#One Track Mind

One Track Mind: Otis

Vini Reilly, sus arpegios de guitarra y uso visionario del sampler en contexto Rock se adelantaron décadas a la sensibilidad y calidez que, en productos electrónicos de hoy en día, hacen servir como característica productores como Jamie xx, Pional o John Talabot.

03.06.15
Frankie Pizá

Con «In Colour» y su producto de música de baile para todos los públicos, su embriagadora mezcla de aires post-Rock, R&B, Gospel, patrones House clásicos y ese particular aderezo de sonoridad tropical que forma la característica y accesible manera de ver la música electrónica desde los ojos de Jamie xx, ha llegado una nueva obra en la que el grueso del público no totalmente familiarizado con el género volcará su entusiasmo.

Y con razón: el británico es un productor excelente, conocedor de una gran variedad de disciplinas y con un don muy particular para hacer encajar piezas sonoras o elementos a priori, esquivos; basta observar cómo entrelaza una interpretación insípida como es la de «Loud Places» con una muestra del coro más famoso de la discografía de Idris Muhammad; o cómo consigue descontextualizar sin hacer daño a Popcaan y, más concretamente, a Young Thug, voluntariamente encasillado en el perfil street Rap y que nunca pensó protagonizar ninguna canción del verano. Al menos de esa manera.

Escuchando el álbum al completo, lanzado por Young Turks después de mucha resonancia previa y fanfarria, la notable calidez de todas las producciones y singles es lo que acaba sentándose en el poso del que escucha, y a mi específicamente, recordándome de una forma inesperada, a uno de los cortes que mejor cuajarían dentro del trabajo si Vini Reilly hubiera sido el encargado de configurarlo o crearlo directamente. Esas cosas ocurren de repente: esa luz llega no se sabe de dónde, y te encuentras escuchando un single que no pasaba por tus oídos desde hacía un lustro.

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Jamie xx utiliza al igual que lo hace John Talabot o Pional, Sau Poler y otros productores de esta generación que ahora mismo no tengo retenidos en mi cabeza, las armonías Pop de una forma gentil y sobre todo moderada, controlando muy bien el color de las notas que van a sostener la canción en la memoria de los oyentes y sabiendo servir un producto ligeramente adictivo y desengrasante, equilibrando los rasgos de cada una de sus influencias sin inclinarse ni mojarse el pie en ningún charco. Eso también es un arte, y el público mayoritario que les sigue no es inventado.

A ese grueso de gente se les podría reclutar y un buen día hacer que escucharan con los ojos vendados «Otis», el tema central alrededor del que gravita «Vini Reilly», lanzado en 1989 a través de Factory y que dista mucho de las primeras grabaciones del conjunto The Durutti Column, por aquel entonces ya el proyecto en solitario del pianista, excelente guitarrista y cantante del mismo nombre, Vini Reilly. Parece mentira que hayamos tenido que ir a buscar una canción tan semejante a la realidad electrónica que más engancha hoy en día a uno de los largos menos inspirados de un proyecto que nació con alma post-Punk y derivó en el ecuador de su existencia en un conglomerado insostenible en el que lo único que brillaba era, precisamente, la guitarra de Reilly.

Formados 11 años antes por el gran Tony Wilson (fundador de Factory, presentador de «So It Goes») y Reilly, formaron parte de la gran edad dorada musical en Manchester, junto a otras formaciones como Joy Division, Happy Mondays, A Certain Ratio, etc. Es en «Otis» donde se observa y constata que Reilly, además de genial a la guitarra y pedales, fue uno de los pioneros en la introducción del sample y la muestra pre-grabada en un contexto Rock.

vini reilly

Ese arpegio ascendente y soleado, conjugado con las voces de Otis Redding («Pain In my Heart») y Tracy Chapman («Behind The Wall») y los pellizcos de guitarra parecen haber sido ideados o imaginados por un cerebro tan capacitado como el de Burial, modelo y estándar a la hora de proyectar la emoción nostálgica en una práctica electrónica basada en la reformulación de patrones venidos del hardcore continuum. Incluso la percusión insinuada y natural, totalmente en segundo plano, cuadraría hoy en día con nuestra visión de un producto similar.

Al parecer y según cuenta la historia, fue el propio Tony Wilson quien convenció a Reilly de utilizar samples en vez de su propia voz, ya que pensaba que el músico era brillante en todo menos en la interpretación vocal; aquel fue el comienzo de la explotación de la técnica por parte del británico y la incorporación progresiva de otras cantantes femeninas que aportaron una nueva sensibilidad al proyecto.

«Otis» es de esas canciones que hoy por hoy adquieren mucho más contexto y coherencia del que tuvieron en su día, de las que han necesitado varias décadas para resaltar por sus propiedades. Aunque en su naturaleza es similar a muchos discursos electrónicos de hoy en día, y la utilización de los samples es claramente ejemplar y visionaria, he visto oportuno aprovechar esta sección para reclamar la atención sobre ella. Es muy probable que el propio Jamie xx haya aprendido algo de ella durante sus años de educación musical.