#Roundtable

Construyendo alternativas: Feminismo e igualdad de género en la industria musical

24.05.16
Frankie Pizá

Texto y coordinación de Antton Iturbe. 

Ni cortos, ni perezosos, nos hemos propuesto realizar un nuevo Roundtable en torno al feminismo; su presencia, su importancia y sus problemas dentro de la industria musical (la electrónica en particular, y por extensión a toda la música pop en general). Un tema amplísimo que trataremos de acotar con una serie de artículos como referencia.

Si os fijáis en el Roundtable sobre SoundCloud las participantes son en su mayoría mujeres y no es casualidad. Fue algo que busqué de forma deliberada, porque pienso sinceramente que la presencia de las mujeres en los medios de comunicación es muy escasa aún y los hombres debemos empezar a aprender a hacernos a un lado y escuchar y valorar las opiniones femeninas (y por extensión las de todo el colectivo LGTB) exactamente igual que las masculinas.

Ahí es donde quiero incidir en este debate; en esa presencia en los medios, en la forma en que se presenta a esas artistas y en el acceso que se les da a las oportunidades y a la tecnología. Ligado a ello quisiera plantear la posibilidad de una música, de un periodismo e incluso de una política feminista que no sólo pretenda equipararse a la masculina y competir en su terreno, si no construir sus propias reglas alternativas de juego.

El artículo que establece los parámetros iniciales de este debate es el siguiente:

“¿Es posible superar los problemas de desigualdad de género en la música electrónica a base de enseñar a las chicas a producir y pinchar?”

En el mismo se nos cuenta la experiencia del Lower East Side Club en NY: un espacio en el que se programan cursos de DJ para chicas de familias con pocos recursos económicos, en unas condiciones técnicas envidiables.

Ha habido mujeres produciendo música electrónica desde sus inicios pero siempre en un número muy reducido en comparación al de hombres. El artículo es optimista en este sentido y argumenta que gracias a a escuelas como la de Lower East Side esta tendencia está cambiando y el número de mujeres DJ en los festivales empieza a aumentar.

Sophie Weiner –autora del texto– opina que la razón por la que se ha dado esta marginación hasta ahora se debe precisamente a la falta de acceso de las mujeres a la tecnología y a la falta de figuras femeninas que ejercieran como modelo a las chicas que quisieran iniciarse en este arte.

Pero si la escuela funciona a modo de incubadora, ¿A dónde pueden ir las chicas una vez acabados los estudios para desarrollar sus capacidades? La respuesta parece estar en organizaciones como WAM (Women Audio Mission). Una asociación sin ánimo de lucro creada en 2003 al cobijo del City College de San Francisco que busca “una respuesta directa a la desigualdad económica que sufren las mujeres en el mundo de la producción musical”.

La asociación ha crecido y se ha extendido en numerosos talleres a lo largo y ancho de USA hasta contar con 1200 alumnas atendiendo de forma presencial y casi 5000 socias online. La participación de las mujeres en el departamento de sonido de la Universidad ha crecido del 12 al 43% en estos años.

Los recursos de WAM están disponibles para artistas de cualquier género y de hecho, grupos como REM y Radiohead han hecho uso del estudio que posee WAM en San Francisco y que según los datos que poseen es el único enteramente construido y gestionado por mujeres en el mundo.

“Es realmente impactante ver a hombres hablando con mujeres sobre temas técnicos otorgándoles a estas el papel de expertas en la materia. Es un cambio enorme”, cuenta Terri Winston, fundadora de WAM.

Inspiradas en la iniciativa de WAM varias artistas han empezado a crear sus propios estudios y talleres de creación orientados a chicas jovenes y adolescentes como Powrplnt en Brooklyn o E.M.M.A. en UK.

El objetivo es dejar de ser minoría para poder estar al mismo nivel de los hombres. En este contexto llama la atención la opinión de Scott Fisher, Manager de Comuniaciones en Image_Line Software. Scott piensa que existe una tendencia “natural” de los chicos hacia la tecnología y eso hará que siempre exista un “gap” entre los géneros. Scott muestra una actitud –desgraciadamente muy extendida– que aún no es capaz de admitir y entender el sexismo institucional que se ejerce sobre nosotros todos los días y desde todos los ámbitos.

En una línea similar está el caso práctico que plantea este artículo en el que se entrevista a varias chicas que han participado en un workshop de E.M.M.A.

La pregunta que se les plantea a todas ellas es: “¿Qué te ha impedido dedicarte a producir música hasta ahora?”. Una certera pregunta que va a la raíz del asunto y obtiene respuestas interesantes: falta de referentes musicales femeninos, mayoría abrumadora de hombres en el entorno y la vergüenza de preguntarles y pedirles consejo por su actitud paternalista, las limitaciones de las convenciones sociales en torno a las mujeres, el miedo a fallar y a lo desconocido…

Desde un prisma más cercano a la industria, Electronic Beats plantea esta conversación a tres bandas entre una periodista, una DJ y una Relaciones Públicas de Tailored Communication –una agencia que representa a diversos artistas, sellos y eventos de música electrónica–. Los estereotipos y las dificultades a las que debe enfrentarse una artista femenina para promocionarse son uno de los temas principales, y nos ofrece reflexiones como estas en torno al tipo de respuestas y actitudes a las que que la RP se ve obligada en defensa de las artistas femeninas que representa:

“I think it’s especially important for female artists to have that buffer, because quite often the slant of the press for female artists is…the comments section will be shitty and you’ll need to get that moderated. Or they’ll write something stupid about how she’s dressed. You know what I’m talking about. So it’s actually good to have someone like me say, “You know guys, that’s really not appropriate. Can we all be serious here and sort it out?” I personally don’t think the artist should do that themselves because it can reflect negatively on you in the eyes of the press, whereas I’m happy to be the bitch.”

«Sometimes the institutionalized misogyny is so deep that interviewers don’t even know they’re doing it at all. For instance, I remember I complained on Twitter about wasps in Berlin last year, and an interviewer was like, “If you could turn around tomorrow and eliminate one thing, which would it be: institutionalized sexism in the music industry or wasps?”

MT: «What a choice!»

AE: «I’m thinking, “You’re directly shrinking this horrific system of societal violence to an insect; you’re literally comparing it to an insect.” Every question was like this. He thought he was being funny, and I said, “This is offensive.” To one of them I just responded with a picture of Beyonce surrounded by question marks. He was really embarrassed and said, “I’m so sorry—I didn’t realize.” You’ve gotta have a hand to knock them back sometimes, and having a publicist is really helpful with that.”

Esta entrevista con Laura Sales sin embargo, refleja lo mucho que aún queda por hacer. Y deja a su vez, algunas frases realmente interesantes en torno a los retoques de Photoshop y las polémicas de Amaral o Ke$ha, los numerosos tópicos que existen aún en torno a la lucha feminista y las iniciativas que están surgiendo en España:

“También hay que tener en cuenta que negarle a las feministas el derecho a enfadarse es una forma de machismo. Y el humor también es en sí mismo una forma de subvertir la feminidad tradicional. Hay pocas mujeres humoristas aún”.

“En los feminismos tenemos muchos frentes abiertos y si por algo se distinguen los feminismos es por su descentralización y diversidad. Los casos mediáticos de abusos sexuales ayudan a visibilizar la lucha contra la cultura de la violación, que sigue responsabilizando de los abusos a quién los sufre, e impregna también la administración de justicia. Además, el caso es relevante para las luchas feministas en otros sentidos. Por ejemplo, muestra que los abusos afectan a mujeres de diversas clases sociales, etnias, procedencias, etcétera. Toca a la industria musical, como mecanismo capitalista que sostiene el control patriarcal”.

“Es de un reduccionismo extremo que los medios de comunicación sitúen la lucha feminista únicamente en lo que dicen las estrellas del espectáculo: éste es sólo uno de los ámbitos de prácticas feministas. Dicho esto, me parece bien que en la cultura popular mercantilizada y más multitudinaria se vuelva a decir “feminismo”, porque genera debate social, pero dentro de ese debate se tiene que considerar también que cuando Beyoncé habla de feminismo, lo hace con muchos problemas y contradicciones. Si se obvia ese matiz, existe el riesgo de invisibilizar y trivializar las luchas feministas que se dan sobre el terreno en todo el mundo”.

“Yo estoy participando ahora en Ladyfest Barcelona (23-26 de junio), que quiere tejer redes con muchos de estos proyectos. Es un festival de música y arte concebido desde los feminismos, auto-gestionado y anticapitalista, que pretende visibilizar y poner en valor las prácticas artísticas de mujeres, lesbianas y trans, combatir las actitudes machistas, promover la auto-organización y el activismo feminista, y crear más espacios festivos seguros y libres de agresiones. ¡Entre otras cosas! Haremos lo que podamos y lo pasaremos bien».

–Laura Sales.

Por último, está el artículo de Frances Morgan en el número de Enero de 2016 de The Wire al que no podemos incluir link por estar solo accesible en papel o a suscriptores online de la revista. Es quizá el artículo más filosófico de todos los citados y gira en torno a la existencia y estado de una crítica musical feminista.

En el mismo se cita el libro The first collection of criticisms by a living female rock critic de Jessica Hopper como fuente de inspiración y trata de ir más allá del hecho de que existan más o menos críticas musicales femeninas. Se plantea la posibilidad de aplicar un prisma feminista a su propia visión periodística y no tratar de emular a sus socios masculinos para acabar sintiéndose en muchos casos rechazadas por no “estar a la altura”.

A lo largo del texto va haciendo la propuesta extensible a las propias artistas y a otras actividades relacionadas con la industria musical pero la idea de base es la de no seguir los parámetros habituales de la prensa/industria masculina y no entrar a “competir” en ese terreno…

Invitad@s:

Natalia Piñuel: Licenciada en Historia del Arte por la Universidad de Salamanca, ha estudiado dirección y producción de cine. Co-fundadora de la plataforma Playtime Audiovisuales, desde el año 2007 dedicada a la difusión del audiovisual contemporáneo donde lleva a cabo proyectos curatoriales para centros de arte e instituciones culturales como CA2M, Espacio Fundación Telefónica, DA2-Salamanca- MUSAC o Tabakalera.

Coordina las plataformas online films des femmes dedicada a las mujeres realizadoras que trabajan fuera de la industria y She Makes Noise desde el año 2013, dedicada a mujeres que trabajan en el campo de la música electrónica y el arte sonoro. She Makes Noise cuenta con un festival multidisciplinar en La Casa Encendida de Madrid. Además colabora regularmente en otros medios tanto online como impresos siendo activa en los temas y debates de género.

En octubre del 2014 ha publicado el librito Ellas hacen ruido (Panorama España) un recorrido transversal acerca de las mujeres que trabajan la música electrónica en España, editado por Las Lindas Pobres.

David Puente: Tal y como firma en sus correos es un “esforzado autónomo”, periodista musical y colaborador en diversos medios y blogs como: Clubbing Spain, Los madrugones del MK o Fútbol… Arggg.

Laura Sales: Investigadora social. Es filóloga, traductora y máster en Estudios de Género, y hubo una etapa de su vida en la que fue crítica musical. Actualmente trabaja como investigadora en la Fundació Surt, donde ha realizado diversos estudios sobre desigualdades de género en el mercado de trabajo, migraciones femeninas, violencias machistas y trata de mujeres. Es integrante del colectivo organizador de Ladyfest Barcelona 2016.

Magmadam: Ruido + Energía/ Open duo drums & electronics. Itziar y Myriam forman un duo de electrónica abrasiva y marcada actitud queer. Su música explora la relación entre cuerpo y sonido a través de las texturas y materiales, la acción/reacción, el azar, el error, la improvisación, la performance y la deconstrucción de estándares preconcebidos.

Patricia Godes: Veterana escritora y periodista musical de amplísima trayectoria y auténtica pionera en el tratamiento de la música negra en España, entre muchas otras cosas.

Frances Morgan: Ha sido editora de The Wire y es autora de uno de los artículos que ilustran este debate. Ha trabajado también para Plan B Magazine y Sight & Sound. Especializada en música electrónica, ha realizados sesiones de DJ como parte del Wire SoundSystem.

Es importante indicar que todos ellos expresan su opinión de forma libre y desde un punto de vista personal, sin ánimo de pontificar ni adoctrinar a nadie. Las preguntas planteadas son las siguientes y se recogen con cada una de ellas las contestaciones de todos los participantes:

¿Te sientes identificad@ con alguna o algunas de las protagonistas de los artículos? ¿Has vivido situaciones similares y/o las has visto en tu entorno?

Natalia Piñuel: Yo trabajo desde hace relativamente poco tiempo en la música, aunque siempre he sido una apasionada de la electrónica y el arte sonoro. Mi punto de vista es como investigadora y programadora principalmente del festival y la plataforma She Makes Noise. Colaboro regularmente con artistas y ellas sí me han contando como se han sentido discriminadas por el mero hecho
de ser mujer en el sector musical, también y eso sí lo he vivido, de ciertas actitudes paternalistas que son también machismos a la hora por ejemplo de preparar un set de actuación, los mismos eléctricos o hasta el personal de mantenimiento cuestionando todo sin entender que «la jefa» eres tu y tienes muy claro lo que hay que hacer y como.

El año pasado, durante la primera edición de SMN las artistas internacionales participantes me comentaban también sobre la ilusión
que les hacia tocar en Madrid, era la primera vez que venían a Madrid y casi la primera vez en España para todas ellas, no habían tenido su espacio hasta ahora. Esa es otra, en España todo se complica, todo resulta más difícil. Ahora gracias al trabajo de todas se están poniendo las pilas también ellos a la hora de traer mujeres a escena pero hasta el momento les era mucho más fácil acomodarse con programas únicamente masculinos, por que ¿para qué investigar e indagar un poco más? aun a sí he visto este año festivales de música electrónica con un cartel exclusivamente formado por hombres…

En mi caso y al hilo de esto todavía algunos periodistas o público en general me preguntan del por qué de un festival con un programa solo conformado por mujeres, entonces es cuando me dan ganas de matar jajajajaja. Solamente ya la pregunta es machista.

David Puente: Me ha llamado la atención la frase de Laura Sales cuando dice “También hay que tener en cuenta que negarle a las feministas el derecho a enfadarse es una forma de machismo. Y el humor también es en sí mismo una forma de subvertir la feminidad tradicional. Hay pocas mujeres humoristas aún” .

Muy importante el humor en todas las reivindicaciones y manifestaciones en las que hay un conflicto entre dos partes. Creo que obliga al otro a bajar la guardia. Claro, que alguien podría esgrimir que cuando uno o una se siente en una posición de sumisión es verdaderamente complicado sacar algún tipo de humor de esa situación. Es lo que le queda al oprimido. Una manera digna de sumisión. La otra es currar. El conflicto del feminismo me interesa menos que el de la lucha de clases que me parece más definitivo en cuanto a la injusticia en mayúsculas que supone que no todos tengamos las mismas posibilidades de ascender, triunfar o simplemente ser felices en esta sociedad.

Laura Sales: Claro que sí. Muchas, casi todas. Es obvio que hay una gran mayoría de hombres en todos los entornos musicales, no sólo dentro de la industria, sino entre la afición de a pie: el “aficionado serio” es prácticamente siempre un hombre cis. En ese espacio, eres una extraña desde el principio. De entrada ya ves que aquél no es el sitio que te toca y que vas a sentirte sola. Percibes que tu opinión nunca será considerada legítima de entrada, que como extraña vas a tener que esforzarte por ganarte un respeto. Muchas veces los gestos son sutiles, pero cuando van uno tras otro te hacen sentirte excluida, con menos autoestima y más miedo para actuar.

En cambio, para los hombres (sobre todo si encajan en algún rol tradicional masculino) la música es un espacio en el que sentirse acompañados, un espacio de camaradería, de lenguajes tácitos compartidos, de creación de su identidad masculina (por ejemplo a fuerza de las actitudes paternalistas y machistas frente a “las otras”).

Es fundamental contar con mujeres referentes y también con amigas, sobre todo si son feministas, porque es con ellas con quien puedes compartir una explicación estructural de lo que te está pasando. Sin ellas, es mucho más difícil enfrentarse a la presión continua del entorno, que te quiere hacer creer que todo aquello es un problema tuyo individual y que tienes que superarlo tú sola.

Magmadam: Creo que todas hemos vivido de alguna manera u otra situaciones similares. En mi caso, sobre todo con comentarios recibidos que tenían que ver con el hecho de ser mujer y en diferencias comparativas. En cuanto al hacer, en gran medida he colaborado y hecho mi trayectoria con hombres y en todos ellos siempre he encontrado personas con las que he aprendido y compartido mucho, en base a un respeto y reconocimiento mutuo.

Este sistema patriarcal hegemónico-capitalista está detrás de cada comentario o acción excluyente hacia la mujer. Ahí está la gran labor para el cambio. Creo que el sistema dejará de excluirnos si no paramos de HACER. Si seguimos HACIENDO hasta que esos comentarios y acciones sean hechos aislados de seres residuales y extinguidos. Hasta que sean solo evidencia de reduccionismo, de seres anclados en un aprendizaje-lección obsoleta y recordada como HORROR de la civilización.

Patricia Godes: Considero que la música popular es tradicionalmente un campo femenino: madres que cantaban a sus nenes, mujeres que cantaban fregando los platos, niñas que jugaban cantando, el baile como forma de expresión instintiva, etc. En la historia reciente, han sido las mujeres las que han descubierto y aupado a las figuras más decisivas de la música popular: Gardel, Sinatra, Elvis, Beatles, Rolling, MJ, Madonna… Solo después de su éxito se los apropiaron los críticos y pasaron a ser patrimonio masculino. Voy a referirme a mi campo profesional: el entorno de la crítica musical se convirtió en un privilegio masculino alrededor de 1969/70 con la entronización de los super héroes musicales de la contracultura.

Desde entonces, la crítica musical es un juego de guerra y para integrarse es necesario asumirlo y tomar partido: mods contra rockers, heavies contra moñis, indies contra todos… Los diferentes géneros y estilos son frentes opuestos y armas de autoafirmación y defensa. Está en juego la noción de poder y superioridad entre los defensores de cada uno. No se habla de música, se utiliza un código de metáforas (canciones luminosas, ritmos musculosos…) que no quieren decir nada pero que sirven para halagar al lector con el que el crítico comparte gustos y convertirle en aliado.

Cuando escribimos en la prensa musical, las mujeres nos vemos obligadas necesariamente a imitar esta manera de comunicarse masculina. Personalmente, me reconozco a mi misma cuando escribo, por ejemplo, para el Shangay o cuando he escrito para revistas juveniles donde puedo ser divertida, ocurrente, saltarme los cánones, inventar cosas, conceptos, ideas nuevas… Cuando escribo para una revista de rock -cuyo lector es mayoritariamente masculino- necesito cumplimentar un código y, siendo mujer, demostrar que poseo esa autoridad que, en el mundo musical, otorga la ostentación de datos e información. No me cuesta nada porque es una imbecilidad pero me aburre y me siento necia y pretenciosa.

Frances Morgan: Soy escritora, antes que música o Relaciones Públicas, pero puedo empatizar con prácticamente todas las experiencias que se describen en estos artículos –ya sea directamente o a través de otras mujeres que conozco en la industria musical. Ha sido interesante leer lo que dice Melissa Taylor sobre su trabajo. Ella y otras RP musicales como Lauren Barley, Jodie Banaszkiewicz. Leah Ellis y otras muchas son una parte tan importante de la industria –una parte que por desgracia, pasa a menudo desapercibida, porque un montón de gente no entiende aún cuál es la labor de un RP y la importancia que tiene a la hora de definir el tipo de música que escuchamos. Es un trabajo muy duro que requiere de un gran desgaste emocional y de profundos conocimientos.

Me ha alegrado leer sobre la buena relación entre Avalon y Tailored RP (para las mujeres que hacen música es super importante sentir el apoyo y el soporte de sus sellos, agencias de RP, etc). El reciente caso del publicista Heathcliff Berru que dirigía una gran compañía de RP en USA al mismo tiempo que acosaba sexualmente a las artistas femeninas lo ha demostrado.

Efectivamente, he sufrido cierta marginalización como mujer que escribe sobre música underground, aunque también debo decir que he tenido la suerte de trabajar con excelentes compañeros durante estos años, y he podido editar y publicar una revista siendo aún una veinteañera. La confianza y el ánimo que me han dado esas experiencias han sido muy valiosos. Pero como tantas otras mujeres, a veces me doy cuenta de que me veo obligada a certificar y re-certificar constantemente mi experiencia y mis conocimientos para participar al mismo nivel de mis compañeros masculinos.

Muchas veces parece algo inofensivo o al menos, no intencionado; como el hecho de no ser tenida en cuenta para ciertas tareas, ser ignorada (como editora) por escritores que solo se comunican con sus colegas masculinos o no ser incluida en ciertos debates. En definitiva, todo ello se traduce en ese zumbido de privilegio no discutido que suena siempre de fondo. 

Como dice Avalon en el artículo, la misoginia institucionalizada está tan profundamente enraizada en la industria que frecuentemente se ignora por considerarla un hecho normal. Puede resultar realmente cansino ser siempre la persona que está denunciando estas cosas. Al igual que a Melissa, Avalon o a mi misma, e imagino que a la mayoría de las mujeres en esta industria, lo que realmente nos gustaría es centrarnos exclusivamente en la música, pero es difícil –y diría que genuinamente dañino para tu salud– borrar o minimizar el contenido de nuestras experiencias personales. Diría que es posible amar la música y al mismo tiempo, realizar un análisis riguroso de la misma para terminar hallando las estructuras de género, raza y clase que la soportan son increíblemente problemáticas. Una buena crítica musical debe tratar este tipo de temas  o al menos mostrar que se es consciente de los mismos.


Actividades como los talleres del Lower East Side quieren atacar el problema desde su raíz, desde la educación. Esto parece adecuado pero a lo mejor confiamos siempre demasiado en un futuro mejor y no afrontamos tanto los problemas de hoy, aquí y ahora.

¿Qué opinas sobre estas iniciativas? ¿Crees que es la vía adecuada hacia una mayor igualdad o por el contrario no plantea verdaderos cambios y se limita a imitar y perpetuar un modelo que en el fondo sigue favoreciendo a los artistas masculinos?

Natalia Piñuel: En uno de los artículos se cita que los hombres parece que tengan una tendencia natural a la tecnología, también ese clásico que es cuando te preguntan ¿qué te ha impedido hasta la fecha dedicarte a ello? A las mujeres nos nos han dejado ocupar puestos de poder (y con ello no me refiero únicamente en el campo de la política si no en cualquier aspecto de la vida diaria) esto es que las chicas tienen un miedo intrínseco, avalado por la sociedad heteropatriarcal desde la que nos regimos a «hacer las cosas» que por esa misma tradición están relacionadas con los hombres. Pasa en todo el ámbito audiovisual. Me he encontrado en clases universitarias con alumnas que no levantan la mano cuando preguntan ¿quién quiere llegar a ser directora? por que creen que se las va a exigir más y más fuerte y lo van tener mucho más difícil que sus coetáneos hombres para desarrollar esa labor y es verdad por eso hay que acabar con ese miedo y eso principalmente está en la base, en la educación y la familia.

Los talleres funcionan como caldo de cultivo, son iniciativas fantásticas, sobretodo para las chicas con menos recursos económicos, el problema está cuando salen «a la realidad» y ven que las oportunidades siguen sin ser igualitarias. Es un problema estructural, necesitamos mujeres que produzcan música electrónica, sí!! y cada vez son más pero necesitamos sobretodo una industria donde entren principalmente distribuidoras, programadoras, promotoras musicales, críticas mujeres que visibilicen y den un verdadero soporte a que salgan adelante estas propuestas. Hasta eso que denomino «puestos de poder» de decisión en contenidos no estén capitaneados también por mujeres no se conseguirá nada, por ello tenemos que trabajar todas juntas y protestar cuando esos comportamientos netamente masculinos tienen lugar, que nos tilden de «feminazis» que digan lo que quieran pero que no nos callen. «Feminazis» es bien 😉

David Puente: La educación lo es todo. Yo soy un niño de los primeros años de la democracia. Un niño de la EGB. Un sistema manifiestamente machista fenecía en detrimento de otro que, por lo menos en sus intenciones oficiales, planteaba un nuevo panorama de igualdades. Eso es lo que dice la Constitución (¿dice tantas cosas verdad?). Me criaron en colegios públicos de periferia y me inculcaron, poca pasión por la música (de hecho no llegué a tocar un instrumento en mis tiempos de educación reglada, algo que llevo lamentando toda mi vida), pero mucho respeto por el otro, por el prójimo, por a la mujer, por el que es diferente.

Desde entonces he intentado ser amable y justo con el sexo contrario. De hecho creo que los de mi generación, nacidos a mediados de los 70, hemos tirado a apocados con el sexo contrario. Diría que hemos sido los primeros varones conscientes de la crisis de nuestro género. Y ahora en plena madurez llevamos una empanada importante al respecto. Porque nos hemos dado cuenta que hemos conservado soterradas actitudes machistas y algunos nos hemos asustado o por lo menos hemos preferido observar el tema desde fuera. Entiendo que llevo adquiridas unas categorías, prejuicios, esquemas, lenguaje del todo machista… del que será muy difícil librarme en los años que me queden por vivir. Seguro yo ya he incurrido en este texto en varios chasquidos machistas. Supone un esfuerzo. Una conciencia permanente, aquí y ahora, entiendo no todos estén dispuestos a hacerla o no sepan cómo.

Se trata de triunfar en la vida, no sólo en la escena musical. La escena musical se mueve a partir de unos parámetros que no tienen nada que ver con la vida. En realidad, tanto si eres hombre o mujer, te debería dar lo mismo la escena si lo que quieres es crear o hacer música. Te la creas tu como artista. Hoy tenemos las herramientas para conseguirlo.

El otro día leía un post en Facebook de un artista que se quejaba porque en la semana del Sónar se contratan en Barcelona más artistas internacionales que locales. Es una pregunta que denota que no has entendido el mundo en el que vivimos. Si yo soy mujer con pocos recursos y voy a un curso como el de Lower East con unas condiciones técnicas envidiables, pues en principio me parecerán bien los conocimientos que me trasmitan pero en cuanto salga a la fría calle me daré cuenta que en en la cruda realidad no hay estudios tan bien pertrechados como ese. Lo que deberían enseñarles es a ser capaces de crear con los mínimos recursos. Más higiénico para el medio ambiente, para las expectativas y sobretodo para la psique de la chica sin recursos. Valoro el arte facturado con pocos recursos. Entiendo es una cuestión de educación.

Laura Sales: Son proyectos muy positivos en tanto que promueven la formación de las niñas y mujeres en disciplinas masculinizadas, como todas las relacionadas con la tecnología. Y con ello amplían la capacidad de cada una para decidir sobre su vida, más allá de los límites que imponen los roles de género.

Pero estoy de acuerdo en que no basta con entrar en espacios masculinizados, hay que transformar estos espacios radicalmente, desde la raíz. Un ejemplo: desde los feminismos se ha identificado que el canon cultural que manejamos (en la música o cualquier arte) no sólo está lleno de “genios” hombres, sino que es un canon androcéntrico. Es decir, que aquello a lo que se le concede valor es lo que corresponde con una concepción tradicional de la masculinidad (por ejemplo, la potencia y la energía, frente a la delicadeza y el cuidado). Por supuesto, la historia de la música es amplia y variada, y no siempre es así, pero si el techno es un estilo prestigioso es en parte por los roles de género que lleva asociados.

Por ello, efectivamente creo que no basta con la presencia de las mujeres en todos los entornos. Es imprescindible que esta presencia vaya acompañada de una revisión crítica de nuestras prácticas desde una perspectiva feminista, por ejemplo para separar el valor del arte de la perpetuación de los roles de género y de la subordinación de las mujeres.

Magmadam: El futuro se convierte en “aquí y ahora “ siempre, así que creo que iniciativas relacionadas con abrir puertas antes cerradas, tomar conciencia y acción de nuestras inquietudes , querencias y deseos, y poder acceder a espacios que fomentan todo esto me parece muy importante.

Muchas veces después de los bolos, nos vienen chicas diciendo que les entran ganas de hacer y crear cosas por su cuenta cuando nos ven. Es brutal!! a nosotras motivar aun nos motiva más. Y la retroalimentación puede ser infinita. Hay tanto que hacer en tantos ámbitos y estratos; desde la educación a cambios estructurales. La educación es muy importante, y hay mucho curro que hacer tanto para la actualidad como por un futuro mejor.

Dado que toda industria es parte del capitalismo, diría que me parece difícil cambiar las bases del funcionamiento de la industria musical. La cual puede parecer engañosamente aperturista y no excluyente, pero solo se debe a cuestiones de mercado, modas .. periodos concretos donde mujeres (pocas) entran y funcionan bien para la industria.

Creo que cualquier alternativa a la industria que busque nuevas vías y genere redes para seguir y no parar, es interesante.

Patricia Godes: En principio, pienso que se limita a imitar un modelo masculino. Sin embargo, no me parece que tenga especial importancia que sea o no imitación dado que lo importante es que existan posibilidades y que puedas elegir con libertad lo que quieres hacer. En cuanto a los DJs de música electrónica, en esencia no creo que aporten muchas diferencias con el mundo de la música rock. La generación de DJs techno que se estableció a mediados de los 80 estaba constituida principalmente por hombres que se han quedado como iconos inamovibles y modelos a imitar, exactamente igual que las rockstars de los 60: figuras mesiánicas con aura sobrehumana independientemente de su talento musical. Lo considero una imbecilidad alienante, pero sería maravilloso que alguna mujer consiguiera ese status igual que Madonna lo consiguió en la escena del rock multitudiario.

Frances Morgan: Creo que la educación es importantísima, y lo veo como algo que realmente es capaz de atacar el problema tanto aquí y ahora como de cara al futuro, especialmente ahora que es mucho mas fácil iniciarse en la tecnología musical y trabajar en tu música fuera del estudio. Me alegra mucho también también oír hablar de trabajo colectivo de cualquier tipo! La visión de Red Bull de la música electrónica gira en torno a la expresión individual y pienso que es importante reiterar la importancia de comunidades más orgánicas y locales a la hora de dar forma a escenas musicales. No digo que estos talleres lo consigan de forma automática, pero pueden evolucionar hacia algo más duradero. En una linea similar, existen iniciativas interesantes como Yorkshire Sound Women que imparte cursos y organiza eventos en una región específica 

Apoyo todos los entornos de aprendizaje exclusivos para mujeres. He trabajado con chicos y chicas jóvenes en talleres de producción de radio y he visto muchas veces a las chicas dar un paso atrás y dejar que los chicos tomen el mando. En mis propias experiencias en la producción musical he cedido el mando a los hombres en muchas ocasiones también. No hay nada “natural” en esto, está relacionado con la confianza, la educación y el apoyo (o la falta de el) que se recibe por parte de los amigos, familiares etc.

La académica Tara Rogers por ejemplo describe estupendamente la manera en la que las mujeres se han sentido escasamente atraídas y finalmente apartadas de la tecnología musical, por la manera en la que se ha comercializado en los medios –a pesar del hecho de que ha habido algunas mujeres trabajando en telecomunicaciones, electrónica e informática desde los años 40. Por ello pienso que es importante que se haga frente a estas narrativas en todas las ocasiones en que sea posible.


Bajo tu punto de vista y tu experiencia personal dentro de la industria musical, ¿dirías que la situación en cuanto a igualdad de género ha mejorado en los años en los que has desarrollado tu actividad? Independientemente de ello, ves la igualdad como un objetivo posible en las condiciones actuales? O por el contrario piensas que primero deben darse cambios estructurales y después abordar el concepto de igualdad?

Natalia Piñuel: Contesto por el final, no veo la igualdad como un objetivo posible a corto plazo, el cambio tiene que ser estructural, en tantos aspectos que da todavía vértigo. De los «micromachismos» a la «violencia de género» que termina con los asesinatos a mujeres hay todo un mundo repleto de desigualdades. Es triste, hay que seguir trabajando porque todavía queda mucho por hacer. En cuanto a la primera pregunta e intento ser un poquitín optimista, desde hace 3 años que puse en marcha la plataforma She Makes Noise si he notado un cambio. La plataforma surge cuando leo el informe anual de female:pressure en la que y es una cuestión estadística, puramente matemática analizaban la escasa presencia de mujeres en festivales de música electrónica.

A través de She Makes Noise compartimos el trabajo de mujeres que trabajan en el campo de la música electrónica y el arte sonoro. La cuota de participación ha subido y creo que hay una mayor sensibilidad en los últimos años por los festivales más grandes véase Sónar en visibilizar y hacer hincapié en el trabajo de las mujeres. En uno de los artículos que mencionas se cuestiona el feminismo actual como hype, es algo que también me preocupa como está afectando esto desde el mainstream a la sociedad y a la lucha y las propuestas más underground, más de base, es un tema complicado pero con el que también quiero ser algo optimista que si hacen caso sea de verdad y que sea constructivo y con continuidad en el tiempo.

David Puente: Si por mejorar te refieres a ver a más chica en cabina. Si, ha mejorado. Aunque las DJ serias , las realmente comprometidas, siguen sin lucir demasiado de entre en un panorama en el que incluso diría que ha empezado a prodigarse un modelo de dj Hipersexualizada y macrosexualizante que no duda en tirar de ciertos encantos, más allá de la música, para atraer al público varón a las pistas. Un producto al amparo de las redes sociales que asusta y todo.

En cuanto a producciones, son otros los factores que influyen a nivel productivo y expositivo y yo diría que aquí el nivel es alto incluso más en el del bedroom producer que ha sido un escaparate muy masculino en los últimos años. El nerd pajillero que se queda en su habitación porque en realidad no tiene nada que hacer más allá de su habitación, ha dado paso a otra cosa más digna, más femenina, más lustrosa. No he entendido nunca como ser “un triste” le ha dado puntos a según que productores.

Las productoras de electrónica sin grandes medios te lo venden de otra manera. Saber comunicar tu producto es parte del disco y de tus habilidades como artista. Y en eso las mujeres tienen mucho que ofrecer. Pero no me refiero a las redes sociales donde las mujeres, como tu y yo y todo Cristo, nos dejamos llevar por una corriente “buenrrollista” por la que parece que tenemos que pasar todos (y que a mi parecer lastra creativamente más que aportar otros méritos). Me refiero a transmitir aquello que ya está hecho y que ahora se lo tengo que hacer llegar a alguien para que lo escuche. Ahí las mujeres tienen un potencial enorme.

Laura: Sí, creo que hay pequeñas mejoras. Ha aumentado el número de mujeres en diversos sectores de la industria, aunque siguen concentradas en actividades tradicionalmente femeninas, como las relaciones públicas. Las formas de discriminación y de machismo más evidentes han dejado de ser toleradas en muchos espacios (aunque han proliferado en otros, como las redes sociales). El asociacionismo de mujeres en la industria parece que está al alza y eso es una noticia fantástica. Y ahora es más frecuente leer argumentos feministas en los medios que hace diez años.

Sobre la última parte de la pregunta, diría que conseguir una sociedad de iguales es en sí una transformación estructural. Estoy de acuerdo en que son imprescindibles cambios estructurales, pero creo que la igualdad forma parte de ellos; no hay otra forma de entender la igualdad.

Magmadam: Mi experiencia en la industria es escasa (siempre he funcionado más fuera que dentro de ella).

Creo que hacer explícita y hacer emerger nuestra creatividad –mediante la forma o dispositivo que sea, que tengamos o queramos– y buscar espacios comunes de diversidad e intercambio, es una forma de caminar hacia cambios estructurales.

Tampoco creo que haya un orden concreto para el cambio. Eso sí, los cambios hacia la igualdad y hacia sociedades equitativas e inclusivas para la diversidad son tan de raíz que creo que el cambio solo se puede ir dando desde cada engranaje , poniéndolo en marcha desde su actividad personal dentro de un colectivo. Demoler estos cimientos retorcidos no es una labor concreta y específica, sino que abarca más allá de lo que se ve a simple vista. Los objetivos de cambio no están aislados entre sí, sino que forman un entresijo complejo.

Personalmente nunca he estado dentro de la industria musical. En mi opinión los cambios deberían ser estructurales y educacionales; empezando por destrozar la construcción social de género. El futuro debería ser queer. Imaginarlo siquiera, aún cuesta, pero molaría mucho.

Patricia Godes: No, es imposible. No hay lugar para otra concepción, es inamovible, es uno de los últimos reductos de la autoridad masculina. Es un hecho demostrado que la música concebida de este modo ha dejado de interesar al gran publico y que los medios de difusión musicales son cada vez más precarios, pero es que te matan si intentas otra cosa… por lo menos te dicen del mal que tienes que morir.

Frances Morgan: En algunos aspectos sí, en otros no, en absoluto. Es cierto que el volumen del debate en torno a la cuestión del genero ha crecido y es más difícil de ignorar en los últimos años, y eso ha forzado a la gente a ser consciente de ella de una manera que hasta ahora no habían hecho. Como periodista musical, ha sido interesante ver cómo se ha ido materializando esta cuestión: ¿Se está empleando a más mujeres como editoras y escritoras y se les está dando la oportunidad de hablar de un amplio espectro musical, no exclusivamente hecho por mujeres o cuyo tema central es el género? La respuesta es sí, especialmente en Estados Unidos.

The FADER, Pitchfork o Noisey tienen una presencia femenina importante en su dirección editorial, con Kim Kelly, Jessica Hopper o Ruth Saxelby haciendo un trabajo realmente inspirador.  El Reino Unido se ha quedado un poco atrás, tal y como muestra la portada del último número de DJ Magazine – es un collage con las figuras más influyentes en la escena dance actual y ninguna de ellas es mujer, y muchos de ellos son blancos-. No veo ninguna revista americana capaz de publicar algo así.

Amo la prensa musical en papel, pero creo que la precariedad en la que se mueve ese medio es precisamente la que la hace ser tan conservadora, mientras que online puedes asumir riesgos mucho mayores (y sí, las mujeres y las personas de color se siguen considerando apuestas arriesgadas para la portada de la mayoría de las publicaciones musicales). Es por ello que The Wire es tan importante en el Reino Unido –escoge a sus artistas basándose en otros factores y eso es algo palpable en las elecciones que realiza para sus portadas–. Estoy realmente orgullosa de haber contribuido a esas elecciones cuando he trabajado allí.

Obviamente, online hay espacio para mucho mayor contenido y por tanto para muchas más voces. Pero hay grandes problemas también con este modelo –porque implica un montón más de gente trabajando con unos ingresos muy pequeños–. Hay mucho de que hablar aquí, en el sentido de cuáles son las voces que son mejor valoradas. Existe por otro lado el problema de que los mejores espacios de publicación pertenecen a grandes compañías (Red Bull o MTV por ejemplo). No quiero decir que no se deba escribir para estos espacios, pero es importante ser consciente de lo que se hace. Y al hilo de esto me pregunto ¿qué significa que estas últimas publicaciones estén dando más espacio a mujeres, personas de color y artistas underground que las revistas “reales”?


Ligado a ese cambio estructural y en base a lo sugerido por Frances Morgan en su artículo, ¿es posible una industria musical (creación artística, público, promoción, periodismo…) feminista alternativa a la actual? ¿Cuáles serían sus características diferenciadoras en ese caso?

Natalia: Estoy bastante de acuerdo con Frances Morgan en el artículo que citas para The Wire aunque pueda resultar algo excesivo también. Quizás puntualizo a nivel de público, si se refiere a un público diverso con pensamiento crítico hacia el punto de vista feminista estupendo, si se refiere a acotar el público dirigiendo todas las propuestas y el trabajo solo a mujeres no.

Laura Sales: Claro que es posible y de hecho ya existe, en muchas iniciativas subterráneas. Otra cosa es que los medios reconozcan su valor. Hay muchas iniciativas feministas, que cuestionan el status quo, que revisan el canon musical visibilizando el androcentrismo y proponen otros criterios de valor, que crean espacios de empoderamiento para mujeres, lesbianas, queers y trans (desde las iniciativas educativas que mencionas a los muchos Ladyfest u otros), etc.

Pero tan importante como reconocer el valor de las iniciativas feministas es no homogeneizarlas. Los feminismos son diversos y estas iniciativas también. Unas valoran los espacios de reconocimiento y celebración feminista, y otros intentan abrir brechas en espacios masculinizados. Todas son necesarias.

Así que no estoy de acuerdo con el esencialismo que refleja el artículo de Frances Morgan. No creo que las mujeres seamos diferentes. A las mujeres nos han socializado para ser diferentes, para que seamos tradicionalmente femeninas, pero por suerte tampoco lo han conseguido del todo. Somos gente muy variada, las mujeres. Somos diversas.

Magmadam: Sería posible en mi opinión. Pero partiendo del hecho de que la industria como la conocemos, está al servicio del capitalismo; esta no podría escapar a su sometimiento. Así que creo que una de las claves sería que la industria dejara de existir tal y como la conocemos. Los cimientos a remover son fuertes y bien arraigados y creo que las cosas a cambiar no están aisladas unas de otras sino que están mezcladas, de forma difusa y confusa a veces.

Y en cuanto a lo que se está haciendo ahora mismo, ya se están generando redes alternativas fuera de la industria. Redes de creación, promoción y difusión, así como la organización de todo tipo de encuentros, festivales , muestras, talleres publicaciones, archivos, como las Jornadas Mutantes, MEFSST!, Lady Fest, MadGirrl Fest, Histeria kolektiboa, Esquina Femenina… y muchas muchísimas más.

Patricia Godes: No lo sé. Creo que no. Significaría crear desde cero un manera nueva de entender la música -mejor dicho recuperar la tradicional- frente a la concepción del gusto musical como campo de batalla. Yo ya he tirado la toalla. Creo que este mundo de la música de valores militares y no artísticos se irá auto canibalizando hasta ser un pequeño ghetto al margen de la realidad, igual que siempre habrá señores que se dediquen a construir la Torre Eiffel con palillos de dientes.

Frances Morgan: No sugiero realmente eso en mi artículo! Lo que propongo es una actitud feminista en la prensa musical, lo cual no significa necesariamente crear una industria paralela (aunque sería interesante). Se trata más bien de examinar la manera en la que la industria actual trabaja para mantener los privilegios del macho cis, y de proponer maneras de escribir que la desafíen. La prensa musical en el Reino Unido es increíblemente hegemónica. Está basada en una idealización de la prensa de los años 80 y 90, una era comúnmente calificada de “era dorada”.

Había una cierta libertad en la prensa de aquel periodo que produjo algunos textos maravillosos, pero el problema es que al igual que ocurre con cualquier otro tipo de nostalgia, esta termina eclipsando a aquellos que están tratando de hacer buen periodismo ahora, y que tratan de hacerlo de manera diferente. Se nos anima a reverenciar a periodistas que escribieron sus mejores textos hace 15 o 20 años – y sea coincidencia o no, la mayoría son hombres-. De manera que inmediatamente, se crea un canon masculino, y cuando hablo de crítica musical feminista, hablo de periodismo que desafíe a ese canon y trata de establecer nuevos cánones, nuevos modos de escribir que usen puntos de referencia diferentes, de la misma manera que hacen otros textos feministas en otros ámbitos culturales o sociales.

El trabajo de Sophie Mayer me ha inspirado mucho. Ella es poeta y crítica cinematográfica. Su reciente libro sobre cine feminista es fantástico –no solo demuestra cuántas mujeres hay en el mundo trabajando en la industria del cine, si no los nuevos temas, estéticas etc. que están floreciendo de esa actividad. Es realmente iluminador descubrir que tantas mujeres están haciendo films excelentes y la mayoría aún no nos hemos dado cuenta.

La crítica musical feminista no necesariamente deber estar escrita por mujeres ni hablar de artistas que sean mujeres. Puede ser una literatura que hable de música hecha por hombres desde una lente feminista; textos que reconozcan el género masculino ( y su expresión musical) como un género, no una posición “neutral” por defecto. Debe ser también un periodismo que entienda la transversalidad, que sea anti-racista, anti-grandes corporaciones, no homófoba ni transfoba y consciente de las estructuras de clase.

Como he dicho en la respuesta anterior esto no debe dejar de lado el análisis musical en sí –deberías leer la musicología de Susan MacLary para entender cómo estos aspectos pueden explorarse de forma racional. Tampoco debe limitar la escritura creativa. Puede ser altamente sensible, alusiva, poética y compleja –todos debemos dejar espacio a la ambigüedad y a las perspectivas plurales.

Creo que la música electrónica motiva ese tipo de escritura. No está tan lastrada por la historia de la crítica musical rockera. Políticamente, la música dance proviene originalmente de espacios de resistencia y comunidad. La música electrónica académica, abstracta alienta la búsqueda de nuevos vocabularios, al hablar de las cualidades del sonido tanto como de su forma. Ninguna de ellas anima al análisis lírico, se trata de texturas y de efectos. Es música que lleva en su alma la extrañeza y el afán experimental, por tanto, necesita voces diferentes.


5. Uno de los aspectos que destaca en las entrevistas con las chicas que asisten al workshop es la falta de referentes musicales femeninos que las animen a crear su propia música. En esto la prensa juega un papel vital tanto a la hora de valorar artistas actuales como a la de reivindicar artistas del pasado eclipsadas y a menudo ninguneadas por sus “colegas” masculinos.

Es una labor que ya se empieza a vislumbrar de manera tímida pero que considero que aún tiene mucho recorrido. Pese a ello surge la duda de lo que es “discriminación positiva” o no, de hasta qué punto es legítimo aplicarla o de si esta plenamente justificada después de tantos años de sometimiento. Admito que tengo mis propias dudas aunque me inclino más hacia la última posibilidad.

No obstante es un arma arrojadiza en manos de machistas y “neomachistas” camuflados que se usa con mucha frecuencia. “Si se quiere igualdad, se debe ejercer y valorar de igual forma, sin discriminaciones…” ¿Cuál es tu postura ante este tipo de comentarios?

Natalia: En cuanto a las mujeres djs siempre han estado allí, valoraré solo a las djs no a las demás mujeres pioneras dentro de la música electrónica y la performance sonora, nombres como Sharon White leyenda del mítico Studio54, Smokin Jo, Electric Indigo ya en los 90, Jennifer Cardini, Ellen Allien, Miss Kittin… aunque la historia de las pistas de baile al igual que el resto de las historias está contada por hombres, eso justifica la poca visibilidad (que no presencia) de estas mujeres en las revistas, en los libros, en toda la documentación de la época. Es necesaria y volvemos a insistir en los mismo, esa presencia de mujeres, en este caso de la prensa, de la crítica musical para reescribir la historia. La discriminación positiva no entiendo lo que es la verdad, hay una cantidad de frases hechas por ahí que me ponen muy nerviosa e implícitamente están llenas de machismo.

David Puente: Es que se me escapa que un artista requiera referencias de género. A partir de ahí no he entendido la pregunta. De hecho, al final todo el cuestionario se mueve en torno a una pretendida distinción que se me escapa de verdad. La música brilla por si misma. La música es brillo. Fulgura. Y eso no entiende de géneros. Y en eso estamos.

Laura Sales: Este tipo de comentarios no se sostienen por ninguna parte. En un mundo desigual, tratar “por igual” significa actuar como si ya fuéramos iguales, es decir, obviar que existen entre las personas desigualdades de partida. Si no percibimos estas desigualdades y no actuamos contra ellas, sólo conseguiremos perpetuarlas.

Las Constituciones están llenas de declaraciones de igualdad formal que no se han traducido en una sociedad igualitaria, porque esos principios en abstracto no sirven para la transformación social. Lo que sirve es atender a las experiencias de desigualdad de cada una y no andar por la vida como si el problema estuviera ya resuelto.

El término “discriminación positiva” tiene connotaciones muy negativas. Para empezar a pensar que no estamos hablando del demonio, estaría bien utilizar más términos como “acción afirmativa” o “acción positiva”. Las acciones positivas no son discriminatorias, no responden a una estrategia de desigualdad: son medidas concretas y puntuales para promover la igualdad de oportunidades. Y no tienen por qué ir separadas de conceptos como la innovación o el interés artístico. La crítica musical sabe perfectamente que lo poco conocido no es necesariamente peor. Es más, puede ser mucho mejor. ¿Por qué a la hora de montar el cartel de un festival no se amplía más la mirada más allá del ombligo, más allá del sello de tus colegas o del grupo que se supone que debe gustarnos?

Magmadam: Nos inclinamos por la última posibilidad totalmente.

Dejar espacio a quien no lo ha tenido o a quien se le ha negado, me parece importantísimo aunque en los hechos, ese gesto tenga múltiples lecturas. Sabemos que esas lecturas están directamente relacionadas con estructuras establecidas que se resquebrajan en toda su variedad.

Pero con lo que no estoy de acuerdo es, con quitar sistemáticamente a unxs para dar a otrxs. Sería una repetición de esquemas. Nos gustaría añadir un pensamiento esperanzador: tener en cuenta que esos referentes que nos faltan, a los cuales no llegamos y no nos llegan o lo hacen a cuentagotas están ahí, han estado , han existido…invisibles en la historia por aniquilamiento, por no constar o poco visibles por ser historia ocultada, omitida. Por eso nos parece importante tener en cuenta que aun así están han sido y son…y dejarnos contagiar impregnar por la intención, la fuerza del “Quiero y puedo hacerlo. Queremos y podemos hacerlo”. Se trata de ir a la raíz y pensar : que el mundo-historia patriarcal quiera y haya conseguido anularnos, hacernos olvidar y condenarnos de diversas formas, no significa que no estemos, que no hagamos y que no seamos.

Patricia Godes: Mis padres me educaron para que fuese independiente y pensase por mí misma y no para imitar. Pero debo reconocer que me identifico mucho más con críticas tipo: «Ariola: Cinderella» o «¿Qué tienen en común Toyah y la Diamante? Gritar mucho y no decir nada» que con toda la palabrería al uso… Casualmente, estos comentarios que reproduzco (y que fueron publicados en la prensa musical inglesa) fueron escritos por Caroline Coon y Julie Burchill.

Frances Morgan: Encuentro el término “discriminación positiva” problemático porque lo usa casi siempre gente con un camuflado interés en mantener el status quo. Honestamente sólo lo he oído mencionar en boca de, por ejemplo, promotores de festivales que no tienen suficientes mujeres en su cartel y tratan de defenderse a sí mismos. Es un término, en esencia, racista y sexista. Así que no quiero perder el tiempo discutiendo con gente que lo usa ahora mismo (aunque estoy segura que lo volveré a hacer!).

Recientemente, he decidido que es más importante para mi, como escritora y editora, gastar mi tiempo y energía en escribir sobre música que me interesa y al mismo tiempo crecer y mejorar en esa práctica, animar a nuevos escritores y formar redes sólidas con gente de todos los géneros que trabaja en pos de una industria que represente a todas las personas que crean, comentan y aman la música.