#Crónicas

DGTL reafirma su concepto en Barcelona

17.08.17
Frankie Pizá

Introducción de Frankie Pizá.

Texto de Joan Gaspar.

Piensas en el DGTL y lo haces con contención. El evento está expandiendo su repercusión y afianzándose en un panorama musical repleto de oferta uniforme, donde los matices distintivos son muy mínimos y sutiles.

Hace ya varios años que la oferta cultural de una ciudad condicionada por su imagen exterior como Barcelona se percibe como una masa homogénea que es difícil o imposible diversificar. Surgen y surgen iniciativas pero un muy ligero porcentaje aporta algo diferente.

DGTL, un festival de concepción europea con un modelo para todos los públicos dentro de los amantes de la música electrónica era de alguna forma lo que necesitaba la propia idea de Barcelona en un agosto plagado de visitas y tiempos muertos.

La ideología está clara: los mejores DJs internacionales y locales, en un mismo fin de semana. Y esa política, sin que deba cambiar, se lleva a cabo a la perfección.

DGTL es un festival que al margen de quién lo disfrute y por qué, tiene una función y la conoce: sus expectativas se cumplen un año más, siendo el rincón del clubbing para los amantes del clubbing en la ciudad más cosmopolita dentro del supuesto circuito del clubbing.

El primer día de festival Optimo ofrecieron quizá la sesión más alejada de las normas que de forma inherente ha implantado el festival, desmarcándose de esa lógica del entrenamiento del 4X4 constante. Arriesgaron y dejaron ver algún matiz de clase de los que siempre marcan la diferencia.

Matrixxman por su parte fue eficiente: luces tan ácidas e intensas como la música que promueve el productor, una reinterpretación de las sensaciones lisérgicas clásicas en un marco más práctico y para el público de hoy.

Siguiendo con la, aunque no palpable, presente cadencia del término rave en el DGTL, DVS1 (Zak Khutoretsky) ofreció una de sus sólidas raciones de música electrónica sin dilaciones, sin filtros, sin tiempo para la reflexión.

El viernes fue también el momento en el que algunos de los selectores más respetados del panorama europeo se presentaron en los escenario del DGTL: Marcel Dettmann cumplió con su bagaje y no defraudó, Tom Trago no arriesgó todo lo que se pensaba que arriesgaría dada su personalidad, y Jackmaster y Jasper James le dieron al público lo que necesitaba: dinámica, variedad y energía.

El sabado el festival abrió con Tony Bruce Lee representando a la Discos Paradiso crew, en el escenario Frequency, situado en la rampa de debajo de la sombra de placa fotovoltaica. House ideal para la época estival, festivales, mojitos y demás.

Al mismo tiempo, Audiolux, otro DJ local abría el escenario Generator, más focalizado al techno de alto octanaje con una sesión contundente de primera hora.

Marvin & Guy les siguieron en el escenario Modular, situado debajo de las columnas, un buen refugio del sol que a esa hora pegaba con ritmos progresivos, acorde a su estilo de producción.

Daniel Avery hizo una sesión de Techno contundente, al que nos tiene acostumbrados desde la serie de remezclas de su disco «Drone Logic» que sacó por su sello, desde entonces se ha abonado a ése tipo de Techno funcional, accesible y sin demasiadas contemplaciones. En su set fue agradable escuchar algún destello de ritmo roto entre un mar de bombos 4×4.

Derrick May dio la masterclass de la tarde, enlazando clásicos del Chicago más gamberro con la clase y sustancia de Detroit.

Y el plato gordo llegó con los titanes Karenn, no nos engañemos, veníamos sólo a verlos a ellos, lo demás era un añadido.

A parte de demostrar que a día de hoy tengan probablemente el directo de Techno más potente, Blawan y Pariah demostraron que cada vez lo tienen más afinado, con una progresión milimétrica, durante la primera media hora, enlazando temas casi sin darnos cuenta, y soltándose durante la última media hora para el desparrame y el disfrute del personal.

Más o menos a la misma hora, actuaba Pedro Vian en el escenario situado debajo de la placa fotovoltaica, un oasis entre tanto bombo duro. Con el rango de BPMs oscilando entre el balearic y House desenfadado.

En el último slot de la noche estaba Jeff Mills, con otra clase magistral de Techno del duro, aunque es una pena ver cómo a día de hoy es esclavo del himno que creó hace 20 años (y más en este tipo de festivales, donde el público no es muy exigente, y sólo viene a ver viene a ver a “the wizard» poner «The Bells»).

A la misma hora estaban Steffi y Prosumer haciendo una sesión ideal para el cierre, enlazando el Techno liviano y progresivo marca de la casa de Steffi con algún tema más enfilado al House vocal que es típico del alemán.