#Roundtable

Quién sabe qué pasará con el periodismo musical (III)

En un tercer capítulo de esta mesa redonda, los invitados hacen un ejercicio de autoanálisis y desvelan algunas de sus predicciones acerca de la profesión.

27.01.17
Frankie Pizá

Texto y entrevistas de Antton Iturbe. 

Este es el tercer capítulo de una serie de 3 que van destinados a analizar el pasado, presente y destino del periodismo musical. 

Hace falta renovarse; unos piensan en un reset total y otras voces congenian en que es importante fomentar la diversidad para así hacer más rica y coherente nuestra propia tradición periodística:

“La escritura sobre música debe parecer tan diversa como la música misma, es la única manera lógica. Además, tener personas más diversas trabajando juntas crearía una cultura mucho más rica y acceso a más tipos de música”.

–Shaina Machlus.

En el primer capítulo se asentó el debate, en el segundo se analizaron las deficiencias y lo que queda en virtudes. En un tercer capítulo de esta mesa redonda sobre el valor actual del periodismo musical, los invitados hacen un ejercicio de autoanálisis y desvelan algunas de sus predicciones acerca de la profesión. (FP)

Aïda Camprubí: Ante todo, chica riot, bajista con actitud #powerviolence en un grupo de punk, librera en la Lino Microllibreria Mutant de Blackie Books, runner nivel hooligan del Primera Persona, coordina el BCBlog de BCore y las secciones de opinión y libros en Gent Normal. Lo del periodismo, en su caso, es casi una cuestión genética. Escribe en Rockdelux y O Estudio Creativo, entre otros. Trabaja más de lo que habla, y eso es mucho decir.

Marta Delatte: Co-foundadora y directora creativa del laboratorio digital www.ellenjames.net, investigadora en género, redes y medios digitales en la Universidad de Hull (UK) y periodista en Broadly, The Creatros Project y VICE España.

César Estabiel: Escribe sobre música desde 1992, colaborando en infinidad de medios desde RockdeLux a Numero Cero, Musica en La Mochila, El País o EfeEme.

Nando Cruz: Periodista musical desde final de los años 80, ha colaborado en programas de televisión como ‘Sputnik’ (Canal 33) y ‘Música Moderna’ (BTV), emisoras (Ràdio Ciutat Vella, iCat FM) y revistas (Popular 1, Rockdelux, Factory). Actualmente publica en ‘El Periódico de Catalunya’, ‘El Confidencial’, ‘Nativa’ y ‘Time Out Barcelona’. Es autor de “Una semana en el motor de un autobús: la historia del disco que casi acaba con Los Planetas”, “Pequeño circo: historia oral del indie en España” y “Mazoni: 31 dies de gira, 31 dies tancat” y participó en el ensayo colectivo “Cultura en tensión. Seis propuestas para reapropiarnos de la cultura”.

Shaina Machlus: Escritora Americana, residente en Barcelona, pro-queer, anti-racista, feminista, profesora de inglés y traductora. Shaina es una de las productoras de Tom Tom Magazine, revista impresa y online dedicada a las mujeres baterías y la política de las mujeres en la música. Sus artículos también han aparecido en varias publicaciones como The Washington Post, Broadly, Shook Down Underzine y Gent Normal.

Javier Blánquez: 20 años de trayectoria, co-editor de los libros “Loops. Una historia de la música electrónica” y “Teen Spirit. De viaje por el pop independiente” (ambos en Reservoir Books), jefe de redacción en diferentes etapas de revistas y webs como Go Mag, PlayGround o Florida135, colaborador / crítico en El Mundo y sus suplementos (música popular, música clásica, cultura en general), colaborador en los últimos 20 años en Rockdelux y otras revistas especializadas o generalistas.

Tamara G. Cascales: Estudió diseño gráfico y periodismo. Ha colaborado en La Rioja, Radio Euskadi, Monodosonoro, Noiz y I Lovetravel y ahora mismo coordina la sección de discos del blog Gent Normal. Paralelamente ha trabajado en labores de comunicación para promotoras como Last Tour, Primavera Sound u Off at Forum y actualmente es coordinadora de prensa de la promotora Cultura Rock y la Sala Apolo.

La presión por obtener el mayor alcance posible termina llevando a los artistas de aquí frecuentemente a priorizar webs extranjeras en sus lanzamientos y comunicaciones. En nuestro querido mundo globalizado lo consideramos algo natural, pero deja claro, por otro lado, el escaso peso internacional de las webs españolas. La supremacía del inglés es un handicap sin duda, pero no creo que sea el único.

El mundo anglosajón está lleno de webs con artículos y reseñas de una calidad incontestable (The Wire, Pitchfork, Tiny Mix Tapes, The Quietus, FACT Mag…) que son referencia para sellos, artistas, promotores y coordinadores de publicaciones.

¿Por qué no tenemos nada similar en España? Yo al menos no lo percibo, hay intentos elogiables por supuesto (sinceramente creo que TIU lo es, p.ej.) pero están muy lejos de aquellas aún. ¿Nos falta verdadera tradición de periodismo y literatura musical?

Aïda: No debemos confiarnos, pero tampoco infravalorarnos. Al igual que tenemos artistas (ej. CARLA) o sellos y festivales (ej.Cønjuntø Vacíø) que se merecen una enorme proyección internacional, tenemos buenos periodistas que han contribuido a nuestra literatura musical, léase a Javier Blánquez, y editoriales que publican pequeñas reliquias nacionales como esta. Porque estamos tan empeñados en obviarnos como en menospreciar el territorio cultural latinoamericano, pero si estrechamos vínculos tal vez podríamos rivalizar con las publicaciones en inglés y establecer nuestra propia tradición más allá del país.

Marta Delatte: Hay iniciativas maravillosas que merecen todos mis respetos por motivos muy diferentes, TIU, HITS WITH TITS, Beatburger, Lapsus… y todas las que no tengo controladas, pero de nuevo, me da la sensación de que, o faltan recursos, o falta capacidad de renovación en el caso de los grandes medios. La innovación –por supuesto, también en modelos de negocio– no es una cosa que suceda de la noche a la mañana, o te comprometes a dedicar unos recursos de manera permanente, o te quedas atrás de manera permanente.

César: Me viene a la mente Concepto Radio. No soy asiduo porque prefiero leer otras cosas que no sean musicales, pero a veces me he topado con textos suyos y he encontrado un aire reflexivo bastante inusual.

Nando: Hace diez años aún me preocupaban estas cosas. Ahora me da igual que determinado artista priorice este u otro medio en vez de concederme diez minutos de su precioso tiempo. Es una dinámica totalmente antiperiodística esa de esperar audiencia. Sale más a cuenta sumergirse a fondo en la obra de ese artista y extraer una reflexión genuina. O hablar con otro músico que sí esté dispuesto a conversar durante una hora contigo.

Todas las revistas alternativas entrevistan a los mismos artistas alternativos. Todos los periodistas hablamos de los mismos tipos de música y en los mismos términos. Es soporífero. Claro que nos falta más tradición periodística. Y más periodismo crítico. Y más periodismo con intención y con curiosidad. Pero todo eso no es excusa porque el periodismo musical ha de saber ubicarse en el presente y el presente es tan distinto al que vivieron los presuntos popes del periodismo musical que muchas de sus habilidades no tienen cabida en la prensa musical actual.

La mayoría de periodistas esperamos que nos sirvan los contenidos en la mesa del ordenador y no buscamos más allá. La mayoría de periodismo musical se escribe sin poner un pie en la calle. Por eso es frío y aburrido. No puede tener vida porque se recibe la información a través del ordenador, se escucha en el ordenador, se escribe en el ordenador y se lee en el ordenador.

La música es una actividad social pero cada vez se trata más como si fuese un objeto inanimado. Y, claro, así de inanimados salen luego los textos. Tenemos asimilados tantos vicios que ni nos damos cuenta de que hay otras maneras de ejercer el periodismo musical. Cada cual puede buscar la suya. Ninguna es mejor que otra, pero si ves que 200 periodistas están en el mismo concierto que tú igual deberías plantearte ir a ver otro concierto y escribir sobre ese al que nadie ha ido. No para ser el más original, sino para dar a los lectores algo que no tienen.

Shaina: ¡Qué gran pregunta para un americana! Supongo que es importante decir que sólo he vivido aquí en Barcelona durante tres años, así que mi perspectiva es muy nueva. En primer lugar, creo que en cuanto a estas “grandes” compañías de crítica musical se refiere, debemos tener en cuenta que gran parte de su poder se basa en el hecho de que son muy ricas.

Creo que España tiene empresas similares, como Noisey Spain (Vice), Playground, Primavera Sound, que tienen mucho dinero y por lo tanto poder. Supongo que depende de cuál es el objetivo final. ¿Es el objetivo final obtener un montón de clics, ganar dinero, ser famoso? ¿Y ser famoso dónde? ¿Ser famosos requiere ser famoso en los Estados Unidos? La globalización ha cambiado totalmente la idea de lo que significa ser exitoso.

Las tendencias recientes llevan a creer que el éxito ahora significa algo global, no local. Pero conozco músicos muy exitosos que sólo se conocen en España y / o en Catalunya pero constantemente venden sus espectáculos y tienen una base de fans increíblemente leal.

La siguiente pregunta es, ¿por qué siempre se trata de tener algo “similar”? Muchas veces en lugar de crear algo único en la cultura española, la idea es crear una “versión” española de la cosa Anglo que ya existe. De esta manera, España siempre está jugando a ponerse al día, está haciendo una segunda o tercera versión de lo que ya está en exceso en América o Inglaterra. Pero este estilo de traducir algo americano al español o al catalán no tiene nada que ver con la cultura y tradición española y catalana, incluso en una comunidad global.

España y Cataluña tienen una increíblemente fuerte y vibrante historia de palabra escrita; me maravillo de la belleza de las canciones marítimas, las sardanas, la rumba catalana, el espíritu de anarquismo y rebelión. Creo que el verdadero problema es que muchas veces estas no son las cosas que son celebradas o continuadas por la gente que vive aquí. La gente no sabe que es genial cantar en un idioma que no sea el inglés en los Estados Unidos.

Yo era directora de la estación de radio de mi universidad y cuando recibimos CD’s de países extranjeros en otros idiomas nos volvíamos locos. Recuerdo que en la oficina de mi estación de radio escuché El Guincho por primera vez y flipé. No habría sido tan especial si hubiera estado cantando en inglés.

Javier: Tradición hay, pero no es especialmente relevante, y está básicamente circunscrita a Rockdelux –no únicamente la revista, sino la cantera que de ahí ha ido surgiendo, y que ha sido una escuela de periodismo musical para varias generaciones, no sé por cuánto tiempo–. A pesar de que Rockdelux no es un producto perfecto, al menos aspira a un ideal: un tipo de escritura cuidada, un celo extremo en no caer en las trampas de la novedad, articular un mundo musical amplio y variado. Quizá Rockdelux haya creado una escuela en la que nos pasamos de serios o de adjetivar demasiado, pero al menos se sostiene sobre una base equiparable a la de otros medios internacionales en la misma línea, desde The Wire al viejo New Musical Express.

El presente es deprimente en general, pero el pasado era sólido también. A partir de ahí se ha podido construir. Por ejemplo, cuando hacíamos Go Mag recibíamos elogios de muchos sellos internacionales. Les apasionaba la línea editorial, y muchos comentaban que no existía nada parecido en Francia, o en Alemania. Tan mal no lo haríamos, tan malo no sería el periodismo musical aquí. Sé de muchos artistas y muchos fans que han crecido con ciertos medios y que siguen dando las gracias por el esfuerzo muchos años después.

Lógicamente, la descompensación es brutal: por alguien que ha apreciado el trabajo del periodista local, hay miles de personas a las que les resulta indiferente. Pero aquí se han hecho grandes cosas, se han publicado grandes libros. En realidad no podía ser de otra forma: España será un país imperfecto, pero al menos no es la Antártida. El problema no es lo que haya habido, o haya dejado de haber, sino el tener que resignarnos a que, probablemente, no vuelva a haber.

Considero que el enfoque de TIU es muy valioso, aunque demasiado avanzado a su tiempo: se parte de la base de que el público es tan infinitamente curioso y vocacional como el equipo de redacción, y la realidad lo desmiente; es una web de vanguardia para un público que no puede, no quiere o no está preparado para estar tan al día.

Lo mismo nos ocurría en PlayGround, hasta que decidimos ampliar el marco -o sea, publicar noticias del tipo “Daft Punk celebran la navidad con un nuevo clip de adelanto de su disco”, o cualquier irrelevancia de esas- y fueron entrando más visitas que mejoraban las estadísticas, pero que nos decían que los contenidos especializados eran los se visitaban menos. Y al final, como la música no daba suficientes visitas, la música terminó por desaparecer, o desfigurarse.

Y entonces yo me fui y ahí se acabó mi ciclo como periodista especializado, para empezar a escribir más sobre música clásica, ciencia ficción, costumbrismo blanco, porno, cómic, libros o lo que me dejen. Gracias a dios, todavía me dejan escribir de música electrónica de vez en cuando, aunque casi siempre tenga que ir a conciertos de Tom Jones, o escribir sobre por qué Bob Dylan se comporta como un borde con lo del premio Nobel.

Tamara: Creo que esto se da más en la escena electrónica que en la guitarrera y puede deberse simplemente a los que los medios electrónicos nacionales son más minoritarios. Pero sí, por ahí van los tiros. No solo falta tradición de periodismo y literatura musical, falta cultura musical. Si pasas una temporada en Inglaterra, percibes como el ciudadano medio tiene una cultura musical impensable aquí. En cualquier bar o pub encuentras un hilo musical aceptable, mientras aquí estaría sonando el que haya sido el hit del verano.

En Manchester, por ejemplo, hay un festival llamado The Warehouse Project que se celebra de octubre a enero cada fin de semana. Teniendo en cuenta que es una ciudad de medio millón de personas y que son capaces de colgar el sold out cada día, semana tras semana, en un espacio de 5000 personas, imagínate si hay diferencias con una ciudad como Barcelona, por ejemplo. Y con un cartel a base de artistas y djs electrónicos de gran nivel, sí, pero que jamás tendrán el poder de convocatoria que puede llegar a tener un grupo de primera línea. Y si aquí falta cultura musical, ¿cómo no va a faltar tradición periodística musical?

Ligado a la pregunta anterior y para terminar, ¿cuáles son tus referentes periodísticos-si los tienes- tanto dentro como fuera de España? ¿Qué medio o qué escritores/escritoras concretos consideras que están haciendo una labor que merece ser destacada y por qué?

Aïda: Leo a pies juntillas y sin importar la firma las entrevistas y playlists de FACT Mag, las reseñas de Pitchfork o Consequence of Sound y descubró mucha música a través de nodata.tv y blckwlls.

De nacional, me alucinan los fanzines Bravas, Nenazas y Orfidal, además de todo lo que escriba Andrea Pérez y Laura Renau –sean letras, poemas, collages o artículos–, me atrapan sus maneras a la hora de sintetizar conceptos.

Roger Pelaez, Valero Sanmartí y diría que todos los colaboradores de Gent Normal, que son personas con mucho carácter, cada uno en su especialidad. Joan Pons en O es mi gurú y Álvaro García Montoliu, porque ha conseguido que me guste el pop.

Marta Delatte: El formato y contenido de la prensa musical en general me aburre muchísimo. Yo estoy 100% por los reportajes largos que exploren ejes de intersección y crítica social con la música, los reportajes multimedia con bien de archivos y referencias, las video-entrevistas con artistas y técnicas, la narración a través de found-footage bien seleccionado.

Creo que el periodista es necesario sobre todo en calidad de editor, seleccionando y dando contexto a documentos relevantes. Para hacerlo bien hay que estar preparado, y la verdad es que veo poca preparación en general. La muerte de Prince y de Bowie o Beyoncé rompiendo Internet con el “Lemonade” resuenan en nuestra sociedad de una manera muy evidente pero muy compleja.

Los medios que tienen redacciones con backgrounds diversos normalmente no tienen grandes recursos, y los medios que tienen recursos no acaban de dar la talla dando contexto a realidades que atañen a minorías de manera crítica e interesante –y aquí hablamos de minorías en relación a poder, no a población, porque si lo sumas todo, en realidad somos más.

César: Tuve referentes periodísticos pero ya no los tengo. Reconozco, como te decía, algún esfuerzo por llevar el texto musical hacia un entorno de debate productivo (que no sea dilucidar si el primero de los Pixies es mejor o no que el segundo: un artificio crítico creado para la supervivencia).

Pero quienes actualmente me hablan en unos términos musicales que me estimulan nada tienen que ver con el entramado del periodismo musical. Sigo escuchando música, pero esta experiencia personal no creo que tenga interés como para exponerla en público.

Nando: Leo muy poco. Y cada vez, menos prensa musical. Y, desde luego, no busco la inspiración o los referentes en periodistas musicales. Un amigo que daba clases de periodismo en la universidad me contó hace años que aconsejaba a sus alumnos que si querían dedicarse al periodismo musical no leyesen prensa musical. En ese momento me lo tomé casi como una ofensa. Hoy le entiendo y le doy toda la razón. Cada vez me interesa menos escribir para los llamados fans de la música. Es un gueto un poco raro y, además, saben mucho más de música que yo. Escribir para gente que vive la música de una forma más natural es mucho más enriquecedor.

Yo picoteo de aquí y de allá porque no creo en esa figura del gurú. Una tuitera sin pelos en la lengua puede ser tan inspiradora con una frase de 70 caracteres llena de faltas de ortografía como un ensayo de Greil Marcus. Un libro como ‘Música de mierda’ de Carl Wilson me ha enseñado más que los últimos 15 años de ‘Rockdelux’. Un email de un amigo contándome lo mucho que le ha emocionado el último disco de Xavier Baró me resulta más creíble que una crítica de cinco estrellas. Y así podría seguir horas y horas.

El periodismo musical español solo se puede regenerar con un reset absoluto y buscando la inspiración lejos del periodismo musical. Si mi intención es escribir para un tipo de lector que no es un entendido en música no me sirve mucho buscar referentes entre los expertos de música que solo escriben para expertos de música. Es un callejón sin salida.

Precisamente en ‘Música de mierda’, Wilson se pregunta cómo sería un periodismo musical en el que quien escribe no siente la necesidad de convencer al lector para que le guste lo mismo que a él. Yo también me lo pregunto y busco la respuesta. De hecho, creo que basar el periodismo musical en el gusto es una trampa. Y salir de ella te coloca ante un inmenso campo de acción. Ahí hay un filón.

Shaina: Estoy constantemente leyendo y escuchando podcasts, así que podría seguir durante horas sobre esto… Mi prioridad es leer cosas de autores que son personas de color, mujeres y / o queer .

Creo que si más gente busca activamente la escritura de estos grupos que se descuidan, tendríamos un aporte más equilibrado de información. Para ser más específica creo que todo lo que Ta-Nehisi Coates escribe es brillante y muy importante. Él tiene una manera de tejer la música rap con la teoría social y política sin precedentes en la actualidad.

En cuanto a noticias, escucho Democracy Now! cada día. Ellos tienen un programa en inglés y español y son una fuente radical de noticias, hacer preguntas e ir a lugares que otros descuidan con demasiada frecuencia. Amy Goodman es un héroe personal mío. Para la cultura sexual, confío en Dan Savage, que es un hombre queer que tiene la mejor información sobre todo lo que tiene que ver con el sexo.

Hace poco leí el libro “The Argonauts” y me quedé absolutamente impresionada, es una reflexión muy íntima sobre la complejidad y la belleza de la experiencia del autor siendo una persona queer.

En Tom Tom Magazine estamos constantemente buscando en todo el mundo para conocer y destacar nuevas bandas que son en su mayoría mujeres, queer, y / o personas de color, estoy muy orgullosa del trabajo que hacemos y creo que es realmente importante.

En términos de medios estrictamente españoles … Todo lo que Lucia Lijtmaer escribe es hermoso, honesto, divertido y totalmente atractivo. Ella es una inspiración para mí. Quique Ramos en Noisey España está trabajando muy duro para encontrar voces diversas y creo que es una persona brillante y un aliado importante para las mujeres. También estoy muy entusiasmada con el último número de Enderrock, que cuenta con María del Mar Bonet en la portada y una lista de 100 mujeres músicas catalanas.

Javier: Cuando empecé, la luz que alumbraba mi camino era la de Luis Lles, era y sigue siendo una máquina infalible de aportar datos y orden dentro del caos que era la música electrónica en los 90 (y toda la música en general, pero a mí la world music no me interesaba tanto como a él).

En cuanto a gustos y estilo de escritura somos muy distintos, pero la capacidad que tiene para crear contextos amplísimos y coherentes no la tiene nadie, y eso se lo envidio y se lo agradezco. Además, continuamente te hacía enfrentarte a tus prejuicios (que los tengo), como cuando te defiende el reguetón. Antes de que se pusiera de moda justificar el reguetón, él ya lo hacía, y sin tanta hojarasca ideológica.

También, en la misma época, leía todo lo que escribía Félix Suarez, que siempre ahondaba en las cosas oscuras y technoides, algo que molaba. Aunque seamos la noche y el día, y él esté ahora medio retirado de todo esto, también aprendí mucho con Oriol Rossell, sobre todo cuando entré en Voice alrededor del 98.

A partir de ahí, son los propios colegas los que te nutren de estímulos y te ayudan a crecer, a la vez que tú les alimentas con tus cosas y amplías su espectro; muchos de ellos han pasado a ser amigos: Freire, los Broc, Piñol, Relats, etc. La diferencia entre un colega y un amigo es que con el colega terminas hablando de música, y con el amigo llega un momento en que ya no. Un pacto de silencio muy liberador.

En el mundo anglosajón, hace unos cuantos años fueron Kodwo Eshun, Simon Reynolds y, más recientemente, Mark Fisher. Por supuesto, Philip Sherburne, el mejor explorador de la música electrónica actual, y el que mejor escribe. De medios de comunicación actuales, no creo que haya que tomar uno solo como referente: me gustan algunas cosas de Resident Advisor (los artículos largos, pero no me convencen las críticas) y de Pitchfork (al revés; me interesaban las críticas y las listas, pero no me satisfacen las piezas largas). FACT Mag es más un lugar donde encontrar pistas, antes que respuestas, mientras The Quietus parece ser lo contrario, un medio en el que descubrir lo inesperado. Aunque para eso siempre ha estado y estará The Wire.

En España, en la actualidad, estamos en un momento delicado. Cuando las revistas dejaron de ser el centro de la escena –desapareció Go Mag y Rockdelux bajó su circulación–, fue un buen momento para ocupar ese espacio desde internet, y el intento inicial de PlayGround fue, posiblemente, el último gran esfuerzo serio que se hizo por renovar el periodismo musical.

No creo que se vuelva a repetir una inversión de ese calado. Pero la fase musical de PlayGround acabó como acabó –básicamente, tomando conciencia de una cruda realidad que antes comentaba: el periodismo musical especializado tiene un tope de público y de ingresos poco modificable, y con eso no se puede hacer pasta; así que para hacer pasta hay que quitarse la música de encima, o apartarla a un rincón–, y nadie ha tomado el relevo en el sentido de ser un medio especializado pero con cierta flexibilidad generalista, que intentara pagar dignamente y fuera el centro de reunión de todos los públicos. Si hay esperanza en que ese espacio lo ocupe alguien, sólo veo dos alternativas: TiU y Beatburguer. Vais a necesitar suerte, y os la deseo de todo corazón.

Tamara: Caitlin Moran es un referente y creo que lo será de muchas mujeres periodistas musicales. Buscó y encontró su sitio en un mundo muy masculino y hace una gran labor pedagógica al respecto en sus libros y ensayos.

En cuestión de crítica musical siempre me ha gustado mucho Nando Cruz. No solo tiene un inmenso bagaje musical sino que escribe de una manera muy cercana y accesible. En este sentido, creo que el programa “Mapa Sonoro” de La 2 de TVE, producido por Goroka, hacía una labor importantísima.

Enseñar grupos y productores nacionales de una manera sencilla y divertida y en absoluto snob, lejos de los sesudos textos de algunas publicaciones. Me gusta también la publicación americana Tom Tom Magazine, centrada en mujeres batería pero que también recoge contenidos sobre música creada por mujeres. Para mi la música no se puede desligar de lo social por lo que veo necesarias las publicaciones que traten de equilibrar las desigualdades de género.

Pero sin lugar a dudas, aunque no es en periodismo musical, el ejemplo a seguir en independencia y capacidad comunicativa, es la periodista Ruth Toledano.