#Crónicas

La vanguardia sonora tiene un nuevo escaparate en Madrid

L.E.V. Matadero, el hermano madrileño de L.E.V. Festival, celebró su primera edición con una cuidada selección de shows y experiencias que esbozaron el estado de la escena musical de vanguardia y de las artes visuales.

06.11.19
Antoni Ripoll

Fotografías de Elena de la Puente.

Siempre es excitante presenciar la primera edición de un evento, y más cuando este viene con garantía de calidad. La pasada edición de L.E.V. Festival en Gijón nos dejó con muy buen sabor de boca y en TIUmag no queríamos dejar pasar la oportunidad de presenciar el nacimiento de su hermano madrileño. El lugar para acoger este debut no podía ser otro que el Matadero, un espacio que parece diseñado para albergar este tipo de encuentros multidisciplinares (aunque el nombre nos recuerde que en un pasado no fue precisamente así).

L.E.V. Matadero colgó el cartel de sold out semanas antes de su estreno. Se trata de un indicador de hasta qué punto la marca es importante. El Laboratorio de Electrónica Visual lleva trabajando duro su reputación de especialista en vanguardia sonora en Gijón hace ya trece años, y esa experiencia genera inevitablemente confianza.

Pero que nadie espere en Madrid una experiencia idéntica a la de Gijón. No hay duda de que el Matadero no tiene la majestuosidad de la Laboral de Gijón. Sin embargo la arquitectura del recinto madrileño tiene muchos puntos fuertes. Su condición horizontal permitió, entre otras cosas, disfrutar plenamente de una rojiza puesta de sol otoñal, una de esas variables que escapan al control y que marcan el mood con el que uno se enfrenta a este tipo de eventos.

El Matadero permitió, además, aprovechar un gran espacio diáfano para albergar Vortex, una sección de L.E.V. Matadero centrada en la exploración audiovisual, la realidad virtual y el cine en 3D, con una selección de artistas audiovisuales que mostraban sus obras (y experiencias) al público.

Vortex, además, incluyó una selección de conciertos en pequeño formato, entre los que figuraban varias perlas ocultas del festival, como por ejemplo RRUCCULLA u Oklou (cuyo show merece su propio apartado en esta crónica).


Viernes 18 de octubre

Arrancamos la primera jornada directamente con uno de los highlights del festival, James Ferraro. El americano fue uno de los pilares fundamentales en la escena vaporwave de principios de esta década, aunque este titular se queda realmente corto si nos ponemos a observar hasta dónde ha llegado la influencia de su extensa obra.

Ferraro presentaba “Requiem For Recycled Earth”, un disco conceptual sobre la modernidad líquida que apareció a mediados de este año sin hacer demasiado ruido. Pero que esta sutil maniobra no nos confunda: el directo de Ferraro confirmó su vigencia como protagonista ineludible de la escena experimental.

Con un setup sobrio, visuales de Maotik y un anecdótico acompañamiento de flauta en algunos tramos del directo, James Ferraro nos trajo ese vibe new age que necesitábamos para entrar de lleno en un festival como el L.E.V. Matadero. Sonaron gran parte de los tracks de su último disco, aunque el sound system envolvente del escenario Nave 16 los convirtió en algo muy distinto, como en un gigantesco escenario de videojuego, transmitiendo una fantástica atmósfera de cinta ochentera de ciencia-ficción.

Justamente después, una de la sorpresas del festival: Ryoichi Kurokawa. La propuesta del japonés recordó irremediablemente al braindance extremo que facturaban artistas como Squarepusher o Venetian Snares a principios de este siglo, pero con un acabado nítido y actual, potenciado por el excelso diseño de sonido de la sala.

Las visuales tuvieron especial protagonismo en este acto: una especie de gameplay beta de un videojuego estilo shooter, que aportaba una sensación inmersiva ideal para dejarse llevar por la condición salvaje del discurso sonoro. Un buen ejemplo de cómo conectar correctamente las dos disciplinas y brindar un buen espectáculo.

A continuación era el turno del inglés Djrum. El renovador de los breaks, conocido por su orfebrería electrónica, que tanto bebe del jungle primigenio como de la IDM de la pasada década, ofreció un show mucho más horizontal de lo que nos tiene acostumbrados en sus numerosos releases para sellos como R&S Records o Second Drop Records.

Seguramente la apuesta por este registro ambiental cogió por sorpresa a más de uno, que esperaba cierta contundencia en el tercer show del viernes. Sin embargo, Djrum demostró que es capaz de dibujar paisajes idílicos y de crear atmósferas emotivas sin necesidad de situarse en su zona de confort. Es la diferencia entre un productor y un músico.

Aïsha Devi no desaprovechó ni un minuto para imponer su discurso oscuro y sintético, que ciertamente supo a gloria. Devi lleva tiempo posicionándose como una de las máximas representantes de los sonidos de club deconstruidos, como en su momento lo fueran Nguzunguzu o los alumnos díscolos de la escuela Night Slugs.

En L.E.V. Matadero Devi sacó la artillería pesada, apuntó en el centro de la pista de baile y acertó de lleno. Sonaron la mayoría de tracks de su último LP “DNA Feelings”, y algunos de su más reciente EP para Houndstooth, “S.L.F.”; es decir, música de baile que desafía todo lo que nos han enseñado que debe ser la música de baile. Pero la metralla de Aïsha Devi no parecía venir del futuro sino de un presente distópico, donde el club ya no es un simple espacio diseñado para el hedonismo y el consumo cultural, sino un campo de batalla conceptual e ideológico.

Ante todo, Ed Handley y Andy Turner deben ser tratados como lo que son: unos pioneros. Por eso cualquier actuación de Plaid merece una lectura atenta, pues nos encontramos ante figuras responsables de que la música electrónica experimental esté donde está.

En esta ocasión la dupla repasó su más reciente trabajo, “Polymer”, editado una vez más vía Warp Records. El discurso de Plaid es infalible y se nota que han pensado en cómo llevar el disco a la pista de baile, en las transiciones y en el equilibrio necesario que debe haber entre vanguardia y orientación dancefloor. La actuación perfecta para ese tiempo y ese lugar.

Programar a HP para cerrar un escenario es una declaración de intenciones por parte del festival. Conociendo la deriva punky de Powell y su tendencia extremista en los directos, ya nos esperábamos un live nada ortodoxo. Sin embargo, Powell y Haswell fueron muchísimo más allá, ayudados por unas voluptuosas visuales de Matias Gmachl.

Piensa en un festín de bleeps y subgraves desordenados, sin ningún bombo o referencia rítmica, todo ello pasado por una centrifugadora y escupido a la pista sin contemplaciones, sin pensar en el baile o en la comodidad del receptor. Miradas de sorpresa, expresiones de “hasta aquí hemos llegado”, la pista de se convirtió en un lugar extraño mientras el infierno psicodélico iba causando bajas. Sin embargo, había belleza en este caos provocado, había conceptos que cuestionar y preguntas que formular. La música también debe ser esto.


Sábado 19 de octubre

Es una pena que el mal tiempo dominara el fin de semana de la primera edición de L.E.V. Matadero. Sin duda el vibe hubiera sido muy distinto con un sol imponente, especialmente en la franja diurna.

Pero nada de esto importa porque allí estaba de nuevo Djrum (esta vez en formato DJ set), en la plaza del Matadero, demostrando por qué es una autoridad en música de club underground made in UK. En esta ocasión el inglés hizo gala de su sentido del ritmo y dejó de lado el dominio de atmósferas ambientales que marcaron su directo la noche anterior.

Acto seguido fue Ikonika la que cogió el timón del escenario Plaza, llevando la audiencia a espacios sonoros acordes con lo que había propuesto minutos antes Djrum, incluso tocando también otros géneros de forma coherente (el grime siempre estuvo estrechamente conectado con el post-dubstep) en un directo que cumplió su función, sin más.

Para rematar esta sección diurna del viernes contábamos con Skygaze, un clásico de la marca L.E.V. por méritos propios. Tras su paso por la pasada edición de Gijón presentando su nuevo proyecto Jailed Jaime, Skygaze ofreció en Madrid un show con su alias habitual y con la música a la que nos tiene acostumbrados: house de nuevo cuño y derivados pensados para el disfrute en la pista. La deriva del set, hacia un territorio cercano al breakbeat, hizo que el tramo final consiguiera conectar con un público que parecía pedir justamente eso.

El highlight del festival para quien escribe estas líneas fue el show de Oklou en el escenario Plató, un espacio interior de aforo reducido (unas cien personas) donde la francesa presentó “Zone W/O People” junto con el programador y artista audiovisual Krampf.

La actuación consistió sencillamente en Oklou sentada, ataviada con un outfit que apenas dejaba entrever su rostro, jugando a un videojuego. El público podía ver en tiempo real cómo Oklou iba superando los niveles gracias a una enorme pantalla situada detrás.

Hoy en día los gameplays de eSports son una industria en sí misma, con su facturación millonaria y su audiencia creciente. Oklou sabe que está usando un universo prestado y es consciente de la potencia del formato. Por eso su presencia se reduce dar la cara mientras juega con un mando de Xbox, otorgando todo el protagonismo al gameplay. El medio es gran parte del mensaje en este caso y cualquier añadido sería innecesario.

 

A pesar de la sencillez del formato, la conexión de la partida con las distintas canciones de Oklou y la forma de transmitir emociones al receptor provocó todo tipo de preguntas relacionadas con la vigencia y las fronteras del formato live tradicional.

Además, como directo fue impecable. Oklou disponía de muchas formas de improvisar y modificar melodías en real time, consiguiendo esa sensación genuina que uno espera en un directo. De hecho, esta sensación parecía mucho mayor que la de la mayoría de lives de música electrónica actuales, donde uno no acaba de saber qué maniobras está realizando el artista para conseguir una determinada melodía, o si esta ya estaba pregrabada.

El usuario de Instagram @oklou_fan realizó un interesante análisis formal del espectáculo que enlazamos a continuación:

https://www.instagram.com/p/B37a2Dkoz8l/

https://www.instagram.com/p/B37an-uoV5j/

Tras la experiencia con Oklou, volvimos de nuevo al escenario Nave 16 para ver a Spime.im una propuesta bastante inclasificable. Noise, patrones IDM, tramos de techno esquelético, trance deconstruido, distorsión controlada y una serie de registros electrónicos salvajes conectados entre sí. El revulsivo necesario para comenzar bien la noche del sábado.

Muy acertada la decisión del festival de pasar una parte de la sección nocturna a ese fantástico escenario open air que es la plaza del Matadero, a pesar de que las nubes anticipaban una evidente tormenta. Allí nos esperaba, en primer lugar, Babii, una joven productora y cantante que ofreció un repaso de sus últimos tracks con una audiencia que no parecía conocer su obra pero que quedó rápidamente seducida por la condición pop de la propuesta.

Qué pena que la lluvia empezara a caer unos minutos más tarde del inicio del show de Mr. Mitch. El inglés sigue teniendo uno de los discursos más genuinos del post grime instrumental londinense. Justo cuando caían las primeras gotas sonaba “Our Love”, un presagio de lo que podría haber venido después pero que nunca llegó. Tan solo queda esperar que los programadores tomen nota y cuenten con él en la próxima edición del festival.

Aquellos que hemos seguido a Sega Bodega desde sus inicios celebramos la evolución creativa del artista. Su puesta en escena en L.E.V. Matadero, sofisticada y con un aire distópico, prometía un show notable y así fue.

Aunque su último disco, “SS (2017)” tiene ya un par de años, Sega Bodega no ha dejado de publicar nueva música desde entonces. En el festival pudimos ver cómo repasaba este repertorio reciente, con una actitud y un registro pop; el tipo de pop que se merece un evento así: electrónico, rítmico, atípico, sorprendente y con capacidad para derribar fronteras entre subgéneros. Al final del concierto, una sensación: Sega Bodega ya está listo para entrar en un circuito superior y competir con nombres consagrados de esta escena.

Nkisi fue el contrapunto necesario en el devenir de la noche del sábado. Tras las armonías de Sega Bodega, no vino mal una ración de apocalipsis futurista. En un show de Nkisi nunca sabes con seguridad qué tipo de música está sonando. En ocasiones crees estar en una rave de música industrial y en otras en un templo de ambient techno. La ausencia total de proyecciones no hizo más que potenciar la sensación de misterio. Un misterio que realmente generó interés en el público, a juzgar por la asistencia y la energía que se palpaba en la pista.

Había muchas ganas de mantener este mood y Emptyset parecían los candidatos ideales para ello. Por esto, quién nos iba a decir que el dúo londinense especialista en techno marciano y matemático no lograría conectar en absoluto con la audiencia.

La trayectoria de Emptyset como embajadores del cruce entre techno e IDM es impoluta, y en su haber conservan muchas producciones memorables. Sin embargo, su show en L.E.V. Matadero presentó un directo basado en un software que funcionaba mediante inteligencia artificial, creando un desarrollo progresivo y algo lento, con el que costaba conectar. Las visuales fueron poco directas y tampoco explotaron ese componente matemático que caracteriza el discurso de la dupla. No fue un mal directo, pero quizás no funcionó como debía por el contexto.

Por suerte allí estaba Tensal, con las visuales de Marta Verde, para dejar las cosas bien arriba en el final de esta jornada. Techno directo, visceral y de desarrollo largo, sin apenas concesiones y con la intensidad perfecta para proporcionar al público ese momento de desenfreno que se suele buscar en cualquier cierre.


Domingo 20 de octubre

El mal tiempo se apoderó de Madrid también el domingo. Seguramente este fue el motivo principal de la menor asistencia respecto con las otras jornadas. De todos modos el escenario Plaza operó con normalidad y allí pudimos ver algunos actos bastante interesantes.

La leyenda del ambient (o más bien ambient techno) Bvdub fue el encargado de abrir el escenario con su dub techno melódico, ideal para dejar volar la mente y transportarse a un lugar idílico. Tras el live de Bvdub actuó Lucie Antunes presentando su trabajo “Sergeï”, con un discurso pop electrónico más orientado hacia la vertiente rítmica del género, creando a ratos una atmósfera melancólica que encajó muy bien en ese franja horaria. Por último, fue Komatssu quien puso el broche en la plaza tras la cancelación de Promising/Youngster. Dub techno melódico de muchos quilates que funcionó a la perfección, similar a la propuesta que Bvdub nos había ofrecido minutos antes.

Los platos fuertes del domingo se hallaban, eso sí, en el escenario Nave 16. El primero fue el directo de Eli Keszler y Nate Boyce, con una propuesta que fusionaba elementos del metal con la intensidad de la electrónica de vanguardia. Resulta difícil compararlo con otro show del festival ya que la presencia de instrumentos acústicos no fue una constante en L.E.V. Matadero.

Realmente esperado era el live de Kelly Moran, a quien hace poco entrevistamos en TIUmag. La norteamericana hizo aquello que mejor sabe hacer: crear atmósferas oníricas para piano, solapar secuencias y crear una atmósfera que uno ya puede reconocer a primera escucha. Se nota la influencia de Philip Glass y los años de entrenamiento antes de que Warp Records se haya fijado en ella.

Moran tuvo a bien de presentar temas inéditos al final del concierto, esta vez sin visuales, hecho que —tal y como sucedió la noche anterior con Nkisi— ayudó a que el público pudiera centrarse en lo que realmente importa, la música.

El colofón del festival corría a cargo de Alessandro Cortini, que presentaba el que quizás sea su disco más accesible, “Volume Massimo”, aunque el adjetivo accesible no es del todo correcto en este caso: ambient denso regado con sintes y melodías que a ratos recuerdan la new wave ochentera (no olvidemos su paso por Nine Inch Nails), todo ello presentado con una producción actual y canciones de estructura extendida.

El directo de Cortini mantuvo esa tensión en la pista perfecta para una noche de domingo y pareció dejar al público con ese mood indescriptible que uno puede encontrar solamente en este tipo de eventos. En esto, en transmitir la sensación de que todo está por descubrir y que el futuro es excitante, L.E.V. es una marca especialista.