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Festival’era 2013: La consolidación de la fiesta entre amigos

09.09.13
Jordi Isern

Lo dijimos muchas veces, pero es que nos encajó la idea desde un inicio: El Fesitval’era era la fiesta final del verano. Durante la previa ya lo teníamos asumido y al llegar allí… se materializó sin fallos. La impresión y lo que nos llegaba del festival de un día que tiene lugar en Llagostera, era de algo muy «amateur». Ellos mismos decían que era una jornada montada entre amigos y en la masia propiedad uno de ellos, pero lo cierto es que daba una impresión totalmente opuesta. Profesionalidad y mucha entrega. Coordinación e infraestructura muy bien trabajada. Un parking controlado, accesos rápidos, barras y servicios bien repartidos, un escenario principal muy de solido, césped por todos lados, un escenario secundario con sofás… y nada por pedir, todo estaba a disposición. La llamada a su fiesta respondió de manera contundente, unas 900 personas se acercaron a la masía de Can Gascons, un público fácilmente “targetable”. Jóvenes todos, una media de edad que no pasaba de los 30, monísimas con pelazo ellas, flequillo y gorras ellos, y con ganas de fiesta y baile a la par.

Llegamos cuando Nothing Places encaraban su recta final. El proyecto de Emilio Saiz, ahora formado con banda con Ricky Falkner en ella, dió rienda suelta a su cara más feroz y pedalera. Siguieron entonando canciones a la puesta del sol Oso Leone, que están sellando una temporada de progresión muy notable. Su directo, con la formación sentada, y una complicidad entre ellos mágica, es una invitación a la levitación y el dejarse ir. Ya fuera con “Ficus”, “Cactus” o “Clivia”. Un pequeño grupo de culto ha nacido, y lo vamos a ir mimando. Mientras, en el escenario más recogido, Cálido Home empezaban con su versión del “Push Sky Away” de Nick Cave, y en uno de sus recitales más locuaces, con un público lleno de caras conocidas, se soltaron y rasgaron las guitarras en su vertiente más “nasty”, como ellos mismo dicen.

La noche llegaba y era el turno para que Pollock dieran el pistoletazo de salida a la parte festiva de la noche. Sus aires a Two Door Cinema Club, Phoenix y el pop de verbena nos recordaron que tienen hits como “Sometimes” (muy celebrada) o “Fireworks”, pero lo cierto es que fechan de 2010 y se les vió algo desentrenados. Todo lo contrario que Bigott, el gran “cabeza de cartel” de esta pequeño festival. En formato trío y con su actitud fuera de órbita repasó su último trabajo, y a pesar de que la disposición de bateria, bajo y guitarra restó fuerzas en temas como “Find Romance”, sin coros apitufados, o se versionaron de manera acelerada en “She is my man”. Aún así, en “Cannibal Dinner”, la grada más fan pudo corear de lo lindo esos “Ooooh oh oh”. La intensidad de la noche subía y Mendetz se encontraron con un público sediento de fiesta. Sin otro calificativo, para el ambiente: fiesta, desparrame y hits. Y, con algunos “peros”, Mendetz van servidos de esas cosas. A pesar de algunas intervenciones sin mucha gracia ni enganche, los temas de Souvenir (Music Bus, 2010) y sus más que inseparables “Futuresex” y el cover de Gala, cumplieron con lo que se les pedía.


Desde allí, la noche cogió otro rumbo. Mucho más centrado en el club, en la electrónica más cerebral y no tanto de purpurina. Primero con el viaje de rebelión que proponen The Suicide of Western Culture, a quienes la comparación con Fuck Buttons se les ha quedado pequeña, y es que su propuesta traspasa en mucho los directos analógicos que campan hoy en día. Tras él, y una larga espera de fallos técnicos, llegaría uno de los momentos más esperados, y con la esplanada hirviente de emoción. El DJ Set de Pional. Pura elegancia y saber estar. Aumentando la intensidad y el nivel de accesibilidad de los temas, pero sin desviarse de su ideal. ¿Cuantos temas reconocimos? ¿Dos? ¿Quizás tres? Pero era inevitable parar de mover los pies. Fiel escudero y perfecto hilvanador de ese club fue Pau Roca. Electrónica de baile pensada, hits de disco irresistibles, una selección impecable con la que llegamos lo más alto del Festival’era. El cierre de su sesión tiene mucho de especial, y es que fue con el tema “No one’s gonna find me” de Tversky, una formación que acaba de nacer y que ya se ha colado en la maleta de uno de los DJ’s más reputados de Barcelona. Y hasta ahí ninguna pega. Ni a la organización, bueno, quizás un poco más de iluminación hubiese ido de maravilla, pero nada grave, todo en su sitio. Ya avanzamos, que no es nada personal contra Radiocontrol, que se le ve un tipo muy majo. Pero su set de cierre fue como cortar una película a la mitad. De la cadencia de Pional y Pau Roca pasamos a un dubstep repetitivo y predecible que nos descolocó un poco, pero a una gran mayoría les sirvió para terminar de vaciar la reserva de energías que les quedaban. Así, que aún siendo nuestro punto negativo, fue todo lo contrario para otros muchos.

Se ponía el punto y final a un na segunda edición del Festival’era en la que se consolida como la jornada de conciertos y electrónica final del verano, con un público que se siente agusto y que ha hecho suyo el festival. Si el Faraday era el inicio de la temporada de festivales en ambiente familiar, el de Llagostera, es el cierre por todo lo alto que faltaba a los jovenes. ¡Larga vida!