#Crónicas

Crónica MIRA 2017 (1)

Estuvimos un año más en el MIRA y te lo contamos en dos partes.

13.11.17
Carles Novellas

Texto por Manel Peña 
Fotos de Toni Rosado 

Siete ediciones ya las que lleva el MIRA Festival en Barcelona, plenamente asentado en el espacio de la antigua fábrica Fabra i Coats. Este fin de semana pasado han presentado más de cuarenta y cinco actividades relacionadas con el mundo de las artes audiovisuales, cuya principal novedad para este año consistía en un nuevo escenario, el 3D Sound Room. Esta segunda sala sirvió para distribuir mejor el aforo de asistentes y descongestionar la sala principal, además de proporcionar una experiencia sonora diferente. Todo un acierto.

El primer concierto de la presente edición se celebró en L’Auditori la noche del martes. Mucha expectación por ver el pase de un histórico como Wolfgang Voigt / GAS, que supo sacar partido de un excelente equipo de sonido y visuales (como ir a buscar setas de tripi). Electrónica atmosférica y épica impecablemente elaborada y ejecutada, todo muy pulido e hipnótico pero también previsible y autoreferencial. Un buen viaje para empezar la semana.

El jueves, ya en Fabra i Coats, empezamos con el espectáculo audiovisual Vessels (música del valenciano Diego Navarro y visuales de Darío Alva), una curiosa propuesta que explora la relación del mundo de la naturaleza (el de los dinosaurios, concretamente) con el de la electrónica. Excelente diseño de sonido y un sentido de la narración curioso (momentos que me recordaron a cuando vi “Jumanji” con mis suegros). A continuación salieron el dúo Visible Cloaks, una de las sensaciones de este año en lo que a electrónica experimental se refiere. Espectacular concierto que combinó esa peculiar estética inspirada en el ambient japonés, contemplación sintética que flirtea con el vaporwave, la fourth world music y la new age. Canciones (¿quizá sería mejor decir momentos musicales?) que parece que se queden flotando en el aire, sin dirección aparente pero de una intensidad extraña, orgánica. Cómo estar todos juntos viendo salir el sol en pelotas y ciegos de oxicodona. Normal que el esforzado show de Patten -sofocante y provocativo- que presenciamos a continuación no hiciera mucha mella. Otra vez será.

Powell deconstruye la música de baile de una manera totalmente personal, con un punto de equilibrio muy difícil de conseguir entre el hedonismo y la experimentación

Lo primero que pudimos ver en la jornada del viernes fue una parte del live con modulares que hizo Espinoza, que combinó partes de ruido bastante visceral con pasajes más relajados. Los primeros veinte minutos del concierto del legendario Suso Saiz fueron algo digno de verse. Drone contemplativo que parecía reverberar de manera mágica. Después cambió la marcha, utilizando algún fraseo de guitarra y bases pregrabadas, siempre manteniendo la inspiración. Lástima de unos visuales cuyo afán de protagonismo te alejaban más de la música que otra cosa. Julianna Barwick nos sentó al lado de la hoguera durante unos tres cuartos de hora fascinantes, con un folk onírico y experimental a medio camino entre Grouper y The Caretaker, interpretado exclusivamente con voz y un piano en blanco y negro (más unos cuantos efectos, claro).

Algo decepcionante nos pareció lo de The Bug y Dylan Carlson. Es cierto que se vieron lastrados por ciertos problemas técnicos, pero su mezcla de dub y doom sólo consiguió cuajar en momentos muy puntuales. Al cabo de un rato decidimos por fin ir a sacar la cabeza al escenario 3D, donde el alemán Toulouse Low Trax ofreció un excelente live de downtempo comatoso. El efecto 3D (los altavoces de la PA estaban distribuidos en una circunferencia) se ajustó a su propuesta como un guante.

Vuelta al escenario principal donde pudimos seguir sin mucho entusiasmo el concierto de James Holden y su banda de acompañamiento, The Animal Spirits. Un show ciertamente colorido y caleidoscópico (¡con sección de vientos!), pero muy falto de profundidad. Se ha comparado este proyecto con el espíritu del free jazz, pero la verdad es que nos recordó más a los combos de jazz fusion de los finales de los setenta que hacían mucho ruido pero tenían poca sustancia. Powell arregló las cosas, y de qué manera. Sus últimos maxis (y el LP) nos habían hecho perder un poco el interés en su música, pero el live que hizo en MIRA nos hizo recuperar las esperanzas. El jefe de Diagonal deconstruye la música de baile de una manera totalmente personal, con un punto de equilibrio muy difícil de conseguir entre el hedonismo y la experimentación. Bolazo con el que dimos por cerrada la excelente jornada del viernes. Tuvimos que dejar para otra ocasión la sesión de Tzusing, que, según nos comentan por la otra línea, estuvo también muy bien.