevos voluntarios. Vestidos con boinas y chaquetas de béisbol rojas, rehabilitaron plazas, escuelas, jardines y centros abandonados, crearon una vigilancia coordinada para prevenir el crimen dentro de los puntos calientes de todo Manhattan y entrenaban a los jóvenes en técnicas de defensa personal.

La polémica les asaltó en varias ocasiones: Sliwa fue acusado de «fabricar» las primeras hazañas de la organización, y en 1992, el mismo fundado fue secuestrado por un miembro de la familia GambinoJoseph (Little Joey) D’Angelo, por orden directa de John Gotti. Dejaron de ejercer en 1994, cuando debido a los cambios de la policía y la entrada de Giuliani se incrementaron considerablemente los activos de seguridad y vigilancia.

Por una de esas divinas coincidencias, en 2016 todo regresa con ciertas similitudes. Tras incidentes continuados en Central Park y un gran incremento de la criminalidad en los últimos dos años, Sliwa y la patrulla original de los Guardian Angels vuelven a velar por la seguridad de los ciudadanos de Nueva York. El single que cantó Margo Williams y fue instrumentado por la Golden Flamingo Orchestra, se reedita por primera vez en casi 4 décadas.

Llega con una nueva imagen, con una portada totalmente roja, del mismo rojo que los guardianes. Con la misma fuerza que conocemos: su percusión pesada y que le hizo ganar la admiración de la entonces incipiente cultura Hip Hop, con es línea de bajo incomparable y las voces de Williams, que relataban la amenaza que se encontraba en el interior de las calles de aquel Nueva York.

Un canto a la esperanza, interpretado por esa «poor people with potentiality» que describían las primeras referencias de P&P Records y su extenso catálogo de sellos subsidiarios (de hecho, Golden Flamingo era una marca derivada de otra submarca hermana, Queen Constance Records). Hoy, los Guardian Angels están presentes en 13 países, 138 ciudades en el mundo, y cuentan con más de 55.000 voluntarios repartidos entre Sudamérica, Asia y Oceanía.