#Entrevistas

El Pumarejo: la utopía necesaria

"El Pumarejo es el sueño hecho realidad de un grupo de amigos, pero a la vez apunta a convertirse en uno de los espacios que más necesita Barcelona".

14.07.16
Pau Cristòful

Fotos de Denisse García y Pau Cristòful

Barcelona es una ciudad con una envidiable escena emergente. Lamentablemente, esta creatividad queda en muchos casos condicionada por un circuito de salas faltado de espacios de pequeño tamaño disponibles por un precio asumible por el pequeño artista.

A esto se le tiene que sumar una ley que hasta hace pocos meses limitaba enormemente las opciones de disfrutar de música en directo más allá del panorama ya conocido por la mayoría. Por suerte, parece que a finales de año una actualización de dicha legislación ampliará considerablemente el abanico de posibilidades (a pesar de las restricciones de decibelios y los varios «peros»).

Aunque la nueva ley solo se aplicará a locales con licencia de bar, restaurante o cafetería, es en este contexto optimista que florece El Pumarejo. Autodefinido como una «asociación cultural sin ánimo de lucro», El Pumarejo está cimentado en toda la ilusión que uno puede imaginar en un grupo de jóvenes con poco más de 20 años y un insólito apoyo económico del padre de uno de ellos que les permite autoconstruir libremente su utopía.

«Esperamos que gracias al colectivo de asociaciones La Red Cultural se consiga también un epígrafe que nos permita desarrollar nuestra actividad dentro de la legalidad», comentan sus responsables.

De izquierda a derecha: Jota Batalla, Roman Daniel, Alejandra Smits, Xavi Sáncez y María Pleguezuelos.

El Pumarejo está situado en los bajos de un bloque de pisos cercano a la parada de metro de Vallcarca (L3), barrio caracterizado por su asociacionismo y movimiento okupa. Por esta razón, aunque El Pumarejo sí pague su alquiler, Vallcarca parece a priori el escenario ideal para desarrollar una propuesta de este tipo (sin ir más lejos, uno de sus vecinos pertenece al loable colectivo de conciertos hardcore Ojalá Estë Mi Bici).

El nombre de la asociación es un homenaje a la Casa Grande del Pumarejo de Sevilla, espacio de vecindad con implicaciones culturales, sociales y políticas que al cabo de los años fue reconocida como Bien de Interés Cultural por la Consejería de Cultura de la ciudad. «Conocimos el Pumarejo de Sevilla a través de la canción de Pony Bravo, pero ahora que lo pensamos de momento aún no nos hemos puesto en contacto con ellos para comentarles nuestro homenaje», reconocen entre risas.

Pese a que el factor musical sea el que más pese de momento, El Pumarejo pretende abrir sus puertas a «cualquier manifestación cultural, especialmente las de aquellos proyectos que no dispongan de espacios donde desarrollar su actividad». En sus pocas semanas de funcionamiento, su sala principal ha acogido conciertos de diferentes estilos pero también jam sessions, proyecciones de películas e incluso una sesión de yoga acompañada por un set de música ambient.

«Las inmersiones sonoras y la meditación es algo que nos interesa mucho y con el tiempo también queremos dar cabida a compañías emergentes de teatro y hacer algo con el huerto que estamos cultivando en la terraza«, explican.

Además de esta variada programación de actividades, El Pumarejo dispone de diferentes salas de ensayo y pretende montar una escuela de música. Así, esta asociación cultural no se limita a ser un escaparate del talento emergente sino que se convierte en un espacio de creación y retroalimentación constante al margen de las instituciones. «De hecho, años atrás esto ya fue una escuela de música y un espacio de ensayo. Yo aprendí a tocar la guitarra aquí», comenta Jota Batalla.

El aura creativa que ahora inunda el local junto con el aroma de los inciensos viene anticipada por sus responsables, entre los que se encuentra el productor de electrónica Román Daniel (Mans O) y el mencionado Jota Batalla, compañero suyo en el infravalorado supergrupo Wesphere y también componente de bandas como Nerobambola. Más allá de ellos, todo el círculo de amigos que frecuenta El Pumarejo está relacionado con el arte desde una u otra perspectiva.

Para todo aquél a quien tras visitar el local le entren ganas de montar algo, los cuatro jóvenes que están al mando de la asociación insisten en remarcar que su intención es «convertir El Pumarejo en un espacio de todos en el que no se pueda alquilar la sala sino ofrecer la posibilidad de organizar algo conjuntamente buscando en cada caso las condiciones que funcionen mejor para todo el mundo».

Teniendo en cuenta la magia que se respira en el lugar y la forma en la que les brillan los ojos a sus encargados a la hora de hablar del proyecto parece imposible resistirse a formar parte de ello. El Pumarejo es el sueño hecho realidad de un grupo de amigos, pero a la vez apunta a convertirse en uno de los espacios que más necesita Barcelona.

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