#Throwback Thursday

Una introducción a Jean-Michel Basquiat: El epicentro de la vanguardia en Nueva York

Hoy convertido en marca e influencia universal, Basquiat es un icono artístico afroamericano alrededor del que gravitaron el estallido de la cultura Hip Hop, el comienzo de relación entre el grafiti y la vanguardia pictórica, o la reivindicación más sutil y críptica de la raza negra. El fotolito de genio contemporáneo y rebelde que todos quieren ser

01.10.15
Frankie Pizá

El Nueva York de finales de los años 70 era algo muy parecido al infierno. Un clima en el que cualquier mecha podía arder durante horas. La desesperación era un factor y denominador común: crisis económica, crimen, prostitución, las drogas estaban instaladas completamente en las calles y la diversidad cultural era directamente proporcional a la injusticia social. La gran manzana adquiere en esa época un halo de misterio muy característico que ayudó a crear la mitología alrededor de los movimientos artísticos y culturales que desembocaron a partir de aquella ebullición.

El centro de Manhattan, concretamente, se convirtió en un refugio para artistas, bohemios, marginados en su mayoría, que utilizaron las circunstancias de su alrededor para explotar su talento e inspiración. Digamos que, en aquel entonces, New York era una absoluta y constante erupción de creatividad: todos tenían grupos, eran pintores, rapeaban o eran b-boys; y lo mejor es que todos se relacionaban entre sí como una gran comunidad.

De entre todos los protagonistas hubo “un rey”, Jean-Michel Basquiat, quien “como todo rey, reinaba por su talento”. Alrededor de su centro de gravedad giraron la emancipación del Hip Hop, la renovación de un mercado artístico muy monótono y hambriento de realidad, estancado, las expresiones sonoras más eclécticas, la conceptualización del graffiti o la poesía, en este caso usada como un lenguaje críptico, satírico y filosófico surgido directamente de la calle. Él era el epicentro. Algo así como un centro magnético.

SAMO©… 4 THE SO-CALLED AVANT-GARDE

En 1977, un joven Basquiat de 17 años (hijo de un contable haitiano y una diseñadora gráfica puertorriqueña, hermano mayor de Lisane y Jeanine), educado en el arte desde muy pequeño, con síntomas de gran inteligencia y asentado en una familia económicamente solvente, decide abandonar su hogar en Brooklyn para adentrarse en el submundo del bajo Manhattan, concretamente en el barrio del SoHo y el East Village. En aquel momento conocería a Al Díaz, amigo y colaborador que le introduciría en el mundo del grafiti y la contracultura de la zona, iniciando ambos, poco después, el proyecto artístico conceptual SAMO (un acrónimo o siglas que significaban “Same Old Shit”, “la misma vieja mierda”).

“Origen del algodón”, “un pino gotea un olor acre”, “paga por la sopa, construye un fuerte, préndele fuego”, “es una mujer vieja”, “SAMO como una expresión de un amor espiritual”, “SAMO salva idiotas”, “SAMO es una nueva forma de arte”, “SAMO como fin del lavado de cerebro, nada de política y falsa filosofía”, eran algunos de los mensajes, lemas, que fueron apareciendo en el Village con el símbolo de copyright y de los que inicialmente nadie conocía su autoría.

No era grafiti clásico, primigenio, no eran tags orientados al Hip Hop, sino una especie de adaptación de las imágenes y conciencia de Brassaï (pseudónimo del fotógrafo Gyula Halász), el primer artista que catalogó el grafiti como una forma de arte; unas manifestaciones urbanas provocadoras, poéticas, que incitaban a la reflexión filosófica, y que no se mostraban como la típica y explícita forma de narcisismo (no olvidemos que el objetivo final del grafiti es la fama, el reconocimiento). Era una nueva ola, un nuevo enfoque, una nueva forma en la que quien hablaba parecía ser la calle.

Eran conceptos, cifras, palabras sueltas, frases a menudo, mensajes que arremetían contra la hipocresía de una sociedad materialista, ofreciendo una especie de religión fraudulenta y ficticia como sucedáneo de todas aquellas creencias en las que solo se podía confiar si había una solvencia económica respaldando. SAMO era una caricatura de los valores y creencias extendidas como veneno en la sociedad. La repercusión del proyecto era palpable en las calles de New York.

Un artículo en The Village Voice fue el primer síntoma de que la comunidad artística se interesaba por la visión de Basquiat, quien decidió dar la cara como SAMO en una de las multitudinarias fiestas organizadas por Michael Holman (presentador e impulsor de “Graffiti Rock”, primer espacio televisivo independiente en dar cabida o mostrar el Hip Hop en la pequeña pantalla) en Canal Zone/Canal Street, un auténtico hervidero por aquel entonces.

En ese sentido, se tiene que puntualizar que el posterior abandono de su personalidad como SAMO y ruptura con Al Díaz en 1978 (después del mensaje lapidario “SAMO is dead” anunciando el cese de la actividad) fue la primera prueba del buen entendimiento de los mecanismos de la escena artística por parte del instintivo Basquiat: se apuntó a la moda del grafiti dando su propia perspectiva justo cuando ésta apuntaba como un artefacto más para ser absorbido por el mercado, y se separó de ella cuando el interés público decreció. Basquiat entendió que no debía pintar en vagones o edificios abandonados, que si quería ser famoso debía llevar el grafiti a las zonas dominadas por el mercado blanco, llevárselo directamente delante de sus ojos de una manera radical, agresiva, inteligente. Al fin y al cabo, Basquiat buscaba atención.

“Incomplete, abrasive, and oddly beautiful.” 

En aquella fiesta de Canal Zone conoció a Holman y aquella misma noche ambos fundaron Gray (primer síntoma de su obsesión por el libro Anatomía de Gray que su madre le regaló cuando se encontraba, a los 7 años de edad, convaleciente en el hospital después de un accidente de tráfico), la que se convertiría en la primera gran obra pública del artista y una de las muchas cosas que dejó incompletas. Pronto, lo que él mismo llamaría la “Baby Crowd” se extendería con los miembros Vincent Gallo, Wayne Clifford, Justin Thyme, Nick Taylor y Shannon Dawson, quienes ayudarían a que la banda adquiriera un aspecto más completo.

Gray comenzaron como una banda de efectos Industrial, pero poco a poco comenzaron a adquirir un sonido único”, comentaba Glenn O’Brien en una entrevista, donde además los definía como “a bebop industrial sound effects lounge ensemble”. En palabras del mismísimo Basquiat (que tocaba el clarinete y manipulaba varios sintetizadores): “algo incompleto, abrasivo y extrañamente hermoso”. Debido al ascenso en la escena pictórica de Basquiat, el proyecto se fue diluyendo con el tiempo, dejando únicamente 5 o 6 composiciones grabadas y no editadas oficialmente hasta hace unos años.

Por aquel entonces, Jean-Michel era prácticamente un mendigo de 18 años que hacía lo necesario para sobrevivir, un joven rebelde y bohemio que se dedicaba a vender postales y camisetas decoradas por él. Algunas de sus más fuertes amistades cimentadas en aquellos tiempos fueron Fab 5 Freddy o el enigmático Ramm:Ell:Zee, al que años más tarde decoraría (y pagaría de su propio bolsillo) su más famoso single, “Beat Bop”, elevando la mitología que ya de por sí rodeaba a aquella anomalía, posiblemente la más visionaria y misteriosa de la historia del género (por la extensión de la composición, la narración en partes y la metamorfosis vocal de K-Rob a lo largo de los casi 11 minutos de duración, entre otras cosas).

Basquiat se desenvolvía como pez en el agua en la escena de clubes del Village, tales como el Mudd Club, el CBGB o el Club 57, tres de las mecas o santuarios de la etiquetada no wave neoyorquina. Fue una conexión particular, una amistad hecha y cimentada desde la vida nocturna en la propia pista del Mudd Club, la que dio a Basquiat la oportunidad de empezar a abrirse camino en el arte.

Diego Cortez vio sus primigenios dibujos, (cuadernos de notas, postales) y le aconsejó que probara con el arte. De hecho, sus primeras pinturas en tela y lienzo fueron las que Basquiat realizó para ilustrar y utilizar en el largometraje protagonizado por él, Downtown 81, el retrato de un joven pintor que intenta abrirse paso en la gran manzana, y para el que reprodujo algunas de sus actuaciones como SAMO.

Basquiat tenía un don especial, una sofisticación increíble para ser adolescente, sus obras parecían siempre incompletas, obras sin terminar; su aspecto era radical y su contenido muy directo, muy instintivo, sin cortar. La gran virtud del primer Basquiat fue la de conseguir capturar la energía de la calle y trasladarla a una obra de arte, tenía la habilidad de acceder a su memoria y experiencias, canalizarlas a través de su cuerpo y atraparlas en el lienzo, ya fuera con crayones, tizas, acrílico, óleo, papeles u objetos encontrados en la basura. Su pasión por las caricaturas también estuvo muy presente en sus inicios. Era un artista multidisciplinar, muy físico: mientras pintaba escuchaba y veía la televisión, exploraba una pila de libros o se dejaba inspirar por el Be-bop o el “Bolero” de Ravel, que escuchaba compulsivamente.

SAMO© AS A NEO ART FORM

Sus comienzos son el momento clave en la corta pero intensa carrera de Basquiat: no tenía dinero y a menudo pintaba en ventanas, puertas, neveras o lo que solía encontrar por la calle, tan solo el mencionado Cortez le proporcionaba algún lienzo. Aún así, la transición de la calle al lienzo, hoy por hoy, se recuerda como su época más brillante: grafitis cifrados se mezclan con visiones callejeras y formas simbólicas de tradiciones primitivas, signos y objetos primarios como calaveras, cuerpos de inspiración rupestre, máscaras, esqueletos, etc.

Comienzan a observarse los primeros síntomas de genialidad, como la utilización de imaginería “negra”, utilizada con ansiedad, con deseo de someterla a una pronunciada universalidad; además de su sutileza a la hora de captar influencias, su apropiación singularizada: no copiaba, improvisaba versiones diferentes de los rasgos de Picasso (es famoso su interés obsesivo por “El Guernica”), de Kooning, Pollock, Leonardo Da Vinci, se inspiraba en los textos de Burroughs, en John Cage, Miles Davis y otros astros del Jazz. No escondía sus influencias, sino que las presentaba como un panteón particular, sin ningún tipo de vergüenza.

En muchas ocasiones, algunos expertos han llegado a comparar las técnicas y poderoso estilo de Basquiat como un precursor de la era digital basada en Internet, en la que se tiene acceso a muchísimos conocimientos de manera inmediata y que acaba creando un conglomerado de retales sueltos y sin completar en nuestro cerebro. Los cuadros de Basquiat eran como layers y layers de conocimento, superpuestos y presentados como una gran amalgama muchas veces indescifrable.

En este sentido, y debido a la proximidad de la irrupción del pintor y la madurez de la cultura Hip Hop, su método a la hora de apropiarse de pequeñas muestras, contenido y rasgos de muchísimas culturas diferentes, ha sido comparada con el propio sampling, así como una manera más sofisticada y violenta de presentar las primitivas técnicas de los surrealistas o del “cut up” o “técnica de recortes” de William S. Burroughs.

Deborah Harry de Blondie compró su primer cuadro por 200 dólares, después vino el Times Square Show, junto a Keith Haring o Kenny Scharf, entre otros, la New York New Wave, el PS1 y la aparición de Annina Nosei, su primera galerista y con la que firmó su primera exposición en solitario. Todo fue vendido la misma noche de la presentación. Más tarde aparecería Rene Ricard con su artículo en Art Forum, “The Radiant Child”, en el que afirmaba “hemos encontrado el niño radiante del siglo”, vaticinaba que “nadie quiere ser parte de una generación que ignora a otro Van Gogh” y lo posicionaba como el futuro del arte contemporáneo.

Basquiat llegó a un mercado artístico aburrido, sumergido en el minimalismo, el apropiacionismo y el conceptualismo, disciplinas poco dadas a la improvisación y expresión, un rasero muy académico que sería sucedido por el neoexpresionismo del que él fue el principal pionero. Era, además, el prototipo contemporáneo de los valores originales “hipster” (“Los Subterráneos” de Jack Kerouac era uno de sus libros favoritos): atractivo, rebelde, bohemio, salvaje, pobre por propia decisión, negro y de ascendencia latina, presuntamente vinculado al mundo de las bandas, con un pasado reciente de frenético y rebelde, inconformista grafitero y, a la vez, un profesional ansioso de celebridad y dinero. La leyenda del niño salvaje había nacido y ascendía con una rapidez inusitada.

Su segunda etapa es la del ascenso metódico: primero Larry Gagosian se lo lleva a una exposición en Hollywood; Bruno Bischofberger, más tarde, aparece en el dominical del New York Times y comienza su estrecha relación con el que sería su mentor público, Andy Warhol, rey del mercado del arte en aquellos momentos junto a Julian Schnabel, del que también se hizo íntimo. Cuadros poblados de palabras, imágenes vudú, totémicas y arcaicas, retratos-homenajes a héroes negros –músicos de jazz como Charlie Parker, Art Blakey, escritores, jugadores de baloncesto, boxeadores como Joe Louis o Muhammad Ali– y referencias al incipiente consumismo y ambiente capitalista norteamericano.

SAMO© AS AN END TO ALL THIS MEDIOCRE ART

Su arte se centraba en la experiencia de ser negro, exploraba su historia y sus raíces, él decía “soy un rey negro y acabaré con la élite que controla el valor de mi raza”. Canalizaba su infancia en su manera de dibujar y convertía sus obras en un cosmos de realidad que él mismo incendiaba y hacía explotar, algo que él solía llamar “BOOM, for real!”.

Basquiat estaba lleno de energía y eso se retrataba en la furia de sus obras, primitivas, pretéritas, con un vigor y expresividad que acabó chocando con un mercado que no estaba preparado para tal producto. Su arte tenía un perfil demasiado outsider y el propio Leo Castelli llegó a rechazarlo para una exposición. Los grandes galeristas se mostraban escépticos ante la exuberante ruptura de límites del arte Basquiat.

La incesante yuxtaposición de mensajes relacionados con la cultura afroamericana en sus pinturas, los mitos y héroes negros de la antigüedad y su presente dibujados a mano alzada, la utilización del texto y los nombres propios o símbolos combinados con sus laberínticos conceptos culminaron en una de las formas de reivindicación más fuertes, atemporales y agresivas que el arte ha podido generar.

SAMO© IS DEAD

Su inestabilidad, el haber conseguido mucho dinero en muy poco tiempo, su carácter autodestructivo y sus coqueteos con la heroína (que utilizaba para concentrarse) iniciaron el declive de Basquiat, que no llegó nunca a ser considerado a la altura de los más grandes. La crítica consideraba el neoexpresionismo algo vulgar. Su componente trágico, como el de Jackson Pollock y Van Gogh, sus pinturas proféticas y la sensación de que no soportaba la realidad acabaron por engrandecer uno de los grandes mitos de la década de los 80.

Se volvió paranoico y pensaba que todo el mundo le apreciaba por interés. Eso, sumado a la repentina muerte de Warhol (del que se había distanciado tras las críticas de su exposición conjunta y la idea de que, poco a poco, la prensa le trataba como “el perro de Andy”), la fuerte drogodependencia y la imposibilidad de conseguir ese respeto que tanto anhelaba acabaron por someterlo a una espiral destructiva que acabó con su vida.

Su última etapa pictórica destacó por unos cuadros cada vez más sofisticados en sus contenidos y en su compleja figuración, programada a base de múltiples y fragmentarias citas hacia culturas primitivas o antiguas (africana, culturas mesoamericanas, incluso referencias a la egipcia o la grecorromana), pero también de la tradición pictórica europea que conocía al dedillo. En este punto es importante matizar que la “deshumanización” o “salvajización” de los grafismos, textos utilizados por su admirado Cy Twombly (“Apollo And The Artist” era el lienzo predilecto de Basquiat), los cuales él reinventaba de manera airado y furioso, ganaron espacio, ironía y amplitud, y alcanzaron un nivel profético sin igual.

El contenido asustaba esta vez por su simplicidad y la fina capa de terror que lo envolvía. Por ejemplo, “Eroica II”, pintado en 1988, llegó a utilizar el término “Man Dies” en más de una veintena de ocasiones. Y “Riding With Death”, una de sus últimas obras y una de las mejores valoradas, apunta claramente hacia síntomas sibilinos, esotéricos, fatídicos.

Un 12 de agosto del mismo año, Basquiat aparecía tendido en el suelo de su apartamento. Su novia lo encontró inconsciente y con síntomas de una sobredosis de heroína, que llegó después de pasar seis meses limpio. Desde aquel día, las fabulaciones y los testimonios se han agolpado, haciendo casi imposible diferenciar la realidad de la invención.

Lo que está claro es que ahora, con perspectiva, se puede valorar mejor su importancia: la fuerza, la extraña coherencia de su discurso, la vehemencia, la melancolía, el punto de desesperación, el no miedo al color, su preocupación por transmitir en sus cuadros la problemática de las minorías étnicas mostrada con seguridad y complejidad, su narración pictórica radical como arquetipo anti-intelectual. La violencia, euforia y su intuición parecen todavía estar frescas, presentes ante nuestros ojos, como testimonio del más grande artista afroamericano de todos los tiempos.

Artículo publicado originalmente el 6 de Marzo de 2013 a través de 40 PutesCedido y revisado para TIU Mag por el autor.