#Crónicas

Elegir lo esencial: el ADN de Lapsus Festival

La cuarta edición del festival es un regreso al formato pequeño y un ejercicio de selección que separa lo esencial de lo superfluo.

03.04.17
Aleix Mateu

Texto de Frankie Pizá, Pau Cristòful y Aleix Mateu.

La cuarta edición del Lapsus Festival ha sido una vuelta a su origen: formato pequeño y una cuidada selección de artistas.

La edición anterior del festival ofreció la apuesta más grande que el festival había hecho, con una programación excelente que se repartía en distintos espacios. Ahora, la iniciativa ha vuelto a su forma original, demostrando otra vez su gran habilidad para seleccionar artistas y propuestas esenciales que refuercen su propio ADN.

Su público lo sabe: este sábado se agotaron las entradas del festival, 800 personas llenaron el Teatro del CCCB y la fiesta posterior en un Club de la ciudad. En total 12 horas de música.

La historia de Disboot estuvo presente en la Sala Raval, aunque bajo el nombre de Atzar: tres de los pioneros que hicieron posible uno de los capítulos más importantes de nuestra historia electrónica reciente enchufaron todas sus máquinas y no las apagaron hasta que el reloj no marcó las once de la noche.

Cauto, Headbirds y Dr. Res coincidieron detrás del escenario para dar forma a una jam session que trajo al Lapsus las raíces sonoras de Disboot: la relación entre Dubstep, Jungle y el culto a las bajas frecuencias. Todo realizado al momento, in situ y con la intensidad que merecía.

La jornada despegó con Sky H1, una de las artistas emergentes del momento por lo que se refiere a la electrónica experimental.

Mientras que su EP “Motion” (Codes, 2016) presenta una colección de canciones de Pop vaporoso, en directo ganó enteros desarrollando un live continuo en el que relajantes ambientaciones servían como cojín para unos motivos en bucle que recordaban a un Gold Panda etéreo.

Sumidos en el sonido, la rítmica emergía y se desvanecía sin que uno se diera cuenta, transitando por diferentes pasajes que fluían con una sonoridad que se impregnaba de IDM hiperdigital y ligeros toques Trance.

Cuando llegó el turno del referente contemporáneo del Ambient Steve Hauschildt (ex Emeralds), sus capas cósmicas atraparon al público mostrando el gran potencial de su excelente último trabajo, “Strands”, que vio la luz el año pasado a través de Kranky.

Le sucedió, Manta, con una propuesta que se deslizaba a parajes más rítmicos, siempre manteniendo ese carácter evocador de sus atmósferas. Presentó en exclusiva «The Diamond Valley«, su nuevo proyecto, proyecto relacionado con la literatura del que estrenamos una pieza la semana pasada.

Música cerebral, en la que apenas podemos percibir las grietas, aquella que perfora y se queda latente en nuestro interior. La música de Dave Monolith es una readaptación continua de la estela IDM más radical, y el británico nos devolvió al apogeo de Rephlex con su electrizante actuación.

Tal como explica la organización, el sold out de las entradas llegó minutos antes de la actuación más emotiva del festival: después de ocho años en silencio volvía el mito de la indietrónica Telefon Tel Aviv, el plato fuerte de la programación que le hacía coincidir con el quince aniversario de su icónico álbum «Farenheit Fair Enough«.

Como era de esperar, se repasaron con nostalgia sus clásicos y se adelantaron piezas de lo que será su próximo álbum, que presuntamente verá la luz este mismo año.

Telefon Tel Aviv ofreció alguno de los momentos más intensos del festival, un listón que su sucesor, Clip, se encargó de mantener: máquinas analógicas y un nuevo show audiovisual le permitió reafirmarse como uno de los nombres nacionales que siguen manteniéndose incontestables.

El cierre del Festival se trasladó a un club de la ciudad donde se pudieron escuchar a dos artistas del sello Banned in Vegas, Bataille y Airaboi, nuevos talentos de Barcelona que junto a Luca Lozano pusieron el punto final a otra edición de Lapsus.