#sonarU2015

#sonar2015: A una parada – la importancia de Autechre

"Siempre han ido por delante del resto y siempre han sabido llevar al límite las normas y las formas de la música de baile. Su evolución a lo largo de los años y los discos tiene todo el sentido del mundo: muy poca gente sabe madurar su sonido así." (EVOL aka Roc Jiménez de Cisneros)

12.06.15
Pau Cristòful

La ficha de Autechre en la web del Sónar se cierra con la siguiente frase: «Sin exagerar: uno de los nombres más importantes de la historia de la música electrónica.» Dudo muchísimo que nadie, fan o detractor, se atreva a contradecir esta rotunda afirmación. Autechre emergieron a principios de los 90 para encabezar la ola IDM (Intelligent Dance Music) inglesa y más adelante se abocaron a una espiral de ritmos caóticos y crípticos que a día de hoy aún se presenta prácticamente indescifrable.

A pesar de esto y en gran parte gracias a ello, Autechre han cultivado y mantenido una comunidad de seguidores capaz de acumular 167 páginas de entrevista en el foro We Are The Music Makers, especializado en la IDM, y también de grabar y repasar religiosamente la gran mayoría de las actuaciones que ofrece el dúo británico. Incluso de abrir una página de Facebook irónica titulada «Pizzeria Autechre«. Autechre nunca han sido muy dados a prodigarse sobre los escenarios y por esto cada ocasión de verles se celebra como una oportunidad prácticamente única. En Barcelona podremos verles el próximo jueves 18 de junio en el Sónar, como no podía ser de otra manera. Autechre ya actuaron en el festival de música avanzada en el año 1996 (momento de máximo esplendor del dúo), aunque su última visita a la Ciudad Condal fue en el Primavera Club del 2006.

Voluntad experimental en el auge del hip hop

Rob Brown y Sean Booth se conocieron en el Manchester de finales de los 80. Contrariamente al tópico, no vivieron el auge rave ni la revolución del éxtasis en primera persona. Eran demasiado jóvenes para ello. Sean Booth lo cuenta en una entrevista realizada por John Robb y publicada por The Quietus en el año 2010:

«We were never into the E scene, we were too young when that started I guess. 1987 was when I first went to Salford College to check it out. Two guys were in the studio in there doing an acid track and that’s what made me want to go to college! I thought there’s two kids in here doing an acid track; this is totally up my street. I was only 16. I didn’t know much about drugs apart from two kids at school who smoked weed. I just kind of ignored all that. I didn’t really have any roots in Ecstasy. I just really liked the music plus I couldn’t get into clubs like the Hacienda. They wouldn’t let us in because that Fiona [Fiona Allen- now famous comedienne and once scary door person at the Hacienda] was so brutal.

Later on drugs were an influence. Mushrooms- if you are making music while tripping it would change the focus, but it wasn’t like we were tripping all the time.»

Cuando sus caminos se cruzaron en 1987, Sean Booth realizaba precarios mixes en casete con la única ayuda del botón de pause, mientras que Rob Brown estaba más interesado en el turntablism. Juntos empezaron a experimentar y grabar mixes de hip hop, primero mediante casetes y Walkmans y más adelante con un multipistas de cuatro canales para casete.

Aunque también citan la influencia del electro de Greg Wilson y Mike Shaft y a referentes inevitables como Kraftwerk, Cybertron, Tangerine Dream y Carpenter, a finales de los 80 el hip hop estaba en auge y Manchester era uno de los puntos neurálgicos de esta cultura. Por esto no es de extrañar que en sus inicios los integrantes de Autechre estuviesen vinculados a movimientos como el breakdance y el graffiti.

En el esencial libro «Energy Flash» (Routlege, 1999), Simon Reynolds observa acertadamente que «dejando de lado las comparaciones con Léger y Mondrian, a lo que más recuerda la música de Autechre es al grafiti wildstyle, en el que la tipografía se retuerce y adquiere un nivel de abstracción que alcanza la ilegibilidad. La analogía con el grafiti funciona porque su música es básicamente electro de vanguardia: es una mezcla de Man Parrish y Pierre Henry, o The Art of Noise y «El arte de los ruidos» de Luigi Russolo.»

Estas inspiraciones geométricas quedan confirmadas al saber que Rob Brown estudió arquitectura y que ha reconocido repetidamente que estos conocimientos le han servido para más adelante estructurar su música. Volviendo a «Energy Flash» (Routlege, 1999), en el párrafo anterior al previamente citado, Reynolds opina que «en álbumes como Incunabula, Amber o Tri Repetae y EPs como Garbage o Anvil Vapre, (Autechre) construyeron esculturas sonoras horripilantes pero extrañamente fascinantes: abstrusas y angulares concatenaciones de glifos sónicos, y bloques de distorsión y tonos de sampler mutilados, con algún que otro ligero respiro ocasional en forma de preciosos paisajes rítmicos de campanillas de color como «Yulken«.

A esta última visión le añadiría el contraste con las harmonías y tonalidades melancólicas e incluso hermosas que fluyen en «Inconabula» (Warp, 1994) y «Amber» (Warp, 1995), pero que sin embargo más adelante quedan subyugadas por el caos rítmico que marca sus álbumes de los 2000.

Pero antes de todo esto, Rob Brown y Sean Booth publicaron el 12» de hardcore rave «Cavity Job» (Hardcore Records, 1991) bajo el alter ego M.Y.S.L.B. Productions y después adoptaron el nombre de Lego Feet para editar un disco basado en los «bleeps and beats» de los videojuegos también presentes en trabajos posteriores.

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«Incunabula» (Warp, 1993) y la infancia de la IDM

Esto les sirvió como carta de presentación para terminar figurando en la fundamental compilación «Artificial Intelligence» con la que Warp definió la IDM en 1992. Uno de los dos temas que Autechre aportaron al recopilatorio, «The Egg«, sirvió como base para después construir «Eggshell«. Esta última pieza forma parte de «Incunabula» (Warp, 1993), álbum debut publicado por el sello de referencia que les ha editado toda su trayectoria posterior (Warp).

El título del álbum proviene del término en latín que significa «algo en su infancia». Esta primera obra mayúscula de Autechre contiene piezas memorables como la distopía galopante sobre aplacantes ritmos rotos de «Doctrine«, las densas olas ambientales de «Windwind«, los apuntes funk de «Autriche» y «Lowride» (esta última basada en un sample de Miles Davis que es considerado una de las referencias sobre las que se desarrolló el trip hop) y, por supuesto, «Basscadet«, punto álgido del disco que posteriormente motivó un EP de remixes en los que Autechre repasaron sus influencias del electro, el hip hop, el dub, el rave primario y lo industrial.

Del mismo modo que lo hizo el eternamente laureado «Selected Ambient Works 85-92» (Apollo, 1992) de Aphex Twin, «Incunabula» (Warp, 1993) sentó la base de la IDM con una música ambiental y agradable que podía gustar al nuevo oyente a la vez que era suficientemente compleja como para excitar aquellos quienes necesitaban algo nuevo. En esa época y siguiendo la tónica general del momento, Autechre empezaron a firmar remixes para bandas como Tortoise, DJ Food y Beaumont Hanant. Especialmente sonada fue su remezcla del «Like A Motorway» de St. Etienne, que DJ Fra recuerda como motivo de obsesión para los DJs que pinchaban en el Nitsa de 1994 (Sideral y compañía).

«Amber» (Warp, 1994) siguió los pasos del disco debut de Autechre, pero en este segundo LP los ingleses minimizaron su música reduciéndola a la confluencia entre melodía sugerida y unas ambientaciones ralentizadas que emulan sensaciones orgánicas mediante textura digital. El resultado: el «mejor disco de electrónica de todos los tiempos» según Oscar Mulero, también considerado por bastantes seguidores como la mejor obra del dúo, aunque en mi caso me quedo con «Incunabula» (Warp, 1993).

La abstracción de «Amber» (Warp, 1994) lo convierte en un reducto concentrado de emoción cálida y melancolía oscura, con un espíritu cinematográfico que encaja con el inhóspito paisaje pseudoextraterrestre que presenta la portada del álbum. El disco se abre con «Foil«, tema que induce a un profundísimo trance mediante lo que parece un didgeridoo. Más adelante encontramos cortes como «Silverside«, la melancolía luminosa de «Slip«, la disonancia abstracta de «Glitch«, los apuntes flotantes de «Yulquen» y «Nil«, emblema del álbum marcado por sus ambientaciones espaciales y por unos bajos iniciales que parecen ríos de lava digital.

Ese año también editaron «Anti EP» (Warp, 1994), una protesta contra las leyes anti rave que el gobierno británico aprobó ese año (definiendo raves como «fiestas en las que se escucha música con beats repetitivos»). Destinaron todos los beneficios a la lucha por los derechos civiles promovida por la asociación Liberty y adjuntaron la siguiente nota al disco, demostrando que tras el misterio también puede haber humor:

«Warning», «Lost» and «Djarum» contain repetitive beats. We advise you not to play these tracks if the Criminal Justice Bill becomes law. «Flutter» has been programmed in such a way that no bars contain identical beats and can therefore be played under the proposed new law. However, we advise DJs to have a lawyer and a musicologist present at all times to confirm the non repetitive nature of the music in the event of police harassment.»

De hecho, tras los crípticos Autechre y su poca prodigación sobre los escenarios no se esconden dos personajes tan enigmáticos ni esquivos como uno puede imaginar. Claro ejemplo es este fragmento de la entrevista que Paul Tingen publicó el año 2004 en Sound On Sound, donde aclaran interrogantes con respuestas claras y racionales:

«Autechre pronounce their name as ‘autecker’. Sean Booth explains that the name came about when the duo were working on an Atari. «The first two letters were intentional, because there was an ‘au’ sound in the track, and the rest of the letters were bashed randomly on the keyboard. We had this track title for ages, and we had written it on a cassette, with some graphics. It looked good, and we began using it as our name.»
Autechre is arguably the most ear-catching of all the fantasy titles that Booth and Brown have come up with. Regarding their unworldly track titles, such as ‘IV, VV, IV, VV, VII’, from Draft 7:30 or ‘Eutow’ on Tri Repetae, Booth comments «They’re usually jokes. Some of them will be file names. It used to be the case that we had to keep files names short, because in the Atari they were a maximum of eight characters. A lot of titles are working titles, or abbreviations of working titles. Some will be whatever the code number of a track was — many tracks will be given numbers or code names because they’re part of a folder of stuff that shares the same characteristics.»

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De todos modos, en otras ocasiones también han afirmado que esta ausencia de información en los lanzamientos de Autechre es una estrategia para conseguir que la gente se concentre en escuchar e interpretar (con suerte, comprender) su música y no en conceptualizarla. Junto con el logrado trabajo de diseño que hay detrás de cada álbum, esto ha conseguido que la estética de Autechre sea estudiada y usada como referencia en muchos casos. Albert Salinas lo tiene claro: «A nivel gràfico no tienen rival, son los mejores y siempre lo serán.» Salinas es uno de los responsables del programa de radio Lapsus y del sello y el festival de música electrónica con el mismo nombre, pero a la vez es Wooky, uno de los productores nacionales que mejor transmiten la esencia de la primera etapa de Autechre.

1994 también fue el año en el que se empezaron a publicar las referencias de Gescom, alter ego secreto inicialmente interpretado como un proyecto paralelo de Autechre pero que en realidad contsaba de muchos otros artistas como Rob Hall y Russell Haswell.

«Tri Repetae» (Warp, 1995), nexo clave, y la importancia de los EPs

Pese a que algunos prefiramos sus dos primeros discos, la obra más celebrada de Autechre es su tercer LP: «Tri Repetae» (Warp, 1995). Sea o no la mejor, es sin duda el álbum más importante de su carrera. «Tri Repetae» (Warp, 1995) es el nexo entre los inicios melódicos de Autechre y sus siguientes álbumes, sin duda más abstractos y vanguardistas. Es a la vez considerado como un punto clave en la historia de la IDM. Los temas de este disco rompen con las estructuras convencionales y apuestan por una libre asociación de caóticos glitches de bajo y batería, manteniendo elementos esenciales de drum ‘n bass, electro y música industrial.

«Tri Repetae» (Warp, 1995) presenta una textura rugosa que parece que se frote contra nuestras orejas. Se abre con la monstruosidad metálica de «Dael«, «Clipper» es un tema IDM cálido y brillante a la vez que artifical, «Rotar» recrea un paisaje espacial gélido y «Overand» es la progresión lineal de un motivo misterioso y etéreo.

Acompañaron este disco los también celebrados EPs «Garbage» (Warp, 1995) y «Anvil Vapre» (Warp, 1995). El primero es más melódico y ambiental (termina con » VLetrmx21«, agradable y relajante progresión de drone ambiental sin beat alguno). En cambio, «Anvil Vapre» (Warp, 1995) se parece a «Tri Repetae» (Warp, 1995) en el sentido de plasmar la transición hacia la abstracción. Mención especial merece el último tema de este segundo EP, «Second Peng«, con un beat densísimo sobre el cual brillan unas notas melódicas que se reorganizan a medida que avanza la canción, sin duda una de las mejores del dúo.

Autechre son uno de los artistas que mejor rendimiento han sabido sacar al formato EP y algunos de sus mejores temas se encuentran en la decena de 12» que han editado a lo largo de los años. A los ya citados, debembos añadir los siguientes a la lista de imprescindibles: el tributo a la influencia del hip-hop del «Envane EP» (Warp, 1997) y su «Goz Quarter» y la «Peel Session» que publicó Warp en 1999 (y en la que figura la sublime progresión ambiental no disruptiva de «Drane«).

Abstracción total

Tras publicar «Tri Repeate» (Warp, 1995), Autechre acabaron de dar el vuelco experimental con «Chiastic Slide» (Warp, 1997), «EP7» (Warp, 1999) y, sobretodo, «Confield» (Warp, 2001) y «Draft 7.30» (Warp, 2003).

«Confield» (Warp, 2001) dividió a los seguidores del dúo por su extrema complejidad y el severo ruido presente en la mayoría de cortes. Definitivamente, su IDM había sacrificado el factor «dance» a favor de un aumento de lo supuestamente «intelligent». Para bailar estas piezas, nuestro cuerpo necesitaria como mínimo el doble de articulaciones y, nuestro cerebro, el triple de velocidad de reacción. En su reseña para Sputnikmusic, un usuario que firma como Shadowed Reflection admite que «Confield is certainly not for everyone, and even those it may suit may absolutely hate it on the first few listens. For me, it took a good year or so to fully appreciate, though I wouldn’t deny it has its flaws«. Así son algunos fans de Autechre, que si no les gusta un álbum piensan que es su culpa por no estar a la altura e insisten hasta que finalmente les cala en el cerebro.

El primer tema, «VI Scose Pose«, arranca con un místico sonido metálico al que se añaden unos teclados jazzy. «Cfern» y sus modulaciones en el tempo del ritmo son una locura rebientacerebros. En «Pen Expers» emergen olas harmónicas de entre unos ritmos espirales que terminan sonando como una paliza en código binario y «Uviol» reúne características del resto de temas del disco añadiéndoles una melodía atonal. Esta confusión sobrepasante es parecida a la que uno experimentó al quedar atrapado en el hackeo que el dúo realizó en su página de Discogs. El resultado aún se conserva aquí.

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Ilustración perteneciente a una entrevista a Autechre publicada el año 2008 por The Wire

Uno de los motivos por los que «Confield» (Warp, 2001) suena más caótico que el resto de discos de Autechre es porque en este trabajo el dúo usó más «secuencias generativas», proceso que provoca que se originen lo que muchos definen como «ritmos aleatorios». En este fragmento de la entrevista publicada en Sound On Sound citada anteriormente, Sean Booth lo explica del siguiente modo:

«There’s a lot of maths and generated beats on Confield, but we never considered that album very difficult,» asserts Booth. «It’s like pop music compared to some of the stuff we had considered putting out! And even when the beats sound like they are moving around in time and space, they’re not random. They’re based on sets of rules and we have a good handle on them. Draft is really straight, using straight-up normal sequencers and samplers. It’s written note by note, where we know exactly what we put on. Only ‘Reniform Puls’ has some generative stuff, done by Max, which also controls a vocal filter in that track.

«When we do generative stuff we work with real-time manipulation of MIDI faders that determines what the rhythms sound like. A sequencer is spitting out stuff and we’re using our ears and the faders to make the music. There’s no event generation taking place other than within the system we’ve designed. Sometimes we’ll stripe a whole load of stuff down as MIDI data, because there may be a couple of things we want to change. We generate these beats in Max and with home-made sequencers. And there are models of analogue sequencers in the computer that are doing manipulation like gating and compressing some of the beats.

«On Confield we also used analogue sequencers and drum machines, because you can do a lot with restarting patterns. You can hack things and maybe use a control volume to determine what step the drum machine is playing from. Perhaps you send that control volume from an analogue sequencer, so the drum machine is skipping around. And then you get another analogue sequencer to drive that analogue sequencer with a different timing. Immediately you have something that some people would call random, but I would say is quantifiable.

«It seems that for a lot of people, if they hear something that doesn’t sound regular, they assume it’s random. If live musicians were playing it, they’d probably call it jazz or something. But the fact that it’s coming out of a computer, as they perceive it, somehow seems to make it different. For me it’s just messing around with a lot of analogue sequencers and drum machines. It’s like saying, ‘I want this to go from this beat to that beat over this amount of time, with this curve, which is shaped according to this equation.’

«Exai» (Warp, 2013): retorno a la inspiración máxima después de 20 años

Tras la publicación de «Confield» (Warp, 2001), la carrera de Autechre pasó por unos años de medianías en los que editaron el mencionado «Draft 7.30» (Warp, 2003) y «Untitled» (Warp, 2005).

Después de volver a abrazar tangencialmente la harmonía con «Quaristice» (Warp, 2008) y «Oversteps» (Warp, 2010), Autechre volvieron a su inspiración máxima con «Exai» (Warp, 2013), titánico doble LP de dos horas de duración que reduce la complejidad de las estructuras y les añade melodía y claras reminiscencias del hip hop, el drum ‘n bass y el dubstep entonces imperante.

Para alguien como yo, que no puedo valorar sus primeros álbumes con nostalgia, es totalmente comprensible que se considere «Exai» (Warp, 2013) como la mejor obra de la carrera de Autechre. Es importante mencionar la nostalgia porque, al haber descubierto la obra de Autechre en los 2000, uno no puede percibir la revolución futurista que significaron sus álbumes más allá de por los comentarios ajenos. Por esto se entiende que Charlie Frame cierre su tebia crítica del disco para The Quietus con la siguiente frase: «As such, it is a comfortable and enduring listen that sits well within the same playlist as their latter output, but if they are to continue as groundbreakers, perhaps a new tack should be considered for the future.»

Parece que cada vez estamos más cerca del futuro que dibujaron Autechre en sus primeros álbumes. Por esto, la escucha de «Exai» (Warp, 2013) no resulta tan impactante como lo debía ser la de sus obras iniciales en su momento de publicación. Otra crítica recurrente al disco en cuestión es la falta de cohesión y es verdad que en cierta manera parece una retrospectiva relativamente accesible de toda su obra anterior, sin que esto suponga para mí un inconveniente.

El espíritu del «Incunabula» (Warp, 2013) está presente mediante «jatevee C» a la vez que se hacen claras referencias al hip hop y el dubstep en temas como «deco Loc«, «tuinorizn» y la funky «bladelores«. En «spl9» también abordan el dubstep, aunque en este caso desde una perspectiva industrial. Un punto álgido del álbum es «Irlite (get 0)«, en el que de entre una confusa maraña de subgraves emerge una melodía de teclado que parece sacada de una maqueta de Todd Terje. Mi tema favorito, pero, es «reck on«: basada en un contundente break entre el trip hop y el drum ‘n bass ralentizado al que se le añaden supuraciones espaciales y cadencias hip hop.

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A pesar de algunas críticas a la supuesta pérdida de impacto e innovación por parte de medios como Pitchfork, Resident Advisor y The Quietus, los cuestionarios sobre Autechre que hemos realizado a un sector destacado de la electrónica barcelonesa demuestran lo contrario. Las opiniones sobre la mejor época del dúo son dispares, pero en lo que sí coinciden Enric Palau (Sónar), Fra Soler (Primavera Sound, Nitsa), Roc Jiménez de Cisneros (EVOL), Albert Salinas (Wooky, Lapsus), Oriol Pastor (MiRA) y Pedro Vian (Modern Obscure Music) es en que «siempre han ido por delante del resto y siempre han sabido llevar al límite las normas y las formas de la música de baile. Su evolución a lo largo de los años y los discos tiene todo el sentido del mundo: muy poca gente sabe madurar su sonido así.» (EVOL)

Palau recuerda su actuación en el Sónar de 1996 por «la intensidad del sonido y la excitación que suponía para mucha gente el poder ver a un referente como ellos» y celebra que, 20 años más tarde, la situación siga siendo similar.

«Exai» (Warp, 2013) y su EP complementario, «L-event» (Warp, 2013), son el antecedente directo de la actuación que Autechre ofrecerán en el Sónar. A pesar de esto, que ninguno espere reconocer demasiadas canciones, pues sobre el escenario es cuando el dúo despliega su vertiente más poliédrica, pura matemática. Tal como hacen en todas sus actuaciones, durante su concierto las luces del Sónar Hall permanecerán cerradas y tampoco se servirán bebidas.

Estamos seguros de que son uno de los artistas que más expectación despertarán, del mismo modo en que no dudamos de que tras el primer tramo de actuación una parte considerable del público habrá abandonado el recinto. La música de Autechre requiere atención y esfuerzo para apreciarla. Esperamos que este artículo os haya servido como vía para adentrarse en su laberíntico universo.