#One Track Mind

One Track Mind: Pulse X

La primera y definitiva anomalía dentro del UK-Garage que desembocaría en el Grime, escribiendo sus rasgos básicos: los 8 compases, la urgencia, la singularidad y la obligación para los MCs de decir más con menos

22.10.15
Frankie Pizá

Fue en 2012 cuando «Pulse X» comenzó a creerse la condición de veteranía; era el momento en que un simple ritmo instrumental firmado por Musical Mob era reinterpretado por varios contemporáneos como Visionist, Slackk o Pedro 123 por orden expresa de Liminal Sounds, un sello británico que basa parte de su ética club en las raíces y rasgos del Grime. Eran ya 10 años acumulados por aquel vinilo en formato 12″, una década en la que la mitología a su alrededor ha ido aumentando y colocando al track en el kilómetro cero del género.

Un punto de partida que bien podría ser compartido junto a «Creeper» de Danny Weed o «Eskimo» de Wiley; aunque, el primero contiene demasiado artificio como para ser considerado así, y la obra de producción más valiosa generada por el Eskiboy tiene demasiada personalidad como para servir de molde.

Wiley patentó su propia forma de construir instrumentales en la transición que le llevó de la crew Pay As U Go a Roll Deep, con sus melodías intrigantes y frialdad, sin esconder la conexión de los ritmos con el 2-step, y por su parte Youngstar (nombre real Daryl Nurse) consiguió sentar las bases de un género con tan solo una caja de ritmos, una línea de bajo y dos bleeps idénticos que, si los escuchamos bien, parecen disparos o, más bien, proyectiles.

«Pulse X» fue la escuadra y el cartabón del género, a nivel teórico y práctico; aquellos simples trazos resultaron en el primer ritmo que obligaba a los MCs a expresarse dentro de la concreción que ofrecían los 8 compases (a diferencia de los 16 compases comunes que tiene cada verso en el Hip Hop), a decir mucho más con menos palabras; significó la apertura definitiva de una vía alternativa en el terreno del UK-Garage, un hijo no deseado que brotó sin saberse previamente de las consecuencias.

Poniéndolo en contexto y situándonos en 2002. El UK-Garage era una de las fuerzas más dominantes (aunque ya se observara su desviación hacia escenarios más oscuros y menos eufóricos y azucarados), y el Grime no estallaría a nivel local gracias a Dizzee Rascal hasta un año después; los instrumentales no poseían el valor de hoy en día, ya que no comenzaron a verse como recursos como tal y a adoptar el hábito importado del Dancehall (en el que muchos artistas dan su propia versión o colonizan un mismo instrumental) hasta que no aparecieron en escena nombres como los de Rapid y Dirty Danger, el núcleo de Ruff Sqwad.

No existen fechas oficiales, ni tampoco una prueba que califique a «Pulse X» como el primero, ya que la época era un tiempo plagado por dubplates y copias privadas; ha sido la unánime respuesta y consideración de las generaciones venideras dentro del movimiento y otras escenas como la de club las que han colaborado a ponerle la medalla.

«Pulse X» significó la primera anomalía de un género anómalo por naturaleza, por su carisma básico y minimalismo: su concisión fue el mejor espejo posible para que todos aquellos jóvenes con PCs usados de las afueras de Londres comenzaran a expresarse con la urgencia que proponía el ritmo, a lanzar incisiva verborrea y desprenderse de excesiva parafernalia. El Grime quería ser un jab de izquiera, frío, directo e inesperado.

El género posee un latido especial que no es comparable a nada ni hoy ni hace 13 años. Grime no es ni fue una respuesta británica al Hip Hop estadounidense; su desarrollo se generó en un ámbito tan localizado como impenetrable hasta hace tan solo unos años, desembocó a partir de influencias dispares y que «Pulse X» no haya sido reeditado hasta el momento es buena prueba de ello. Es en dicha matriz, esa molécula, en la que parece se puede adivinar el pasado, presente y futuro del género.