#Crónicas

Sónar+D, una excursión al futuro próximo

El anexo de Sónar crece y se consolida esta edición como una parte fundamental para entender la evolución del festival barcelonés.

22.06.16
Frankie Pizá

Texto de Ikram Bouloum Sakkali.

Fotos de Denisse García. 

La cuarta edición del Sónar+D ha cumplido una vez más como laboratorio de investigación de los nuevos paradigmas presentados durante los tres días del festival. La amplia carta de expositores y conferenciantes que hemos presenciado, nos han acercado a los nuevos filones de investigación que se están llevando a cabo, y así mismo, nos ha servido para jugar a articular el escenario de las múltiples realidades del presente con las del futuro, desde una vertiente reflexiva y analítica.

Es de esta forma, como algunos de los artistas y mentes más lúcidas del panorama han aproximado al público general nuevas formas de repensar el momento en el que nos encontramos, sin dejar de ver los caminos que se están trazando. De una forma carismática pero también crítica, Sonar+D  ha puesto sobre la mesa herramientas e informaciones teóricas y científicas que han servido como forma de gestación amplia y panorámica del nuevo ideario tecnológico, político, cultural, artístico y creativo, resultante para seguir pensando en claves de futuro cómo evoluciona el mercado; y de esta forma, las nuevas vías de consumo, que de una manera u otra, van redefiniendo y encaminando nuestras experiencias personales.

Brian Eno fue el encargado de inaugurar el Sonar+D. Con un discurso en plural, destacó la  importancia de la cultura y el arte como formas de pensar y cambiar el mundo. Definió la cultura como espacio que propicia el lenguaje para una divergencia del contexto social guiado por términos económicos, y como esa «cosa nostra» para construir y pensar juntos y de forma pública lo que nos gusta y nos disgusta. Por otro lado, no dejo de resaltar la esencialidad de una sociedad interconectada y cooperativa donde el individuo, como ente especialista, es imprescindible como tal.

La ciencia y la tecnología también tuvieron protagonismo como motores de evolución, eso sí, recalcó que eran dos ámbitos que necesitaban de la comunidad creativa y artística para generar los valores éticos y morales. Su argumento final de clausura fue la premisa de que el arte es para los adultos lo que para los niños es jugar; justificando que tal y como los niños aprenden jugando, nosotros aprendemos a través del arte.

COP ART: Vigilancia, arte y la nueva ética de los datos fue una de las conferencias más relevantes del evento. La directora de proyectos de investigación en Microsoft Research Kate Crawford, cuyo trabajo consiste en investigar el impacto social, político y cultural, abordó el tema de la inteligencia maquinaria y la inteligencia artificial, y de como estas nuevas mecánicas están cambiando las nociones de seguridad y privacidad.

La dinámica comunicativa que se produjo fue muy interesante. Sus palabras sirvieron para romper con la inocencia de la fascinación del virtuosismo técnico. Un choque de realidad de 40 minutos, que nos enseñó que estos nuevos artificios que trabajan con la cultura Big Data, son legitimados por un mirada predominantemente homogénea.

Una visión masculina y blanca, capitaneada por hombres en traje, con un alto poder adquisitivo, que están imponiendo unas estrategias de análisis de los datos, definiendo así las estructuras y políticas de esta inteligencia, de forma poco diversa y poco creativa.

Es por eso que Craword hizo hincapié en la importancia de tener una comunidad creativa y una producción artística que dialoga, de una forma crítica y estética, sobre sus políticas y éticas, adquiriendo así un rol de agentes de debate sobre lo que funciona y lo que no, y estableciendo así formas de cambio en el futuro de las AI Sistem.

No obstante, la charla con Google Data Arts y Domestic Data Streamers, moderada por Olga Subirós, sirvió como eje conector para visualizar otra forma de lectura del infinito mar de datos que se genera. Donde los chicos de Domestic hablaron de sus intenciones artísticas de utilizar los datos como una vía material de expresión emocional, y no como estadística.

Por otro lado, Spotify en su charla sobre Discovery Weekly & Taste Profiles habló sobre otro de los comunes denominadores: el algoritmo como herramienta de personalización, que facilita la construcción y la configuración de nuestros gustos de forma refinada y automatizada. Un campo in crescendo que cada vez requiere más de sí, para acabar con la sobresaturación en tiempos de aceleracionismo tecnológico, y maximizar y enriquecer nuestras experiencias sensoriales sin colapsarnos en el boom de información de la era Internet.

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Como contraste, cabe destacar que uno de los highlights del Sónar+D es su forma de conectar y complementar la programación musical del Sónar con sus contenidos teóricos. De allí que su máxima se vea reflejada en los tech-shows con innovación escénica y procesos de producción más avanzados en el discurso creativo. En tal caso, Gazelle Twin no dejó indiferente con su muestra de futuro imaginado con una performance audiovisual de ‘The Suburbs Dream Of Violence’ que cautivo a todo el público.

En cuanto a los apartados dicotómicos, cabe señalar las conversas de Kode9 y Lauwrence Lek y la celebración de los veinte años de raster-noton, con Olaf Bender y Carsten Nicolai.

En la primera, tuvimos el placer de asistir a una expandida explicación del aparato visual del álbum “Nothing”, que más tarde presenciaríamos también en el escenario Hall: el espacio ficcional «The Nøtel». Goodman y Lek nos expusieron toda la teoría del hotel fantasmagórico poblado por drones. Una extraña utopía especulativa, proyectada en el futuro, y vacía de vida como forma de sustento económico y medioambiental. Un vacío psicológico, que entre otros apuntes, remite a la forma digital online de inmortalidad recargable.

En la segunda, tuvimos una solazada aproximación al sello raster-noton, y a los matices de sus procesos de creación a lo largo de estas dos décadas. La experimentación a través de los sistemas de computación que han establecido a lo largo de su evolución visual y sonora les han llevado a varias premisas tres de ellas son la de “no repetición”, la de concebir el límite técnico de lo tecnológico como una posibilidad potencialmente estética y esencial en su arte, y la de ser fiel a su profundidad humana y no al hype del momento.

Como forma de clausura, no podemos olvidar otra parte importante de la muestra: El MarketLab, donde hemos podido ver algunos de los proyectos, investigaciones, y laboratorios tecnológicos más destacados del año. Entre ellos The Black Box by Absolut, donde jugando con las percepciones sensoriales hemos podido crear ilusoriamente sensaciones de confusión táctil a través de Absolut Relative.

El proyecto IMPRIMIDA, del Instituto de Arquitectura Avanzada de Catalunya, con los que hemos visto impresiones en 3D de los objetos de estudio que están llevando a cabo sus artistas y diseñadores, queriendo amplificar el lenguaje expresivo a través de indumentarias concretas. O así mismo, la nueva app de Patchworks, Bangers, planteada como un Instagram de creación musical instantánea con el móvil, o las Oculus que había expuestas, con sus distintas realidades de 360 grados, y sus nuevos planteamientos de narrativas virtuales.