#Throwback Thursday

Bowie: La estrella que cayó a la Tierra

"Un extraterreste que forjó una carrera en nuestro planeta sin mirar atrás, siempre hacia delante y sin miedo. Sobre todo sin miedo".

11.01.16
Frankie Pizá

Texto de Armand Rovira.

David Bowie es una leyenda, una leyenda mucho antes de que su corazón se parara definitiva y plácidamente. Y lo que sucede con el duque blanco ha sido durante mucho tiempo algo inusual: pertenecía al club de dioses del rock como Jimi Hendrix o Jim Morrison sin haber tenido que llorar su muerte. El gran visionario es un Dios del rock más reconocible por su iconografía que por su obra.

Era una estrella en continua mutación que un día cayó a la tierra, empezando como mod gamberro en los años sesenta, pasando por el glam-rock más ambiguo de los 70, el cabaret, la electrónica experimental, el proto-Punk, el Dance-Pop y lo que se le antojara. Un ser fascinante por crear tendencias sin quererlo.

Los cambios en la vida de Bowie parecían ser constantes y muy naturales. Ya desde muy joven David Jones se aficiona al saxofón, instrumento que le permite participar en algunas bandas de los años sesenta como The Konrads o The Manish Boys. Unas grabaciones que durante años se han pagado verdaderas burradas por ellas y ahora ya por fin podemos disfrutarlas gracias a Internet.

Más chulo que nadie se pelea por una chica con un grandullón de su instituto y se le paraliza la pupila del ojo izquierdo, de ahí su famosa diferencia de color de ojos. No solo se mete en líos constantemente sino que también está cansado que le confundan con el otro David Jones, el miembro de los Monkees y decide rebautizarse como David Bowie. El camaleón surge y decide convertirse en un terrible mod, y gracias a su aspecto de enfant terrible, el rubio consigue meterse al bolsillo al manager Ken Pitt y éste le consigue debutar en varios singles con cierta influencia de Bob Dylan y The Kinks.

Pero llega su primer batacazo, su primer álbum de larga duración llamado “David Bowie” no se vende bien y rescinde contrato con la discográfica. El duque necesita cambiar de estilo. Algo no funciona y entra en contacto con religiones orientales para encontrar su verdadero camino. Flirtea con el budismo y las drogas psicodélicas y se deja crecer el pelo.

Después de salir del cine de ver la epopeya fantástica de Stanley Kubrick 2001 una Odisea En El Espacio escribe lo que será su primera grabación de éxito: “Space Oddity”. Empieza a allanar su camino hacia el estrellato. Y el disco de larga duración llamado igual que el single, lo produce el mismísimo Tony Visconti quien le presenta al oxigenado guitarrista Mick Ronson, pieza clave en el sonido rockero del Bowie de los años 70.

Y es así como David tira el folk a la basura y empieza a rockear duro transformándose en una especie de Robert Plant transexual vestido de mujer en la portada de uno de sus mejores álbumes, “The man who sold the world”, cuya canción rescató del olvido Kurt Cobain muchos años más tarde. Con Mick Ronson y Mick Woodmansey, futuras Arañas de Marte, esto empieza a despegar sin dilaciones.

Ese mismo año le roba a Mick Jagger su famosa groupie Angie y la chica se convierte oficialmente en Angie Bowie dándole su primer descendiente, el ahora director de cine Duncan Jones. Después de visitar la Factoría de Andy Warhol para buscar la inspiración en la Velvet Underground, Bowie y Ronson se sacan de la manga la crudísima y rockera “Queen Bitch” para incorporarla en “Hunky Dory”, primer álbum con la formación The Spiders from Mars que marcará un antes y un después en su carrera. Ahora sí, el camaleón se da cuenta de que empieza a comunicar lo que quiere. Son momentos buenos de C-c-c-cambios. El glam rock ya está aquí.

“The rise and fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars”, de 1972, es su gran triunfo eclipsando al ídolo glam de pre-adolescentes Marc Bolan, quien había triunfado en las listas de éxito con su maravilloso álbum “The Slider”. Ziggy es una obra conceptual donde el camaleón funda una banda de rock para volatilizar el sueño hippy de los años anteriores y salvar la tierra de un desastre anunciado.

Queriendo aún más, a Bowie no le bastan los personajes que salían de su cabeza y seduce a Lou Reed para producir “Transfomer”, el álbum más glam-rock del hombre de negro. También crea su propia copia de Bolan con Ian Hunter, produciéndole a su grupo Mott the Hopple “All the young dudes”. El Bowie más vampiro enseña sus colmillos.

La tapa de su siguiente vinilo, “Aladdin Sane”, posee una de las portadas más inspiradas de la historia del rock, cuarenta años más tarde, sigue siendo la misma imagen que todos tenemos asociada al Bowie más revulsivo. En pleno 1973 todos los adolescentes se pintan rayos en la cara. La Tierra, incluida América, se convierte en el planeta andrógino Bowie.

Cansado de la fama mediática después de un año con una intensísima agenda de trabajo, Bowie asesina para siempre a su personaje Ziggy Stardust y despide fulminantemente a Mick Ronson justo cuando el glam rock empieza a mostrar signos de desgaste. Su cambio es radical y publica en solitario Diamond Dogs”.

En 1975 desembarca un año más tarde a Nueva York y John Lennon le entrega las llaves de la ciudad componiendo juntos el exitoso single “Fame” que suena en todas las discotecas americanas. En año y medio el dinero le entra a paletadas y son centenares de gramos de cocaína los que entran por su nariz. Ahora el pelo rubio oxigenado y los trajes anchos con corbata pasan a convertirse en la identidad de la casa. Publica los discos “Young Americans”“Golden Station” y protagoniza en Los Ángeles la película “The Man who fell the Earth”.

Pero aburrido de nuevo y atento a su pérdida de salud por culpa del polvo blanco, se marcha de California rápidamente. Su próximo destino: cruzar el charco y llegar en 1976 a Berlín. Ahora quiere flirtear con el krautrock, género musical electrónico que proviene del antiguo rock progresivo. Contacta con algunos miembros de Kraftwerk, Can y Neu! para empaparse hasta la médula de nuevos sonidos. Le ayuda Brian Eno, que también corre por ahí desde hace un año.

Empieza la llamada trilogía berlinesa que arranca con “Low”, publicado en 1977 justo cuando Bowie cumple 30 años. Pero lo mejor llega con “Heroes”, álbum grabado íntegramente en la Berlín Oeste. El gran fichaje es la guitarra de Robert Fripp (King Crimson) que acompaña brutalmente a los sintetizadores de Eno. A Bowie encima le da tiempo también de producir “The Idiot” de su amigo Iggy Pop.

Los años ochenta no le quedan muy bien. Ni a él ni a ningún superviviente de los feroces setenta. El duque blanco pierde fuelle y acentúa su declive artístico. Su imagen aburguesada tampoco le ayuda mucho. Se dedica a acabar la década viviendo al límite y a pasarlo bien. Musicalmente forma un banda de rock llama Tin Machine y graba con ellos dos discos. Pero tampoco sucede nada trascendental artísticamente.

Su boda con la bella modelo exótica Imán parece sentarle muy bien y graba en el año 1993 un disco de vuelta más que notable para crítica y ventas: “Black Tie White Noise”. Para el álbum cuenta de nuevo con dos miembros de Spiders From Mars: Mick Ronson y Mick Garson. Bowie vuelve al mercado.

Más cambios, se interesa por la electrónica vigente y en 1995 publica “Outside” un ambicioso álbum conceptual con pasajes rock, industrial y Ambient. El nuevo rumbo lo lleva a liderar la prensa especializada en tendencias culminando dos años después con el maravilloso “Earthling”, obra aún más electrónica. Vuelve el pelo zanahoria y se pasea por los escenarios con un traje largo similar como el de la portada de “The Man Who Sold The World”. Así es como lo recuerdo yo el año 1996 en mi único concierto al que he podido verlo. Era el Doctor Music Festival. Sí, el de la vaquita.

Le siguen discos notables como ”Hours”, “Heathen” o su último trabajo publicado en la década pasada “Reality”. A partir del 2003 Bowie se retira al anonimato junto a su compañera Imán.  Un susto en el corazón parecía advertir que no iba a volver nunca más pero la tentación le hizo regresar con “The next Day”. Y no lo hizo porque sí. Ya en aquel momento nos cogió a todos por sorpresa, con esa visión privilegiada en la que él solo sabía lo que iba a suceder en el mundo momentos después.

“Blackstar” (“★”), por último y sin apenas habernos dado cuenta hasta hoy, ha resultado en una alegoría de David Bowie abrazando y aceptando su propio final; un último suspiro creativo que llegaba el mismo día de su aniversario dotado de la misma inspiración y audacia artística que ha prevalecido en su toda su trayectoria a pesar de los continuos movimientos. El tiempo o él mismo, no lo sabemos, han hecho coincidir ese último trabajo con su muerte, a los 69 años de edad y tras 18 meses de lucha contra el cáncer.

Un extraterreste que un día cayó a la tierra y que forjó una carrera en nuestro planeta sin mirar atrás, siempre hacia delante y sin miedo. Sobre todo sin miedo; se desvanece y queda en nuestra memoria la mirada y expresión de un valiente, un músico que siempre se definió, hasta el último de sus días, por su inigualable coraje.

Artículo publicado originalmente el 27 de marzo del 2013 a través de Concepto Radio. Cedido y revisado para TIU por el propio autor.