#Crónicas

Primavera Club y los sonidos que emergen en el corazón del Paral·lel

24.10.16
Aleix Mateu

Fotos de Denisse García y Dani Cantó. 

Texto de Aleix Mateu y Frankie Pizá.

El planteamiento del Primavera Club es a primera vista irreprochable: una programación variada llena de nombres poco conocidos de aquí y de ahí, antesala perfecta para la propuesta madre, el Primavera Sound.

Un fin de semana de bandas con más y menos seguidores que pretenden acercar a un público muy variado al ADN Primavera.

La organización toma la concurrida y céntrica Sala Apolo durante todo el fin de semana a un precio relativamente reducido que busca potenciar la asistencia de todo el festival: 15 euros el pase de un día (aproximadamente el precio de una noche en la Sala Apolo) y 25 los tres días, viernes, sábado y domingo.

Esta propuesta consiguió agrupar a un público muy variado y a la vez disperso, que se mostraba en la variable atención y asistencia a los distintos conciertos.

Extrarradio parecen un diamante en bruto expuesto con cierta impaciencia: después de un EP en el que definen un sonido cercano a lo amateur pero con un aspecto genuino entre la sencilla psicodelia y un informal Hip Hop, su directo para abrir el Primavera Club desveló que están más cerca de un lado que de otro.

Su fuerte es el tono y la cadencia, también lo que cantan, pero en ningún caso la raíz Hip Hop. En un concierto donde supieron mantener la atención de una audiencia que todavía estaba llegando al Apolo, se desvelaron seguros de lo que hacen y de lo que les hace especiales. A falta de entrenamiento, todo apunta a que asistiremos a la definición de la propuesta en los próximos años (o meses). (FP)

Museless era otro acto basado en Barcelona que presentaba su directo en el Primavera Club. A Laura se le notaba nerviosa, pero supo manejar como una mujer-orquesta todo su equipo y recursos a la perfección.

En este tipo de conciertos suele ocurrir que falta claridad sonora, que los elementos se agolpan sin diferenciarse; Museless supo moldear y mostrar su sonido al público sin errores. Dejó buenas sensaciones: a medio camino entre el Pop melódico convencional y la experimentación electrónica, con canciones bien formadas y como decimos, lo más importante. Sonar como ella quería. (FP).

El danés Samo DJ quiso inicialmente no verse sucumbido por aquella tónica o fuerza invisible que lleva a todos los DJs que pisan Barcelona hacia un camino lineal y un hábito poco arriesgado.

Consiguió armar una sesión en la que se retrató ante los allí presentes: materia club entre el House y el Techno, con momentos singulares y algunos edits para el recuerdo. Firma de autor, muy personal, pero sin perder la noción del entretenimiento. (FP).

Ya en la noche del sábado, la actuación de River Tiber llegaba después de una muy concurrida actuación de Minor Victories, que a pesar de tener un público completamente estático, consiguieron llenar la Sala Apolo. El trio canadiense hicieron lo propio en la 2, pero quizá por ser una formación más joven que se ha estado moviendo por las aguas de SoundCloud durante mucho tiempo, atraía un público más enérgico a las primeras filas.

A pesar de que en momentos echáramos en falta la vertiente más electrónica de sus canciones, su discurso fue totalmente coherente con las ganas y la honestidad de su interpretación, que empezó por canciones R&B de tono relajado para moverse casi en su totalidad en baladas acústicas sobre las que el líder entonaba sus registros Soul y sus compañeros de formación aportaban coros al unísono.

Uno de los pocos momentos en los que toda la sala vibró fue cuando el cantante anunció la canción titulada «Barcelona«. Un momento solo superado por la pasión que despertó el selfie grupal que River Tiber hicieron. (AM).

Poco después de esto se preparaba en la sala de arriba Ash Koosha, el productor iraní que se presentaba con una de las propuestas más alejadas a la de los otros grupos del festival.

Con sus particulares visuales en 3D de cuerpos humanos deformándose en paisajes digitales y su música dislocada, ultrafragmentada e igualmente deforme, consiguió despertar pasiones entre el público interesado, a la vez que vació un poco una sala poco llena de por sí. (AM)

Un Tessela apático, que fue a lo seguro pero aún así supo dejar su marca en la Sala Apolo. Esa marca significa vibraciones old-school rave primarias, retro y contemporáneas: contundente, el Russell pequeño dejó producciones propias, Techno, Hardcore y oscilaciones hacia el Jungle en un set que también supo desmarcarse ligeramente de las expectativas generadas previamente.