#Crónicas

En el corazón de Unsound

Alex Nikolov y Andrei Warren nos cuentan su experiencia en la decimosexta edición del que posiblemente sea el festival más carismático y a la vez más misterioso de Europa.

09.11.18
Antoni Ripoll

Texto de Alex Nikolov. 

Fotografías de Andrei Warren. 

Desde su nacimiento como festival DIY de música electrónica y experimental en 2003 de la mano de su fundador Mat Schulz, es indudable que Unsound se ha convertido en un referente.

Y lo ha hecho no solo mediante su exquisita programación de artistas -muchos de ellos bookeados en el punto de despegue de sus carreras- sino también siendo un punto de encuentro para un público que busca una experiencia equilibrada entre estímulos intelectuales y agujetas, tras las noches en el Hotel Forum (hotel abandonado de arquitectura brutalista que Unsound ha convertido en uno de los hubs culturales de la zona).

Aterrizamos el martes en Cracovia, ciudad que este año se presenta soleada y accesible. El primer contacto con el festival fue con la proyección de “Going South”, un collage cómico pero al mismo tiempo extremadamente crítico, que cuenta las absurdas vidas cibernéticas de un grupo de YouTubers. Interesante propuesta para comenzar la semana.

A lo largo de toda la semana presenciamos muchas charlas comisariadas por el festival, entre las cuales destacaban los comentarios de Luz Díaz del colectivo berlinés Room 4 Resistance sobre la falta de espacios de libertad sexual femenina y queer en la escena berlinesa, predominadamente masculina y gay.

También comentó su última colaboración con Red Bull, explicando la situación en la que se encuentran ciertos colectivos underground al verse obligados a colaborar con marcas con cuyos valores no están en sintonía, para potenciar una escena en la que artistas y promotores nunca son debidamente recompensados económicamente. 

Interesante reflexión también la que formuló la activista polaca de Green Peace, Wioletta Smul. La idea es que aplicar métodos ya muy conocidos de la cultura de club a otros sectores podría solucionar ciertos problemas radicalmente. ¿Cómo afectaría la prohibición de fotos con móviles en espacios extremadamente turísticos? ¿Provocaría un cambio drástico en la manera de viajar de la gente? ¿Os imagináis cómo sería Barcelona sin selfie sticks?

En esta edición la colaboración entre Unsound y el festival ugandés Nyege Nyege Fest era más significativa que nunca, con un amplio abanico de artistas centroafricanos y varias charlas que presentaban las dificultades que pueden encontrarse dichas organizaciones al tratar con gobiernos que no representan correctamente la población de los países para los que trabajan. 

Mucho más material de reflexión e inspiración nos dejaron las charlas y sus ponentes. Mat Schulz y Małgorzata Płysa, fundadores del Unsound, explicaron las dificultades que se encontraron con el proyecto Unsound Dislocation, que llevó al festival a una docena de ciudades de países post-soviéticos.

El tema central aquí era la importancia de que este tipo de iniciativas culturales no se conviertan en un privilegio únicamente disponible en los países europeos más desarrollados y la responsabilidad que tienen las organizaciones de llevar música experimental y electrónica (o cualquier tipo de música underground) a sitios cuyas escenas lo necesiten para poder seguir desarrollándose, y cuyos fans son pequeños grupos de outsiders que no tienen vías de acceso a la música que les mueve.

No faltaron menciones a temas como el cyberpunk -que lentamente va dejando paso al solarpunk-, asuntos políticos como el conflicto en Palestina y la involucración de la escena musical con #djsforpalestine o tópicos actuales como mental health en la industria musical, donde fuimos testigos de las confesiones personales sobre adicción y ansiedad de artistas como Jlin, Lotic y Eltron

Al andar por las calles de Cracovia todo cobraba sentido. Las críticas y reflexiones presentadas en las charlas de Unsound son el reflejo de una sociedad que hace años podíamos ver como distópica, pero que poco a poca está presentando síntomas de esperanza y mejora, gracias a una generación con nuevos valores y objetivos claros.

Y ahora vamos con el apartado musical. Aunque es difícil destacar algo entre la centena de artistas programados por el festival, algunas actuaciones consiguieron atraer especialmente nuestra atención.

Moor Mother y su coletivo de jazz Irreversible Entanglements, junto a Gaika, protagonizaron una jornada dedicada a la lucha contra la opresión racial con sus letras radicales y actos llenos de energía que prepararon al público para lo que le esperaba durante la larga semana.

Otro descubrimiento fue Linn da Quebrada y su grupo de músicos y colaboradores. Unsound era el contexto ideal para su performance con el screening de su película autobiográfica “Tranny Fag” (Travesti Maricón), en la que vemos un retrato cercano y auténtico de la artista, sus firmes visiones que cuestionan el sistema binario de géneros (muy arraigado en todas las sociedades y ahora especialmente en la suya, la brasileña), su lucha contra el cáncer y su insaciable búsqueda creativa en un San Paulo lleno de contrastes. 

Su acto, lleno de energía e intensidad, hizo retumbar el ballroom del Hotel Forum, ante las miradas de un público asombrado. La brasileña es un ícono del movimiento LGTBQ+ de su país, que afrontará duro cambios después de los resultados de las últimas elecciones. 

Jóvenes talentos como la más reciente adición al colectivo Nuxxe, Oklou, que abría el Chandelier Room la primera noche de club con una presencia frágil on stage, nos impresionó con un live muy conmovedor para cualquiera que haya pasado su adolescencia durante los 2000. No en vano su directo culminó con un cover de Evanescence.

Lotic y su explosiva performance en la sala principal podría haberla coronado como la Beyoncé del techno, mientras que el intenso live de Deena Abdelwahed con vocales en árabe y bases oscuras nos impresionó mucho más que su DJ set en el Atlas Electonic.

El acto que generó más actividad de todo el festival fue el directo de Sho Madjozi, artista sudafricana que rapea en inglés, swahili y tsonga, idioma nativo originario del norte del país. En su directo estuvo respaldada por DJ Lag y dos bailarines, que tomaron el Chandelier Room con la intensidad de un concierto de hardcore punk.

Zuli y Abyusif, dos artistas egipcios presentaron un live junto a Muqata’a, que protagonizó uno de los primeros Boiler Rooms palestinos, acto cargado de letras políticas.

Nazar, el nuevo fichaje de Hyperdub, fue otro de los descubrimientos del festival, basando la temática de su trabajo en los conflictos políticos de su nativa Angola.

Los DJ sets de Ben Ufo, Lena Willikens y Objekt no defraudaron, aunque si hay una actuación que destacó sobre la media, esa fue la de Sophie, con su one-of-a-kind mezcla de pop y electrónica experimental (aunque fue muy difícil detectarla en el escenario por la cantidad de humo).

Lo mismo sucedió con la la actuación de Amnesia Scanner, que presentaron su álbum “Another life” y el show audiovisual “AS Oracle”, que marcó un antes y un después para las alfombras del Hotel Forum y a su público, que llenó la sala en cuestión de segundos para una de las actuaciones más anticipadas de toda la semana.

Mientras HDMirror lanzaba ráfagas de música de club a un ritmo que sólo podría igualarse a una rave en el Kitchen Room, Marie Davidson tuvo la dura misión de hacer un shift musical en el Chandelier Room después de Sho Madjozi y DJ Lag, pero poco a poco, y sobretodo gracias a uno de sus hits, “Naïve To The Bone”, el público se iba reponiendo en el cuarto lleno de humo, bajo la luz tenue de los candelabros y la resonancia de los lyrics: “It seems like honesty is not so fashionable these days… It´s true, I ask a lot of questions… You call me naïve?… I tell you what… I´m naïve to the bone”.

Sigue la mitad del legendario dúo The Knife, Olof Dreijer (que fue el primero en escribir a Unsound hace unos diez años sobre la importancia de que la programación esté equilibrada en cuanto a género), mezclando en el mismo set a Faka y Ariana Grande. Un colega que trabaja para Resident Advisor, Joshua Chin me comentó que seguramente “nos estaba troleando”.

Shyboi del colectivo Discwoman cerró con un set cuya selección que podríamos catalogar simplemente como random. Pero, como fue habitual en este festival, el público se mantuvo receptivo y respondió como es debido.

Una densa niebla caía alrededor del río Vístula a la salida de la noche de cierre en Hotel Forum, sumergiendo todo en un ambiente mágico y místico.

El último día nos transportamos entre resaca y cansancio acumulado al acto de clausura: Memory. Se trataba de un tributo a Jóhann Jóhannsson en un precioso teatro clásico donde actuaban cuatro músicos amigos y colaboradores cercanos de Jóhannsson (Hildur Guðnadóttir, Sam Slater, Erik K. Skodvin y Robert Aiki Aubrey Lowe) junto a la orquesta sinfónica de Cracovia, Sinfonietta Cracovia. Algunos entre lágrimas, otros entre ronquidos, despediamos un Unsound que nos dejaba marcados.

Unsound es un ejemplo a seguir para una nueva generación de festivales, para los cuales el status quo ya no es alcanzar el aforo a toda costa y facturar lo máximo posible para luego desaparecer de la ciudad hasta el año que viene. El objetivo es ser un punto de reflexión para visitantes, artistas y las mismas ciudades en los que se desarrollan, planteando temas políticos y socioculturales actuales y preguntándose cómo la escena musical podría aportar algo para mejorar la vida de las personas.