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Rik Davis fue el verdadero ideólogo detrás de Cybotron

04.07.16
Frankie Pizá

Ilustración de Mark Dancey.

«After some backchannel negotiations trying to track him down, I was finally given instructions to meet him at the clubhouse of a suburban apartment complex nestled between Ann Arbor and Ypsilanti. Although I’d never seen Davis’ face, it turned out to be easy to pick him out among the people milling around pool chairs and potted plants: he was the only one in full Elizabethan costume. Davis sported a green velvet cape and cowl over a brown tunic, leather gloves and a golden crown, accented with a futuristic touch: his face was completely obscured behind a white mask that looked like a mash-up of Iron Man and Boba Fett, which he wore for the entirety of our three hour conversation.»

Probablemente sea la entrevista más esperada por algunos de los fanáticos de la mitología ligada al Techno hecho en Detroit. Paradójicamente, apenas ha tenido repercusión.

La extravagante conversación de Rik Davis (Richard Davis, el misterioso 3070 / «thirty-seventy», ex-veterano de la Guerra de Vietnam que formó dúo con un joven Juan Atkins para crear Cybotron en la transición entre la década de los 70 y los 80) con Mike Rubin recuerda a algunos encuentros periodísticos con el último Sun RaRamm:Ell:Zee.

Davis, que ha estado en silencio y en «paradero desconocido» durante más de 3 décadas, rompe su silencio de la forma más impactante: revelándose como el auténtico ideólogo del proyecto compartido con el joven Juan y un recipiente donde aún podemos encontrar las verdaderas pautas mentales y psicológicas que desencadenaron Cybotron.

Entre otras cosas, en el imprescindible documento, se tacha a Kraftwerk como «mindless beats and pulses» alejados de la «preocupación por la humanidad, angustia y contexto espiritual» demostrado por Ultravox en el álbum «Rage in Eden» (1981). Es un cambio de rotación clave en el discurso inicial del Techno original, popularmente más cercano a los pioneros hombres-máquina y al P-Funk que a Ultravox.

«To me, Kraftwerk is mindless beats and pulses. Anything that doesn’t touch on the human condition, on human suffering, to remind people that there’s people that need help, to me is frivolous and vain. My heart was really ‘Industrial Lies’ and stuff like that. I wanted to make a social comment. Every piece can’t be a dance piece. Everything can’t be beat music.”

Asentado en Ypsilanti (Michigan), Davis habla de sus intenciones pasadas y futuras; cuando comenzaba a toquetear un ARP Axxe en 1976, deseaba representar sonoramente la escena del viaje psicodélico en 2001: Una Odisea en el Espacio; hoy en día, busca emular a Ricardo III en una adaptación shakesperiana del Techno.

Dice que siempre concibió su perfil musical como «Rock apocalíptico», etiqueta Cybotron como una reacción parecida al «Punk (donde primero actúas y luego aprendes lo que estás haciendo)» y se refiere al Necronomicon y hasta Fritz Lang, pasando por diversas personalidades como Isao Tomita, Charles Manson o el Libro de Isaías.

Por otro lado, revela la simbólica incidencia que Juan Atkins tuvo en el desarrollo de los primeros singles de Cybotron: él afirma que escribió la mayor parte de las letras y también se encargó de la mayor parte de las canciones. Alrededor del texto, también podemos saber más sobre su experiencia en Vietnam y en el ejército de Estados Unidos.

Hace poco tiempo que se reeditó el single «Methane Sea» de Davis, uno de los primeros que fue apoyado por The Electrifying Mojo en la radio de Detroit.