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Cuantos más servicios de streaming, peor para la música

La industria musical, hambrienta de un beneficio casi utópico, abre la puerta a cuantos servicios de suscripción musical hagan falta. No se dan cuenta que el producto a distribuir es en todos casos el mismo.

29.09.16
Frankie Pizá

Sabemos de las intenciones de Amazon, también de Pandora en Estados Unidos. Conocemos el «Netflix para todo» llamado Playster. Deezer se actualiza y es muy posible que al cerrar sigilosamente Samsung su servicio Milk Music (aún operativo en China, Malasia o Corea del Sur), la compañía esté preparando una nueva tentativa para competir en un mercado al alza.

Aunque la batalla principal está librándose entre Apple Music y Spotify, el modelo del streaming bajo suscripción para el entretenimiento es el nuevo nicho en el que las empresas han decidido enfocar sus esfuerzos.

Un espacio dinámico que recibe a nuevos productos y contrincantes mensualmente: la empresa detrás de iHeartRadio ha anunciado que saldrá con sus nuevos planes en enero de 2017: una modalidad sin anuncios por un precio de 5 dólares al mes y otra que hará frente a lo que proponen los dos grandes, con el régimen de «escucha todo lo que quieras» por 10 dólares al mes.

La compañía presidida por Darren Davis ha desvelado que ya tiene el beneplácito de Universal Music Group, Warner Music Group y Sony Music Group: ante esta situación, se plantea un problema a nivel general que puede acabar devaluando el producto que todas estas empresas intentan distribuir a través de sus servicios.

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El producto es exactamente el mismo para todos, y las únicas variantes entre un servicio y otro estarán en la exclusividad, cantidad de catálogo, el precio, la calidad del sonido o los complementos. Los grandes sellos discográficos están abriendo la puerta a todos los servicios que respetan las reglas establecidas y no se saltan su intermediación, siendo así los mayores beneficiados.

Están provocando que no se pueda competir por el contenido, sino únicamente por el precio. Lo más probable, tal y como ya se está intuyendo, es que la música y una suscripción cada vez valga más barata, algo que podría llevar a esas discográficas a mostrarse definitivamente inflexibles con los servicios musicales.

La música no es una bebida carbonatada que puede variar su recete de una marca a otra, por tanto la única salida competitiva real es machacar con los precios.

Como son esos servicios de streaming los que están incrementando los beneficios que la música genera, toda la industria en colectivo ya se ha posicionado en contra de los ripeos ilegales en YouTube.