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El retrato del nuevo artista-pancarta e independiente

03.11.16
Frankie Pizá

«Musicians have been stripped of the ability to effectively sell our music as an object.»

–ANOHNI.

Aunque parezca corriente o cercano a lo habitual, protagonizar una campaña de H&M ha estado lejos de los artistas afrodescendientes hasta hace poco tiempo.

Ahora que Frank Ocean está en una pancarta de Calvin Klein, Kanye West tiene su propia división en adidas y Young Thug rompe estereotipos tanto en el estudio y en las pasarelas, notamos que las grandes marcas buscan constantemente un mismo patrón específico de figura mediática y estética.

Enterarnos que la famosa factoría contará con The Weeknd para su próxima campaña Spring Icons resulta cercano a lo obvio; el canadiense saca álbum próximamente, el mundo de la moda es más democrático que nunca y dentro de poco llamar a un ejemplo como el de Abel Tesfaye «intérprete musical» quedará obsoleto.

Todos los actores culturales y del entretenimiento pueden ser cualquier cosa en un mundo diseñado por el consumo. Incluso las necesidades raciales y sociales son el perfecto contenido para mensajes embotellados.

El artista-pancarta publicitaria y el artista total que han definido poco a poco estrellas como Drake, A$AP Rocky, Beyoncé o el propio West se impone como ruta del triunfo en nuestros tiempos, un presente donde las conexiones entre moda, arte y música son más evidentes y rápidas que nunca.

Ocurre a todos los niveles, si aún podemos diferenciar entre local y global; La Vendición lo dejan claro en nuestro país, que la moda es para cualquiera hoy en día y que la música ya no es suficiente; el blogging relacionado con la moda se está convirtiendo en un fenómeno social y cultural sin precedentes, con personas adoctrinando sobre un modo de vida basado en las apariencias y sirviendo como escaparates para infinidad de empresas al mismo tiempo.

Otra obviedad: la sensación generalizada de que hoy importa más el volumen de seguidores y alcance global que marcan tus cifras en redes sociales que el contenido que generas es una realidad tangible. Somos sujetos con marcadores de audiencia y cada uno reaccionamos y nos comportamos con esa condición.

Si somos músicos, queramos o no, las poderosas marcas nos verán como parte del modelo de vida que existe y transpira inherente en sus productos. Cuales quiera que sean. Es más simple cuando en la actualidad apenas podemos diferenciar a modelos como el emplazamiento publicitario y la promoción a través de redes sociales.

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En la música, mientras los sellos discográficos luchan por seguir teniendo vigor en una industria en proceso de reinvención. Se resisten o al menos ponen en duda la dominación que empresas «distribuidoras» de la mercancía musical a gran escala (a precios bajísimos y directamente en nuestros teléfonos) están comenzando a evidenciar. En esta situación, las opciones de rentabilidad de un artista o un músico se comprimen y se amplían al mismo tiempo.

Imaginemos que no estamos relacionados con ningún sello discográfico pero sí tenemos un acuerdo preferente con un servicio de streaming online, y éste lo dirige una empresa que también vende teléfonos y ordenadores. En nuestro último vídeo para representar uno de los singles de nuestro reciente álbum grabamos todas las tomas con el último modelo del dispositivo más exitoso de la compañía.

Chance The Rapper, un artista ingenioso y original, con un discurso brillante, personal y para todos los públicos, ejemplifica la transformación del artista musical de hoy mejor que ningún otro. El que se comporta así de una forma natural y es de manera consustancial un producto publicitario en busca de la mayor y más diversificada influencia y exposición.

Es decir: sin representar a una super estrella global de gran calado, y auto-calificándose como independiente en repetidas ocasiones, certifica que el sistema ha operado para que ningún contenido de tal alcance pueda escapar a este tipo de funcionamiento. Resistirse es casi una contradicción.

¿Qué tiene que ver Chance The Rapper con H&M y Kenzo? Mucho y también absolutamente nada. Llevar la ropa de su anual campaña conjunta ni simboliza ni perturba su mensaje. Y ¿por qué aparece su imagen sonriente en los envoltorios de Kit Kat? Por que su carácter informal y jovial es perfecto para los valores de un producto que busca reintroducirse en el mercado norteamericano. Son dos de las campañas publicitarias que el de Chicago ha utilizado para seguir dando combustible a su «independencia».

Las conclusiones también son obvias: el artista independiente «real» tiene poco que hacer en un mundo que las marcas colonizan cualquier cosa que nos guste o deseemos hacer. Hasta hace un tiempo limitarse a lanzar discos y dar conciertos era suficiente, pero con la entrada de los varemos de influencia, nadie puede esquivarse a sí mismo.

Hace unos meses ya hablamos de «Colouring Book», el nuevo álbum de Chance The Rapper.