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Nos dicen qué escuchar pero no mejoran el sonido

El ascenso del modelo del streaming amenaza con normalizar las compresiones a las que se somete la música que escuchamos. ¿En qué media puede comprometer a los artistas?

09.08.16
Frankie Pizá

Spotify está convirtiéndose el perfecto aliado del oyente; su estrategia va dirigida a implantar un hábito utilizando nuestros propios hábitos, domesticándonos con una recompensa.

Como señala Bas Grasmayer, la compañía está armando una «rutina diaria» que con Release Radar se extiende a la semana completa; el premio para el usuario es la «segregación de hormonas» controlada que aportan esos «nuevos descubrimientos» servidos semanalmente en tu aplicación.

Que funcione o no, que acierte realmente con lo que necesitamos no es la cuestión: se trata de que estrategias como la de Spotify nos hacen parecernos a mascotas.

Con este plan de acción Spotify y otros servicios vuelven a dejar de lado la calidad del sonido y por tanto la preocupación por los artistas: gran parte de la música que se escucha en Spotify está a un bitrate de 128 kbps, mientras que el bitrate «top» de 320 kbps tan solo está disponible para cuentas de pago.

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Sabemos que ya no se hace música pensando en un soporte concreto, y que venimos de una generación que se ha acostumbrado a la compresión del mp3. Aunque y los artistas? En qué medida compromete su obra que el modelo de consumo musical predominante vaya a ajustarse en un rango entre 128 kbps y 320 kbps?

Una encuesta de NUGEN Audio, con el título Producing for Music Streaming? (una de las preguntas y sus cifras en la segunda foto) aporta resultados predecibles sobre la perspectiva de los activos de la industria musical: la gran mayoría conocen o intuyen que la normalización sonora que llega intrínseca en el modelo streaming perjudica a la música.

Los datos no aportan ninguna respuesta, ni siquiera se mencionad el único servicio que propone un modelo «hi-fi» (Tidal). Sí conclusiones:

«The survey indicates a high level of concern among the music production community that music streaming services may indeed modify audio, both by normalizing loudness (86% concerned) and through data compression techniques for streaming (82% concerned).»

«There is also apprehension that the real-world results of these modifications may actually compromise artistic intent. This concern is mitigated for some by an understanding of the techniques necessary to regain control over the streamed output, likely by using loudness & true-peak measurement and employing limiting tools to avoid service-induced gain modification and codec distortions.»