#Crónicas

El Festival VillaManuela se perfila como una de las citas de referencia en nuestra geografía

Aunque un cartel apasionante y arriesgado fue parcialmente desmerecido por defectos que deberán corregirse en el futuro, y algunas de las propuestas no brillaron como esperábamos, VillaManuela se sitúa como el festival que el público de la capital necesitaba desde hacía tiempo.

14.10.15
Pau Cristòful

Texto de Frankie Pizá y Pau Cristòful

Fotos de Denisse García

Este pasado fin de semana, parte del equipo de TIU nos desplazamos de Barcelona a Madrid para asistir al Festival VillaManuela, evento que reunía un buen puñado de propuestas interesantes repartidas por el centro de la capital y del que fuimos uno de los medios oficiales (si te apetece puedes repasar las previas que dedicamos a ESG, Matana Roberts, Girl Band, el Electro Chaabi y la psicodelia valenciana).

Una vez medio superada la crisis post-Madrid Arena que consiguió acabar con la versión madrileña del Primavera Club, con sus tres ediciones el VillaManuela parece destinado a convertirse en el festival de referencia entre el underground de la capital española.

Sin embargo, tres años de trayectoria no acostumbran a ser suficientes para la consolidación de un festival y más aún cuando el reclamo del mismo crece edición tras edición. A nuestro parecer, este año el VillaManuela tuvo una oferta artística envidiable que en parte quedó deslucida por algunos aspectos a mejorar en un futuro.

Es el caso, por ejemplo, del sonido amortiguado y faltado de matices de la sala principal (Teatro Barceló), que castigó los conciertos de ESG y Moon Duo (en cambio, The Sonics sonaron allí implacables). El otro punto bajo que recordamos de esta edición es el colapso de la Sala Siroco el viernes por la madrugada, que dejó a un importante número de asistentes sin poder disfrutar de las actuaciones de Girl Band y C.P.I. pese a haber comprado su abono o entrada de día.

No obstante, la excelente sonoridad que presentó la Joy Eslava en los conciertos del domingo y el hecho de que el sábado no se repitieran las colas en el Siroco nos hace confiar que un repaso en las ubicaciones y la logística del festival pueden hacer ganar muchos puntos al Villamanuela de cara a próximos años.

Empezamos nuestra ruta con el que se anunciaba como el último concierto europeo de ESG (foto inferior). El espíritu de la icónica banda se transmitió intacto a todos los asistentes al Teatro Barceló. Bastó la presencia de la líder y vocalista principal Renée Scroggins para que la esencia del combo no perdiera ni sus virtudes ni sus defectos; en ningún momento evitando su condición de amateurs, ESG sabía y sabe que en su minimalismo y simplicidad está su gran poder, reside toda su energía.

Como bien comentamos en el artículo especial sobre el proyecto, las hermanas del sur del Bronx resultaron la síntesis esencial del sonido neoyorquino del ecuador de los 80; sus composiciones son tan solo grooves de percusión y bajo con un aspecto cercano al post-punk, pero con ritmos y estructuras amables y adictivas, tocadas e interpretadas por varias generaciones familiares con el mismo entusiasmo que antaño. Fue un concierto lleno de nostalgia y cariño, que era lo que ya se esperaba.

Seguidamente nos trasladamos hasta la sala Siroco, con un llenazo que no auguraba el mejor contexto para Matana Roberts. Sin embargo, la saxofonista originaria de Chicago consiguió hipnotizarnos y magnetizar el público con un concierto de una intensidad sobrecogedora, sobretodo teniendo en cuenta el factor experimental de su propuesta y el hecho de que se encontrase sola sobre el escenario.

La actuación se centró en la reciente tercera entrega de su serie COIN COIN, «con la que mediante 12 trabajos la saxofonista estadounidense pretende indagar en la historia y el legado cultural de los últimos 300 años de sociedad afroamericana«.

Como en la grabación de «Coin Coin Chapter Three: River Run Three» (Constellation, 2015), Matana Roberts fundió fraseos y apuntes de jazz en nebulosas de ambient y drone que creaba con sus pedales de expresión y su sampler. Una actuación arriesgadísima que podía haber resultado dispersa pero que sin embargo sentó un memorable ejemplo de cómo se tienen que ejecutar propuestas de este tipo, con una inmersión y un misticismo reforzados por los vídeos en loop que se proyectaban sobre su figura.

Pese a que el concierto en general estuviera enfocado en el mencionado tercer álbum de COIN COIN, Matana Roberts también incluyó referencias a las entregas anteriores. Un claro ejemplo fue el final con la parte vocal de «Libation For Mr. Brown: Bid ‘Em In…» cantada a modo de blues pregunta-respuesta entre ella y el público. El hecho de que los asistentes termináramos cantando al unísono reafirmó el poder de su música.

Tras ella, Girl Band (foto superior) ofrecieron la que fue sin duda la mejor actuación del festival, superando incluso las altas expectativas que teníamos. Con solo un disco debut y varios EPs, la banda dublinesa consiguió llenar una hora de actuación sin que le sobrase ni un solo minuto, manteniendo la tensión en todo momento.

Sonaron varios temas de su álbum, «Holding Hand With Jamie» (Rough Trade, 2015), pero por suerte también recuperaron acertadamente temas anteriores como «De Bom Bom», «The Cha Cha Cha», «Lawman» y, para cerrar, su versión del tema de Blawan «Why They Hide Their Bodies Under My Garage?».

Mientras sonaba esta última, Marc Piñol nos comentaba impresionado que la banda le había recordado la primera vez que había visto a Liars en directo. La verdad es que encima del escenario el cantante de Girl Band (Dara Kiely) ciertamente recuerda a una versión de Angus Andrew físicamente enternecida pero musicalmente igual de feroz y desquiciada. Girl Band han dejado de ser una promesa para convertirse directamente en una de las mejores bandas de la actualidad.

Tras ellos, despedimos la noche con el set de C.P.I.: el dúo formado por Hugo Capablanca y Marc Piñol apostó por una sesión puramente techno, con progresiones lineales, algunos ritmos rotos, apuntes techno, ecos tribales y un tempo revolucionado que debía de estar sobre los 130 bpms. Ideal para la hora en la que estaban programados y el alboroto neuronal que nos habían causado Girl Band.

Ya en el sábado, la psicodelia abrasiva de Moon Duo perdió matices debido a la sonoridad del Teatro Barceló y su concierto nos resultó demasiado plano y lineal, sobretodo comparándolo con la actuación ciertamente monótona pero también impactante y expansiva que realizaron este martes en Barcelona con motivo de la presentación de las Converse Made By Apolo.

En cambio, tras ellos unos septuagenarios The Sonics (foto superior) consiguieron por fin hacer sonar bien la sala principal: los que se consideran los padrinos del punk y uno de los mayores exponentes del garage demostraron seguir en buena forma, con un concierto profesional y una ejecución y actitud que mejoró notablemente lo que vimos en el Primavera Sound 2008. Su actuación alternó temas de su reciente último disco, más que correcto teniendo en cuenta que es el primero que publican en 50 años, con clásicos incontestables como «Psycho», «Strychnine», «The Witch» y su versión del «Louie Louie».

Tanto el viernes como el sábado, el showcase de Jägermusic ubicado en la sala El Cielo (ubicada en el piso superior del Teatro Barceló) funcionó bien a nivel de asistencia durante los interludios de la sala principal, pero en cambio quedó duramente castigado cuando sus conciertos coincidían con los de los cabezas del cartel del festival.

El encargado de abrir la segunda jornada de la sala Siroco fue Rumore (foto inferior), otro de los perjudicados por los problemas de sonido. La propuesta del italiano afincado en Barcelona necesita envergadura, intensidad. Sin esa fuerza, el co-fundador de Discomaths puede desmerecerse y no resultar tan distintivo. El directo del italiano se basa en la jam session en vivo y plantea un acercamiento club que va cocinándose poco a poco, con ritmos 4×4 rotundos y mucha densidad. En el Villamanuela no se le vio cómodo con la apuesta sonora y por ello su propuesta deslució y no fue comparable a anteriores presentaciones.

Tras él, Demdike Stare dejaron claro que no son más que un sucedáneo contemporáneo de lo que Sam Shackleton ya ponderaba con maestría en 2005. Al menos hasta que la fibra jungle y la experimentación con su ADN comienza a adivinarse en su directo. Realizaron una actuación corta, con un comienzo con un punto esotérico muy visto y algo aburrido y un tramo final con el que mejoraron mucho mediante ritmos agresivos y complejos híbridos de percusión.

Lo que siguió a Demdike Stare fue una de las noches de club más ruidosas, arriesgadas y desquiciantes que recordamos. El colectivo bristoliano FuckPunk (asociado a Young Echo) llegó para probar nuestros límites: pese a actuar en una hora en la que el cuerpo ya pide ritmo, Ossia basó su actuación en unos sonidos que parecían una partida de pong para esquizofrénicos. Giant Swan crecieron en potencia y magnetismo, creando la antesala ideal para la antológica actuación de Vessel. Llevamos años siguiendo la trayectoria de este último artista, pero nunca habíamos podido disfrutar de una actuación tan desbocada como la del pasado sábado: con el artista sin camiseta ni zapatos sacudiendo a base de vigor industrial y ruido una audiencia totalmente entregada que le rodeaba totalmente, ya que actuaba bajo del escenario. La guindilla del pastel fue el último tramo, en el que el resto de artistas de FuckPunk que habían actuado anteriormente se sumaron a Vessel para culminar la noche con un breve pero intensísimo live conjunto.

Muy diferente fue la sesión con la que los miembros de FuckPunk cerraron la noche, entre la experimentación radical y la tomadura de pelo: temas de ritmos rotos con tempo lento y textura metalizada alternada con progresiones eternas de techno lineal y música tribal saturada, todo esto sin conexión alguna.

Pese a estar familiarizados con la música ruidosa y experimental, durante la noche algunos de los asistentes necesitamos salir varios minutos de la sala para relajar nuestros oídos bajo la lluvia.

En cambio, en la Sala Taboo se respiraba un ambiente muy distinto, menos cargado, aunque no menos atractivo tras la sólida y progresiva sesión de Odil Broc, quien se encargó de dejar el mejor clima para la llegada de Chelis. Hay dos tipos de Chelis: el que está cómodo y el que no. Cuando el aragonés lo está, es capaz absolutamente de todo. Tiene tal surtido de influencias y herramientas que es capaz de hacer bailar a cualquiera, y siempre haciéndolo con coherencia. Cuando algo falla o el equipo o la sala no están a la altura y el guión se atasca, no es el Chelis que conocemos.

Aún así, el que es uno de los selectores más brillantes de nuestra geografía defendió más de dos horas de actuación pasando por desconocido material boogie, R&B de los 80, italo disco y dialecto club primitivo, concluyendo en un surtido cósmico que desprendía una armonía total con el inicio de la sesión. Chelis es de los pocos que afronta los conflictos con la misma clase que afronta los buenos momentos y consigue que el espectador disfrute de la experiencia pase lo que pase.

La actuación de este DJ es perfecta para explicar e ilustrar sobre las virtudes y defectos por pulir de la cita de la capital: existe una línea editorial y gusto coherentes, con mucho futuro, muy buenas intenciones aunque una clara falta de práctica en la ejecución. A pesar de estos flecos por cortar, las expectativas sitúan a VillaManuela como el festival que el público madrileño necesitaba desde hacía años.

Por último, el festival se cerró con una última jornada en Joy Eslava que contó con unos conciertos de Golden Teacher y EEK feat. Islam Chips, de los cuales nos han llegado excelentes críticas. Finalmente, Villamanuela se despidió definitivamente con una fiesta en la sala Siroco cuyo cartel se desveló unas horas antes: pincharon allí Damian Schwartz y el dúo de Glasgow General Ludd. Abrió el cartel sorpresa un live de Prostitutes que los afortunados que lo presenciaron cuentan entre lo mejor del fin de semana. Nosotros lo veremos esta semana en el Unsound.

Así pues, una pena no haber podido disfrutar como tocaba de este último día que por lo que parece realzó notablemente el regusto final del Villamanuela.

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