#Noticias

Crónica MUTEK 2015: mejor que nunca

09.03.15
Pau Cristòful

Tras intercambiar opiniones con amigos, artistas y responsables del festival durante las últimas actuaciones del sábado, parece ser que todos coincidimos unánimemente en que la última edición del MUTEK [ES] ha sido la mejor de su historia. La delegación española del festival canadiense ha batido su récord de asistencia con 7000 espectadores,1000 más que el año pasado. A nivel artístico, ha conseguido combinar con éxito música vanguardista y experimental, propuestas más hedonistas, conferencias, talleres y actuaciones audiovisuales de primera línea mundial manteniendo en gran parte un ambiente reducido y familiar, con apenas barreras entre el público y unos músicos a quien era frecuente ver entre la asistencia de los otros conciertos. La separación por espacios entre una programación de día (y primera hora de la noche) más contemplativa y otra de madrugada más lúdica recordó por pequeños a un hermano pequeñísimo del Sónar, salvando las distancias.

Tal como avanzábamos en nuestra previa, la gran clave de este último MUTEK ha sido la adición del teatro BARTS, destinado a acoger los principales espectáculos de una edición cuyo factor visual ha tenido mejor respuesta que nunca, consiguiendo llenar el recinto en sus dos noches. Precisamente la actuación encargada de inaugurar este espacio fue la que consideramos como lo mejor del festival. Murcof y Simon Geilfus (del colectivo Antivj) fascinaron y magnetizaron al personal con un concierto en el que la sensibilidad neoclásica se ejecutó con sublimidad, evitando en todo momento la ñoñería efectista que actualmente abunda en este género. Musicalmente, las texturas y progresiones intensivas sintéticas se redondearon con puntuales sonidos de cuerdas que aportaban un toque oriental y místico. La música fue idónea para ser disfrutada desde las butacas del BARTS, pero las visuales resultaron sumamente impresionantes. La inmensa pantalla semitransparente sobre la que se proyectaron dotó de una sensación de profundidad que logró la mayor inmersión que recordamos en un espectáculo de este tipo, evidenciando los más de seis años que estos artistas llevan perfeccionando esta colaboración.

Murcof + Simon Geilfus (Antivj) (Foto: Alba Rupérez)

Tras el preciosismo de Murcof y Geilfus, llegó el turno de remover conciencias y la tierra en sí, literalmente: Herman Kolgen presentó dos shows en uno, AfterShock y Seismik. El primero, una especie de reflexión distópica de los peligros de los vertederos de residuos nucleares, con imágenes en alta definición y bastante realistas sobre un hipotético accidente y sus consecuencias. Por otro lado, Seismik pinta muy bien en su filosofía (Kolgen parametriza la actividad creada en campos globales magnéticos y la actividad sísmica, dando lugar a un sonido abstracto), pero que queda algo irreal en directo. Las imágenes y música fueron de interés, sin duda, pero quizás pesó mucho el ir a la cola de la belleza de Murcof y compañía. Por otra parte, aunque no pudimos asistir personalmente, nos consta que Dust, el espectáculo que el mismo artista presentó el jueves en el Institut Français, fue el más destacable de los tres.

El sábado, los protagonistas de la programación de este escenario fueron Maotik, Metametric y el mítico Robert Henke. Los dos primeros presentaron Durations, show con unos visuales a ratos espectáculares, a ratos monótonos. El directo pecó de contención, siendo de agradecer el desatamiento de la caótica parte final.

La de Henke era seguramente la actuación más esperada del fin de semana y, juzgando por la sonada ovación final, cumplió con las expectativas del personal. En su momento, el espectáculo Lumière fue el encargado de cerrar la penúltima edición del prestigioso festival berlinés CTM. La versión actualizada que presenciamos el pasado sábado fue ciertamente sensacional y elegante, aunque no llegó al nivel de Murcof y Geilfus. A diferencia de estos últimos, a Henke le faltó fluidez, evidenciando la separación por partes de un espectáculo al que le sobraron unos cuantos minutos de duración. Sin embargo, la compenetración de la música con los láseres que dibujaban geometrías en la pantalla era total y, por otra parte, cualquier obra de este maestro del techno dub merece ser vista.

Robert Henke (foto: Alba Rupérez)

Tras las actuaciones del BARTS, tocaba cruzar el paso de peatones que separa esta sala del Nitsa para rematar allí la noche con la programación más encarada a la pista de baile. Como en los años anteriores, ambas salas del club presentaban adornos visuales preparados exclusivamente para el festival. Durante la velada del viernes, La [2] acogió una especie de aparador local en la que pudimos disfrutar del primer directo de Pedro Vian, quien acostumbra a ser noticia por su papel dirigente en el sello Modern Obscure Music. El barcelonés obvió el experimentalismo vanguardista que en parte caracteriza su discográfica y aprovechó su actuación para avanzar material inédito. Su carácter bailable se adaptó a la hora de su concierto y abundaron las intenciones étnicocósmicas que ya dejó entrever en su edit del “Forest Nativity” de Francis Bebey.

Tras él, Magic Mountain High ofrecieron una clase de maestría ante una sala principal llena a rebosar. El trío integrado por Move D y los dos componentes de Juju & Jordash desarrolló una jam donde el deep house se impregnó de psicodelia cósmica con toques jazz y disco. Teniendo en cuenta la gran cantidad de artistas que actualmente ofrecen directos valiéndose únicamente de su portátil, uno ha de reverenciar tal exhibición instrumental: hubo varios sintetizadores, pero también sonaron guitarras en directo e incluso melódicas.

El groove que el trío acumuló durante su hora larga de actuación dejó a la sala a punto de miel para Talaboman, quienes irrumpieron con un inicio de sesión tremendo y enérgico que desató al personal. El segundo tramo de la sesión fue menos impactante, con algunas melodías que recordaban al minimal cálido y agradable de algunas referencias de Kompakt. Finalmente, se despidieron con “Sideral”, único tema de la unión Talabot-Boman publicado hasta la fecha. De todos modos, ellos mismos anunciaron que el set incluyó algunas de sus nuevas producciones. Teniendo en cuenta el nivel de algunos de los temas que sonaron, estas próximas referencias no podrían tener mejor pinta.

Magic Mountain High (foto: Sara Morán)

En la noche del sábado la asistencia fue ligeramente menor y el nivel artístico, irregular. Tras una dilatada demora, los madrileños Der Panther salieron al escenario para desvelar los temas que formaran parte de su esperado nuevo disco. Su directo mezcló electrónica bailable en clave pop, psicodelia, africanismo e incluso trip hop. Hubo tramos destacables y otros de prescindibles, pero definitivamente fue un error programarles a las 3 de la madrugada en vez de a las 7 de la tarde, cuando seguro que su directo hubiera resultado más ameno.

Paralelamente, en una caldeada sala [2], The Persuader desarrolló un notable set de techno elaborado en directo. Debido a su coincidencia con Der Panther, solo pudimos ver el tramo final, cuyo nivel nos hizo desear haber optado por esta alternativa desde el principio.

Tras él, Kangding Ray construyó un directo de techno retorcido e hipnótico, con puntuales corrosiones industriales. Pese a su efectividad en la pista, no llegó al nivel de los potentes shows audiovisuales que meses atrás había ofrecido en el ciclo DNIT y el festival Lapsus.

El reclamo más masivo fue también la decepción más sonada: Pantha du Prince nos obsequió con algunas piezas nuevas de su inminente nuevo trabajo. Fue un directo bien elaborado (micro en mano incluido) y parcialmente intenso. “Black Noise” (Rough Trade, 2010) estuvo presente en varios tramos, dando lugar a la nebulosa cortina de sonido que tan bien teje el bueno de Hendrik Weber. Desgraciadamente, esa nebulosa resultó excesiva para tales horas de la madrugada y el balance final, soporífero.

Finalmente, Veronica Vasicka tuvo uno de los peores inicios de sesión que recordamos en el Nitsa. Tras unos eternos segundos en silencio, los primeros minutos discurrieron con un volumen insuficiente ahogado por los silbidos indignados de la muchachada. Una vez solucionado el problema técnico, la responsable del sello Minimal Wave cerró bocas con puño de acero y firmó una potente sesión en la que el electro, el synth pop oscuro y el EBM discurrieron sobre bases techno más propias de su otra discográfica, Cititrax. Caras de felicidad, puños al aire y una pregunta omnipresente entre la mayoría del público: ¿Quién coño es esta chica? Un servidor (Pau) no disfrutaba tanto una sesión en el Nitsa desde que Ron Morelli pinchó a finales del año pasado. Por favor, que vuelva.

Veronica Vasicka (foto: Alba Rupérez)

Junto al BARTS, el otro nuevo escenario de esta última edición del MUTEK fue la Antiga Fàbrica Estrella Damm, la cual acogió una serie de conferencias, exposiciones y directos durante la tarde del sábado. El éxito fue rotundo, quizás excesivo teniendo en cuenta que las colas para entrar llegaron a ser de casi una hora de duración (era gratuito). Tras quedarte atrapado en la exposición psicodélica de Antivj expuesta en el recinto, las opciones de shows en vivo se concentraron en tres propuestas muy diferentes entre sí: Microfeel presentó de una manera un tanto irregular su nueva propuesta,“Back to the Seed”, con voz, guitarra y violoncelo encima del escenario. Reykjavik606 le dieron más caña, con un directo que recordó por su estética al que ofrecieron Global Communication en el Sónar de día hace unos años, con Borja Piñeiro y Kino Internacional detrás de la pantalla de visuales. La propuesta encandiló a la audiencia, con un in crescendo del beat que más de uno bailó con descaro. Por último, pudimos ver una pequeña parte de la propuesta más arriesgada de Woulg, ya que empezó algo tarde y las actuaciones en la Sala Barts requerían de nuestra atención. En cualquier caso, lo que vimos (glitches, improvisaciones, ruido), nos gustó y mucho.

Teniendo en cuenta la alta asistencia de la mayoría de actividades del Convent de Sant Agustí (el miércoles era imposible acceder a las actuaciones), la verdad es que, a priori, la Fàbrica Damm se presenta como una excelente alternativa para albergar las propuestas diurnas del MUTEK (incluso durante más de un día). Antes, pero, se tendría que mejorar la calidad y el volumen del sonido y poner una entrada simbólica anticipada para evitar a los charlatanes y al caos de la cola. La organización nos ha expresado su valoración positiva de la experiencia, aunque afirma que aún es pronto como para asegurar su continuidad.

Reykjavic 606 (Foto: Sara Morán)

Por último, no pudimos asistir a las noches de club que discurrieron en el Moog (miércoles) y el City Hall (jueves), pero las numerosas (y fiables) opiniones que nos han llegado durante el fin de semana decantan definitivamente la balanza a favor del Moog, con unos Pior y Move D pletóricos y un ambiente familiar y entregado. En cambio, parece ser que la noche de techno del City Hall defraudó a la mayoría y, además, contó con una asistencia que dista del perfil de público esperado por el festival.

Tras releer los párrafos anteriores, uno llega a la conclusión que finalmente la media cualitativa de este año tampoco ha sido tan alta, pero en cambio el ambiente logrado y el recuerdo de algunos espectáculos, directos y sets realmente espléndidos nos deja un regusto positivo y las ganas de ver como evoluciona un festival que se encuentra en el mejor momento de su trayectoria.

Texto: Beto Vidal y Pau Cristòful
Fotos: Sara Morán y Alba Rupérez