#Roundtable

Producir para el streaming

Cómo escuchamos en la actualidad y qué cuestiones están implicadas en ello: Niño, Sunny Graves, NOIA, One Path, Jesús Gallego o Pablo Martín opinan.

08.11.16
Frankie Pizá

Hace unos días que la música de Neil Young está disponible en Spotify, Apple Music y Amazon Music Unlimited; meses antes ya había ingresado en Tidal, pero hace un año tan solo estaba disponible en Pono, el formato de audio, descarga digital y reproductor de alta calidad sonora que el propio músico ha financiado e impulsado a conciencia.

Young ha perdido la que ha sido su última guerra por la música: después de batallar desde la época de la aceptación del mp3 contra la «baja calidad de audio» como una dolencia para el futuro de la industria, el canadiense ha bajado la guardia y aceptado ingresar en esos servicios de transmisión online que tanto ha odiado.

Se ha ido bajando los pantalones progresivamente: primero dejó que Tidal, el único servicio que ofrece una calidad hi-fi (en Estados Unidos), tuviera su música, para al final acabar en los 3 que menor calidad proponen en su tasa de streaming. “Haced streaming con buen sonido y estaré de vuelta” dijo hace 15 meses, y eso no ha ocurrido: ninguno de estos servicios supera una tasa de bits de los 128 Kbps en sus versiones «estándar».

Años atrás, cuando la RIAA (Recording Industry Association of America) comenzó a plantearse la aceptación del formato mp3 inventado por Karlheinz Brandenburg y su equipo, fue precisamente el departamento técnico el que forzó las primeras negativas: «los ingenieros de estudio odiaban el mp3, el sonido del mp3 era una mierda» cuenta Stephen Witt en el éxito Cómo dejamos de pagar por la música.

El principal argumento de los ingenieros era que «se perdía información con la compresión que efectuaba el mp3»: estaban convencidos de que podían diferenciar entre el sonido de un CD y del mp3, según se cuentan en el libro. Tiempo después, el teórico Eberhard Zwicker consiguió demostrar que esa «información» era inaudible y que el mp3 era más transparente de lo que se pensaba.

Uno más de los indicadores de que la industria musical era torpe y la comprensión y aceptación de los avances tecnológicos se le hacían cuesta arriba; finalmente el mp3 se acabó aceptando y convirtiendo en el principal formato de consumo musical, «porque la calidad de sonido no era relevante para las ventas» y según Stephen Witt, por entonces «la experiencia de audio doméstica solía ser un vinilo rayado en un plato barato o un transistor de radio AM en la playa». «El mp3 sonaba mejor que cualquiera de esas opciones».

Ya con la expansión del audio en mp3, cómodo, accesible, ligero y perfecto para la interacción en Internet, deberíamos habernos preguntado si el decrecimiento de la exigencia por un sonido de calidad afectaba a la forma en la que apreciamos la música o el mensaje «artístico» de cualquier creativo. Cuestionarnos si es un síntoma generacional o un síntoma de que la música «hecha para ser escuchada en un medio concreto» está en clara extinción.

Los aparatos de consumo han cambiado: los reproductores de vinilo y CD han dado paso a los iPod y al smartphone. Nos hemos trasladado de la sala de estar a los auriculares en plena calle para no perder tiempo «disfrutando» la música, sacrificando un contexto favorable por la multitarea a la que nos obliga el presente.

La tasa de popularidad y suscriptores a servicios de streaming está salvando las cifras de beneficio de la música por primera vez en más de una década; los servicios como Spotify o Apple Music suponen un 68% de esas ganancias, unos porcentajes que van a parar en su mayor parte a pagar derechos a las editoriales y a los intermediarios. De esta situación surge una lectura rápida y clara: las discográficas han vuelto a enderezarse y las empresas tecnológicas, las que venden los nuevos soportes para escuchar música, son las que mandan.

Las encuestas dicen que gran parte de la población y usuarios no sabría distinguir entre un mp3 y un archivo a 24-bits; dicen también que más de un 80% de nosotros sabemos o «intuimos» que la «la normalización sonora que llega intrínseca en el modelo streaming perjudica a la música», aunque realmente no nos importa lo suficiente. Un ejemplo claro del poco valor que se otorga hoy a la calidad sonora es el fracaso estrepitoso de Tidal en su escaso año y medio de vida, a pesar de ofrecer sonido en «alta definición».

Todo apunta a que nuestros hábitos han ido cambiando en función a las herramientas más accesibles a nuestro alrededor. El sampleo, por ejemplo, también lo ha hecho: la liturgia de samplear un vinilo cuidadosamente ya apenas existe en los procesos creativos de las nuevas generaciones, quienes samplean indiscriminadamente YouTube y otras fuentes con audio de mala calidad para luego «disimular» esas deficiencias con otro recurso en plena devaluación, el mástering.

Hoy en día creamos música para luego nuestros fans la escuchen en SoundCloud, un sistema que según Pablo Martín (Sweat Taste, Banana Bahia Music), «reanaliza» cada archivo WAV que subimos con sus niveles en «0» generando picos de hasta 1 db en función de la resolución: «en la conversión el programa puede confundirse al tener pocos datos, y deduce que un pico tiene un valor más alto del que tiene en realidad (0), pero como no puede inventarse nada por encima de ese «0», lo que hace es crear una preciosa onda cuadrada (distorsión)».

El debate está en si preferimos «exposición» o buscamos las «condiciones óptimas» para nuestra obra, porque creemos que artísticamente se ve comprometida. Niño lo tiene claro; a nivel artístico, diciendo que prefiere «que la gente escuche mis canciones mal que a lo mejor no las pueda escuchar»; y a nivel personal eligiendo el «acceso a todo»:

«Me da igual, porque sé que a la gran mayoría le da igual. Solo escucho música en YouTube, salto de una cosa a otra. Cuando quiero algo de verdad me compro el vinilo, escucho los wavs, etc. Me siento a escucharlo, a disfrutarlo de verdad. No soy un sibarita, sacrifico la calidad por tener acceso rápido a algo. Muchas de las cosas que hay un Youtube son cosas que quiero oír pero no quiero poseer».

«Frank Ocean que se joda porque cuanta menos gente le escuche peor. Lo primero para mi es que la gente lo escuche y lo disfrute. Él necesita otra forma de monetizar, que es restringiendo» dice el beatmaker al hilo de la nueva tendencia de lanzar exclusivas de contenido con uno u otro servicio. Al mismo conflicto, Sunny Graves apunta que hoy por hoy, «lanzar 300 copias de un vinilo también es igualmente restrictivo»:

«Hay un punto interesante: me acuerdo de entrar en MySpace, hacerme un perfil, y me acuerdo que de repente podía escuchar todo lo que hacían los demás. ¿Qué vale más ahora? ¿Que 300 personas escuchen tu vinilo o que todos lo puedan escuchar?»

Al igual que comprar vinilos en una tienda independiente o hacerlo en un supermercado es una cuestión ética, una cuestión política, comprar o invertir en archivos de audio de calidad también lo es. «La gente no se esfuerza, es más cómodo dejarse llevar, es más cómodo ser asalariado que trabajar por tu cuenta» dice Niño al respecto.

Con la situación, que cualquier productor o aficionado en un estudio casero pueda «sonar» al mismo nivel y calidad que lo haría una producción para Rihanna aporta un ángulo interesante.

¿Qué alternativas reales existen para «mejorar» el streaming? Realmente es una «obligación» que recae en las empresas como Apple Music o SoundCloud o más bien un problema que debemos arreglar nosotros recuperando una «educación» que parece haber desaparecido.

La cuestión general es si estamos ante un problema real o si cada generación escucha la música de una forma diferente. El conflicto inherente de la disminución de la calidad en el sonido de los servicios online va en contradicción natural a la «loudness war» que la industria musical lleva librando desde 1983: la del aumento del volumen en las grabaciones desde ese año y hasta la actualidad.

Invitados:

NOIA: Un proyecto de Pop de vanguardia. La catalana Gisela Fullà se dedica al diseño sonoro y hoy por hoy reside en Nueva York.

One Path: Javier Bilbao es el productor e intérprete detrás de este proyecto en solitario de Hip Hop, R&B y Pop contemporáneo. Anteriormente formó parte del proyecto Infinitum.

Jesús Gallego: Profesional del mundo audiovisual y productor afincado en A Coruña.

Tienes algún reglamento “sonoro” a la hora de producir/crear? Alguna ética o normas: a nivel de volumen, mástering, texturas o las fuentes de tus muestras me refiero.

NOIA: La verdad es que no. Me fío de lo que oigo. Y la distorsión digital a veces es lo que busco. Lo que si es verdad es que mezclo a niveles altos lo cual no da ningún margen de techo para mezclar bien. Pero cuando estoy escribiendo no quiero pensar en nada más asá que cuando siento que la canción esta ya producida, los elementos están ahí, etcétera, agarro los clip gain de todos los audio clips y de una lo bajo todo a alrededor -3db.

One Path: Las directrices que sigo a la hora de trabajar se refieren más a la ética de trabajo o lo organizativo que a lo sonoro en sí. Trato de crear música más o menos acorde a los estándares actuales en cuanto a niveles, pero no dedico especial atención a conseguir un nivel de presión sonora mayor que el resto ni nada por el estilo. Del mismo modo, trato de crear utilizando las mismas herramientas casi siempre por cuestiones de optimización de tiempo y recursos, pero ocasionalmente me salgo de mi paleta habitual. Si es cierto que trato de no usar muestras para las que no tengo derechos, empleo sonidos y librerías para las cuales tengo licencia o de uso libre.

Jesús Gallego: Las texturas que suelo usar son puramente sintéticas porque esa es la estética que me gusta para expresarme. A pesar de que el sampling siempre me ha gustado como oyente no es lo que predomina en mis producciones. Cuando sampleo suelo ser la fuente de mi propio material: grabaciones de campo, sonidos generados por ordenador, voces humanas artificiales o beats antiguos que reciclo para re-procersar. Cuando uso loops de terceros siempre me aseguro que es material libre de derechos, aunque entiendo y aplaudo la apropiación, la cultura del mashup y el cruce de estilos a través de la reinterpretación.

En cuanto a volumen y mástering son modas que casi siempre vienen impuestas por las limitaciones técnicas de cada época. En los 90 la importancia de la radio dio lugar a la guerra de volumen y la sobrecompresión. Hoy en día cualquiera tiene acceso a plugins que te hacen el mástering mediante presets e incluso hay una linea de Waves que únicamente cuentan con un potenciómetro donde ajustas la cantidad de mástering que quieres hasta que te suena bien. Esto hace que mucha gente tenga acceso a un nivel de producción aceptable para muchos contextos. Otro efecto colateral es que permite un abuso de la herramienta sin miedos, por lo que surge una estética de “sobreproducción” cuando un amateur se ve rodeado de ilimitadas posibilidades de software pirateado. No considero esto algo necesariamente malo, sino un producto de la circunstancia tecnológica en la que vivimos que con el tiempo deviene en estética.

Comparativamente, en los 90 y 80 el másterig era caro e inaccesible, por lo que lo natural y genuino (y deseable) era la producción lo-fi, el noise, el grunge y la cultura del DIY con medios limitados. En el momento en que desaparecen esas limitaciones las producciones caras y baratas se tienden a equiparar en determinados aspectos, desembocando en nuevas estéticas amateur.

Las encuestas y los resultados hablan por sí solos: los más jóvenes encuentran caros los servicios de streaming online y las webs de más tránsito en la música son conversores para descargar archivos desde YouTube. Tu qué piensas sobre esto, desde tus circunstancias? Qué utilizas?

NOIA: Yo soy ingeniera y diseñadora de sonido para películas. Estoy acostumbrada a mezclar en salas de mezcla sofisticadas que emulan cines y que tienen un rango de dinámicas enormes y se oyen muchas más frecuencias y puedes ser muy clínico y especifico. Pero con la música no soy muy purista: en general siempre creo que si estás haciendo un buen beat, se traducirá bien aunque el encoding destruya matices. Todos mis beats están hechos con capas de sonidos bastante específicas pero no siento que se pierdan cuando se escuchan por Spotify o Soundcloud. Eso sí, soy picky con mis altavoces.

One Path: Utilizo tanto las versiones gratuitas de los servicios de streaming como Youtube, aunque no descargo demasiada música. Tengo una pequeña librería de iTunes con algunos discos que escucho más, casi todos a buena calidad, pero yo también he bajado archivos de Youtube e incluso los he pinchado o sampleado. Está claro que el público joven quiere mucho y lo quiere gratis, lo cual no parece sostenible a la larga. Como usuario gratuito de esos servicios de streaming no voy a decir que deberíamos pagarlos, pero si existiera una plataforma de streaming que reuniera música, películas, series y libros, probablemente la pagaría (avísenme por si se me escapa alguna), en lugar de acumular suscripciones, cuentas y aplicaciones en diferentes plataformas.

Jesús Gallego: Esto no es nuevo ni debería sorprender a nadie. Los jóvenes siempre han dado preferencia a la urgencia, a la novedad, a la comunicación instantánea y a la economía por encima de los criterios de calidad, como debe ser. El día que esto cambie podríamos empezar a preocuparnos por nuestra juventud. Nosotros solíamos grabarnos las cintas más baratas del súper superponiendo grabaciones 5 o 6 veces hasta que el la degradación del soporte no daba más de si. Lo que importaba era escuchar el hit del momento compartiendo un cuerno de los cascos con tu amigo, nada de eso ha cambiado en esencia. Si YouTube ofreciera audio a 23 kbps en monoaural eso sería lo que estarían escuchando los jóvenes ahora. Personalmente encuentro esto hermoso, no hago nada para ajustar mis grabaciones a posibles degradaciones de servicios, es algo que va a suceder de forma inevitable.

Tan solo el modelo premium de Spotify tiene opción de poner la reproducción a una calidad de 320 kbps. A ti te importa? Pagarías por ese “privilegio”, por un servicio “hi-fi”?

NOIA: Si tengo Spotify Premium, pero es más por evitar los anuncios que por la calidad extra.

SoundCloud también tiene unos conversores raros, pero no sé, en general, creo que puedes proteger tu música cuando la mezclas asegurándote de que no se perderá lo importante escuchado a resoluciones super sofisticadas o escuchado despuás de bajártelo de YouTube.

One Path: De momento, no. Últimamente mis hábitos de escucha han cambiado bastante y creo que esto ha pasado con mucha gente. Cada vez tengo menos tiempo para escuchar discos de un modo más pausado como para apreciar los detalles y la calidad de la música, así que generalmente me conformo con la calidad del streaming. Como ya dije, aquellos discos que más me interesan, sí intento conseguirlos en buena calidad para escucharlos con más atención. Esto es algo que muchos no llegan a hacer nunca, por lo que la calidad estándar parece suficiente.

Jesús Gallego: Técnicamente no hay diferencias apreciables por el oído humano entre un mp3 320 kbps, un AAC 256, un CD o un FLAC.

Los algoritmos actuales permiten obtener incluso ratios de 128 kbps con una calidad asombrosa comparando con el material al mismo bitrate hace 10 años. Estas calidades están expresamente pensadas para redes móviles de capacidad limitada. Esta percepción no solo se ha demostrado numerosas veces en tests A/B para aquellos a los que sí buscan específicamente la máxima calidad, sino que es algo completamente indiferente para el público general.

Cualquiera que intente vender la calidad por encima de estas premisas sólo quiere hacer dinero engañando. Cualquiera que afirme escuchar las diferencias relevantes a estos niveles se engaña si mismo. Además el fracaso de Tidal a la hora de utilizar la calidad como argumento de marketing demuestra la percepción errónea de que dicho criterio es aplicable universalmente. En mi caso pago por un servicio de streaming que primordialmente me da el catálogo que necesito. Exijo una calidad mínima en el material (AAC 256 Kbps) pero a partir de ahí cualquier cosa superior me resulta indiferente.

Crees que este hecho significa más para las anteriores generaciones? Es decir, cuando tu produces tus tracks y las materias, piensas en en el hecho de que se perderán cosas con la compresión?

One Path: Sinceramente, en la mayor parte de los casos no percibo esa pérdida, estoy habituado al sonido del mp3. La escucha de otros formatos, como el vinilo, la tengo asociada a cuestiones más rituales, por lo que no le doy un valor mucho mayor por sí mismo y no me quejo si solo puedo escuchar algo en su versión digital comprimida. Las generaciones anteriores a la mía, que crecieron con vinilos, quizá sufran más este cambio, aunque no sé en qué medida son todos capaces de notar esa pérdida.

Jesús Gallego: Los formatos musicales físicos han ido siempre de la mano de las anteriores generaciones. El fetichismo del objeto, la posesión y admiración del trabajo gráfico que acompaña a la publicación… son todo parte de la experiencia de escuchar música que tenia dicha generación. Imagino que el mismo sentimiento de nostalgia invadiría al entusiasta del fonógrafo de 1920 cuando su experiencia se extinguió con la llegada de nuevos soportes.

Sobre el debate de los formatos físicos me parece interesante analizar el resurgimiento del cassette como medio de expresión. No por parte de una élite hipster sino por una juventud underground también elitista, recientemente interesada en llevar sus canales de transmisión por medios no accesibles para el gran público, chocando de forma directa con la democratización de las nuevas tecnologías.

Vivimos en una época en la que la experiencia de escuchar música ya no es física en cuanto al medio de transmisión pero tiene sus propias reglas, fetiches, estéticas y rituales físicos igualmente. Los altavoces del móvil, la radio china por bluetooth que te regalaron con los cereales o los bajos exagerados de los Beats de moda son algunos de los contextos. El soporte final es música comprimida, por lo que aunque siempre guardo las versiones de mi propio material en crudo lo que acabo publicando siempre es comprimido. Nunca he encontrado diferencias significativas entre ambos resultados, al menos no hoy en día (puede que hace 10-15 años si).

En cuanto al mástering si que tiendo a retener un poco graves y agudos porque se que la mayoría de los equipos actuales van a tender a enfatizar los extremos del espectro. Como antes comentaba, en los 90 se masterizaba para emisión en radio, hoy se masteriza para emisión en móvil y Beats.

La decreciente atención hacia la “apreciación” en las producciones es un síntoma de algo, crees? Quizá estemos hablando de un cambio en el significado de la música en general…

NOIA: Siento que si a veces escuchamos música actualmente y pensamos, hostia, esto suena delgado, suena demasiado a «laptop music», esto es algo que no tiene que ver con la compresión sino con el proceso creativo. Si a veces hay producciones que suenan genéricas, sonidos que te parecen demasiado «ableton basic user», pues esto es algo que puedes cambiar en tu manera de componer, de crear capas de sonidos, en el sampleo, ser más personal, hasta usar más filtros analógicos. Yo soy bastante barroca en mis producciones pero no siento que en la compresión del streaming online se pierda el mensaje o los detalles.

One Path: Por supuesto, estamos entrando en una era donde el consumo cultural lleva unos ritmos muy distintos, la vida media de los productos parece más corta y nuestro periodo de atención parece también reducirse. Las causas y consecuencias de esto son un tema delicado y que llevaría su tiempo estudiar para encontrar conclusiones más allá de lo tópico. Como todo cambio, hay que aprender a adaptarse y no dejarse llevar por la nostalgia, pero al mismo tiempo ser consciente de qué se pierde y qué se gana.

Jesús Gallego: Es un síntoma de que las herramientas profesionales que hace 20 y 30 años eran elitistas se han democratizado, no solo en calidad sino también en usabilidad para el productor amateur. El uso y abuso de dichas herramientas software (compresores y EQ de alta gama, efectos como el autotune) generan sin duda nuevas estéticas que serán contrarrestadas de nuevo por futuras generaciones en oposición natural.

Esta forma de pensar te lleva a pensar que artísticamente el mensaje del músico puede verse, digamos, “disminuido” por las condiciones sonoras de los servicios de streaming?

NOIA: No, creo que te puedes proteger con una buena mezcla/master que deje las frecuencias claras para que se traduzca bien en cualquier setting. Pero para hacer una buena mezcla, es bueno tener buenos speakers, buenos conversores, etcétera. En mi opinión.

One Path: Considero que el mensaje de un músico se puede transmitir por múltiples vías y formas y no siempre depende de las condiciones técnicas. Incluso llegaría a decir que la música consumo más extendido no depende en gran medida de estas condiciones y se puede adaptar a distintos dispositivos de reproducción. La música que realmente se ve afectada por esto es probablemente más minoritaria e igualmente tiene sus medios para transmitirse de un modo más adecuado, al igual que un público más comprometido por lo que en la práctica acabarán encontrando la vía para que ese mensaje se transmita efectivamente.

Jesús Gallego: No, son todos suficientes para lo que han sido concebidos: transmisión de música en dispositivos móviles y escucha en auriculares con ecualización extrema. El músico no ha de sentirse disminuido sino adaptarse al nuevo contexto porque todos los artistas que vienen detrás ya lo hacen en esa dirección.

Aunque hay mucha gente que todavía descarga wav o compra archivos FLAC, es usual ver cada vez más la técnica de samplear de YouTube, tanto para temas de audio, producción o vídeo. Parece que las liturgias del sampling, lo de poner un vinilo y coger algo, se están perdiendo…

One Path: Ya no es una cuestión únicamente de calidad, sino de tiempo. Muchos han tomado la decisión eminentemente práctica de utilizar aquello que les ahorra tiempo y ahorrarse lo que es fundamentalmente un fetiche. La cuestión de la calidad parece ser menor en la mayor parte de los casos. Parece absurdo creer que se samplee vinilo en una SP1200 para conseguir más calidad que en un mp3 volcado en FL Studio.

Jesús Gallego: WAV y FLAC no tienen nada de especial mas que el efecto placebo que ejercen sobre el coleccionista que ve su pasatiempo morir. El resurgir del vinilo en la población blanca de mediana edad es un reflejo temporal de que dicha población tiene los medios económicos que no tuvieron durante su juventud y se afanan en dedicar tiempo y dinero a ello, propulsados por la nostalgia. Esta anomalía también morirá con el tiempo dejando paso a otras nostalgias.

En SoundCloud, por ejemplo, aunque haya usuarios que suben wav, el streaming va comprimido. Crees que algunos servicios deberían mejorar este factor? Por qué a nadie parece importarle?

NOIA: Bueno la tecnología no es buena o mala, no? La calidad del vinilo es distinta de la calidad de la compresión digital que lleva youtube, por ejemplo, pero no tiene que ser bueno o malo, todo evoluciona. Tampoco podemos ser tan nostálgicos, son colores distintos. Es distinto leer un libro en papel o en un ebook: cada cosa tiene sus pros y contras.

En el fondo es todo workflow, a veces samplear vinilos te aleja más de la computadora y te hace fluir mas porque no te metes a tanto a Facebook o las redes sociales, pero a veces todo es mas fácil si te descargas un disco antiguo en YouTube y es más rápido el proceso del sampleo, no?

One Path: Cuanta más calidad, mejor, claro, pero en la práctica muy pocos hacen una escucha que permita apreciar el cambio y probablemente aunque la mayor parte del público así lo hiciera, tampoco lograría apreciar una diferencia notable. Además, ¿de qué sirve reproducir en wav si se escucha a través del altavoz del móvil o unos auriculares de RENFE?

Jesús Gallego: La compresión de Soundcloud es mala pero esta muy por encima de lo que hace YouTube. Aún así generalmente son matices que un oído entrenado con equipo dedicado puede diferenciar y el publico general no. Algo más exagerado sucede en la cultura visual, en la que Instagram, Tumblr o Twitter tienen algoritmos de compresión gráfica de diversos grados de destrozo.

El estilo glitch en los GIF nace de los errores producidos por estas alteraciones, y definen una determinada época tecnológica y sus limitaciones, lo cual encuentro muy interesante. Quien sabe, es posible que las limitaciones en los servicios de streaming acaben dando lugar a accidentes felices, como que la falta de ancho de banda se cargue una frecuencia y subvierta la intención original, para bien o para mal.

Tiene esto que ver crees con un proceso de involución cultural? Me explico: en general, las nuevas generaciones prefieren poder escuchar lo que quieran en vez de buscar una calidad óptima, y algunos artistas de los que siguen viendo este tema como crucial para su música, no quieren que su obra deje de estar disponible en las principales fuentes…

NOIA: Yo no lo veo como involución cultural. Cada adolescente o persona en general en su cuarto puede hacer música, puede compartirla. Todos somos como ninjas que ahora tenemos acceso mucho mas fácil al sampleo y a crear sonidos. Eso es bueno y democrático. Mola también la gente que se toma en serio la artesanía de las frecuencias, la calidez de lo analógico.

One Path: Hablaría de un cambio en los usos, pero nunca una involución. Si considero que mi música necesita escucharse a cierta calidad para ser disfrutada y entendida, pero el público de los servicios de streaming mayoritarios no entiende ni se interesa por esa calidad, directamente me estoy equivocando si quiero usar esos servicios para dirigirme a esa gente y tendré que buscar un público que comparta esos valores conmigo.

Antes de quejarse porque la calidad es mala y al público no le importa habría que preocuparse por educar el oído de la gente. Si no saben escuchar, es poco probable que se vayan a preocupar por exigir una mayor calidad. El salto generacional es tal que para muchos jóvenes lo habitual es escuchar música en altavoces de ordenador, móvil o como mucho unos cascos minúsculos, por lo que la cuestión de la calidad queda fuera de lugar.

Jesús Gallego: No hay involución porque las nuevas generaciones de cada época, como explicaba antes, siempre anteponen la urgencia y la economía a la calidad. Negar este orden de intereses es empecinarse en no querer ver la realidad. Muchos artistas se quejaban de las malas grabaciones piratas de directos en cinta durante los 80 y 90 pero nadie les hacía caso, quizás sólo nuestros padres.

También hay otra constante: la disminución del precio, cada vez damos más por menos. Antes había que comprar un disco para poder escucharlo al completo, y tan solo teníamos la radio para hacernos una idea o elegir. Ahora está todo disponible y el factor sonoro está quedando relegado a un segundo o tercer plano…

One Path: Todo esto me parece un desarrollo de lo mismo: los usos del consumidor han cambiado mucho recientemente y no podemos esperar que vuelvan al estadio anterior, de modo que solo podemos adaptarnos y educar al público para que pueda tener el criterio necesario, pues solo unos pocos son conscientes de la problemática de esta situación, así que de nada sirve quedarnos el problema para nosotros.

Jesús Gallego: El avance tecnológico lleva implícito una bajada en los costes. Sin esta ley nuestros ordenadores costarían 50000€, nuestros microondas 2000€ y nunca podríamos pagar un vuelo en avión. El acceso universal al catálogo musical mundial no puede ser otra cosa que una buena noticia, igual que el acceso universal a la información que proporciona internet.

Hay ciertas costumbres que desaparecen por el camino como la idea de “disco” como formato basado en soporte físico que deja de carecer de relevancia, o las asociadas a las realidades de una distribución limitada.

Lo que sucede es que, viniendo de ese contexto, la apertura del acceso provoca ansiedad entre los que sufrieron escasez en el pasado. De todos modos cualquiera debería ser capaz de adaptarse aprendiendo a dirigir su atención e intereses de forma más activa, en contraposición a estar pasivamente guiados por los criterios de una crítica musical sesgada y parcial. Si para algo ha servido el acceso universal de bajo coste a los catálogos musicales es a que cada cual encuentre su camino a su propio ritmo.

Evidentemente el factor sonoro queda relegado a segundo plano frente al catálogo pero como ya he explicado anteriormente esto siempre ha sido así para la mayoría.

Qué piensas del “mástering” en sí mismo? Realmente, con esta situación, a qué nivel sigue siendo necesario y dime si realmente crees que existe cierto abuso a nivel de “precios”.

NOIA: Bueno el mástering tienes razón que puede ser un poco confuso de entender y a veces no tiene porque ser necesario.

Psicológicamente a mi me parece interesante que si estas creando un cuerpo de trabajo (unos cuantos tracks que quieres sacar como si fueran una pequeña familia sonora), que quieras darle una pasada de ecualizar y comprimir para que todas tengan un color similar. Homogenizar vaya. Claro ahora con tanto plug in que te permite hacer eso, hacer que todo suene más fuerte, más brillante, es difícil saber si quieres gastarte la pasta en contratar masterización analógica. Pero claro, también te da otro color.

Jesús Gallego: El mástering siempre será necesario porque entra dentro del proceso normal de la creación musical. El mástering puede incluso ser una oportunidad creativa o una fuente de “accidentes felices». La duda más frecuente en los foros de producción musical es siempre “por qué mis mezclas no tienen pegada” o “como puedo conseguir un sonido brillante y profesional”, la respuesta siempre es mezcla y mástering. Las soluciones software hacen que obtener unos resultados aceptables sin un ingeniero sean una realidad.

En cuanto al nivel de precios imagino que te refieres a las tarifas de los servicios de streaming. Me consta que muchos jóvenes se buscan la vida para compartir cuentas de Spotify o aprovechan promociones asociadas a otros productos de telecomunicaciones etc. En general todo el mundo usa YouTube y los más espabilados/veteranos aún recordarán una cosa que se llama Soulseek.

Todos hemos pirateado y lo dejamos de hacer en el momento en que nos resulta incómodo y no tenemos tiempo para ello pero sí podemos pagar un servicio de streaming. La industria es perfectamente consciente de esta mecánica y YouTube genera futuros consumidores de servicios de pago, por lo que se hace la vista gorda en muchos casos.

Digamos que todo es parte de un engranaje que funciona de forma bien planificada.