#Crónicas

Crónica: Primavera Sound 2014

03.06.14
Xavi S. Pons

Aún con la resaca encima, pasamos revista al Primavera Sound 2014 con dos crónicas que repasan lo mejor y peor que se pudo ver en el festival. Tres días (los centrales en el Fòrum) de muchos conciertos, alegrías, decepciones, caminatas entre escenarios y algunos momentos para el recuerdo.

Lo bueno -y lo malo- del Primavera es que te lo haces a tu medida. Bueno porque hay donde escoger sean cuales sean tus gustos; y malo, porque a veces la selección responde también a la imposibilidad de doblarse, digo, quintuplicarse en un recinto y una programación inabarcables. En todo caso, uno siempre tiene claros “sus” cabezas de cartel, aquellos conciertos que hay que ver enteros, los platos principales de un inmenso menú degustación. Los míos estuvieron encabezados, el primer día, por Queens of the Stone Age, quienes cumplieron sobradamente aunque parecían haber adaptado su setlist a una audiencia más pop de lo habitual: con “No One Knows” en segundo lugar se ganaron al público menos familiarizado con su propuesta; una táctica que prolongaron con piezas como “If I Had a Tail”. Su actuación fue de menos a más, coronándose con temas más contundentes como “Go With the Flow”. Arcade Fire fueron los triunfadores de la primera jornada, empezando con “Reflektor” y desplegando su batería de hits épicos e infalibles. Future Islands sonaron bien y contagiaron con sus melodías de pop melancólico y los bailes imposibles de su frontman Samuel T. Herring, habrá que verlos en sala en octubre. Y el hardcore de Touché Amoré nos arrolló combinando fuerza y sentimiento. El mejor directo de la segunda jornada lo firmaron los noruegos Kvelertak, encabezados por Erlend Hjelvik, una suerte de Andrew W.K. poseído por el dios nórdico del black metal. Su show sonó claro, intenso y aplastante; una retahíla de fogonazos hardrockeros con trazas punk y black, buffet libre de riffs y blastbeats, y cambios de ritmo incesantes que nos dejó sin aliento. Lo mismo sucedió con Nine Inch Nails, para mí la mejor actuación del festival con diferencia. Con una puesta en escena sobria y apabullante a la vez y un sonido perfecto, Trent Reznor lideró una actuación majestuosa, soberbia e intimidante; la conjunción perfecta entre rock y electrónica. Oscuros y melódicos; potentes y detallistas; todo sonó en su lugar, y casi podías sentir las evoluciones de un sonido con cuerpo, rugoso y plagado de matices. De «Copy of A” y “March of the Pigs” a “Wish”, “Head Like a Hole” o “Hurt”, nada falló. A otro nivel. Completaron los aciertos Jesu y su rocoso y atmosférico showgaze industrial; y Cold Cave, bailables, envolventes y lúgubres al mismo tiempo. Entre las decepciones, Deafheaven, con buena actitud pero un sonido lineal y embarullado que deslució los aciertos de su último y alabado disco; Volcano Choir, con un Justin Vernon algo perdido entre tanto efecto de voz; y unos apáticos Pixies, quienes salvaron los muebles gracias a un cancionero incontestable.

Por David Sabaté

Tratar de poner orden a los recuerdos de cualquier edición del Privamera Sound es como intentar poner orden en el cajón de los calcetines: una tarea que requiere un esfuerzo titánico pero que, de conseguirse, supone una recompensa satisfactoria. No en vano, rememorar los mejores -y peores- momentos del festival suele ser sinónimo de vello erizado y dilatación de pupilas. Pues bien, intentémoslo: todo aquel recuerdo más nítido y cristalino engloba a Girl Band y sus poderosas guitarras entre el ruido y el techno, o bien los alegres gorgoritos de Lauren Mayberry (CHVRCHES) envueltos en synthpop de marca Depeche Mode. Si me preguntan por el descubrimiento o sorpresa de las tres jornadas, creo que apostaría todo por Darkside, tras una hora de concierto que empezó desde la oscuridad que transmite la pareja Nicolas Jaar y Dave Harrington hasta el éxtasis big beat en el cual fue metamorfoseando el escenario Ray-Ban. Mucha clase la de Jaar cantando y manejo experto de la guitarra a lo Mike Oldfiled por parte de Harrington. Los momentos cumbre de niveles de dopamina en sus topes respondieron a los nombres de Slowdive (precioso concierto y enorme y flotante «Souvlaki Space Station») y, sobre todo, Mogwai, con un emotivo concierto en el que tocaron el pestilente cielo de Sant Adrià con la punta de los dedos en varias ocasiones, ya fuera con las imbatibles “Rano Pano” o “White Noise”, o bien con la nueva perla de su más reciente LP, “Remurdered”, en la que el escenario ATP (para un servidor, el mejor de todo el festival en cuanto a comodidad, cercanía y sonido) se convirtió en una rave. Enormes, como siempre. Si me preguntan por el ramalazo energético necesario para sobrellevar mejor el cansancio extremo del Primavera, la descarga eléctrica de Cloud Nothings y la versión más feroz en vivo de “Forever Dolphin Love” de Connan Mockasin se llevarían los galardones. Y, por supuesto, hay espacio en mi memoria para recordar el fiasco de este año: Pixies y su descarada desidia. ¿Por qué reunirse y publicar nuevo LP cuando ya no es necesario? ¿Por qué Black Francis parecía no querer conectar nunca con el público? ¿Por qué se parece cada día más al cuñado de Walter White de Breaking Bad? Preguntas sin respuesta que tampoco compensaron la notable presencia de la nueva bajista Paz Lechantin. Ahora ya solo nos queda seguir recomponiendo las piezas del puzle memorísticas durante la semana.

Por Beto Vidal