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Discogs avisa: la burbuja capitalizadora del vinilo sigue hinchándose

Si eres DJ, selector, coleccionista o aficionado en busca de rarezas, esto te interesa. Discogs ha publicado un informe en el que se analiza la subida estratosférica de los precios de algunas ediciones en vinilo, una tendencia al alza que vale la pena estudiar. Aquí te lo contamos.

21.11.18
Aida Belmonte

¿Cuánto estarías dispuesto a pagar por una edición limitada de tu disco favorito? ¿Y por una rareza underground que has encontrado de chiripa? Sé estratégico, porque la compraventa de discos es un mercado como cualquier otro, plagado de inversores y peces relativamente gordos.

Comparable a la especulación que hay en el mercado del arte moderno, en donde la pieza en sí pierde el valor como tal y pasa a ser vista como un objeto para hacer negocios, en el mercado de la música, y del vinilo más concretamente, está pasando algo similar.

Desde hace ya unos años, quizá desde principios de los dosmiles, hay en la industria musical un resurgimiento innegable de los formatos clásicos y analógicos. Y no sólo eso, sino que también se respira un creciente afán por la busca y captura de rarezas olvidadas. 

Sólo hay que fijarse en las ediciones limitadas en vinilo que publican los artistas contemporáneos o en las reediciones de piezas antiguas que sacan algunos sellos especializados. Sin ir más lejos, esta misma semana anunciábamos una serie de joyas escondidas que publicará el sello madrileño Equilibrio. O que Modern Obscure Music tenga su subsello, Passat Continu, dedicado al rescate de trabajos perdidos en las cubetas. Se puede decir sin miedo que hay una tendencia.

Pero ilustrémosla con datos. Según este informe de Discogs, a lo largo del último año, cinco discos se han vendido por más de 10.000 dólares, pero es que la diferencia de precio entre el más caro y los demás es también de infarto: en 2016, rompió el techo una copia canadiense de “The Black Album” de Prince, que se vendió por 27.500 dólares. 

Sólo con leerlo ya da tembleque, pero eso no es todo. El informe también apunta un crecimiento demencial en el precio del disco más caro vendido cada mes: si en 2015 eso rondaba los 2.000 dólares, ahora, solamente tres años más tarde, la cifra sube hasta los 12.000. ¿Burbuja?

Hasta ahora estábamos hablando de esferas de la música más popular, y estos precios se refieren a ediciones raras de álbumes o singles de grupos como The Beatles, Sex Pistols o Nirvana. Pero por lo que se refiere a la música electrónica, aunque los baremos bajan considerablemente, también se aprecia una hinchazón en los precios. Por ejemplo, el disco de electrónica que se vendió más caro en Discogs en 2017 fue “Melody A.M.” de Röyksopp por 8.728 dólares.

Dejando a un lado las cifras y volviendo a las razones por las que el mercado está cambiando de comportamiento, el informe toma el pulso a la cultura del coleccionismo y a las intenciones que hay detrás. Si bien es cierto que la mayoría compra y vende discos por gusto y amor a sus músicas, existen también inversores que son, al fin y al cabo, los que marcan el ritmo de las subidas y bajadas. 

De ahí la comparación con el mercado del arte moderno: no hay el deseo de encontrar una joya escondida por el placer de revivirla y compartirla con el mundo de ahora, sino que este fenómeno provoca que la única intención sea la de la compraventa y eso trae como consecuencia los precios inflados artificialmente. Un poco triste, por qué negarlo. 

Pero esperemos que el amor a la música acabe ganando a la dictadura del mercado. Esperemos que los coleccionistas y aficionados no pierdan el norte y empiecen a comprar discos por el simple hecho de que están al alza, aunque ni siquiera les gusten. Mientras compremos nuestra música por amor, estaremos bien.