#Crónicas

MUTEK [ES]: Una propuesta sólida sin salirse de los márgenes

07.03.16
Frankie Pizá

Texto de Frankie Pizá y Aleix Mateu. 

Fotos de Alba Rupérez para MUTEK [ES].

Cada vez es más difícil sorprender con una propuesta dentro del formato festival más habitual: 3 o 4 días de conciertos y actividades que culminan en una noche de sábado, distribuyendo actuaciones, charlas, workshops o instalaciones audiovisuales entre varios espacios de una misma ciudad y englobando todo bajo una misma marca o símbolo. Un patrón consolidado tras años de incidencia y por ser el diseño de evento que mejor se adapta a nuestras necesidades y circunstancias como aficionados y consumidores.

Programar un festival de una dimensión media (en cuanto a asistencia de público y oferta artística) no es nada fácil; hay que lidiar con instituciones, empresas externas, proveedores, patrocinios y agencias de booking, y por si eso fuera poco hay que intentar sorprender al público con propuestas rompedoras o poco vistas, conseguir algo que estimule la compra del abono completo y que al fin y al cabo convierta el festival en un éxito.

Ésta última premisa o deseo, lo de intentar sorprender y animar tanto a mayorías como a minorías a pasarse por un evento de tales características es algo que se ha complicado recientemente debido a varios factores: la gran oferta de festivales idénticos dominados por unas cuantas agencias artísticas (donde una y otra vez vemos los mismos carteles y nombres rodando de un lado a otro, o de un año a otro), la presencia de macrofestivales capaces de aglutinar el triple de proyectos musicales en un mismo espacio de tiempo y la rapidez con la que el criterio y gusto de la mayoría cambia y se altera.

Cuando ya es difícil asombrar en un ámbito que tiene a grandes festivales cubriendo todos los rangos de edad y restando agilidad de contratación a las más modestas citas locales, la posición de una iniciativa de las características de MUTEK [ES] o, por ejemplo, MIRA Festival, debería variar entre 4 posibilidades: modificar el formato establecido invitándolo a evolucionar, ofrecer un criterio editorial y artístico distintivo, ligado al máximo a la actualidad, centrarse en un target de público que haya demostrado ser fiel o, por último, plantar cara a los gigantes invirtiendo en crecimiento a largo plazo.

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Barcelona es una ciudad complicada en este sentido: un mercado donde ya no cabe nadie más, mucha oferta, muchas expectativas, dos grandes citas en la temporada primavera/verano y en cierto modo, una red cultural de pequeñas promotoras y grandes salas que pueden (o intentan en la medida de lo posible) calmar los deseos del público de tanto en tanto. No hablamos de una sobredosis, pero sí de una cancha donde es difícil sorprender a estas alturas.

Si algo tiene MUTEK [ES] son las cosas claras: es un modelo de festival que se duplica en diferentes puntos geográficos teniendo como eje central la edición internacional en Montreal, adaptando cada versión al clima artístico propio, aunque por lo que se puede intuir sin demasiado margen de maniobra. La programación del festival y el interés por ésta se instala de forma natural en una franja de público entre los 30 y 45 años, asistentes deseosos de propuestas actuales pero sin salir del convencionalismo. Su intención no parece ser impresionar ni reinventar el formato, simplemente seguir manteniendo fieles a su grupo de espectadores.

En esta edición el festival ha querido, en cierta manera, poner a prueba el barómetro de fidelidad de sus adeptos variando el coste de las entradas. Si antes la programación diurna era gratuita, este año se debía pagar entre 20 y 30 euros para asistir a la Fábrica Estrella Damm. Para justificarlo y garantizar la asistencia de público situaron en el line up de la sesión de tarde al artista estrella de esta edición: Ricardo Villalobos con su show como Vilod, junto a Max Loderbauer, Claudio Puntin y las visuales configuradas para la ocasión de Alba G. Corral.

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Pero lo que puede suceder con nombres tan reconocibles en el House/Techno cuando presentan una propuesta distinta, y además en un espacio inadecuado, es lo que acabó por pasar: el público, en un porche donde cabía poca gente, se hartó a hablar y a explicarse qué tal fue la semana, mostrando cierta falta de respeto por los artistas que actuaban en el pequeño escenario (y casi a pie de pista) y por los que la mayoría de ellos habían pagado para ir a ver.

A estas alturas ya es obvio que la mayoría de festivales son prácticamente un espacio de socialización con música de fondo, más que un sitio dónde ir a escuchar y descubrir música. Si del cartel te interesa uno o dos artistas, durante la actuación de los demás no prestas demasiada atención.

Aun así, cuando se evidencia que el plato fuerte se sirve en un espacio poco agradecido, es cuando se hace visible el problema. Con un inicio del live divagando por espacios ambientales y experimentales que fue subiendo de intensidad con el paso del set y proponiendo movimientos más un poco más bailables pero igualmente minimalistas, el público estaba totalmente desenganchado y, quizá fue también por expectativas no cumplidas.

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Mucha gente esperaba una fiesta como las que se vivieron por la noche en la Sala Apolo, algo totalmente imposible en las instalaciones de la Fábrica Estrella Damm y con la actuación que propuso Villalobos: los tres artistas sentados detrás de una mesa debajo de unos visuales que avanzaban de forma lenta, capa tras capa; una propuesta que hubiera dado mucho de si y que, por una cosa u otra, quedó totalmente desvirtuada por su contexto.

De entrada, si comparamos el inicio del viernes de MUTEK [ES] de esta edición con el del año pasado, encontraremos dos puntos clave en la distinción: el precio de la entrada a las actuaciones y actividades, y la menor audiencia. Es posible que vayan ligadas y una sea la consecuencia de otra, aunque siempre queda la duda.

Si dos cosas valían la pena en la primera velada de tarde organizada por el festival, eran las actuaciones de Shigeto y el legendario dúo The Orb; el primero se estrenó en Barcelona con un directo enérgico, sin demasiada vinculación con los visuales e interpretando sus híbridos instrumentales junto con su gran virtuosismo a la batería; los veteranos británicos, por su parte, respondieron con un set clásico y con pocas excepciones que sobresalieran del modelo electrónico de club con cadencia y reminiscencias Ambient.

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Solo con ver la cola que había en Paral·lel para entrar en la Sala Apolo podías imaginar su interior: la sala principal llena de gente con ganas de fiesta y, en La 2 de Apolo, muchos seguidores de los artistas que actuaban en la sala pequeña también la llenaban, dejándola más despoblada cuando acabaron The Suicide of Western Culture y contribuyendo así a la sobre población de la sala principal.

El set de BSN Posse mantuvo los estándares de calidad al que el dúo nos tiene acostumbrados: Footwork, percusiones Drum’n’Bass y apariciones de Hip Hop perfectamente adaptadas al show. El publico disfrutó y bailaba sobre las líneas de sintetizador tranquilas y las percusiones achispadas de clásicos del género y material propio de los artistas.

Cuando los malagueños se retiraron, sobre una nueva mesa situada en medio del escenario las dos sombras de The Suicide of Western Culture empezaron a montar cacharros y más cacharros, herramientas para construir sus atmósferas agresivas y sobrecargadas. Con su icónica virgen luminosa, el dúo de Rubí repasó su último disco «Long Live Death! Down With Intelligence!» y repasó éxitos, todo bajo las estampas de Miguel de Unamuno, por quienes los artistas profesan autentica devoción.

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En la parte de arriba el alemán Henrik Schwarz y su paisano Gerd Janson, quién le sucedió a los platos y se encargó de cerrar la noche, propusieron una noche llena de fiesta para un público que quería justamente esto: fiesta. Venidos bajo el reclamo del MUTEK [ES] o del Nitsa, los asistentes que llenaron la sala principal no la abandonaron hasta el cierre, moviéndose incesantemente gracias a unas sesiones que versaron sobre un House, Techno e incluso Disco de lo más animado, todo ello ilustrado por unas grandes pantallas detrás de los platos que resultaban prácticamente el único punto de luz.

La resaca era evidente el sábado por la tarde y, aún así, la gente estaba animada y con ganas de cháchara, como hemos explicado más arriba, pues fue éste el día de la actuación de Villalobos. En la Sala Maquinas, Kara-Lis Coverdale sacó todo el partido posible al sistema de audio 360 que se instaló para crear una sesión totalmente inmersiva: una habitación a oscuras con un foco que de vez en cuando iluminaba a la productora canadiense obligaba a los sentidos de los que ahí estábamos a que se centraran en la profundidad de sus atmósferas digitales.

La gente abandonó el lugar a las ocho para ir a ver a las estrellas, Vilod, pero cuando Vaghe Stelle (de quién publicamos un mix exclusivo hace poco) reabrió la Sala Maquinas, la interior, mucha gente volvió a ella para dejarse llevar por esa alternancia entre agresividad y calma del italiano. Unas horas después todo el mundo estaba listo para volver a la sala Apolo y clausurar la edición 2016 del MUTEK [ES].

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Un cierre que estuvo marcado por la monotonía y pocas sorpresas: Steffi y Rrose ofrecieron sets lineales, incidiendo a grandes rasgos en la fórmula Techno/House más tradicional, mientras que en la sala contigua se presenciaron dos sólidos directos a cargo de integrantes en la nómina de Disboot.

Sunny Graves y su apabullante despliegue de sonido y visuales volvió a penetrar en la audiencia presentando además nuevos bocetos y formas que podremos oír en un nuevo EP, y Cauto adelantó la naturaleza de su esperado álbum debut programado para este mismo 2016 junto a su compañero en los disueltos C156, Daniel Guijarro (Headbirds).

MUTEK [ES] ni se sale ni quiere salirse de los márgenes, y su propuesta global se desarrolla año tras año de forma sólida en una Barcelona a rebosar de ofertas parecidas. Mientras que las notas grises las pusieron algunos asistentes y un concepto de velada diurna que no acaba de consolidarse, la edición de este 2016 destacó por algunas interpretaciones brillantes que sí merecieron la pena.