#Crónicas

Tras 10 años, L.E.V. Festival sigue como el primer día

04.05.16
Frankie Pizá

Fotos de Piru de la Puente.

Un efecto estroboscópico aumenta sin piedad mientras la descarga de bombos y percusiones dominada por un indomable Sunny Graves llega al estruendo; el live del productor junto al trabajo visual de No-Domain progresó de 0 a 150 en más o menos 45 minutos, demostrando a los asistentes cómo se debe explotar las posibilidades de un escenario concreto.

Simon Williams y su equipo fueron los que mejor supieron aprovechar las condiciones de la Nave situada en LABoral con un directo descomunal en el que la las luces, la intermitencia de los gráficos y collages, los sonidos y programaciones fueron ganando en furia desde un comienzo con trazos de Free Jazz a la explosión final; Sunny Graves parece crear, moldear y al final destruir a su propia criatura en cada uno de sus directos.

Fue sin duda uno de los momentos más memorables de la pasada edición de L.E.V. Festival, la décima, ocupada parcialmente en rememorar algunos de los mejores momentos de su historia, invitando a los artistas y proyectos que mejor se han relacionado y que más han colaborado en el crecimiento del festival. Un directo que transmitió más allá de la estética o el sonido y en el que pudimos ver reflejado lo que L.E.V. persigue: representaciones y experiencias que generen fuerte carga emocional.

L.E.V. Festival apenas ha cambiado en 10 años; la afluencia es (salvo el obvio crecimiento) en número y perfil de los asistentes prácticamente la misma que la primera edición, con una media de edad de 30 años, procedentes mayoritariamente de Asturias, España y Europa. El ánimo de todos es el mismo: apreciar los espectáculos por encima de todo dentro de un entorno único y fuera de lo común, en un clima íntimo que no suele superar los 2.000 presentes.

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A diferencia de la edición del 2015, L.E.V. Festival cambió el emplazamiento de su icónica mañana de sábado en el Jardín Botánico, arriesgándose a que la lluvia arruinase la cita pero ganando en espacio, presencia y comodidad para el público; además, ofreció la posibilidad de quien buscara una opción más bailable esa misma tarde, acudiera a la cafetería de LABoral a disfrutar de propuestas como el live de JMII (Olde Gods) o la frenética selección Footwork y el júbilo de BSN Posse, por ejemplo.

L.E.V. es uno de los festivales en los que menos murmullos y faltas de respeto se observan entre el grueso de asistentes antes y durante los conciertos; ya sea por su dedicación al diseño sonoro en las instalaciones o por una mentalidad colectiva, en la cita asturiana no ocurre lo que en otros conciertos y festivales de pequeño formato suele ser un hábito desafortunado y recurrente. Este dato habla de la identidad impuesta por el festival y la concienciación de cada uno de los grupos o individuales que peregrina a Gijón cada primavera.

Más que un festival, L.E.V. Festival es un mood concreto que todo el que asiste al menos una vez en su vida asimila en su cabeza o al que llega tras observar el comportamiento de la gente en cualquiera de sus ediciones. Todo el mundo es consciente y todo el mundo es importante; el clima, la naturaleza, las instalaciones, los paseos de Gijón hacia LABoral, los ratos en el patio o el momento de entrar el Teatro. L.E.V. Festival tiene su propia liturgia y ésta se aprende rápido y se transmite de unos a otros.

Al comienzo de la jornada del viernes en el Teatro de LABoral y en cualquier caso, aún se vieron algunos de los asistentes utilizando sus dispositivos móviles y grabando sin permiso partes de la primera actuación de Myriam Bleau, «Soft Revolvers». La artista francesa presentó dos proyectos en los que el sonido emana y se transmite a través de objetos y la actuación sobre ellos.

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Breve aunque intenso es el espectáculo en el que Bleau manipula 4 peonzas de un diámetro de 10″ pulgadas mientras una cámara la graba desde arriba; luz y sonido coordinados según la configuración y movimiento que elija la artista sobre cada una de ellas, velocidad y tono van en función de la fuerza física que se ejerza. El resultado es una performance en la que Bleau construye diferentes composiciones a base de instrumentos y voces pregrabadas con ese único recurso. Un concepto similar al del Reactable que dejó con sorpresa al público en un perfecto acto inaugural.

«autopsy.glass», también de Bleau y que contó con dos interpretaciones de la creativa canadiense el sábado a la tarde, impacta más por su fisicidad e ingenio; una serie de copas de cristal colocadas sobre una larga mesa y sensores responden al tacto y acciones de Bleau reaccionando sonora y visualmente, creando juegos de luz y sonido. Un show breve pero que atrapa desde el primer y sigiloso movimiento de Myriam, que comienza con delicadeza y acaba con cierto aire siniestro. El proyecto se creó en una residencia de 15 días en la misma LABoral Centro de Arte con el apoyo de ENCAC.

Después llegó Hiroaki Umeda con su «Holistic Strata», un show en el que el artista multidisciplinar japonés se camufla e integra en abstracciones digitales y paisajes audiovisuales orgánicos a través del maping sobre su cuerpo y movimientos. Una coreografía con un formato impactante aunque minimalista en su ejecución y estética que plantea un mensaje de comunicación entre cuerpo, danza y materia digital, entre lo humano y la tecnología.

Con el Teatro a rebosar, el artista sonoro afiliado a Subtext, Paul Jebanasam, presentó su nueva obra «Continuum» (título de su nuevo álbum) junto a Tarik Barri; de las interferencias y sutiles visuales de Umeda se pasó a los desbordantes fenómenos físicos y geomagnéticos simulados que representaron el sonido de Jebanasam; progresión lenta y un tono rojizo intenso que parecía estar vivo y simular lo que ocurre en una formación estelar o tormenta solar.

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Si algo se puede achacar a L.E.V. en esta edición de 2016 es la poco oportuna aparición de la interpretación de Biosphere en tercer lugar tras las actuaciones de Alex Smoke y Komatssu; un directo detallista y en el que los paisajes sonoros oscilaban más bien hacia el minimalismo y la creación a partir de fuentes audiovisuales como largometrajes que hacia el término Ambient Techno que suele utilizarse para hablar de su carrera.

Biosphere supuso una desconexión para parte del público en la Nave el viernes y la inmersión de otros pocos en un show que debería haberse destinado a un espacio como el del Teatro: para apreciar lo que Biosphere ofrecía el público debía atender con todos los sentidos.

Presentado por la RBMA, Alex Smoke y Florence To presentaron un directo sin apenas sorpresas, oscilando entre IDM y Techno de estética europea maquillado por visuales simples y en blanco y negro. El valor local Komatssu siguió la línea sonora junto a las visuales de Maotik, aunque acelerando y normalizando el BPM con respecto a la anterior actuación.

Después de un Biosphere mal ubicado, el Monolake Sorround 2016 fue un exitoso cierre de la primera jornada de L.E.V.: Robert Henke presentó su estudio sobre las posibilidades del diseño de sonido y concepto de «espacialidad» planteando un directo que no se centra ni en la estética ni el valor musical, tan solo la experiencia.

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Henke piensa y construye sus espectáculos como instalaciones itinerantes. Pulsos sonoros, delay y percusiones entre la IDM y el Techno provocaron una sensación envolvente junto a las orgánicas visuales; el alemán transportó a los asistentes a una realidad alternativa utilizando elementos que ya son característicos en su trayectoria.

Respirando sensaciones idénticas aunque en otro emplazamiento, la jornada de sábado en el Jardín Botánico fue de menos a más en cuanto a concurrencia e intensidad; con dos directos tirando de abstracciones e igualmente elegantes, Bass Boss y Ametsub prepararon el escenario para la llegada del Dub narcótico y luminoso del veterano Pole y la llegada de unas LCC más inspiradas que nunca. Las asturianas ofrecieron un Techno profundo y excelentemente destilado, con calma y sin sobresaltos, coincidiendo con unos rayos de sol que poco a poco iban apagándose.

El sábado continuó en la Nave de LABoral comenzando con un directo en el que Dasha Rush ofreció un sonido monótono y unas visuales con figuras poligonales y trazos digitales que no reclamaron la atención del público. Fue Sunny Graves con su apoteósico directo el que marcó un antes y un después en la noche, que continuaría con dos actuaciones que consiguieron crear una narración entre ellas.

J. G. Biberkopf y Kuedo son alumno y profesor; el primero, de ascendencia lituana, reside en Berlín y fue impulsado por Kuedo en su sello Knives. Ambos comparten un diseño de sonido que no esquiva ni fracturas ni patrones como el del Grime o las texturas industriales. Biberkopf trajo visuales basados en imágenes reales mientras que a Kuedo, Werkflow le sirvió unas creaciones 100% digitales que aprovechaban la continuidad en las tres pantallas dispuestas por la organización.

Biberkopf pareció más bien una introducción o telonero de Kuedo, con un directo consistente y de claro carácter vanguardista que no gozó de ni una línea recta; Kuedo tampoco abusó de los graves y las percusiones; los signos de estructuras Hip Hop futuristas o hibridación Footwork aparecieron en el centro y hacia el final de una interpretación dentro de los márgenes. A pesar de que Kuedo no asombró, sí ofreció el segundo mejor momento de una noche en la que el espectáculo de Datassette no consiguió estar a la altura.