#Crónicas

La energía y el carácter del BAM 2016

Con un ambicioso programa multicultural y la inestabilidad climática como protagonistas, estos 3 conciertos reflejaron como ningún otro lo que persigue el festival barcelonés.

28.09.16
Frankie Pizá

Las fiestas de la Mercé de Barcelona son, entre otras cosas, señal de que el verano acaba y empieza el otoño. El tiempo suele corroborar el cambio con nubes y lluvia.

Una amenaza que se convirtió una vez más en realidad y que acabó perjudicando a la programación del BAM, el símbolo que el público más comprometido con la actualidad musical sigue cuando llegan estas fechas.

El ambicioso programa del BAM prometía su cartel más diverso y multicultural, amplificando su enfoque sobre las nuevas músicas urbanas y expresiones electrónicas lejos del acento occidental.

Sin perder su énfasis en dar sitio a propuestas locales de gran alcance popular: C. Tangana llenó a rebosar cuando le llegó el turno, cumpliendo expectativas, aunque Bad Gyal se vio obligada a suspender. Sobre el terreno, nuestras apuestas previas se cumplieron y, por ejemplo, formaciones como Metá Metá electrizaron a la audiencia presente en el Moll de la Fusta.

Dentro del carácter que el BAM quiso reflejar con su exótico programa, desde TIU nos quedamos con 3 conciertos apasionantes que creemos mejor representaron la trayectoria que ha escogido el evento.

Quizá una de las actuaciones más interesantes y sólidas fue la de Lafawndah, un concierto que coincidía con el del multitudinario C. Tangana pero que ofrecía a la moderada asistencia una actuación pocas veces disponible en la ciudad.

El deje árabe, asiático, tropical, de su música y entonaciones se mezclaba a la perfección con las percusiones militaristas, duras, cercanas al club en algún momento y se llevaba los aplausos tanto de aquellos interesados en el exotismo musical propio del BAM como de aquellos que buscaban sonidos contemporáneos en la electrónica.

Lejos de buscar una conexión íntima con el público, buscar el feedback fácil y adoptar actitudes paternalistas, Lafawndah hizo una actuación breve (su concierto tan solo duró 30 minutos) y concisa, en la que todos los asistentes éramos un mero receptor de la fuerza y energía bien dirigida y dominada de la artista.

Ella sola en el escenario, con el micrófono y el Gong como únicas herramientas, consiguió captar la atención del público a base de repasar sus piezas de «Tan» y alguna otra sorpresa. Incluso en el momento álgido del concierto la artista se permitía sentarse en un taburete y esperar sentada mirando desafiante al público mientras esperaba a que empezaran las duras percusiones.

Puedes leer nuestro análisis sobre la música de Lafawndah a través de este enlace, «Desobediencia civil: Lafawndah hace sonar la alarma«. (Aleix Mateu).

Pese a las lluvias torrenciales que obligaron a suspender algunos de los primeros conciertos del BAM, la jornada inicial del festival pudo acabar con total normalidad.

Los encargados de finalizar las actuaciones del viernes fueron Islam Chipsy & EEK, que tras la propuesta más abstracta y experimental de Maurice Louca mostraron la perspectiva más musculosa y bailable de la música moderna egipcia vinculada al Electro Chaabi.

La fórmula fue invariable a la vez que infalible: las potentes bases rítmicas sincopadas del dúo de baterías EEK sirvió como base para el intenso teclado de Islam Chipsy, con un resultado que sonaba como lo que vendría a ser una colaboración entre Safri Duo y Omar Souleyman.

El numeroso y heterogéneo público que acudió al Moll de la Fusta no paró de bailar y no fueron pocos los que iban preguntando como se llamaba la banda que estaba actuando, reafirmando la función del BAM de descubrir nuevos artistas. (Pau Cristòful).

La plaza del MACBA estaba expectante ante la llegada a Barcelona de MHD; daba igual que el rapero con orígenes en Guinea y Senegal luzca en más de un vídeo la camiseta oficial del Real Madrid CF.

Todos los jóvenes que transitan la plaza a diario y que de alguna manera componen el símbolo urbano en el que se ha convertido la entrada al museo sabían que asistir era una obligación. Hasta Kaydy Cain y parte de La Vendicion estuvieron atendiendo desde las pruebas de sonido.

Con un público entregado, mayoritariamente joven y una fuerte presencia de audiencia francesa, Mohamed Sylla solo podía triunfar: su enérgico y coreografiado show con dos coristas y un DJ nos dejó bien claro qué es lo que él llama «Afro Trap».

El show desveló que el Rap con detalles africanos en su estética sonora y en el aspecto general tiene posibilidades de llegar al mainstream internacional. (Frankie Pizá).