#Roundtable

Quién sabe qué pasará con el periodismo musical (II)

En el segundo capítulo: analizar los problemas, los buenos y malos hábitos de una labor que para unos sigue pareciendo excepcional y para otros debería morir.

25.01.17
Frankie Pizá

Texto y entrevistas de Antton Iturbe. 

Este es el segundo capítulo de una serie de 3 que van destinados a analizar el pasado, presente y destino del periodismo musical. 

La evolución de la crítica musical, y del periodismo en general, se ha unificado de una forma homogénea con el acto de bloguear. Ya nadie tendría las luces de diferenciarlos.

“Escribir una noticia y darle esa pequeña chispa de cinismo, de opinión personal, en vez de limitarse a informar” dijo una vez un literato español en una entrevista de esas en las que se le deja decir cualquier cosa.

Es obvio que todos tenemos herramientas de selección, filtrado y recomendación para actuar como muchos años antes lo han hecho los “prescriptores” musicales, que los intermediarios se difuminan y por tanto lo está haciendo toda una profesión:

“En el momento en que el hobby es masivo –como antes– y los elementos para crear tu propio camino ya no son exclusivos, mucha gente ya no necesita al intermediario, y la selección de la información y la justificación de la opinión se la trae al pairo. Quizá su disfrute sería mayor si se fiara de los intermediarios –se evitaría ciertos discos, ciertos caminos que no llevan a ninguna parte–, pero eso le llevaría más tiempo y nadie quiere perderlo, y además se ha creado un clima de tal desconfianza hacia el crítico que la situación parece imposible de revertir”.

–Javier Blánquez.

Si en el primer capítulo de este debate se recopilaron experiencias en colectivo y se situaron las cuestiones principales, aquí nuestros invitados ya entran en materia y analizan los problemas, buenos y malos hábitos de una labor que para unos sigue pareciendo excepcional y para otros debería morir. (FP)

Aïda Camprubí: Ante todo, chica riot, bajista con actitud #powerviolence en un grupo de punk, librera en la Lino Microllibreria Mutant de Blackie Books, runner nivel hooligan del Primera Persona, coordina el BCBlog de BCore y las secciones de opinión y libros en Gent Normal. Lo del periodismo, en su caso, es casi una cuestión genética. Escribe en Rockdelux y O Estudio Creativo, entre otros. Trabaja más de lo que habla, y eso es mucho decir.

Marta Delatte: Co-foundadora y directora creativa del laboratorio digital www.ellenjames.net, investigadora en género, redes y medios digitales en la Universidad de Hull (UK) y periodista en Broadly, The Creatros Project y VICE España.

César Estabiel: Escribe sobre música desde 1992, colaborando en infinidad de medios desde RockdeLux a Numero Cero, Musica en La Mochila, El País o EfeEme.

Nando Cruz: Periodista musical desde final de los años 80, ha colaborado en programas de televisión como ‘Sputnik’ (Canal 33) y ‘Música Moderna’ (BTV), emisoras (Ràdio Ciutat Vella, iCat FM) y revistas (Popular 1, Rockdelux, Factory). Actualmente publica en ‘El Periódico de Catalunya’, ‘El Confidencial’, ‘Nativa’ y ‘Time Out Barcelona’. Es autor de “Una semana en el motor de un autobús: la historia del disco que casi acaba con Los Planetas”, “Pequeño circo: historia oral del indie en España” y “Mazoni: 31 dies de gira, 31 dies tancat” y participó en el ensayo colectivo “Cultura en tensión. Seis propuestas para reapropiarnos de la cultura”.

Shaina Machlus: Escritora Americana, residente en Barcelona, pro-queer, anti-racista, feminista, profesora de inglés y traductora. Shaina es una de las productoras de Tom Tom Magazine, revista impresa y online dedicada a las mujeres baterías y la política de las mujeres en la música. Sus artículos también han aparecido en varias publicaciones como The Washington Post, Broadly, Shook Down Underzine y Gent Normal.

Javier Blánquez: 20 años de trayectoria, co-editor de los libros “Loops. Una historia de la música electrónica” y “Teen Spirit. De viaje por el pop independiente” (ambos en Reservoir Books), jefe de redacción en diferentes etapas de revistas y webs como Go Mag, PlayGround o Florida135, colaborador / crítico en El Mundo y sus suplementos (música popular, música clásica, cultura en general), colaborador en los últimos 20 años en Rockdelux y otras revistas especializadas o generalistas.

Tamara G. Cascales: Estudió diseño gráfico y periodismo. Ha colaborado en La Rioja, Radio Euskadi, Monodosonoro, Noiz y I Lovetravel y ahora mismo coordina la sección de discos del blog Gent Normal. Paralelamente ha trabajado en labores de comunicación para promotoras como Last Tour, Primavera Sound u Off at Forum y actualmente es coordinadora de prensa de la promotora Cultura Rock y la Sala Apolo.

Admitido ya que es imposible abarcarlo todo y tener una opinión formada sobre todo, la figura del crítico estrella, que pontifica desde el altar para definir el canon general de buen gusto musical, tiende a desaparecer.

El número de opiniones se amplia y diversifica de manera exponencial, de una manera probablemente mucho más justa y cercana a la realidad.

Un aspecto interesante es el de la enorme dosis de patriarcado que hay en esa figura del crítico estrella (todos los ejemplos que se me ocurren son hombres).

Sería estupendo que esta diversificación contribuyera a reducir o eliminar esa dosis.

Sin embargo, por más que uno escarba en las publicaciones online cuesta encontrar mujeres que se dediquen a escribir sobre música. No estoy seguro si se debe a mi torpeza, al hecho de que aún hay mucho patriarcado por superar o a que las mujeres, generalizando de forma un poco peligrosa, no están interesadas en ese papel de crítico musical a la antigua usanza.

¿Tenéis la misma sensación? ¿A qué pensáis que se debe?

Aïda: Hombre, un poco torpe sí. Las mujeres como las meigas, haberlas haylas. He recibido comentarios paternalistas, incluso de amigos, que creen que por sexo o por edad no tengo potestad para escribir de Cohen, de Bowie o de Prince.

No ven todo mi trabajo de fondo, pero publicar mis artículos es la mejor manera de callarles la boca. Venimos del patriarcado pero si paras atención, verás que a tu alrededor hay muchas chicas empezando a ocupar cargos.

A veces solo falta investigar y no quedarse con lo primero que te viene en mente. Es una buena manera de romper este sistema. Si seguís así de obtusos no os daréis cuenta ¡y pronto habremos ocupado el poder!   

Marta: Lo que hay que superar es el vicio de preguntarse por las mujeres así en general. A mi, personalmente, no me interesa relacionarme en entornos machistas. Si me preguntas, ¿la prensa musical española es machista? te respondo claramente que si, profundamente machistas y eurocentrista, toda la prensa.

Para detectarlo nos podemos fijar en  representación de hombres y mujeres en sus portadas, la manera de formular muchísimos titulares o preguntas, la proporción de señores blancos vs “el resto” en las redacciones, y, sobre todo esa misma proporción en los equipos de dirección.

Estamos hablando de más de la mitad de la población, así que si por más que uno escarba, no encuentra, es que no está cualificado para hacer el trabajo de escarbar, y por tanto debe delegar ese trabajo a otra persona.

César: La figura clásica del crítico está fomentada en la acumulación y la competición. Las mujeres son más listas.

Nando: Alguien, no recuerdo quién fue, me sugirió una vez que no hay más mujeres en el periodismo musical porque este es un gremio muy competitivo en el que los periodistas peleamos por ser los más listos, ser los primeros, los más amigos, los más crueles, los más todo. Y que ese entorno en el que todos intentamos tener la razón y convencer al resto de la humanidad de nuestra sabiduría les resulta incómodo y desagradable. No me extraña.

Shaina: No se necesita ningún signo de interrogación aquí. Empíricamente hay una gran falta de mujeres, gente de color, y personas queer escribiendo sobre música (o política, o cualquier otra cosa) en España y Catalunya. Es casi 2017, ¿no deberíamos haber pasado ese punto de simplemente reconocer este hecho? Se necesita acción. Hay tantas, si no más, mujeres con talento, gente de color, y / o gente queer escribiendo sobre música y debemos hacer que sea una prioridad encontrarlas.

Los blancos y los hombres blancos tienen especialmente el privilegio extremo de que su voz sea siempre escuchada (además de estar mejor pagados, tomados con más seriedad, etc.) y es hora de que usen esta voz para ayudar a otras voces a ser escuchadas. Cada empresa debe tener una persona cuyo único trabajo sea encontrar y emplear voces diversas, especialmente en el mundo de la música.

La escritura sobre música debe parecer tan diversa como la música misma, es la única manera lógica. Además, tener personas más diversas trabajando juntas crearía una cultura mucho más rica y acceso a más tipos de música.

Por ejemplo, personalmente estoy tan aburrida de oír a un hombre blanco hablar de una nueva banda psicodélica de tipos blancos que se apropió del estilo de los himnos hindúes tradicionales de un pequeño monasterio en Nepal. ¿Por qué no escuchamos acerca de una banda nepalí real de una persona nepalí real? ¿Por qué este tipo de revisión es menos valorado? Creo que es muy importante que comencemos a preguntarnos qué voces glorificamos y qué significa nuestra cultura.

Javier: No me sorprende que haya pocas mujeres en este sector, lo que me sorprende es que todavía haya gente que quiera dedicarse a esto. Es admirable. Con lo fácil que es ser YouTuber, o con lo satisfactorio que es ser periodista gastronómico, o de moda, con sus cenas gratis, sus viajes, me asombra que todavía haya quien quiera escribir sobre discos que cualquiera puede bajarse y tener en un minuto, o sobre conciertos que alguien te está transmitiendo por Periscope.

Las mujeres son más inteligentes, y aunque en un principio les pueda atraer la música, al poco tiempo se dan cuenta de lo que es esto, o sea, un hobby con poco futuro o con pocas expectativas de resultar rentable y, lógicamente, huyen rápidamente. No creo que nadie se haga periodista musical buscando el lucro (ya sería de inútiles pensar eso), pero al menos que no te arruine la vida.

Ahora más en serio, no creo que ese factor sea especialmente relevante. Algunas de las voces más autorizadas de los últimos años han sido mujeres, lo que ocurre es que ser autorizada no te convierte en relevante. Lo realmente jodido del periodismo musical es vivir exclusivamente de él. Quizá en los 90 o hasta antes de la crisis pudo ser, pero no era Jauja ni mucho menos.

Para hacerlo, necesitas varias cosas: una vocación indestructible –que no es ni masculina ni femenina, sino más bien milagrosa–, que el esfuerzo te lleve hacia alguno de los pocos puestos sólidos que tiene este sector -sobre todo dentro de una redacción, ya sea en medios generalistas o especializados-, y encontrar la manera de complementar tus ingresos con otra actividad, que normalmente es la que termina por imponerse.

El periodismo musical no es para quedarse; es para entrar y salirse. Yo casi que me estoy saliendo desde hace muchos años, porque es que no da para vivir. La situación ideal, que sería la de un público interesado en más información y más opinión de calidad, y unos medios de comunicación dispuestos a aportarla y a exigirla a sus firmas, no se está dando. Por tanto, ni el público exige excelencia, ni los medios la promueven.

Por muy bueno que seas –y hay muchos colaboradores ocasionales de medios muy buenos, pero que escriben muy esporádicamente porque tienen que comer, y para eso deben trabajar de otras cosas–, el recorrido al que se puede aspirar es muy corto.

Las chicas que conozco han acabado entrando en temas de redes sociales, ámbito académico, la fontanería de festivales o sellos (aunque los sellos tampoco es que den mucho de comer), se han pasado a otro tipo de periodismo o lo han abandonado. Más grave que el patriarcado es el miedo a pasar hambre, y hay gente perspicaz que corre más rápido que nadie.

Tamara: Todavía hay pocas mujeres publicando sobre contenidos musicales – la mayoría las encontrarás en blogs especializados y webs, menos en papel -, pero curiosamente hay muchas trabajando en comunicación y prensa en la industria musical, en bambalinas. Me atrevería casi a decir que somos mayoría. Aquí hay algo seguro. Por un lado están las dinámicas que todos percibimos que nos hacen pensar que la mujer no puede o no debe ocupar un espacio notorio, y mucho menos controvertido. No me imagino una figura como la de Víctor Lenore en mujer. No se la tomaría tan en serio ni ofendería tanto. Parece que las mujeres no debemos, y no podemos, meter el dedo en ninguna llaga ni molestar.

Por otro lado, creo que igual no tenemos tanta necesidad de que nuestro discurso sea validado públicamente. O sí la tenemos, pero también tenemos miedo o vergüenza a hacerlo. No estoy muy segura, pero creo que haber presenciado discusiones musicales y culturales en las que cuando la cosa se pone tensa las mujeres nos hemos bajado del carro, significa también algo. No necesito tanto discutir de música, solo disfrutarla y compartirla.

Me gustaría señalar la creación reciente de la asociación Mujeres en la Industria Musical, MIM, que ha comenzado a trabajar contra las desigualdades que rodean a la música, desde trabajadoras, periodistas o artistas. Que las mujeres somos conscientes de la opresión a la que se nos somete es un hecho y que estamos tratando de combatirlo también lo es. Veremos si podemos cambiar las reglas del juego y, por poner un ejemplo, comencemos a ver más “Caitlins Moran” en el periodismo musical estatal en breve.

Pero por otro lado, tengo la sensación de que la crítica negativa bien razonada y argumentada escasea. En muchas ocasiones se ha atacado el supuesto esnobismo de publicaciones como RockDeLux a la hora de “cargarse” a determinados artistas inmediatamente después de haberlos encumbrado, y si bien no voy a negar que algo de eso hay, me parece que también era reflejo de un espiritu crítico y exigente (siempre bien documentado y argumentado) que es muy saludable.

Muchas de las reseñas actuales rozan el texto promocional sin valoraciones ni aportaciones personales de ningún tipo, o son directamente un OK o una nota sin mayores argumentaciones. Todas ellas parecen destinadas a alimentar bases de datos que muestran luego con una cifra x% el valor y la popularidad del disco en el mercado. Acabamos rigiéndonos así, como si hablaramos de rankings FIFA de futbolistas.

¿Dónde está el alma de todos estos artículos? Las alternativas que existen y buscan otro tipo de lenguaje con su público y artistas tienden a nichos cada vez más pequeños.¿Cuál es tu visión al respecto? ¿Ves alternativas? (presentes y futuras) y en todo caso ¿crees que las necesitamos?

Aïda: Ya que hablamos de Rockdelux –que llevan muchos años y más números con sus muchísimos artículos de todo tipo–, quiero destacar lo que veo bonito en ellos en contraposición a las críticas.

Creo que ofrecen una buena visión global de las tendencias internacionales dominantes que llega a nuestro país. Me los he encontrado en el Lapsus, en un concierto de Neil Young, Mykki Blanco o en el de los hermanos Morente junto a Pepe Habichuela, y al comentarlos nunca me han impuesto su opinión sino que se han interesado con ganas por la mía.

Creo que más que esnobismo es pasión y militancia por lo suyo, con una curiosidad infinita de por medio (¡Juan Cervera me descubrió a los Desechables!) y, evidentemente, una línea editorial marcada destinada a un público concreto. Que los lea quien los tenga que leer, y que cada uno hable según su experiencia, la mía está llena de cariño.

Aunque nos empeñemos en defender su calidad artística, el periodismo siempre ha tenido su faceta como herramienta de promoción, desde el envío de discos a pagar a los deejay’s para que sonaran las canciones en la radio y espacios en la prensa impresa. Quizás lo que nos sorprende es que webs/blogs/zines que deberían ser una alternativa -como en su momento lo fueron el Punk de Legs McNeil, el Conflict de Gerard Cosloy, los zines de las Riot Grrrl o un primer Pitchfork- se quieran subir al carro y se dediquen a copiar notas de prensa. Es jodido, sí.

La historia nos dice que aunque no sepamos qué medios veremos trascender en un futuro, podemos seguir los buenos patrones para conseguirlo. Incluso probar nuevos formatos más acorde con la evolución estética y la liquidez de contenido como el caso del blog de O o Visual404.

Debemos repensarnos, respetar nuestro trabajo o desaparecer, porque ya no es solo que hayamos perdido el público, las nuevas generaciones de artistas tampoco nos necesitan (#fukpress). Tienen un contacto directo con sus seguidores. También me pregunto cuál debería ser ahora nuestra función. Mientras tanto, intento trabajar con honestidad.

Marta: A mi lo que me parece un poco preocupante es que a estas alturas las listas y las críticas sigan teniendo un papel tan central en el discurso.

Me explico: las listas y las críticas no van a desaparecer, pero resituemos un poco su relevancia, porque me están cambiando muy poco la vida. Este año me ha cambiado la vida una playlist de DJ Lyneée Denise sobre la obra de bell hook con samplers de audio y música seleccionados con mucho conocimiento y esmero, que además viene con un ensayo maravilloso, porque Lynnée no nos toma por tontas, y eso también se agradece. Aquí es donde la comunidad y los mismos creadores –que a día de hoy tienen una relación completamente diferente con la audiencia, con los documentos y con los archivos digitales–,  está pasando la mano por la cara al periodismo musical.

La alternativa pasa, primero por tomarse en serio el sesgo sistémico tanto en la gestión de temas, como de equipos, como de artistas (aquí me refiero al tono y preguntas de las entrevistas). Las herramientas que tenemos ahora para comunicarnos son fenomenales, muchas veces el problema es que no me interesa en absoluto lo que me están contando.

César: Por lo poco que leo, veo que la crítica musical se ha acomodado junto al producto. Y entiendo que sea así, porque una crítica responsable del actual status quo del pop-rock-“vanguardia” igual nos llevaría a cuestionar el conjunto en sí mismo. Por ejemplo, es válido utilizar criterios basados en el dolor para clasificar un disco, pero igual de válido es cuestionarlo si es o no el camino correcto para la música.

Lo mismo con la electrónica, donde el avance tecnológico a veces parece obligación, donde la novedad en la producción merece puntos extra. Si se trata de seguir sacando revistas, es de valientes decantarse por la segunda opción. Porque ni todos los críticos estamos preparados para llevarla a cabo y supongo que todos los fans se decepcionarían, ya que esperan que las revistas muestren el entorno que conocen.

Nando: La crítica negativa escasea porque nadie quiere problemas. Tengo amigos en revistas que me confiesan que se dedican a un periodismo blanco que no quiere problemas. Así de claro me lo sueltan. Es una posición muy cómoda, claro. El gran problema es que al lector le resbala este tipo de periodismo.

La gran ventaja es que este tipo de periodismo le encanta a los anunciantes y sobre todo a los grupos. Y como todo sabemos, las revistas las sustentan los anunciantes y las promocionan los grupos. Los lectores han pasado a ser un elemento circunstancial para una empresa editorial ya que en casi todos sus audiencias caen en picado.

Las críticas de hoy tienen poca alma porque se redactan de forma funcionarial. Es como dar parte de la existencia de un disco. La inmensa mayoría son positivas o muy positivas. Repasando la sección de discos de una revista parece que estemos viviendo la mejor etapa de la historia.

También ocurre que cada vez tienen menos espacio para extenderse. Cada vez hay más discos y más críticas, con lo cual el espacio es menor y solo hay hueco para la información y apenas nada para la reflexión. Son como catálogos.

En mi opinión, y teniendo en cuenta que hoy el lector puede llegar al mismo tiempo o incluso antes a los discos y les puede dedicar bastantes más escuchas que un profesional del periodismo musical que debe escuchar muchos más discos, la crítica de discos ha perdido todo su valor e interés. Por lo menos, tal como funciona ahora, reducidas a textos de 250 caracteres o mil, en el mejor de los caos, y sin apenas sustancia.

En muchas publicaciones la sección de discos es el apartado estrella, pero a mí me parece el más aburrido. Lo dicho, un catálogo de novedades destinado a satisfacer los deseos promocionales de las discográficas. Textos de promo con firma de lujo a precio de saldo.

A la pregunta de si necesitamos críticas de discos, mi respuesta es no. Yo, de hecho, ya no hago críticas de discos. Como consumidor agradezco que me recomienden discos, claro, pero no necesito esos textos cada día más parecidos a prospectos de medicamentos: con sus ingredientes, su posología, sus tecnicismos…

Shaina: Tiene que haber espacio y estímulo para las críticas negativas. En las comunidades pequeñas, hay a menudo presión para ser “agradable” con todo el mundo (siendo agradable sinónimo de una crítica muy positiva).

También hay una presión social mucho más pesada sobre las mujeres para que sean “agradables”, sean populares y amadas por todos. Y como la mayoría de las bandas están compuestas por hombres, las mujeres que las critican suelen ser etiquetadas automáticamente como “no agradables”, unas perras, mientras que un hombre podría simplemente ser etiquetado como “duro” o “punk”.

Hay mucha presión sobre las mujeres para gustar y amar a cada banda que escuchan, no es fácil enfrentarse a ese tipo de máquina. La misma historia cansina de siempre. Al mismo tiempo, las mujeres que son “sólo uno de los muchachos” son constantemente glorificadas. Así que te puedes adaptar a la idea que los hombres tienen de ti o puedes ser etiquetada como peligrosa. Pero no quiero ser uno de los chicos, estoy orgullosa de mi voz femenina y sé que es diferente.

Porque ser una persona y ser una mujer en un mar de hombres, lo hace especial. Soy una persona seria, intelectual con una opinión, pero porque soy también una mujer, me han dicho muchas veces que esta opinión no es “agradable”. Todos necesitamos aprender la diferencia entre ser amable y respetuoso con una persona y criticar su arte.

El arte a menudo es tan importante para nosotros que se siente parte de nosotros, pero la crítica no es un juicio personal sobre la persona que lo creó. Mi experiencia es que la gente toma cualquier clase de crítica personalmente, y eso no crea un ambiente sano para animar diversas opiniones. Significa que si no estás de acuerdo con todos los demás, eres perseguido.

He escrito reseñas que eran críticas con la escena musical o una banda que fueron contestadas con ataques personales sexistas y antisemitas. Por lo general, cuando ocurren estas cosas, lo tomo como un cumplido. Despertar la emoción en un tema típicamente incuestionable es a menudo un signo de buena escritura y un tema que necesita ser explorado más a fondo.

Creo que es importante señalar aquí también que muchas de las reacciones se producen online, en este espacio virtual extraño de las redes sociales, pero tienen un efecto muy físico en la escena musical también. Si una mujer hace un comentario e inmediatamente encuentra una respuesta sexista de toda una banda de hombres o escena musical formada mayoritariamente por hombres, obviamente es menos probable que vaya a un concierto o se sientan físicamente a salvo.

Es realmente importante recordar que sentirse físicamente seguro en un espectáculo o en cualquier otro lugar, es un lujo que sólo se le da a los hombres heterosexuales blancos. Las mujeres, las personas de color y las personas queer muy a menudo no se sienten físicamente seguros o no tienen la oportunidad de ser físicamente igual en un concierto. Esto simplemente no es aceptable y los hombres blancos deben estar tan enojados por esto como el resto de nosotros.

La solución es tener tantas personas con tantas opiniones diferentes como sea posible. Creo que cuantas más personas sean lo suficientemente valientes como para ser honestas, más gente seguirá. Y ese es el objetivo final, ¿no? Tener una diversidad de personas diciendo lo que realmente piensan acerca de la música. Y luego la siguiente parte es realmente escuchar lo que otros están diciendo.

Javier: La crítica en la actualidad se ha convertido en un ejercicio intelectual, digámoslo así, un poco de salón. En realidad, no es que tuviera un gran público en otras épocas: el periodismo, o la comunicación en sí, en efecto lo tuvieron –un locutor de 40 Principales podía llegar a ser influyente, era importante estar en ciertos programas de televisión, hubo una época en la que salir en portada de una revista era un reclamo poderoso y aceleraba la carrera de ciertos artistas, y ayudaba a vender muchos discos, o a crear un culto local a tu alrededor–, pero ese ejercicio intelectual que digo, el de reflexionar sobre una obra, o un contexto, y emitir un juicio, en el fondo ha interesado a muy poca gente, y la gran mayoría siempre lo ha visto como un acto pajillero, una cosa de esnobs pretenciosos.

Estoy en desacuerdo, pero no se puede negar que esa percepción se ha ido solidificando y, en cierta medida, al crítico se le han tenido un poco de ganas, y más si el trabajo se hacía bien y no consistía únicamente en hacerle la pelota a la discográfica o la promotora de turno, y por tanto metías alguna colleja de vez en cuando.

Hace unos años, era habitual que en las redacciones de los periódicos llegaran cartas airadas de los lectores porque tal crítica de concierto dejaba al artista a caer de un burro, y las historias de vetos a tal o cual periodista para que dejara de recibir discos, o no pudiera acceder a ciertos conciertos, son verdaderas. Mientras los medios de comunicación eran fuertes, la libertad para opinar fue mayor, y mayor la capacidad de resistencia contra las presiones; ahora que los medios de comunicación son más débiles, hay dos opciones: o continuar en la misma línea –sabiendo que cada vez nos atiende menos gente, y que en realidad poco importa lo que se diga, ya que los cauces de opinión más influyentes discurren por otros canales–, o hacer un tipo de periodismo mucho más descriptivo y ligero, que es el que se da en los medios digitales, principalmente. Se trata de no meterse en problemas, de mendigar los cuatro duros de la publicidad de los banners, de quedar bien con los amigos. Para qué ponerse a pisar charcos, si nadie te va a dar las gracias y sólo va a darte disgustos.

La evolución del periodismo musical en internet, y en España, en los últimos años, parece conducir inevitablemente hacia ese punto. Al depender del tráfico, el trabajo serio se encuentra en una situación de desventaja absoluta frente a los contenidos de consumo rápido –algo que no nos haga perder más de 30 segundos, y adaptado a la pantalla de un móvil; ergo un titular sensacional y una nota con decimales–, o frente a los memes y demás alfalfa.

Tengo la sensación de que, salvo una minoría fiel, ya nadie lee, ya nadie se preocupa por ir más al fondo de las cosas. Hay una aldea gala ahí fuera, que resiste, pero que no da para generar volumen de negocio ni para crear corrientes influyentes de opinión. Por un lado, lo comprendo: hay demasiada información ahí fuera pero el instinto básico es fundamentalmente el depredador, el de bajarse un disco, o escucharlo en streaming, y una vez satisfecha la necesidad primaria no hay tiempo ni espacio para la digestión, que siempre es mejor si tienes sales de frutas bien escritas y contextualizadas.

Pero lo mismo ocurre con las series, o con la moda, o con cualquier otra expresión cultural. A la mayoría del público le basta con respuestas binarias: ¿Mola? Sí / No. ¿Me lo bajo? Sí / No. ¿Coincide mi entorno con mi opinión? Sí / No. Así que tengo la sensación de que esto va a menos, aunque por suerte siempre nos quedarán unas minorías curiosas y activas, que tendrán su pequeña porción de información en medios resistentes a la ola de banalidad que desde hace un tiempo nos recubre, siempre y cuando alguien esté dispuesto a sostener una estructura de comunicación en base a unos valores más tradicionales y responsables, y por supuesto reduciendo los costes al máximo.

El periodismo musical en España sobrevivirá, aunque sobrevivirá gracias al amor de unos cuantos, no por la exigencia del público. Creo que si mañana desapareciéramos, como los dinosaurios, nadie nos echaría de menos.

Tamara: Algunos medios funcionan como una pasarela de novedades y la crítica tira hacia la información más que a la opinión. Por ejemplo, si una revista está centrada en las novedades nacionales cubriendo la totalidad del Estado, se va a hablar de grupos que difícilmente aparezcan en otros medios. En este caso me parece normal que la crítica no sea negativa. Ponerle palos en las ruedas a un grupo con poca repercusión, que está buscando su camino con la ilusión de pasarlo bien, es de ser mala persona. Si hablamos de grupos consolidados sí hay margen para la crítica profunda, donde caben las críticas negativas argumentadas.

Si no se leen muchos casos de críticas negativas creo que es por un simple hecho: si no te gusta un disco, a no ser que sea de un artista que hay que reseñar por relevancia, antes que hacer una crítica negativa, simplemente no se hace. Aunque sé de algún caso en el que una crítica negativa no ha sido publicada. Que un periodista no quiera cargar las tintas contra un artista obedece a una cuestión subjetiva del artista, si es el medio quien te lo advierte, es censura, que, probablemente, se convierta en autocensura dado que ya sabes lo que te van o no a publicar. De todos modos, no es lo usual.

Unido a esta cuestión de la crítica musical como medio de promoción, me gustaría hablar de vuestra relación con los propios artistas. A menudo te encuentras con artistas que dan por sentado que la crítica que publiques va a ser positiva y miran el alcance de tu página web para darle prioridad sobre otras a la hora de conceder entrevistas o adelantar contenidos. Esto, en parte, puede ser legítimo y comprensible, pero acaba generando microescenas totalmente endogámicas y autosatisfechas sin capacidad de progresar.

¿Has vivido situaciones similares? ¿Piensas que eres del todo franco la escribir tus críticas? O te ves llevado por la inercia, por el amiguismo o por el deseo de pertenencia a cierta escena a ensalzar discos que en el fondo no te convencen demasiado?

(A lo mejor es que esta endogamia es la manera de sobrevivir como escena y no verse fagocitado o disuelto en la inmensidad. Es otra perspectiva interesante).

Aïda: Un artista al cual no le interesa salir en el medio en el que escribo es un artista que no me interesa más allá que como seguidora. Trabajo duro en lo mío como para perder el tiempo en estas discusiones, y lo explico muy amablemente. Lo mismo con las críticas negativas. Intento informarme antes de destrozar nada, porque muchas veces el desprecio es fruto de la incomprensión, pero una vez he investigado bien, puedo hablar de lo que no me gusta. Lo aprendí quemándome.

Una vez hice una mala reseña de un libro de Marcos Gendre y hablando con él me di cuenta de todo lo que se me había pasado por alto. Sobre las escenas, tengo amigos a los que admiro mucho y sobre los que disfruto escribiendo, pero más que un deseo de pertenencia es el hecho de haber crecido con ellos. Los entiendes y se te contagian sus ganas. Cito a mis favoritísimos Furguson, “my friends are my culture”. Eso también implica que hay confianza para soltar rapapolvos. Franqueza con cariño -y si se puede elegancia-, pero honestidad ante todo.

Marta: Creo que aquí se mezclan varios temas, por ejemplo, los sellos independientes y las comunidades que se generan alrededor de ellos, que vienen a ser como pequeños clusters creativos super relevantes a tener en cuenta. También suele pasar que las periodistas que pertenecen a estos clusters luego escriben las reseñas y reportajes interesantes, me vienen a la cabeza Aïda Camprubí, Alejandra Nuñez o HJ Darger, las amo y respeto mucho profesionalmente a las tres. Voy a ser la pesada del sesgo, pero una vez más me parece esencial ser transparente con las conexiones que uno tiene, y las que uno no tiene.

César: Solo recuerdo un caso en que el artista “recomendó” un cambio de entrevistador al conocer mi nombre. Fue en el caso de Dover. Pero es que entiendo que el artista utilice el medio como canal de promoción y que le importe un pito la disertación contextual o el análisis social que se vaya a marcar el crítico. En este caso, la responsabilidad es del medio.

Lo que te puedo decir es que he escrito 20 años en prensa musical y recuerdo una sola vez que me hayan aconsejado/obligado un cambio de enfoque por connivencia con el artista (fue en Rolling Stone y desde ese momento dejé de escribir para ellos) y otra que directamente no publicaron el artículo (era un texto sobre un grupo vasco en un medio nacional, en el cual también dejé de escribir), lo que me parece más elegante.

Ay, los jefes de redacción… yo siempre les valoraba por dejarme escribir lo que quisiera y después eché en falta un poco de pedagogía que aplacara cierto aire de superioridad.

Nando: Puedes tardar más o menos años en darte cuenta, pero es un hecho: la prensa musical es una herramienta de promoción y así la ven los grupos, las discográficas y las promotoras de conciertos. Estoy convencido de que me he dejado llevar por inercias y por amiguismo a la hora de escribir algunos textos, pero, obviamente, no me daba cuenta o no quería darme cuenta.

Como te digo, ya no escribo críticas de discos e intento ejercer mi oficio desde una perspectiva que me libere de ser ‘el prescriptor’. Ya no lo soporto. Además, desde que existen las redes sociales es cada vez más común el juego de ping-pong en el que el periodista escribe un artículo elogioso del grupo, se lo envía al grupo y este lo mueve por sus redes elogiando el buen olfato del periodista que tan bien lo ha dejado. Y el periodista agradece al grupo que le dé popularidad entre sus contactos. Y el grupo responde que cómo no va a hacerlo tratándose de una de las firmas más prestigiosas… Y así se airean sin ningún tipo de pudor unas relaciones de pura conveniencia ante los cuales el lector debe sentir una tremenda vergüenza ajena.

En efecto, todo este circo es tan pequeño que unos y otros nos damos abrazos para asegurarnos de que seguimos vivos y que aún nos lee o nos escucha alguien ahí fuera.

Shaina: Soy responsable de mis propios estándares de honestidad e integridad y eso ocupa gran parte de mi tiempo. No tengo tiempo ni deseo de juzgar las motivaciones de otros.

Javier: Tengo la suerte de ser una persona bastante asocial, así que mi relación con el mundo exterior, y con las escenas, es superficial en muchos aspectos. Tuve una época de más contacto con todo esto, es cierto, en la que hice buenos amigos cuyo trabajo admiraba y sigo admirando, y en la que pisaba las tiendas de discos, cuando los discos no costaban un riñón, los clubes y demás espacios.

Y es rotundamente cierto que acaban por darse situaciones de dependencia mutua en las que el artista parece ser el elemento más débil: necesita que haya una ola de consenso que justifique su trabajo, y por tanto te buscan, te facilitan sus discos, te invitan a sus bolos, etcétera, lógicamente esperando algo a cambio, aunque sea un poco de amor o comprensión.

Creo que es una situación incómoda, difícil de resolver, a menos que te salgas de ese círculo con giros viciosos y virtuosos, algo que para mí fue bastante fácil, pues en realidad no me apetecía estar dentro todo el tiempo. Así que el deseo de pertenencia no me motiva, más bien el deseo de que me dejen en paz. Cuando he escrito de escenas locales, en cualquier caso, lo he hecho siempre que me ha interesado el trabajo de ciertos sellos, de ciertas redes de artistas o de determinados artistas en concreto, y cuando no me ha interesado la mejor opción es siempre no escribir nada –o hacerlo con una tibieza que contraste con el entusiasmo que se puede desprender de otros artículos mucho más positivos–.

Escribir de manera negativa, sobre todo cuando los sellos son pequeños y los artistas son emergentes, no conduce a nada: te convierte en un sádico y no haces ningún favor. Estos aspectos son mejores tratarlos en privado que cebarte en público con un pobre debutante. Por fortuna, hay suficiente música buena -y en realidad poco tiempo para tratarlo todo- como para saber seleccionar e ir al grano, para no enredarte con la paja.

Tamara: Sí creo que se confunde el periodismo musical con la promoción y que, efecativamente, la crítica negativa escasea. Pero como ya he expuesto antes, creo que se tiende a omitir las ideas negativas porque no nos atrevemos a despedazar el trabajo de un artista, y por propia autocensura. Por no molestar al artista, al medio, o por no labrarte una imagen de periodista carnicero.

En Euskadi hay un conocido periodista musical de un medio gerenalista que no se corta a la hora de despedazar a los grupos, y no precisamente a grupos afianzados en la escena o con cierto estatus. Obviamente entre los grupos es una figura incómoda, que según cuenta la leyenda ha recibido al menos un pescozón por parte de un músico.

Pero es que, ¿realmente hace falta rajar de los grupos de la escena local o regional? No sé, veo muy bien que se digan los puntos flacos del último disco o del concierto de El Guincho, no así de un grupo que suda la gota gorda para grabar discos y salir de gira.