#Throwback Thursday

Irán después de la revolución: la historia electrónica de Dariush Dolat-Shahi

Un joven estudiante de música electrónica mira desde la distancia a su país; sin buscar la reconciliación, traduce sus recuerdos y vivencias sobre el Irán pre-revolucionario en "Electronic Music, Tar and Sehtar".

12.05.16
Frankie Pizá

Al escuchar “Zahab” o “Hūr”, nos adentramos en un escenario irreal en el que intervienen percusiones aisladas, grabaciones reales, manipulaciones de sintetizador e instrumentación tradicional persa, interpretada por un Tar, un laúd de cuello largo.

Progresivamente nos adentramos en unas aguas que nos llevan a un Irán futurista y esotérico construido a partir de herramientas occidentales; es la imagen que tenía en su cabeza un estudiante de clase alta al que la revolución islámica de su país obligó a exiliarse y centrar sus esfuerzos en la investigación de la primaria música electrónica a principios de los 80:

“One reason that I got professionally involved in art was that at the beginning of the Islamic revolution in Iran, my scholarship was cut off by the new government. It put me in a financially unstable situation. All of my dreams were all ruined, so I decided to learn more about art and I took some courses. That told me what kind of government it was going to be. My family gradually left and now there is no one there.”

De enero de 1978 a febrero de 1979, una revolución encabezada por el chiismo y el ayatolá Jomeini derrocó al sha Mohamed Reza Pahlevi y su continuación de la “revolución blanca” y libre laicización del país; la revolución islámica de Irán fue uno de los primeros movimientos populares y subversivos que consiguieron derrocar un régimen establecido con el uso político del Islam.

Dariush Dolat-Shahi nació en la capital Teherán cuando corría el año 1947, hijo de padres no especialmente interesados en la disciplina musical (su madre sí estuvo envuelta en la escritura y la poesía), afirma no saber muy bien cómo acabó en una academia musical cuando contaba con 10 años de edad.

En una fantástica entrevista con Bob Gluck en 2005, asegura que al contrario que otros jóvenes de su edad en Irán, quienes sus padres aconsejaban estudiar medicina o leyes, él tuvo la gran suerte o desgracia de verse envuelto en un mundo orientado a la creación musical casi toda su vida. En la academia una de las pautas básicas era aprender y conocer perfectamente varios de los instrumentos típicos persas y versarse adecuadamente en la historia y folklore de la región.

Ingresó en el conservatorio de Teherán en la década de los 60, del que recuerda:

“In those first years at the Conservatory, the teaching quality and training in Western music was very high. There were a number of teachers from the West. But in 1975-1976, people who knew better began to return to their original countries, knowing that the coming political conflicts were beginning to happen. Then the revolution came and that was the end of the whole thing.”

Poco después de graduarse en 1968, comienza a trabajar para el ejército, donde lidera su primera banda. Es en el Amsterdam Conservatory of Music (donde permaneció hasta 1970), donde se encuentra con la experimentación electrónica por primera vez. En referencia, recuerda:

“I created my first piece for tape and string quartet or chamber string ensemble, which was kind of an introduction to electronic music for me. I had a Groendig, a small, heavy, 50-pound German tape recorder. I recorded on one channel and then played it back while recording on the other. It was really a test with sounds, but not a real composition.”

En este punto hay que advertir que no debemos considerar a Dariush Dolat-Shahi como una singularidad, ya que existen varios precedentes del mismo o parecido perfil que sí habrían descubierto y aplicado las virtudes electrónicas al mismo discurso “tradicional” mucho antes, e incluso en el caso concreto del israelí Ami Shavit o del turco Ilhan Mimaroglu, de manera mucho más transgresora y radical. Sus experimentos, en cualquier caso, gozan de una coherencia y fluidez inauditas para la época.

La relación de Dariush con el terreno de la composición y línea avant-garde comenzó cuando se vio particularmente afectado con lo que pasaba en el Shiraz-Persepolis Festival of Arts, ideado e impulsado por Farah Pahlavi en 1967 y que llevó a las ruinas de Persépolis trabajos de autores como Karlheinz Stockhausen, John Cage o Iannis Xenakis y las coreografías de Maurice Bejart o Merce Cunningham. Aquellos eventos anuales y trabajos fueron la primera oportunidad del joven compositor para emprender una larga exploración del instrumental y las posibilidades electrónicas.

Después de pasar por las clases de composición de Ton de Leeuw, de música electrónica con Gottfried Michael Koenig (Utrecht Institute of Sonology) y justo antes de regresar a Teherán en 1974, admite que su relación con los estudios acústicos específicos no empezó apasionándole, ya que según él “no tenía una mente científica”.

Más tarde y ya insinuándose el clima que estallaría plenamente en 1979, e inspirado por los trabajos de Milton Babbitt o Vladimir Ussachevsky, pidió al gobierno iraní que le concediese una nueva beca para cursar estudios y trasladarse a la Universidad de Columbia en NYC, concretamente para ingresar en el Columbia-Princeton Electronic Music Center.

Allí maduraría como compositor y sería aconsejado e ilustrado por algunos de sus ídolos: el ya mencionado Vladimir Ussachevsky o Mario Davidovsky, aunque también citaría como importantes en sus estudios a Alice Shields, Pril Smiley y BŸlent Arel. Aunque acabó su doctorado en 1981, permaneció en Nueva York hasta 1987, grabando en los estudios de la universidad y con el permiso del mismo Ussachevsky algunos de sus documentos editados, principalmente dando forma a este “Electronic Music, Tar and Sehtar” y a su posterior “Otashgah: Place Of Fire”, también editado vía Folkways Records.

Dichas grabaciones se produjeron cuando la revolución iraní ya había demolido todo el apoyo que el pasado gobierno había otorgado a Dariush inicialmente, arruinando como él recuerda muchas de sus expectativas de futuro. El disco ahora reeditado por Dead-Cert (sub-sello de Pre-Cert Home Entertainment, a su vez filial del imperio Finders Keepers en Mánchester, liderado por Andy Votel y Sean Canty de Demdike Stare).

Es esencialmente una de las mayores y más excitantes muestras creativas post-revolucionarias creadas por un artista con raíces iraníes, gracias a la dinámica, fluida conjunción de melodías folclóricas persas, música concreta, manipulación modular, elementos radiofónicos y un diseño de sonido meditativo y adelantado a su tiempo. Una escucha esencial que dibuja una arquitectura y mezcla única de elementos y disciplinas, aún siendo expresamente composiciones pensadas para el Tar o el Sitar.

“In 1981, after I graduated from Columbia, I composed a series of works for tar, setar and electronics. While the instrumental pieces that I did at that point remained in line with the abstract, serial Columbia style, the electronic music equipment allowed me to express another part of myself. Working mostly on my own, I became involved in a more expressionist style.”

Un disco que empuja hacia lo extrasensorial. Una majestuosa expresión abstracta que aún hoy en día impacta y es capaz de transportarte a un mundo entre lo real y lo imaginario. “Electronic Music, Tar and Sehtar” funciona como una imagen en la distancia. Como si mediante la expresión musical y electrónica un joven artista expulsado de su realidad quisiera invocar sus raíces y reinterpretar sus propias vivencias y memorias con un resultado y objetivo no solo nostálgico, sino también terapéutico.

Artículo publicado originalmente el 5 de noviembre del 2012 a través de Concepto Radio. Cedido y revisado para TIU por el propio autor.