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Primavera Sound 2015: mastodóntico cómodo y superación de (bajas) expectativas

03.06.15
Pau Cristòful

 

Texto por Pau Cristòful y Frankie Pizá

Fotografías: organización

Pese a que a priori el cartel de este Primavera Sound fuese considerado por muchos como el peor de los 15 años de historia del festival barcelonés, finalmente la cantidad de opciones disponibles a cada momento, el factor extra de contar con espacios únicos como el Auditori y la presencia de algunos artistas infalibles hizo que, a pesar de todo, el regusto final sea positivo.

Hace ya muchos años que el Primavera Sound ha dejado de ser ese festival casi familiar en el que acudían poco más de 10.000 asistentes diarios con un perfil tirando a gourmet, así que no tiene sentido reiterarse con comparaciones nostálgicas. Ahora estamos hablando del evento musical más importante de la península y de uno de los más destacados de todo el mundo. Una cita capaz de reunir hasta 50.000 personas diarias a golpe de reclamos como The Strokes y The Black Keys pero a la vez capaz de programar nombres de riesgo como Sunn O))) y Swans. Por cierto: las actuaciones de los dos primeros han sido calificadas casi unánimemente como lo peor de la edición, mientras que las de Swans y Sunn O))) han sido de las mejor valoradas junto con otras que no pudimos presenciar como la de Run The Jewels y el concierto de Patti Smith recuperando el emblemático «Horses» (Arista, 1975).

El Primavera Sound es indiscutiblemente un festival mastodóntico. Por otra parte, la experiencia acumulada en la producción ha conseguido que, a pesar de todo, este Primavera Sound fuese mayoritariamente un festival cómodo en el que pudimos ver los conciertos que deseábamos sin demasiadas aglomeraciones ni tampoco sufrimos las colas que marcaron algunas ediciones anteriores.

Este es el repaso de nuestra ruta por la decimoquinta edición del festival:

Jueves

Pese a que en su momento anunciamos el tributo a los «Instrumentals» de Arthur Russell dirigido por Peter Gordon como el «imprescindible rotundo» de esta edición, finalmente fue una de las decepciones más sonadas. Aunque la formación contara con músicos destacados como Rhys Chatham, Ernie Brooks, Peter Zummo y Gavin Russom, la sensibilidad que esperábamos se quebrantó por una aura amateur que hizo que eso sonara como una partitura de Terry Riley interpretada por el desparecido grupo vicense de folk rock Mates Mates.

La banda catalana Ocellot, con su primera incursión en el catálogo de Foehn Records ya en el mercado, demostraron que no son tan solo orfebrería de estudio cuando irrumpieron con una gran presencia y peculiar extravagancia en el escenario Pitchfork, interpretando algunos de los singles incluidos en «Jelly Beat» y evidenciando el progresivo cambio de dirección estilística que les sitúa en sonidos más preparados para el club, aunque manteniendo su esencia psicodélica.

Poco después, Sierra Leone’s Refugee All Stars inauguraron el Heineken Hidden Stage con un concierto festivo en el que combinaron ska, reggae y afrobeat. Entretenido, sí, pero tampoco destacable.

Pocas opciones mejores se nos ocurren para ver en el escenario Ray-Ban a las 20h que Giant Sand (foto). El grupo liderado por el carismático Howe Gelb cuenta con 30 años de trayectoria que les confirman como una formación emblemática del country y la americana. En esta ocasión actuaron con una extensa alineación de músicos con la que repasaron su último disco, el reciente «Heartbreak Pass» (New West, 2015). Pese a prescindir de clásicos, Giant Sand siempre entran bien.

Foto: Xarlene

A pesar de no interpretar ninguno de sus éxitos más conocidos e iniciales composiciones que desataron la atención del público internacional en el «Prince del Níger», Mdou Moctar demostró que, en estos momentos, pocos discursos existen en la música africana más coherentes que el suyo. Modesto y más bien tímido, el guitarrista y cantante descubierto por Chris Kirkley en Sahel Sounds dejó boquiabiertos a propios y extraños con sus capacidades y virtuosismo a la guitarra eléctrica, sin excederse en protagonismo y no dejando en ningún momento que la monotonía se estableciese como patrón del concierto. 

Kelela es sobre todo presencia. Su silueta se dejaba entrever entre las luces de color azul y rojo, principal gama cromática utilizada por la cantante de Washington DC en su última entrega creativa. Solitaria y tan solo acompañada de un DJ, la vocalista se bastó para atrapar a los asistentes con su versatilidad y sensualidad, cualidades que dejó constatadas interpretando éxitos de «Cut 4 Me» y su ya clásica colaboración con Bok Bok, «Melba’s Call».

El aragonés Chelis debió encontrar alguna cosa que salía fuera de sus planes (es perfeccionista como pocos y su control del detalle no deja escapar ningún imprevisto), ya que en ningún momento se le notó cómodo al frente los platos (aquel día fue el único que utilizó equipamiento analógico y vinilos para su actuación). Quizá los monitores o quizá la propia selección, que se centró en el deep techno atmosférico, alternando clásicos y otras incorporaciones contemporáneas. Nos encontramos con un Chelis menos ecléctico de costumbre y mucho más lineal de lo que imaginábamos. Quizás fue la presencia de Resident Advisor como promotor y el deseo del fabuloso DJ de adaptarse a las circunstancias. 

Una de las actuaciones más esperadas de esta edición era la de los reaparecidos The Replacements (foto). No solo estuvieron a la altura de los más optimistas sino que rompieron cualquier expectativa, ofreciendo la que sin duda fue uno de los mejores conciertos del fin de semana. 20 temas concentrados en una hora, alternando hits propios como «Alex Chilton» y «Bastards Of Young» con versiones de Joy Divison y The Jackson 5 sin que eso suponiese una pérdida de credibilidad.

Pese a actuar en uno de los escenarios principales del festival, su actitud a prueba de bombas consiguió que eso comportase problema alguno. Si algún día actúan en el Apolo directamente derrumban la sala.

Foto: Eric Pàmies

Para bajar el subidón de adrenalina de los Replacements, nada mejor que acercarse al escenario ATP y dejarse hipnotizar por Spiritualized y su asombrosa puesta en escena. El grupo liderado por Jason Pierce ofreció una actuación mágica y pletórica en la que repasaron éxitos como «Electricity», «Room On Fire» y «Shine A Light» e incluso recuperaron el «Walkin’ With Jesus» de Spacemen 3 para despedirse.

Podrían haber seguido así una hora más, que seguro que ninguno de los religiosos asistentes se hubiese movido de allí. De hecho, el único «pero» que tuvo el concierto fue precisamente esta, su breve duración (una hora escasa).

Con los comentarios del líder de Odd Future sobre el colectivo y su posible disolución exagerados por los medios de comunicación norteamericanos horas antes en el punto de mira, Tyler the Creator se abalanzó sobre el escenario Pitchfork en la que era su segunda incursión en el cartel del Primavera Sound.

Burro y descarado, vociferando y destruyendo a su paso con saltos, exclamaciones de todo tipo y derroche de poca profesionalidad técnica delante del micro, el MC angelino interpretó clásicos y singles de su reciente largo “Cherry Bomb”. Llegó acompañado por Taco y Jasper, dos de los integrantes menos conocidos de la crew.

Fuimos ingenuos al pensar que ver a Sunn O))) en el escenario ATP no tendría sentido y optamos por ir a bailar con Maceo Plex en la carpa Bower & Wilkins. Error: ésta estaba comprensible al máximo de su aforo y para cuando llegamos a Sunn O))) ya no estuvimos a tiempo de entrar en sus drones, que retumbaban con un volumen que hacía vibrar incluso el suelo del final de la rampa de césped que limita el perímetro del recinto. Allí se encontraban varias personas tumbadas y en trance, magnetizadas por la nueva dimensión que toma la música de Sunn O))) en sus actuaciones: la de la experiencia física.

Tras un concierto de Sunn O))) cualquier actuación parecerá sonar floja, pero la verdad es que a Electric Wizard les hubiera faltado potencia de todos modos (más teniendo en cuenta que la ficha del festival les anunciaba como «la banda más dura del universo»). A pesar de esto, la formación emblemática del sludge ofreció un notable concierto guiado por riffs aplastantes y acompañado por unas acertadas proyecciones de aire blaxploitation.

Para cerrar el día, Andrew Weatherall y Tuff City Kids ofrecieron dos acertadas sesiones en las que predominó el house hipnótico a la vez que vigoroso, con toques disco en el caso del dúo formado Lauer y Gerd Janson.

Viernes

Empezamos la jornada del viernes con una de las propuestas más atípicas del cartel: la de la renovadora del flamenco Rocío Márquez. Sus primeros temas, acompañados por Pepe Habichuela, fueron cercanos al inteso despoje de algunas de las piezas del imprescindible «El Niño» (Universal, 2014). Hacia la mitad de la actuación, una formación liderada por Raül Fernández (Refree) sustituyó al maestro y revistió las canciones con electricidad catártica, haciendo inevitables las comparaciones entre este concierto y el «Omega» (Discos Probeticos, 1996) con el que Enrique Morente y Lagartija Nick cambiaron para siempre la historia del flamenco.

Como intuíamos en nuestras 15 recomendaciones previas, fue una de las actuaciones más emocionantes del fin de semana.

Núria Graham demostró su potencial con su concierto en el escenario Pitchfork. Gracias al formato trío con el que está presentando las canciones de su disco debut, «Bird Eyes» (El Segell del Primavera, 2015), esta catalana de apenas 18 años deja atrás los aires folk intimissta de sus inicios para ganar en convicción y matices, sean estos encarados al rock o la electrónica. Una confirmación para aquellos quienes la conocíamos y una revelación para los que no.

Tras el concierto de Núria Graham llegamos a presenciar el final de la actuación de Tony Allen, que había convertido el Auditori en una pista de baile que celebraba la actualización del afrobeat que caracteriza al mítico músico. De haberlo podido disfrutar entero seguramente hubiera destacados entre nuestros mejores recuerdos del fin de semana.

Mientras tanto, Tobias Jesso Jr. vio como el ruido ambiente del festival castigaba sus delicadas perlas pop a piano y voz, resultando imposibles de disfrutar en ese contexto. No fue el único que tuvo problemas de sonido en el escenario Pitchfork, que una vez más fue el más criticado del festival.

Si el jueves el cupo de viejas glorias reaparecidas fue protagonizado por The Replacements, el viernes fue el turno de Sleater-Kinney (foto). La icónica formación riot grrrl ni se acercó al nivel de los primeros, pero aun así ofreció un concierto más que respetable en el que se valieron de energía y desparpajo para recuperar sus temazos, que no son pocos.

Foto: Eric Pàmies

Por otra parte, nunca pensamos que Shabazz Palaces, un grupo del que disfrutamos desde su nacimiento subterráneo a base de álbumes radicales y futuristas y aquellos que llegaron mucho antes que «Black Up» (Sub Pop, 2011), pudiera llegar a aburrir de tal manera. Densos, con versos que se clavan en tu mente como armas arrojadizas, con Ishmael «Butterfly» Butler demostrando por qué es uno de los MCs más valorados y genuinos de su generación: nada de todo esto y ni siquiera su producto único y fuera de cualquier comparación consiguió encandilar al público del escenario Pitchfork, como siempre sonorizado de forma cercana a lo horrible. 

A nadie le extrañó cuando Pharmakon desató toda su cólera contra la caja de ritmos o sintetizador que se había dedicado a utilizar y aporrear durante todo el satánico concierto. La rabia de la neoyorquina Margaret Chardiet cuando ésta sube al escenario es casi equivalente a una fiera en pleno exorcismo: la apabullante luz roja y los gritos de cerdo degollado procesados junto a las bases de aire industrial crean un imponente concierto que ninguno de los amantes de la experimentación y el avant-garde deberían perderse. Sea donde sea.

Si algo tiene el directo de Sunny Graves es que nunca se desarrolla de la misma manera ni tiene la misma naturaleza: los tiempos cambian, la improvisación cambia, Simon Williams es otro y reacciona según las condiciones del escenario y el contexto. Siempre manteniendo ese sonido envolvente y penetrante, su profundidad y evolución lenta, el asentado en Barcelona no cuajó del todo con la carpa en la que actuó, más abierta y menos dispuesta que el año interior. Se puede decir que el sitio no estuvo, a pesar del sonido cuadrafónico, a la altura de la propuesta.

Justo después, Veronica Vasicka entregó el mejor set de techno del festival, sin parar ni un solo momento y encadenando tracks como si de Robert Hood se tratara. Del mismo modo que hizo en la clausura del pasado MUTEK, mostró su faceta más feroz centrándose en un catálogo más propio del sello Citritrax que de su hermano mayor, el aclamado Minimal Wave.

Lejos queda ya ese Jon Hopkins que fue un diamante en bruto del ambient y la IDM más emo. En su paso por el Primavera Sound viró la mayoría de temas de su aplaudido «Immunity» (Domino, 2013) hacia la electrónica pirotécnica, acercándose más al estilo de Paul Kalkbrenner que al recuerdo que los más puristas teníamos de él. A pesar de esto, es imposible negar la efectividad de su propuesta en el contexto de un festival a las dos de la madrugada. El conseguido espectáculo a base de efectos lumínicos y de bailarinas con aros fluorescentes acabó de encender al público allí reunido.

Arnau Sala practicó un set en directo mucho más animado y convencional de lo que nos tiene acostumbrados como Exoteric Continent, dada la situación horaria de su aparición en la carpa B&W. Los ritmos de inspiración industrial y la tonalidad oscura no faltaron y el catalán demostró su buena adaptación a un público que mayoritariamente estaba muy fuera de su contexto.

Incómodo y sin la energía que suele desprender cuando se encuentra a gusto, Dixon mantuvo su papel de selector de lujo en el escenario Ray-Ban implementando house, algún desliz techno y proponiendo varios clásicos que sembraron la felicidad entre los más puristas. Un ejemplo fue el momento en el que clavó “Koro Koro” de No Smoke.

Sábado

Como era de esperar, el concierto que Swans (foto) ofrecieron en el Auditori fue otro de los momentos álgidos del festival. Al final, los de Michael Gira actuaron solamente dos horas y no las tres anunciadas inicialmente, pero esto no impidió que su intensidad arrebatadora dejara sin aliento al público que se sacudía pasmosamente de pie o resguardado en sus asientos. La estructura de la actuación fue una abreviatura del inolvidable concierto que ofrecieron este pasado otoño en Barcelona (el mejor que les recordamos hasta la fecha), empezando por la introducción previa a «Frankie M» y culminando con la extensa y apocalíptica alienación de «Bring The Sun/Black Hole Man».

Cuando terminó la actuación, en los lavabos en los que la gente se fue a refrescar reinaba un silencio absoluto: cualquier palabra sobra a la hora de describir la experiencia de asistir a un concierto de Swans.

Foto: Dani Cantó

Más tarde contamos hasta 300 personas agolpadas en la entrada a la carpa de B&W cuando decidimos abandonarla, saliendo como pudimos por el costado derecho en fila india con otros 5 acompañantes y bordeando la masa de gente que venía a presenciar el final del set de Caribou como Daphni a última hora de la tarde.

Fue una sesión fresca y la más masificada de todo el fin de semana en el escenario Bower & Wilkins, una exageración que no se correspondía con la calidad de lo que propuso el versátil músico y selector. Tiene clase y buen ritmo, sirvió algunos de sus edits de piezas africanas, algunos muy poco conocidos, pero tampoco fue para tanto.

Ya entrada la noche, Mourn aparecieron en el escenario Pitchfork vestidas con americana para reafirmar su potencial de una vez por todas. No solo actuaron con una actitud y una energía impropias de sus 18 años escasos sino que consiguieron ridiculizar otros artistas que habían actuado anteriormente en el mismo escenario, como DIIV y Cheatahs. La gran promesa del indie-rock noventero.

Los israelitas Red Axes se presentaron con todo en la carpa de B&W interpretando algunos de sus singles más conocidos a viva voz y dándoles forma en completo directo, sin apenas estructuras ni material pregrabado. Dori Sadovnik & Niv Arzi demostraron que el proyecto no es tan solo cosa de estudio y que una propuesta tan bailable y singular puede arrancar la atención de profanos y expertos por igual. Después de su decepcionante primer live en el Nitsa club, esta vez saldaron cuentas con el público barcelonés.

Foto: Xarlene

Puedes dejar que la inercia haga el trabajo, dejarte llevar por tu estatus y simplemente asistir a esa cita tan especial en tu propia casa y con tu gente o bien puedes exigirte más y salir airoso, sirviendo una nueva demostración de tu buen hacer y compromiso. Es lo que hizo precisamente John Talabot (foto) con su sesión especial inclinada hacia la música disco en la carpa Bower & Wilkins.

Fue un set prodigioso, fiel y complejo por momentos, en el que sonaron instrumentales de referencias de Prelude y otros sellos neoyorquinos conjugados con edits a los que se les había incluido cuantización extra y otros discos contemporáneos de la misma esencia. El momento cumbre fue cuando T. Connection hicieron su aparición y el público se vino literalmente abajo.

JMII, el ex-integrante de Aster, tiene un set original y que no cae en la complacencia ni siquiera en lo convencional: viéndose ágil y genuino al mismo tiempo y pasando por house, deep house, techno y otros patrones y hasta incluyendo alguna referencia a la primaria historia electrónica patria (Chimo Bayo). Como Arnau Sala, la lástima fue la recepción del público, más pendiente de otras cosas.

Despedimos nuestro festival con C.P.I., la celebrada alianza entre Marc Piñol y Hugo Capablanca. Como era de esperar, el dúo ofreció un set con largos desarrollos hipnóticos, cósmicos y distópicos. Claro ejemplo fue el remix Club que Gilb’R ha firmado del «Metallik Cages» de Etienne Jaumet, que sonó hacia el final del set y antes de que el equipo de Hivern pusiera el broche final con una sesión b2b.