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Apple podrá comprar Tidal, aunque no la música de sus artistas

Lógica y desconcierto a partes iguales respira el posible futuro de TIDAL en manos de Apple. Al parecer, lo que comprarán no será la música de Prince o Kanye West, sino a los clientes del servicio.

04.07.16
Frankie Pizá

Hace tan solo un año, nuestra expectación crecía al observar la lógica implícita en Apple Music: un servicio de streaming lanzado por la plataforma tecnológica más poderosa del mundo y que venía después de que los de Cupertino hubieran impuesto su negocio de descargas y gestión musical a través de iTunes durante más de una década.

Todo eran suposiciones, pero algo nos decía a todos que les iba a costar poco reinar; su complemento estrella, Beats 1, una radio «universal» y gratuita ligada al servicio, estaba además dispuesta a revalorizar un producto en actual devaluación.

Es una de las principales diferencias entre Apple Music y Spotify, su principal competidor, el haber impuesto un modelo de exclusividad parecido al que impera en el mundo de los deportes con marcas como Nike y adidas, y tener un terreno en propiedad para desarrollarlo libremente.

El modelo de Spotify está basado en el objetivo de que un solo servicio conquiste a todos los usuarios; una gran biblioteca disponible, una tarifa plana y diferentes modalidades o criterios de selección que actuarán como límites para unas clases de consumidores y otros. Música a la carta sin exclusividad, ni equipos o competencia. Y sin restricciones, como sugieren los últimos ataques que desde la empresa sueca han realizado hacia California.

Que la música vuelva a pagarse, pero a través de una cuota única que reste valor al producto de cada artista y cada grupo que quiera dar acceso a su obra. La damnificada del modelo y de la ausencia de una justa regulación en este sentido, el de las regalías por reproducción (aunque ya haya iniciativas para comprenderlo mejor y que el negocio vuelva a ser beneficioso para todas las partes), es precisamente la música, aquello que todos queremos tener en la palma de nuestra mano olvidándonos de descargas e incomodidades.

Apple Music ha recibido muchas críticas por su primer interface y complejidades relativas a la experiencia de usuario, pero los índices de crecimiento no han variado su curva ascendente desde el 30 de junio de 2015: en estos momentos cuenta con más de 15 millones de suscriptores de pago, y no hay perspectivas (o predicciones) de que se cambie de tendencia.

Poco a poco, Spotify y su enfoque sobre la «curación» automática y libertada para «crear playlists» de usuarios se ve arrinconada por la conducta imperialista de Apple Music, compañía que ha conseguido hacer válido el sistema basado en el contenido exclusivo. Si una marca consigue englobar a esos artistas que más volumen popular generan bajo un mismo signo y tiene suficientes recursos para que éstos asuman sus reglas, al menos obligarán a los usuarios a cuestionarse por qué están pagando Spotify y no Apple Music.

Paradójicamente, Apple Music es hoy en día la imagen que TIDAL quiso dar desde su fundación: una élite de músicos y estrellas de la industria reunidas alrededor de una mesa, una élite dándonos a entender que su posición y por tanto la de su producto estaría junto al servicio que mejor valorase a los artistas. (A principios de año se demostró que a pesar del servicio en «alta calidad» que propone TIDAL, ha habido polémica por impago de regalías).

Si Apple Music gana seguidores es porque la música de Chance The Rapper, Drake o Blood Orange aparece antes en su servicio que en otros. Y porque el dispositivo principal al que va relacionado el consumo musical del ahora y del futuro es propiedad de la misma compañía. Se llama iPhone y su sistema operativo, iOS, está anclado a una App Store que recientemente ha sido criticada por una supuesta parcialidad que podría estar degradando poco a poco a su competencia.

Tras un año de Apple Music, Spotify resiste pero su imagen poco a poco está desvirtuándose: cuando escuchamos críticas y ataques al sistema de pago por reproducciones, Spotify es la que más impactos recibe. Pocos son los que alzan la voz a Apple Music: una vez más parece haber llegado a lo que TIDAL no ha llegado aún, a tener exclusividad, buen funcionamiento y cumplir mejor con los que llenan sus arcas (musical y económicamente hablando).

Los datos en cualquier caso, y según el vice presidente de Spotify, Jonathan Foster, relatan una historia distinta: Apple Music ha ayudado a convertir el streaming en el principal camino sostenible para la industria musical, confirmar su viabilidad y, según la compañía, ha hecho ganar los mismos suscriptores a Spotify. Foster confirmó en mayo que desde Apple Music, tenían 13 millones más de afiliados.

El negocio de la música ha sido reinventado por los gigantes de la tecnología: las discográficas vuelven a tener un papel tras la epidemia de las descargas ilegales pero en esta ocasión pintando mucho menos sobre el papel. Su posesión sobre la música roza lo simbólico y los beneficios reales de la compra de ediciones físicas es igual de anecdótico. Ahora son las empresas que intervienen entre los artistas y los servicios de consumo en masa las que ganan protagonismo y abren un nuevo negocio.

El modelo de los intermediarios se impone a grandes rasgos: Airbnb son la multinacional de la hostelería sin poseer ninguna cama, Uber se consolidad como el futuro del transporte sin haber comprado ni un solo coche. Las editoriales que se encargan de poner tu música, la de un artista o grupo, en las diferentes plataformas digitales o en tan solo una, entran en escena facilitando unas negociaciones que no pueden hacerse directamente. La autonomía es un completo espejismo.

Que Apple Music haya validado su modelo y se haya establecido como el segundo gran servicio de consumo musical a través de una estrategia basada en los artistas (a los que financia incluso videoclips, véase Drake o probablemente Jamie xx) y la facilidad de dar a sus clientes la codiciada «exclusividad» (suscriptores como nosotros, personas de a pie, pero también personas como Kendrick Lamar, a los que les tiene que beneficiar el acuerdo a nivel económico, ya que están limitando la llegada de su música a un solo núcleo de «elegidos») es una situación que de alguna manera está ratificando a TIDAL.

Tiene sentido que dos servicios que comparten el mismo enfoque, uno con Drake en sus filas y otro con Kanye West o Beyoncé, acaben entendiéndose (aunque el comienzo fuera frío, con TIDAL acusando a Apple de algo muy parecido a lo que ahora le acusa Spotify). O uno de ellos engulla al otro: lo de «exclusivamente en TIDAL» está apunto de cambiar, según parece avanzar la prensa norteamericana.

Se consume o no la alianza o la desaparición de TIDAL, de entrada observamos en esta situación una paradoja muy singular: hace un año observábamos el irritante espectáculo de TIDAL entre ruborizados y desconfiados, y ahora pensar en un Jay-Z con un puesto en la directiva de Apple resulta, por lo menos, desconcertante. Resultaba imposible pensar en algo así tras un primer año de cifras bajas en cuanto a suscripción y un precio más bien alto sin rebaja alguna.

Pero ¿qué es exactamente lo que quiere comprar Apple? La lista de suscriptores del servicio TIDAL, sus estrellas o toda la música que algunos inversores y parte de la compañía (también artistas de renombre), amigos y difíciles figuras como Prince han dejado allí? La respuesta correcta es la primera opción, ya que la música de Prince y otros «exclusivos» deberá «renegociarse» en casi todos los casos (la excepción serán los nombres como Beyoncé, quienes tienen una importante tajada dentro de la propia empresa y sus derechos están ligados a TIDAL de forma «perpetua»).

En el caso de Prince, serán los nuevos encargados de gestionar su patrimonio (y poder sobre todo su catálogo en Warner Bros. que tanto costó conseguir hasta 2014) los que negocien esta posibilidad; desde que comenzaron los rumores de la posible venta, muchos de los aficionados del genio de Minneapolis sueñan con la posibilidad de ver toda esa discografía en los dispositivos de Apple.

El autor del libro The Future of the Music Business, Steve Gordon, así lo sostiene poniendo como ejemplo la adquisición de Rdio por parte de Pandora, un acuerdo que no incluyó licencias y derechos sobre la reproducción y gestión de obras musicales concretas. Es decir, Apple podrá sin problemas adquirir los clientes de TIDAL y sus respectivos correos electrónicos de una forma simple y rápida, mediante una transición entre bases de datos. Con los artistas deberá ir uno por uno y leer hasta el último punto de sus contratos.

Porque los usuarios apenas tienen margen para operar, según revela la política de protección de TIDAL:

“If all or part of TIDAL is sold, merged or is otherwise transferred to another entity, the information you have provided on or through the Service may be transferred to such entity as part of that transaction.»