#Crónicas

Björk y su selvático lenguaje musical

José Carlos González describe su experiencia dentro del set inaugural de la pasada edición del Sónar Festival.

27.06.17
Frankie Pizá

Fotos de Santiago Felipe cedidas por la organización de Sónar Festival. 

Texto de José Carlos González.

Pocas artistas veteranas como Björk pueden presumir de tener una carrera tan influyente y vinculada a la vanguardia electrónica.

Desde sus comienzos a principios de los noventa hasta ahora, su capacidad de reinvención y adaptación al medio la convierten en una artista camaleónica y pionera que siempre ha estado en la fina línea entre lo popular y lo underground, posición que le ha permitido a la vez impulsar su vertiente más personal y universal abriéndose camino a través de lo experimental.

Es por esto, tal vez, por lo que ha sido elegida como la figura idónea para inaugurar la 24ª edición del Sónar Festival.

Y una de las mejores formas de abrir las puertas a su mundo y convertir a los asistentes del Sónar en partes del organismo Björk fue la inauguración de la exposición en el CCCB de Björk Digital, una experiencia inmersiva de Realidad Virtual que presenta los trabajos en vídeo de la artista en colaboración con grandes artistas visuales y programadores.

Qué mejor forma de reivindicar su forma de entender el arte, de rabiosa actualidad, que las 5 salas que conforman esta exposición y que convierten al espectador en partícipe del mundo de Björk.

Escenarios creados a partir del naturista imaginario de la islandesa con un cuidado diseño de sonido obra de The Haxan Cloak que le aportaba realismo y profundidad a las canciones originales.

De la multipantalla y los 360º al videojuego interactivo e inmersivo, Björk traza un camino por el doloroso proceso de pérdida que es su disco «Vulnicura«, en la que el espectador, convertido en testigo y protagonista del dolor de la artista, emprende junto a ella un camino hacia la sanación y la reencarnación en un organismo más fuerte, consciente y bonito.

Tras la llegada del Björk Digital y la conferencia que realizó en Sónar+D, en la que habló sobre la influencia de la tecnología y el arte visual en su carrera musical, tuvo lugar en el SonarHall el DJ Set exclusivo que abría oficialmente el festival.

Despojada temporalmente de su etiqueta de artista popular y en el papel de DJ, la islandesa deleitó a los asistentes con una sesión de cuatro horas de duración.

La puesta en escena, similar a otros DJ Sets de la artista, simulaba una selva amazónica plagada de plantas y helechos; semioculta por la vegetación y prácticamente tapada por su atuendo, Björk mantuvo una postura escueta y solo se dirigió al público al comienzo, saludando tímidamente con la mano.

La noche dio comienzo con una pieza de piano austera a la que fue incorporando sonidos selváticos y músicas tradicionales sudamericanas, africanas, indias y orientales.

El propósito de la artista estaba claro: hacer un recorrido por sus influencias y archivos musicales entrelazando lo tradicional y lo actual, lo pagano y lo profano, resaltando así el vínculo que nos une a la tradición y a nuestras raíces.

Esto es algo que define muy bien, por ejemplo, a Elysia Crampton o a Farai del colectivo NON Worldwide, que no faltaron en la sesión de Björk y que entrevistamos recientemente en Exaltar el amor propio, alcanzar el nirvana, Farai.

Pero no solo sonaron artistas contemporáneas vinculadas directamente con la parte más underground de la escena como las mencionadas anteriormente: hubo también espacio para artistas consolidadas como Kate Bush o Enya; la constante presencia de música femenina fue de agradecer y deja clara la postura de Björk respecto a la escasez de representación femenina en la industria.

Cuando la atmósfera estaba en su punto culminante y Björk ya había pasado también por propuestas más ruidosas y abstractas como las de Vessel, Oneohtrix Point Never, Peder Mannerfelt o Arca (tal vez su influencia más directa actualmente), una bola de discoteca apareció en la pista y empezó a sonar Dancehall.

Es aquí cuando Björk deja claro que sabe lo que hace: inyectó una dosis de energía a la noche rompiendo con la atmósfera sofocante y envolvente dejándose llevar por todo tipo de géneros que dominan (o dominaron) las pistas de baile: R&B, Trap, Happy Hardcore, Techno, Hip Hop, Breakbeat, UK Bass, Electropop y un largo etcétera que compensó la falta de variedad (sin desmerecerla en absoluto) de la primera mitad del set.

El esquema sonoro que trazó la artista a lo largo de la noche dejó claro que conoce cómo evoluciona y se transforma la música, oscilando entre lo contemporáneo y lo tradicional de forma constante pero sin dejar de lado la diversión, la variedad o incluso el humor.

Con todo, fue una muestra de que la música, como lenguaje universal, es atemporal; una selva frondosa y salvaje que siempre se transforma pero nunca muere.