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Un ensayo de Evelyn Malinowski conecta el Ambient y la experimentación con la estética fascista

26.10.15
Frankie Pizá

«If artists are nevertheless shocked by external offense and cannot admit to their own exploitative participation in offensive and controversial aesthetic, and if the listeners cannot see that they are swimming an ocean of ambient fraternization, worshipping the male ego centerstage, then they should both be labeled as such.»

Aunque los orígenes de la música electrónica primitiva y la experimentación ruidista vienen derivados de un entorno fascista en Italia (teniendo como protagonistas al «Arte de los Ruidos» de Luigi Russolo o el Manifiesto Futurista de Filippo Tommaso Marinetti), el desarrollo de este tipo de práctica y tendencia musical se ha ido ligando durante las décadas a la libertad creativa y en ausencia de cualquier ideología política.

Un ensayo aparecido recientemente en el portal Women In Electronica puntualiza de forma contundente (aunque poco concluyente) sobre la proliferación o apropiación indebida de símbolos, propaganda e imaginería de tintes paganos, satánicos, fascistas, racistas o violentos en algunos proyectos de la música experimental actual. La autora señala y analiza propuestas polémicas como las de Vatican Shadow, Sandwell Disctric o sellos como Perc Trax, por citar algunos.

El artículo también recuerda la polvareda provocada por algunos radicales proyectos de William Bennett (Whitehouse, Cut Hands), mientras que dedica uno de los ataques más directos es a Blackest Ever Black y su fundador Kiran Sande.

Recientemente, el director del sello Berceuse Heroique fue acusado por declaraciones de cierto sabor machista, además de usar de forma reiterada simbología y estética que recuerdan a panfletos iniciales del nazismo. Se puede leer el artículo al completo aquí. Esta misma denuncia ya fue abordada por Josh Hall.