#Throwback Thursday

Straight Outta Compton: Reflexiones sobre el Gangsta Rap

¿Fue el Gangsta Rap un movimiento impulsado por el gobierno de Estados Unidos para potenciar la criminalidad en los barrios más empobrecidos y así contribuir al negocio de las cárceles privadas a principios de los 90? O en realidad fue una evolución natural del “nuevo Black Power” reducido a una denigrante imagen del afroamericano al que las ventas le dieron el “poder” para hacer y decir lo que quisiera? Y si fue el perfecto videojuego para el acomodado público blanco que devolvió el favor a los artistas negros en forma de dinero?

13.08.15
Frankie Pizá

Hoy en día, tendemos a dar una clara aura romántica a la imagen de “un negro armado” o “un negro empuñando una pistola”. Hacemos y marcas de ropa, plataformas como Obey o similares hacen lo propio con la imagen de Angela Davis levantando su puño al cielo, o directamente mitificamos, idealizamos la postal de Malcolm X recitando aquella puntualización que tantas veces hemos escuchado: “by any means necessary”.

Probablemente, cualquiera de las primeras imágenes o ilustraciones que Emory Douglas fabricó, dando un universo visual definitorio a la estela del Nacionalismo negro en la década de los 60 y concretamente a los Panteras Negras, cualquiera de las fotos de los líderes afroamericanos levantándose y oponiéndose a las leyes escritas, deben ser consideradas como la “esencia” auténtica y primitiva de la “resistencia negra”. La propia Davis destaca al “negro armado” como la primera imagen real que se atribuye a la “revolución afroamericana”.

Nos situamos más o menos en la segunda mitad de los 60, en plena lucha por los Derechos Civiles en buena parte de Norteamérica; la raza negra había sido hasta ese momento considerada como una tarea controlada, en términos generales un problema resuelto por la hegemonía blanca que encarcelaba y sometía a los negros clasificándolos como una raza inferior y que por supuesto no tenía los mismos privilegios que la comunidad mayoritaria.

A medida que el nacionalismo afroamericano fue abriéndose boca y reclamando atención, los atributos o connotaciones negativas sobre la raza fueron acentuándose; la violencia justificada que algunos proponían, su estética guerrillera y sobre todo los objetivos que tenían entre ceja y ceja fueron observados inicialmente como una amenaza incipiente y ascendente que iba adquiriendo tintes demoníacos. Progresivamente, y a través de la lucha armada, intelectual, política y social, los negros iban articulando un “idioma” propio en el que conseguían reflejar la problemática de su raza en las calles e instituciones, una suerte de canto al unísono o manifestación en masa que años más tarde tendría en el Rap y concretamente en el Gangsta Rap su más hiperbólico y confuso estadio.

pan5

A medida que el hombre negro y la clase obrera afroamericana se veía cada vez más identificada por los movimientos radicales y pseudo-radicales por la consecución de los Derechos Civiles y la igualdad entre razas, el estereotipo del negro amenazante y que respondía a los salvajes actos del hombre blanco con más violencia y más miedo inició una extraña mutación social y popular que nos llevaría hasta nuestros días: del “miedo a un planeta negro”, de ser considerados una amenaza que neutralizar, a ser un modelo de fuerza, virilidad y autenticidad. De ser demonizados y tachados como una forma de rebeldía salvaje dispuesta a demoler cualquier tipo de comodidad construida por la burguesía blanca, a ser idealizados como un sinónimo de vida que cualquiera querría alcanzar.

Este cambio paulatino de perspectiva, este giro en la percepción global sobre el hombre negro ha provocado estudios de todo tipo y levantado teorías bien diversas, aunque está lejos de ser explicado en su completa totalidad. Simplificando ampliamente, podríamos apuntar que aquella nueva forma de crítica social creada únicamente por negros y que se relacionó desde sus primeras dosis con formas de expresión y artísticas también teñidas de sensibilidad afroamericana (arte, música, cine, literatura), ha trascendido hasta nuestros días como una forma o un producto descontextualizado, una estética en sí misma que se ha desligado completamente de su objetivo real y primitivo. Han quedado las cadenas de oro, las armas, las tendencias y moda matizadas en el ghetto y todo ha acabado englobándose en un sucedáneo banal del sentimiento que movió al hombre negro durante las pasadas décadas: el ansia por “significar algo”.

Darse un significado a sí mismo ha sido el objetivo directo e indirecto que la comunidad negra ha buscado durante décadas; tener su sitio en la sociedad primero, luego desquitarse de las directrices blancas y después reencontrarse con sus raíces para poder así quedarse en paz. Entre todo ese proceso han existido formas de expresión variopintas y de todo tipos, pero ninguna con la capacidad de sintetizar prácticamente todo como ha sido el Hip Hop. Tricia Rose lo define como “a black idiom that prioritizes black culture and that articulates the problem of black urban life”.

Al mismo tiempo, la propia autora del esencial “Hip Hop Wars” o “Black Noise” destaca que el género no puede ser reducido a una simple evolución de las tradiciones orales afroamericanas como el Jive o el Spoken Word, debe ser recalcado como una “secondary orality” ligada a una realidad mediática y electrónicamente controlada, más capaz de distinguir los problemas y sobre todo más capaz de sensibilizar al oyente contra temáticas como la política, la injusticia social o el poder.

“Broken glass, everywhere / People pissing on the stairs, you know they just don’t care / I can’t take the smell, I can’t take the noise / Got no money to move out, I guess I got no choice / Rats in the front room, roaches in the back / Junkies in the alley with a baseball bat / I tried to get away, but I couldn’t get far / Cause the man with the tow-truck repossessed my car”. (Melle Mel en “The Message”).

Pero antes de que el Hip Hop se convirtiera en un producto masificado y reproducido en cadena por grandes discográficas y multinacionales, antes de que fuera observado como un instigador de la violencia o una exaltación de la masculinidad, fue un movimiento cultural nacido de la confluencia creativa y artística de comunidades marginales y discriminadas en la década de los 70, una edificación nacida de las cenizas de una devastación social y económica; la caída en picado del empleo en Norteamérica, la depresión post-industrial y el descenso en la calidad de vida que afectó sobre todo a las minorías menos respetadas y oprimidas por aquel entonces, provocó que se acentuara la instintiva creación de círculos segregados y unidos por unos mismos síntomas. Puertorriqueños se vieron identificados en parte con afroamericanos y viceversa, los grupos latinos, jamaicanos y negros fueron entablando una sólida amistad trazada a partir de un sentimiento común: las ganas de dar identidad y relevancia a aquellos ghettos, que dejaran de ser zonas invisibles para la gran mayoría de población.

De aquel caldo de cultivo, de aquella frustración, alienación común provocada por las condiciones en las que las razas menos afortunadas convivían, nació una forma de expresión que reunió factores estilísticos, un pronunciado eclecticismo sonoro estructurado a partir de la unión de los rasgos de las diferentes comunidades, danza, actitud y arte urbano, una fórmula de generación casi espontánea que resultó ser la quintaesencia de la creatividad multicultural, una fusión de energías unidas dirigidas a un mismo punto y que evidenció la capacidad de las minorías.

No desde el principio pero sí desde su llegada a un público más global, el Hip Hop y su cultura adquirió un extraño atractivo para el blanco de clase media/alta; su mestizaje, su poder transgresor y su, por qué no decirlo, atributo salvaje, provocaron que el burgués, el bohemio y el joven blanco del extraradio neoyorquino estuvieran por primera vez interesados en algo “completamente negro”.

Progresivamente, el Hip Hop dejó de ser algo aislado en el Sur del Bronx, casi un tercer mundo o una “explosión orgánica de los reprimidos y la juventud olvidada de América” para perfilarse como un artilugio que capitalizar, que comercializar y que extender sin ningún tipo de vergüenza. De ser una suerte de respuesta al modelo capitalista imperante, a ser engullido por el corporativismo.

Michael Eric Dyson, comenta al respecto de los inicios del movimiento:

“Rap music grew from its origins in New York’s inner city over a decade ago as a musical outlet to creative cultural energies and to contest the invisibility of the ghetto in mainstream American society. Rap remythologized New York’s status as the spiritual center of black America, boldly asserting appropriation and splicing (not originality) as the artistic strategies by which the styles and sensibilities of black ghetto youth would gain popular influence. Rap developed as a relatively independent expression of black male artistic rebellion against the black bourgeois Weltanschauung, tapping instead into the cultural virtues and vices of the so-called underclass, romanticizing the ghetto as the fecund root of cultural identity and authenticity, the Rorschach of legitimate masculinity and racial unity”. 

bambaataa121

Mientras otros autores lo conciben como algo más global, una extensión de la diáspora africana y una fórmula expresiva que reestructuró los ecos radicales de las décadas pasadas y los hizo congeniar con la realidad post-industrial norteamericana, Dyson ya observa el movimiento como una práctica que acrecentará la “mitología del ghetto” y en contraposición acabará resolviéndose en una especie de “resistencia étnica colectiva” en clara oposición con el funcionamiento de la sociedad y sus desequilibrios.

Además de una “resistencia subterránea” y una contracultura con un inesperado futuro comercial, el Hip Hop fue inicialmente un sinónimo del estado y aspiraciones de la población más afectada por el mencionado contexto post-industrial y la degeneración de algunas zonas del territorio neoyorquino: el Hip Hop era esencialmente “la voz de la calle”, la más pura, estilosa e incontrolable jamás presenciada.

Lo primero de todo, y antes de analizar el fenómeno Gangsta Rap, es encontrar las primeras señales de politización dentro del Hip Hop; como comenta Derek Ide, el “Rap began to describe and analyze the social, economic, and political factors that led to its emergence and development: drug addiction, police brutality, teen pregnancy, and various forms of material deprivation”.

Digamos que la intención inicial de servir como elemento de cohesión entre culturas y como una creación unificadora de la raza negra, fue subyugándose poco a poco por una creciente “conciencia” de que ese mismo elemento creado en las calles también podía servir como vehículo para trasladar “un mensaje”.

Es en ese punto en el que encontramos el clímax o sumun de la old school; los primeros éxitos populares como “Rappers Delight” o “The Message”, este último compuesto como un relato sincero de los bajos fondos y el día a día en el Bronx que llegó a ser el primer llamamiento del Hip Hop a la “gran audiencia”. Hasta que no llegó Sugar Hill Records y Sylvia Robinson, el Hip Hop era tan solo conocido en Nueva York y sus alrededores.

La frescura del afrocentrismo y la universalidad de sub-religiones como la Nación Zulú fundada por Afrika Bambaataa (que a pesar de su pasado como gang banger y fundador de los Black Spades, vio la luz en un viaje a África y decidió trasladar un mensaje unificador en el que la música era el elemento principal; Bambaataa llegó a la conclusión que toda esa energía nacida del clima “pandillero” podía dirigirse hacia actividades productivas que contribuyeran al bien y progreso de la comunidad) fue diluyéndose y perdiendo su magia inicial; la articulación progresiva del Hip Hop como un instrumento politizado no tardó en convertirse en una “dramatización del racismo de la raza blanco hacia los negros”.

Grupos y formaciones de aires radicales comenzaron a surgir, retomando ideas de generaciones anteriores y fundiéndolas con la actualidad: Public Enemy o más bien Run-D.M.C. fue, según comenta Michael Eric Dyson “the progenitor of modern rap’s creative integration of social commentary”, uniendo “diverse musical elements, and uncompromising cultural identification”.

“Around the time Run DMC “Walk This Way” was released, the Sawyer Group were commissioned to write a report on the nature, marketability and long term potential of Hip Hop culture”. (“The Plot Against Hip Hop” – Nelson George).

2011-topic-pages-music-run-dmc

Además de servir de puente para la unión entre Rock y Hip Hop, Run-D.M.C. sentaron el pavimento para una nueva explotación del Hip Hop; el género, de naturaleza esencial descontrolada y de difícil sujeción, se adaptó progresivamente a las necesidades y estándares de la industria. Canciones y singles más cortos, campañas de promoción, radio a gran escala, etc. Mientras, la industria empezaba a ingeniárselas para “capturar” y “empaquetar” la esencia del ghetto para poder comercializarla también a una mayor cantidad de gente.

Aquí, el Hip Hop ya había entrado en clara degeneración, y la old school ya no existía: aquel “How We Gonna Make The Black Nation Rise?” de Brother D iba a ser sustituido por “Proud to Be Black” o singles tan determinantes como “My Adidas” (un punto de inflexión hacia la capitalización del estilismo y actitud Hip Hop) o “Wake Up”, un single de Run-D.M.C. que por primera vez hablaba a un grueso de población “alto” sobre los prejuicios raciales y los problemas de los suburbios.

“Rap proved to be the ideal form to commodify the hip-hop culture. It was endlessly novel, reproducible, malleable, and perfectible. Records got shorter, raps more concise, and tailored to pop-song structures”. (Jeff Chang).

Por su parte, los mencionados Public Enemy querían ser reconocidos como “the expression of a new generation’s definition of blackness”. Es en este punto, en 1988, donde encontramos las dicotomías más interesantes en la evolución del Hip Hop; mientras Public Enemy eran considerados desde su “It Takes A Nation Of Millions To Hold Us Back” como “nuevos agentes de la revolución consciente” o una nueva mutación del “nacionalista negro” (no tan centrado en la demonización del blanco, sino más preocupado por la crítica al sistema capitalista instalado, y la “lucha contra él, contra el poder”), en la otra costa, en Los Ángeles, otro combo moldeaba lo que más tarde se conocería como una “estandarización, refinado de la rabia del ghetto”, o simplemente el Gangsta Rap. Aunque ambos con matices muy distintos, la industria y sobre todo los receptores y audiencia se encargaron de concebirlos como activos de una misma corriente: un nuevo “Black Power”.

“Around 1989 record sales had become digitized, whereas before this time it was based on statistics which were biased toward whatever the record companies were promoting. This system highlighted that groups such as NWA, ICE-T etc were outselling other music genres heavily, so the bias turned to promoting the gangster genre. White middle-class kids were 90% of the customer base for this genre”. (“The Hip Hop Wars” – Tricia Rose).

Aunque al principio, las primeras oleadas de Hardcore Rap o Gangsta Rap fueron rechazadas por parte de la audiencia blanca y también afroamericana (fue ampliamente demonizado en radio y televisión), lo cierto es que tardó muy poco en provocar otra increíble mutación en la percepción social; entró en juego la perversidad inherente en el ser humano capitalista, que poco a poco veía aquella agresiva expresión de algunos “negros cabreados” como la perfecta contraposición al presente cómodo y sin sobresaltos del burgués blanco de clase media. Como apunta Nick De Genova, el Gangsta Rap se mostró rápidamente como “una ejemplificación de la patología social”, una conjunción entre el terror que se vivía en los auténticos ghettos y el terror idealizado por el oyente de clase media, que buscaba un estímulo virtual a su aburrida existencia.

Básicamente, el Gangsta Rap puede ser observado como un chute de realidad comprimido y distribuido por multinacionales que consiguió construir la imagen de lo que algunos llaman el “space of death”: ese sitio o escenario virtual en el que nos gustaría adentrarnos de vez en cuando, armados y dispuestos a todo (sentir riesgo, rabia, el olor de la muerte y el peligro pero sin mancharnos, pudiendo reiniciar la partida cuando queramos) para reflejar ese lado oscuro que todos tenemos y dar rienda suelta a nuestra violencia interior.

“Gangsta Rap was a ploy to convince black people to kill each other. Gangsta Rap didn’t exist”. (Alicia Keys).

tumblr_lyd199aXfy1r1mocuo1_1280

No fue inicialmente creado así, pero tardó poco en convertirse en un “videojuego” para el hombre blanco y una “caricatura” para el ciudadano afroamericano; mientras unos lo visualizaban como un modelo de la masculinidad que querían alcanzar y el apocalipsis que querían causar a su alrededor (una fantasía que podían presenciar como un voyeur, encarnar o empatizar con un bad boy en la intimidad), otros lo rechazaban conectándolo con la prehistoria afroamericana: los coons, los juglares negros usados como entretenimiento para la clase alta blanca sumida en la anhedonia.

El mejor ejemplo de esta posición, es la denuncia que Michelle Shocked y Bart Bull lanzaron en 1992 a través de Billboard, donde se sugería que no había mucha diferencia entre el bad nigga criminal, camello y sociópata de Los Ángeles que N.W.A. mostraban al mundo y el cartoon untado de pintura negra y vestido como un payaso que se encargaba de divertir a blancos en reuniones privadas, restaurantes o teatros. Ellos mismos acusaron a Ice Cube (en el tiempo de “The Predator”, posiblemente la máxima expresión de Gangsta Rap jamás creada junto a su debut, “AmeriKKKa’s Most Wanted”) de estar contribuyendo a extender un perfil moderno de coon que se aprovechaba de las condiciones del ghetto para exaltar la criminalidad o la masculinidad como una forma de heroicidad.

Ser un gángster, dinero fácil a raudales, armas y danzar con total impunidad, no subornidarse ante la presencia de la autoridad, ser una amenaza constante y estar orgulloso de un modo de vida basado en la ostentación y el lujo barato. Considerar al barrio como una familia y casi como un elemento mitológico al que proporcionar seguridad. Era la “dosis de realidad y peligro” que sin saberlo, los negros de Niggaz With Attitudes, los raperos de Compton MC Ren, MC Eiht, Dr. Dre, Yella, Ice Cube o Eazy-E y sus homólogos en la otra costa Boogie Down Productions, Onyx, Redman, Tim Dog o Naughty By Nature estaban perfilando y calibrando para el consumo en masa y la repetición en cadena.

El estereotipo de gangsta joven, de orígenes pobres y que, de manera heroica, conseguía vencer las calamidades del barrio (condiciones socioeconómicas terribles, brutalidad policial, etc) o las impuestas por el sistema creado por hombres blancos y ascender en niveles de poder, dinero y vicio, se convirtió rápidamente en algo que no solo negros querían conseguir. Una realidad entre nihilista y esperanzadora que posicionaba al negro como un nuevo “profeta” para el rebaño sometido por el sistema, un ser humano a un peldaño de la auto-destrucción que lidiaba a diario con la anarquía y la violencia sistémica, un “black superhero” orgulloso y que representaba todo lo que nuestro lado oscuro nos dice que queremos ser.

“Estáis a punto de presenciar la fuerza del conocimiento de la calle”. (Dr. Dre en la introducción de “Straight Outta Compton”).

“Directo desde Compton, un loco hijo de puta llamado Ice Cube”. Aún hoy, está intacta la intensidad de aquel documento, uno de los álbumes debut más importantes en la historia del Hip Hop y verdadero inicio de un estilismo verdaderamente patentado en la West Coast, que hasta ese momento había tan solo seguido los pasos del pionero Nueva York. Bebiendo de la influencia de Run-D.M.C., siguiendo la estela de otras figuras de la zona como fue Egyptian Lover o concretamente King Tee, también de Compton y que lanzó “Act A Fool” el mismo año (y fue uno de los primeros en aparecer con un arma en la portada de un disco).

Hace unos días se cumplieron 25 años de la publicación oficial de este álbum determinante, repleto de mitología a su alrededor; desde que se financió con el dinero ganado por Eazy-E con el tráfico de drogas, hasta la carta que el FBI en persona envió a Priority Records (sello que, junto a Ruthless Records, propiedad de Eazy-E y Jerry Heller, se encargó de la distribución del material) al considerar “Fuck Tha Police” como lógicamente incendiaria. Éste último suceso contribuyó enormemente a acrecentar la atención y popularidad de la banda y su primer trabajo.

El recién formado combo Niggaz With Attitudes, inicialmente y entre 1987 y 1986 formado por Arabian Prince, DJ Yella, Ice Cube y la producción de Dr. Dre, observó como su consistencia aumentaba al introducirse MC Ren y verse acentuada la presencia del “Padrino del Gangsta Rap”, el mencionado Eazt-E; ofrecían lo que se conoce como un “placer prohibido” colocado en el hocico del público blanco joven, una puerta de entrada al infierno de la calle, allí donde las manifestaciones duras de las fuerzas de la ley se contrarrestan sacando la recortada y entonando un “no jodas conmigo”. Manteniendo su informal color negro y una actitud muy marcada, dejando no solo entrever que su alianza como gang traspasaba el videoclip oficial grabado en Compton, en las calles que inspiraron todas las letras y que luego Fab 5 Freddy descubriría al mundo visitándolas con las cámaras de la MTV.

Aunque se disolvieron definitivamente en 1991, ahí quedan éxitos como “Gangsta Gangsta”, el clásico en solitario de Eazy-E “Boyz-n-the Hood” o dosis de inspiración final como “Apetite For Destruction”; a pesar de su corta carrera, N.W.A. sentaron las bases de un discurso que cambiaría el juego y el negocio Hip Hop para siempre, adoptando un explícito carácter rebelde y contestatario, haciéndose eco de las problemáticas de las peligrosas calles de la jungla urbana pero en buena medida “sintiéndose orgullosos” de su poder y condición.

maxresdefault

“The World’s Most Dangerous Group” como se les conoció y conoce, iniciaron en parte la carrera que dirigiría la opinión popular mayoritaria a considerar a todos los negros “delincuentes en potencia”, provocando una pseudo campaña de terror que no contribuyó positivamente para embellecer la naturaleza afroamericana.

“America loves violence. America is obsessed with murder. I think murder sells a lot more than sex. They say sex sells. I think murder sells”. (Dr. Dre).

En ese momento, las ventas se encargaron de hablar. Cuando el mercado comenzó a detallar mucho más las ventas y observar la segregación de consumidores, la sorpresa no tardó en llegar; el recién nacido Gangsta Rap, ya denunciado ampliamente y habiendo sido el centro de nuevas teorías anti-Rap, era una de las fórmulas que más potencial ostentaba, recogiendo un 90% de público joven en su mayoría blanco. Un acierto en toda la diana que provocó que las discográficas impusieran un “decid lo que queráis”, mientras las ventas suban o al menos se mantengan.

Si con ello conseguíamos una total banalización de la criminalidad e imponer una “cultura del terror” que solo aplicaba connotaciones negativas al hombre negro, nos iba a dar igual. En este sentido, Stanley Crouch mantiene un punto de vista tan original como gráfico: compara las grandes discográficas (también Def Jam, símbolo del poder afroamericano dentro del Hip Hop y aún hoy sello más poderoso controlado por negros) con los traficantes de esclavos o coons de hace dos siglos, unos intermediarios que se encargaban de moldear una imagen estereotipada del nuevo negro y sacar beneficio de su comercialización a gran escala. Vendiendo al fin y al cabo una “autenticidad” desmejorada y adulterada, una dosis de salvajismo comprimida que pasaba por ser la “auténtica” voz del ghetto.

“Gangsta Rap results form the relationship between the criminalized underclass and the overclass reaching a point “where they can mutually benefit form the destabilization of the middle-class majority”. (Matthew Grant).

Dr. Dre y Snoop Dogg vendieron miles de copias, evidenciando que el mercado era del Hip Hop, de ese forma de Hip Hop basada en valores caricaturescos y denigrantes para el hombre negro; proyectos como los Geto Boys fueron ensalzados como arquetípicas versiones del mismo producto pero ya situadas en otro punto geográfico (concretamente en Houston); MCs como KRS-One, Paris o Rakim hicieron que se re-introdujeran en el clima Hip Hop instituciones como la Nación del Islam y surgieran nuevas formas de elitismo radical negro como los Five Percenters (estas, cuando el modelo de negro que irrumpió en MTV ya no era más que un sucedáneo, la única manera de algunos artistas de aferrarse a la auténtica “negritud” y diferenciarse del negro dispuesto a ser comercializado). La golden age era un hecho, el periodo de más creatividad y repercusión de toda la historia del Hip Hop; el momento de más dispersión y trascendencia, el momento que más debate y ferocidad crítica despertó, la era en que se construyeron las estructuras para el presente.

“As the months passed, rap music had definitely changed direction. I was never a fan of it but even I could tell the difference. Rap acts that talked about politics or harmless fun were quickly fading away as gangster rap started dominating the airwaves. Only a few months had passed since the meeting but I suspect that the ideas presented that day had been successfully implemented. It was as if the order has been given to all major label executives. The music was climbing the charts and most companies when more than happy to capitalize on it. Each one was churning out their very own gangster rap acts on an assembly line. Everyone bought into it, consumers included. Violence and drug use became a central theme in most rap music. I spoke to a few of my peers in the industry to get their opinions on the new trend but was told repeatedly that it was all about supply and demand. Sadly many of them even expressed that the music reinforced their prejudice of minorities”. (Mr. “John Smith”).

En cualquier caso, y circulando de nuevo alrededor del Gangsta Rap, siempre ha existido la conspiranoia de que el movimiento Gangsta Rap (un producto muy concreto comercializado y promovido sin restricciones por discográficas, un perfil de hombre negro que fomentaba y respondía con agresividad al racismo, perdía identidad a la vez que se acrecentaban sus vicios y misoginia y que al fin y al cabo era, directa o indirectamente, una exaltación o exageración de la criminalidad) fue orquestado y ensalzado de manera premeditada para servir de beneficio a la industria carcelaria, en pleno apogeo a finales de los 80 y principios de los 90.

71eNXIGJf7L._SL1003_

Había que “llenar cárceles privadas en las que se había invertido y conseguir subvenciones públicas (a más internos, más dinero)” y la mejor manera vía cargar a la música y al cine de violencia explícita. Arriba, extraigo un párrafo de la famosa carta que un anónimo envió a diversos medios de comunicación denunciando esta práctica y teorizando en primera persona sobre esta idea. El documento llevaba por título “The Secret Meeting That Changed Rap Music And Destroyed A Generation”.

Una confesión probablemente muy alejada de la realidad: muchas veces nuestra propia apatía y sumisión al sistema nos hace creer en la idea romántica de que detrás de todo hay “una mesa redonda de magnates que a oscuras, deciden y planifican nuestro futuro”. A título personal, antes de considerar al Gangsta Rap como un anzuelo para los jóvenes de castas más bajas o un líquido inflamable que se roció en todos y cada uno de los barrios norteamericanos por mediación de los canales de comunicación, creo que deberíamos considerarlo como el inicio del poder negro dentro del mundo discográfico: la combinación de violencia, sexo, masculinidad, estética, mensaje politizado y una compresión de su “esencia” inicial dieron al Hip Hop de los 80 un poderío irresistible para el mercado, y éste fue el primer género que consiguió resaltar una hegemonía y autonomía 100% negras. Una respuesta definitiva a una industria controlada por blancos. Una forma de dominación bilateral, un intercambio real entre blancos y negros: un “yo te doy el producto, tu me comercializas y así nos entenderemos”. Eso sí fue el Gangsta Rap.

“Rap has brought black kids and white kids closer together. Thanks to rap, white kids are gaining a better understanding and a new respect for black culture. Rap has done nothing but bring people together. So, what’s the problem?” (“The Words And Music Of Ice Cube”).

Artículo publicado originalmente el 12 de Agosto de 2013 a través de Concepto Radio y coincidiendo con los 25 años de “Straight Outta Compton”. Cedido y revisado para TIU Mag por el autor.