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Festival Cara•B: termómetro en crecimiento

Fuimos al Festival Cara•B los dos días, lo vivimos, lo bailamos y lo disfrutamos, y también (cómo no) lo criticamos. Aquí nuestra crónica.

20.02.18
Carles Novellas

Texto viernes: Antoni Ripoll
Texto sábado: Carles Novellas
Fotos: Sarai Moreira

El Festival Cara•B llegaba a su cuarta edición con el cartel de todo vendido y dos jornadas repartidas para dos públicos a priori muy diferentes, casi como dos festivales en uno. El viernes -dicho así rápido- la tónica era gente joven, trap, reggaetón y hip hop. Y el sábado guitarreo, pop guasón y público más treintañero.

Precios bastante populares, horarios un tanto discutibles y muchas ganas generales de fiesta son otras ideas que vienen a la mente de estos dos días en la fábrica Fabra i Coats de Barcelona, lugar perfecto para un festival que parece que ya ha tocado techo.

Viernes: alimento para tus Instagram Stories

Entro en la antigua fábrica a medio concierto de Damed Squad. Suena “King Arab” y la sospecha se confirma: Cecilio G está entre nosotros y ha vuelto a ganar. Difícil pensar en un comienzo más excitante. Los chavales de l’Ametlla del Vallès y el rey de Bogatell hacen lo suyo pese al fatídico horario (las seis y media de la tarde). Es posible que su directo necesite reforzar el componente espectáculo pero esta carencia queda compensada por la frescura y la ausencia de complejos del conjunto.

Tras el prometedor arranque —y la correctísima selección en continuidad de Tita Desustance— es el momento de Afrojuice 195. Los abanderados del afrotrap vuelcan toda su energía en un escenario hiperpoblado (cameo de Ms. Nina incluido) pero el público no parece vibrar todavía; al fin y al cabo es la hora de la merienda. Decido que es buen momento para ir a tomar el aire.

El patio de Fabra i Coats es carne de stories de Instagram. Mientras Cecilio G se hace fotos con sus fans, hablo con Ybril Rue de Le Rue Boys, quien hoy ha estado haciendo de side DJ para Damed Squad. “Está un poco vacío, ¿no?”. En efecto.

Fabra i Coats tiene la estructura perfecta para acoger eventos de tamaño mediano como este. O como el Mira, que se celebró hace unos meses y que exprimió todo el potencial del lugar. En este caso, el Festival Cara•B tiene una aspiración más modesta que parece reconocer sin complejos: saben dónde están y hasta dónde pueden llegar. El resultado es un evento sincero y acogedor.

Sin embargo, el viernes no se colgó el cartel de sold out como el año pasado. Y esta es posiblemente la mayor sorpresa de un festival que había apostado fuertemente por la nueva música urbana. Es posible que los headliners no fueran tan mediáticos como en anteriores ediciones, o que el orden de actuaciones no fuera el más lógico, pero nada de esto hacía pensar que el ganador de esta edición fuera el pop rock tradicional del sábado, donde sí se agotaron las entradas.

A todo esto, el festi sigue su curso y ya son casi las nueve. A lo lejos me parece ver a Hakim pero no estoy seguro.

Al entrar otra vez en la antigua fábrica está sonando el bis de Mueveloreina. Pocos brazos en alto. “No sabemos lo que queremos, pero lo queremos ya”, confiesan al público en un arrebato de sinceridad. Luego me comentan que la frase hacía referencia a los millennials (sic.) y no a ellos mismos. Primer lapsus de la noche y espero que el último.

Llevo siguiendo a Ms. Nina en Instagram desde antes de que empezara a hacer música. Llama la atención el desparpajo que ha adquirido a base de exposición pública. Ni punto de comparación con sus primeros shows. En Fabra i Coats suenan todos sus hits, por supuesto. El cameo de Jedet estaba cantado pero no por ello deja de funcionar entre un público sensiblemente más receptivo.

Son las diez de la noche y la antigua fábrica ya va teniendo el ambiente que se necesita para una intervención de Locoplaya. El potencial de los tres canarios en directo es innegable, por lo que no me detendré en ello. Lo que sí merece la pena citar es la astucia del trío para ganarse rápidamente al respetable. Al contrario que la mayoría de raperos, Locoplaya llevan su contexto con ellos allí donde van: camisas hawaianas, gafas de sol, pelotas de playa y demás atrezzo que sirve de conexión en tiempo real entre su universo y el público.

Dellafuente sí es el headliner que el Festival Cara•B se merece. Si lo que buscamos en eventos así es la unión de frescura y profesionalidad, el Chino es nuestro hombre. Lo mejor del granadino es que se encuentra acariciando el mainstream, con la seguridad de quien se sabe ganador, aprovechando este tipo de apariciones para bordar sus clásicos y brillar como protagonista indiscutible.

Cierra la noche el único DJ con la credibilidad y las tablas para hacerlo. El gran qué de Steve Lean es que sigue usando su posición de beatmaker y selector respetado para educar musicalmente al personal y no quedarse en la comodidad que proporciona ser un mero jukebox de hits.

Sábado: garage, cumbia presets y muchas risas

La jornada del sábado estuvo marcada, como ya sabíamos, por las guitarras y la pura diversión, dos conceptos que no siempre van juntos pero que el Cara•B se encarga de hacer casar con su habilidad para fichar y armar una programación muy bien compensada.

La tarde empezó un poco floja con el soso pase de Las Robertas, más concentradas (ellas al frente, pero también él detrás) en que no se les escapara un ritmo o una nota que en disfrutar y hacer disfrutar a los presentes. Buenas canciones pero pobre actitud; un pecado bastante general y perdonable en muchos casos, pero no en un festival como este.

Por suerte, ya en el segundo asalto tuvimos el mejor momento de todos los que viviríamos ese día en la Fabra y Coats: el concierto de Mujeres, absolutamente pletóricos y renovados, tocando todos los hits de “Un Sentimiento Importante” (que no son pocos), recuperando canciones tremendas de sus ya diez años de carrera (“Aquellos Ojos”, “Galgo Diamante”) y terminando con una versión salvaje de “No volveré”, de Kokoshca, que lógicamente invitó al pogo en las primeras filas. Y eso que Pol Rodellar salió al escenario con cinco puntos de sutura en la cabeza (y gorro-gasa para tapar) por culpa de un ventilador de techo que le había dejado KO la noche anterior en un concierto en Mallorca.

Tras ellos vino la fiesta entrañable y naturalista de Esteban y Manuel, hype inesperado llegado desde Santiago de Compostela. Verbena, tecladillo programado, cumbia y auto-tune a tope, además de unos parlamentos del de la camisa azul (es Esteban, creo) que recordaron a esas tómbolas de feria que se pasean por los pueblos de toda España. Vencieron fácil y a su manera; y bailamos sin parar, que era de lo que se trataba. Si la fórmula dará para mucho más ya lo dejamos para otro día.

El bajón llegó con El Último Vecino, un poco pasados de sonido retro-ochentero Joy Division y tomándose demasiado en serio a si mismos, incluido un Gerard Alegre sobreactuado y desafinado. No encajaron bien con el tono jaranero del resto del cartel.

Los Ganglios, en cambio, sí. Sus canciones son demenciales, de puro chiste (algunas letras parecen escritas en 10 minutos en un bar mientras te tomas un carajillo, o en la parte de atrás de un coche volviendo de fiesta y devorando una bolsa de Cheetos), pero triunfan por carisma y una falta total de prejuicios. Menciones especiales para los interludios bakalas, el botón del “bass” y el megahit “LOL”, coreado por el público como si fuera lo último que iban a hacer antes de morir.

El festival se guardó a los veteranos con más cartel para el final, y aunque estuvieron bien los dos quizás no fuera el mejor momento de verles, ni tampoco el mejor concierto que les hayamos presenciado. Pony Bravo empezaron atmosféricos, recuperando varias de las joyas de sus dos primeros discos (qué placer volver a escuchar “El Guardabosques” o su alucinante versión de “La Niña de Fuego” de Manolo Caracol) pero pronto primaron los temas más críticos y jocosos (también más flojos) de “De Palmas y Cacería”; lógico teniendo en cuenta la hora y el lugar.

Hidrogenesse lo cerraron bien, como siempre, con sus outfits imposibles, hit va y hit viene. Todo en orden. Aunque no lograron del todo disipar esa sensación de que lo mejor (el binomio Mujeres – Esteban y Manuel) ya lo habíamos visto y que ese hubiera sido, en realidad, el fin de fiesta perfecto.