#Crónicas

Primavera, ciudad invisible

Estuvimos en el Primavera Sound y te contamos lo vivido en esta extensa crónica de las tres jornadas centrales del festival.

08.06.18
Antoni Ripoll

Introducción de Antoni Ripoll.
Textos de Raul Almeda y Antoni Ripoll.
Fotografías de Eric Pàmies, Dani Cantó, Garbine Irizar, Sergio Albert, Alba Rupérez y Santiago Felipe. 

“No tenemos intención de crecer, este es el festival que queríamos”.

Lo dijo Alfonso Lanza, codirector del Primavera Sound, en la rueda de prensa del sábado por la tarde. En ella se manejaban dos cifras importantes: 220.000 asistentes (la población de Oviedo o de Granada) y 60% de público extranjero. Son los indicadores de un gigante —posiblemente el evento que mejor entiende y exporta la marca Barcelona— que ya ha tocado techo de forma oficial.

Varias reflexiones se derivan de esta información y todas tiene que ver con aquello que escapa a nuestra comprensión del fenómeno como público.

Que una cita estrictamente musical, cuyo abono cuesta más de doscientos euros, reúna a cerca de un cuarto de millón de personas en un contexto socioeconómico devastado, y además lo haga sin caer en obviedades y manteniendo intacta la identidad de la marca, es digno de estudio académico.

Que un festival de trece escenarios repartidos por las más de doce hectáreas del Parc del Fòrum (que nadie espere andar menos de quince kilómetros por jornada) no acabe siendo imposible, lo es todavía más.

Y que este monstruo de trece cabezas no solo no intimide a sus clientes locales sino que cada año se invente nuevas vías para despertar aún más su interés y su fascinación por la marca, es algo cercano a un milagro.

En esta crónica no buscaremos respuestas a estas incógnitas. Nuestro cometido aquí es reportar la magia que se creó o se dejó de crear allí durante el fin de semana pasado. Quizás sirva, eso sí, como una lista de motivos de por qué el Primavera Sound todavía merece la pena ser vivido.


Jueves 31.05

Björk

22:00 – Escenario Seat 

Por enésima ocasión, este año “Utopia” mediante, Björk sigue aderezando su jardín de fantasía introduciendo nuevas temáticas, tesoros de su privacidad o preocupaciones contemporáneas a otras ya conocidas filias como la vulnerabilidad, el amor o la feminidad. Y más allá del constante deje autorreferencial es justo decir que a nivel escénico la islandesa representa lo más cercano a Diva Plavalaguna en este nuestro azul planeta.

Emparejando coordenadas biológicas a las de Serafini, Bosch o Kusama, la diva presentó la mística y los recovecos de su más reciente trabajo en el espacio más grande de Primavera Sound (escenario Seat), invitando al público a un muy singular tour desde un auténtico jardín botánico de colores pastel, arpas, cojines, sillones y pedestales de ensueño dispuestos en el escenario. Un atrezzo conjuntado con outfits marca de la casa y ocasionalmente rodeado por una simpática horda de flautistas que bien pudieron hacer recordar a los simpáticos seres de Planeta Salvaje.

En lo visual, muy potente. En lo musical, especialmente acústico, sosegado, para los menos iniciados quizás redundante y para los incondicionales algo cercano a una congregación de fieles. Björk es Björk por muchos motivos. Razones que refutan su singularidad hasta erigirla en el estatus de icono de la vanguardia, faro de la experimentación y las nuevas exploraciones creativas. Pero si algo siempre está ahí, inquebrantable a su camaleónica actitud en constante reinvención, es su oceánida voz, que inteligentemente ha sabido envolver del talento de genios como Arca o Jesse Kanda (o del roster de Tri Angle en su día) para nutrir sus futuribles pasos sin caer prematuramente en el abismo de la reiteración. – Raul Almeda. 


C. Tangana

22:45 – Escenario Ray-Ban 

La performance de C. Tangana este fin de semana pasado en Primavera Sound trascendió no solo los límites del mismo festival.

Su actuación empezó mucho antes que su concierto. Ya en la rueda de prensa del miércoles, Antón Álvarez entregó una buena cantidad de material inflamable cuando respondió de forma aparentemente improvisada a un periodista acerca de la libertad de expresión en España.

Luego están las consecuencias de todo eso. Por un lado el trato en la prensa generalista —de vergüenza ajena— y por otro un indicador mucho más fiable de la trascendencia de los hechos: los memes. Durante los primeros días del festival nadie dejó de ver su cara en pequeño por todos los smartphones. Y todo sin haber cogido el micro aún.

No merecería la pena comentar lo anterior si luego Tangana hubiera dado un concierto más y ya está. Esto no fue lo que sucedió. El madrileño era consciente de lo que implicaba ese escenario y esa hora, una especie de season finale donde todos los ojos (y, sobretodo, los ojos más importantes) estarían puestos en él. Si había que matar al ídolo de una vez por todas esa era la mejor oportunidad que iba a encontrar jamás.

Hablemos del concierto de una vez. La palabra clave aquí es exceso. Pucho y su equipo diseñaron un espectáculo donde cada canción era una experiencia distinta de las anteriores, una ráfaga de cápsulas con su propia estética, pirotecnia, puesta en escena, colaboradores, bailarines y elementos sorpresa. Pensad en motos de enduro a una rueda encima del escenario, en un cameo exprés de Dellafuente, en una lluvia incesante de billetes o en un interludio escrito para romper botellas y atracar cajas de ahorro. C. Tangana es un antídoto para el existencialismo, un potenciador de dopamina.

@primavera_sound

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Ya nada fue lo mismo después de la ejecución del ídolo. A su lado, el live de Bad Gyal parecía un ensayo. Y no es que la catalana no brillara, que lo hizo, pero Antón había marcado un nuevo estándar esa noche y en cuanto a espectáculo (que a nadie se le olvide que la cosa va de esto) ya estaba todo dicho.

Como punto crítico hay que decir que el madrileño quizás esté un poco insistente con lo de salirse con la suya. No es que no convenza (a mi también me dieron ganas de lanzar al aire mis monedas de cinco céntimos en “El Baile de la Lluvia”), es que este discurso es una serpiente que se muerde a si misma. ¿Quién se sale con la suya en el capitalismo? Una persona siempre, solo una. Sino no habría noticia. Por eso nos gusta tanto Pucho, porque conecta con regiones del cerebro cercanas al orgullo. Y una vez ahí es fácil llevar al público adonde quiera. – Antoni Ripoll 


Jlin

23:25 – Escenario Bacardí Live 

Cada vez que uno tiene la ocasión te presenciar un directo de Jerrilynn Patton puede tener la sensación de estar ante un científico orgulloso de mostrar su preciado (y ciertamente singular) descubrimiento al mundo tras fatigosas horas de esfuerzos en el laboratorio.

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La muchacha ha encontrado un eslabón perdido y aún inexplorado dentro de la cronología de la secuenciación rítmica en la comunidad footwork, por lo que podría decirse que a parte de patentar un nuevo dialecto del compás electrónico, también abandera la evolución lógica del braindance de la escuela Rephlex esgrimiendo la repetición y el frenetismo como principales bazas. Toda una experiencia que sacudió como un vendaval rítmico a todo aquel curioso que formó parte de la media entrada presente en el stage Bacardí Live tratando de sincopar coreografías tan atropelladas como el mutante lenguaje sonoro de la artista. – Raul Almeda 


Vince Staples

00:40 – Escenario Ray-Ban 

Partiendo de una sobria puesta en escena reminiscente al capítulo “Fifteen Million Merits” de Black Mirror, en el que inconexas imágenes se sucedían de manera continua y sin aparente linealidad argumental, emergió bien desenfadado el joven californiano a ritmo de su reciente “Get The Fuck Off My Dick”, con ganas de imponer su propio tempo a un más que predispuesto y agolpado Ray-Ban stage.

A nivel de repertorio, su segunda aparición en el festival estuvo marcada por una eficiente combinación ente su carta de presentación “Summer 06” y el más variopinto “Big Fish Theory” publicado el pasado verano. La inconformidad multiestilo de este auténtico todoterreno ante todo tipo de ruedos instrumentales caldeó la masa mediante los trotes grimey de “Bagpak” y “Crabs In A Bucket”, sin tampoco cortarse en en cocinar junto al público experimentos de la talla de “Party People”, “Blue Suede” o el demoledor “Yeah Right”.

Todo aquel que incluya a Sophie o Clams Casino en los beats claramente ama la aventura y el riesgo, un desparpajo que Staples supo exponer sin dar tregua con sus atrevidas bars pese a inoportunos problemas técnicos en la fase final a los que reaccionó con manifiesta disconformidad. – Raul Almeda 


Four Tet

2:50 – Escenario Ray-Ban 

No contento con haber amenizado la jornada diurna de Primavera Bits marcándose entre pecho y espalda un set de seis horas en su versión digger más ecléctica, el bueno de Keiran Hebden abría enteramente la veda electrónica del jueves noche en el Parc del Fòrum, tomando el testigo de un siempre intenso Nils Frahm en el escenario contiguo.

Dada la trayectoria del sujeto, bien sabido es que el chico de la eterna sonrisa y ojos saltones pertenece a esa estirpe de creadores noctívagos capaces de traducir su compulsiva creatividad en trabajos materializados mediante el instinto y un criterio visceral, sin demasiados titubeos.

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Y claro, con veinte años de trayectoria, incontables proyectos y diez álbumes bajo el brazo, uno puede marcarse un homenaje revisionista como quien hojea un álbum de fotos familiar. El megamix fue disfrutado, (y sobre todo bailado) por un gentío muy considerable que apenas podía vislumbrar al artista tras su ordenador en la semi oscuridad, y contó con highlights melódicos, preciosistas, etéreos y mayormente pisteros extraídos de todos sus álbumes, incluido el último en llegar, el excelente “New Energy” del cual echó mano a “LA Trance” (¿le ha salido al “Tha” de Aphex Twin un mellizo?) y al muy celebrado por el público “Lush”, tema que bien podría definir a la perfección el optimismo o la capacidad de ensoñación que siempre ha destilado el particular paraíso sonoro del británico. – Raul Almeda 


Viernes 1.06

Tyler, the Creator

1:45 – Escenario Seat 

No era la primera vez ni la segunda que Tyler pisaba el festival (veinte años tenía cuando lo vimos en el escenario Pitchfork, en 2011), pero sí era la primera que se enfrentaba en solitario a uno de los dos escenarios hercúleos del festival, el Seat.

Aquí voy a permitirme una licencia: la historia de Tyler en el Primavera me recuerda a la de The Weeknd. A pesar de que este último no ha vuelto a pisar el festival, recordemos que Abel Tesfaye debutó en el Parc del Fòrum en 2012, más o menos cuando Tyler. Y lo hizo también en un escenario mediano y con una actuación modesta que nadie recuerda ya.

The Weeknd podría volver el año que viene o en cualquier momento al Parc del Fòrum por la puerta grande y ser el headliner absoluto en el escenario más sobredimensionado. Podría llevar el festival a otro nivel y nosotros incluso dudaríamos de si realmente algún día lo vimos a medio gas en un escenario menor. Y esto es precisamente lo que sucedió con Tyler este año: el de California volvió para derribar todos los recuerdos y sentarse cómodamente en el trono del espectáculo.

Cuesta imaginar al artista en unas coordenadas espacio-tiempo más acertadas (gracias, programadores). Su directo fue una experiencia principalmente física, con el mismo Tyler como ultimate entertainer en solitario durante una hora de reloj. Armado únicamente con una armilla de seguridad fluorescente —como más adelante veremos, el outfit técnico automovilístico acabará siendo tendencia en el escenario Seat. ¿Casualidad? no lo creo— y una cautivadora puesta en escena que consistió en varios niveles de escenario fundidos en una fantasía gradient de tonos pastel que iba mutando a cielo estrellado.

Vale que A$AP Rocky lo acompañó en un pequeño tramo del directo (primer cameo de Pretty Flaco en Barcelona este fin de semana) pero fue Tyler y nadie más quien creó uno de los ambientes más bucólicos que recuerdo ver en un concierto de hip hop. Qué magia levantar la vista y ver caras sonrientes con los ojos cerrados tarareando el estribillo de “Boredom”. Pero que nadie se duerma, también hubo tiempo para enloquecer, botar y perder los sentidos. El peregrinaje a Mordor valió la pena esta vez. – Antoni Ripoll 


Arca

2:15 – Escenario Pitchfork 

La sociología nos enseña que casi todo lo que consideramos natural en realidad no es más que una convención social de un tiempo y un lugar determinados. La amistad, el tiempo, el amor, son artefactos útiles que nos permiten vivir más o menos en paz porque creemos que son universales e intemporales. Y quien piense en cuestionar esta normalidad lo tiene complicado.

Alejandro Ghersi encarna la figura del transgresor, recogiendo una convención social como es un DJ set, únicamente para desmontarla pieza por pieza hasta dejarla irreconocible. Y esto es justamente lo que se propuso hacer el viernes en el Pitchfork: más que cambiar el juego, destruirlo.

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En su show apenas verás a Arca en el DJ booth. Su rango de acción va mucho más allá del espacio que tiene asignado y esta exploración física también la aplica a su propio cuerpo, en permanente metamorfosis. El venezolano canta sobre todos los tracks y nos cuenta los vínculos y las emociones en tiempo real. Como él mismo dice, “todos tenemos una parte oscura en nuestra alma”. Su show va sobre aceptar y celebrar esta condición.

Sonó “Fetiche” y una buena cantidad de pistas inéditas diseñadas para un ritual oscuro. Pero a diferencia de la mayoría de DJs de vanguardia de club, Arca enlaza el futuro con la cultura popular (piensa en “Hollywood” de Madonna, en reggaetón, flamenco, changa tuki), llevando los fragmentos pop a su propio purgatorio, donde liberados de su condición normativa cobran una nueva vida. En este sentido Arca no tiene rival. – Antoni Ripoll 


Sábado 2.06

Majid Jordan

21:30 – Escenario Bacardí Live 

Sí, Majid Al Maskati y Jordan Ullman fueron los arquitectos de un tema que de bien seguro has bailado alguna vez en los últimos cinco años, el “Hold On, We’re Going Home” de Drake. Y sí, también siguen estrictamente vinculados tanto al burbujeo creativo arraigado en Toronto como a la plataforma editorial de Drizzy, OVO Sound.

Son hechos que claramente sirven como gancho o reclamo aproximativo de cara a husmear en la dulzona y dinámica fórmula establecida entre dos artistas que pese a estar ataviados únicamente de básicos (una agradable voz y más que acurada instrumentación) fraguan una sinergia equivalente a brillantes resultados; amable r&b y pop edulcorado perfectamente combinables en un cóctel con proyectos como Inc., How to Dress Well o don Dâm-Funk.

No hay duda que mereció la pena acercarse al Bacardí Live para comprobarlo de primera mano, ya que liaron una buena para empezar la noche del sábado de muy pero que de muy buen humor. Especialmente destacadas las fases más movidas como “Gave Your Love Away”, “One I Want”, la rescatada “Every Step Every Way” y la efusivamente agradecida por el público “My Imagination”, contrapuntos perfectos a pasajes quizás empalagosos pero equilibrados en el setlist. La voz de Majid ofreció múltiples recursos, pero es de justicia valorar la tasca de Ullman a los beats, podría ir por libre sin despeinarse. – Raul Almeda 


Tutu / Gaika

22:30 – Escenario The Warehouse 

En The Warehouse, aparcamiento indoor reconvertido en un cuadrangular escenario galerístico de estética industrial, el sábado pasaron muchas cosas. Oficialmente todas comisariadas bajo el paraguas de Warp Records, es decir, esperar lo inesperado. La oferta sin duda representaba, de un modo transversal, distintos amalgamas de sonidos germinados en las catacumbas de estilos urbanos claramente consolidados, concibiendo la electrónica más transgresora y asociativa como principal motor generativo de efervescentes propuestas.

El entrante que ofreció la catalana Tutu en forma de sesión milimétricamente emplatada para la ocasión fue de auténtica connaisseur en el arte de abrazar lo esquivo y rehuir de la satisfacción instantánea en pro de hilvanar diferentes pasajes industriales e orgánicos junto a ritmos cavernarios y maximalismos trance; schizoclub at its best.

Por su parte, el británico Gaika, inseparable micro en mano, pecho descubierto y más que preparado para liderar una revolución asumiendo del rol de instigador principal, fue al grano sin preliminares. Tras dos versiones en directo extraídas de “Spaghetto EP” y un demoledor unreleased de bajos monstruosos ya tenía a todo el público en el bolsillo para proseguir el ritual a su particular fe en la ucronía contaminada de frecuencias cercanas al grime, querencias jamaicanas y dembow exorcizado por su inquietante carisma. – Raul Almeda 


Oneohtrix Point Never

00:10 – Escenario Bacardí Live 

La vuelta de Daniel Lopatin al Primavera Sound, tras previo debut tanto en solitario (circa “Returnal”) como junto a Joel Ford, coincidió con el lanzamiento de su tercer LP en Warp Records; “Age Of”, presentado oficialmente durante tres fechas consecutivas de sold out en el Park Avenue Armory de Nueva York bajo el nombre de “MYRIAD Ensmble”, cuarteto encabezado por el mismo Lopatin, acompañado por Eli Keszler, Aaron David y Kelly Moran. La ocasión, pues, escenificaba la premiere europea en la que se presentaba la enésima expansión del universo que 0PN lleva trazando trabajo tras trabajo, partiendo del último capítulo explorado hasta la fecha “Garden of Delete” (desde entonces tampoco le ha faltado tiempo para ganar el premio del Festival de Cannes a mejor banda sonora original por el film Good Times o co-producir el disco debut de Anohni junto a Hudson Mohawke).

El de Brooklyn, siempre dando un paso al frente a la hora de ponerse a prueba ante sus propios registros creativos mediante el riesgo y la sofisticación de su propio lenguaje, ha conseguido alcanzar un notorio virtuosismo en cuanto a la construcción de sus digitales aleaciones sónicas de naturaleza digital, permitiéndole proyectar estructuras compositivas aparentemente imposibles que incorporan nuevos elementos y temáticas con las que experimenta (en el caso de “Age Of” el tratamiento y manifiesto protagonismo a diseños líricos, el sobre uso del harpichord y residuos estéticos reminiscentes a sus anteriores trabajos).

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Para que no quedara en entredicho que el tipo se atreve con todo, en el concierto se le pudo ver desde interactuar con un batería, cantar a viva voz o rasgar sutilmente un violín para obtener un efecto concreto ante un público expectante, hipnotizado y perplejo mientras se desvelaban pasajes hiperpoblados de virguerías como “Toys 2”, “Ratycats” o “Same” a ritmo de esperpénticas figuras de hiperrealidad volteando sobre sí mismas en pantalla.

Lástima que la experiencia no fuera todo lo inmersiva que pudiera debido a un volumen general oscilante, pero si como truco final va y pone el broche con un tema tan mayúsculo como “Chrome Country” (canción final de “R Plus 7”) pues como que uno se plantea lo que acaba de ver y termina pensando en la suerte que puede estar teniendo al ser contemporáneo a ese tipo de mentes aventajadas. – Raul Almeda 


A$AP Rocky

1:40 – Escenario Seat 

Le tengo mucho respeto a A$AP Rocky pero verlo ataviado en un mono de mecánico con una enorme cabeza de test dummy de Porexpan justo detrás no es la puesta en escena que hubiera soñado para la presentación de un disco tan solemne como “Testing”. Parece que el de Harlem se propuso ser carne de meme este fin de semana (otro más).

Pero da igual porque Lord Pretty Flaco está por encima de todo eso y cuando suenan los primeros compases de “A$AP Forever” todo cobra sentido. A$AP Rocky sabía muy bien dónde estaba y la hora que era. Lejos de vendernos el concepto detrás de “Testing”, repasó su lado más accesible, tirando mayormente de fondo de armario (todo bien, sus hits del 2013 siguen sonando frescos). Empezó con la citada “A$AP Forever” y acabó con “Wild For The Night”, con muchísimos hits en medio como “Goldie”, “Angels” o “Praise The Lord” (con glorioso cameo de Skepta).

Dos lecciones aprendimos: 1. Los nativos de Barcelona no sabemos abrir un moshpit como Dios manda. 2. Después de la invasión rapera en el lineup de los últimos dos años, el Primavera ha virado definitivamente hacia una nueva etapa donde las TR-808 ganan terreno y poder de seducción a las guitarras.

Por cierto, un fuerte abrazo a todos los que se perdieron el concierto de A$AP por culpa del mayor bulo que se ha visto en el Primavera: un concierto sorpresa de Frank Ocean en el Hidden Stage. Sigan soñando. – Antoni Ripoll 


Skepta

2:45 – Escenario Seat 

Se dice que los Migos la liaron el viernes. No dispongo de los datos que contrasten esta teoría pero no es difícil imaginarse a este perfil de rapero cancelando conciertos como quien cancela una cita con el dentista. Casi que mejor; “Culture II” es un disco que no cumplió las expectativas y ya me veía en medio de esa explanada bailando bangers de oferta a desgana e inventándome las letras.

Migos fueron doblemente sustituidos. El viernes fueron Los Planetas quienes ocuparon su slot. Entiendo que no hubo tiempo de reacción por parte de la organización así que nada que objetar.

Pero el vacío que dejaron los Migos tenía que ser llenado por un producto del mismo segmento y de la misma contundencia. El destino quiso que Skepta acabara actuando por segundo año consecutivo en el mayor escenario del festival de referencia en Europa. Lo que viene siendo un gol.

Nada que objetar en el show de Skepta. Sonaron todos los hits perceptivos (“That’s Not Me”, “Shutdown”, “Lyrics”), además de otros inesperados como el remix de “Look Alive” de BlocBoy JB y Drake, además de —otra vez— “Praise The Lord” con cameo de A$AP Rocky. Eso sí: después del inciendio de Pretty Flaco minutos antes en el mismo escenario, hasta el mismo Skepta parecía un perfil low energy. – Antoni Ripoll 


Evian Christ

3:30 – Escenario The Warehouse 

Es ciertamente difícil trartar de dar con una experiencia más extrema, reveladora e intensa a la que presentó Joshua Leary en el marco de un festival regido por un cuidado atrezzo tanto estilístico como formal. De la experiencia y los motivos en realidad tampoco se podrían extraer sobredimensionados análisis ni sesudos conceptos, ya que el motor de la propuesta quizás era la falta de estos (aunque las Trance Parties que promueve el chaval en el Reino Unido ya podrían dar pistas).

El hecho de pasar una hora dentro de un más que sudoroso parking, rodeado por la suficiente densidad de humo que le impedía a uno ver más allá de medio metro a su redonda (tan solo siluetas que desaparecían tan pronto como aparecían), con un auténtico arsenal de incansables luces estroboscopicas sincronizadas con hardcore, gabba y trap asesinos mezclados con eurodance 2000’s, temas primigenios de Evian Christ en Tri Angle o excursiones varias como el “Music” de Madonna simplemente lo que le dan a uno son alas para volar y olvidarse del dónde, del cómo, del qué y del cuándo va a terminar. – Raul Almeda