#Entrevistas

Plagiarismo, collage, agitación y diversión

Agnès Pe: por una creación libre y una escucha activa.

01.08.17
Frankie Pizá

Texto y entrevista de Antton Iturbe.

Agnès Pe Tomàs (Lleida, 1985) se define a si misma como una artista que “busca trabajar los conceptos o materiales más allá de los límites que abarcan cualquier género, siempre con una actitud divertida y arrolladora, bajo los parámetros de la estética del error, buscando nuevas formas de relación con los elementos que recompongo” en el manifiesto que encabeza su CV y lo cierto es que condensa certeramente todos los componentes de su obra y de su arrolladora y contagiosa actitud.

Agnès es, para quien suscribe, una de las grandes personalidades de la escena experimental-electrónico-ruidosa de este país y a la que hacía ya tiempo que deseaba entrevistar, tanto para adentrarme personalmente en su obra como para darla a conocer a los lectores de esta publicación.

Una obra desplegada en internet en un catálogo sonoro y visual realmente excitante, divertido, a veces un poco incómodo y críptico (aunque ese es probablemente parte de su atractivo) y amplísimo.

También problemático cuando uno trata de armar una narrativa alrededor del mismo o de hallar algún hilo conductor que permita identificar una evolución, un cierto tipo de recorrido, o incluso una regresión.

Así que he desistido de ese intento y he asumido que ninguno de estos conceptos lineales se adapta demasiado bien al fantástico caos de su trabajo y que es necesario mirarlo desde otro lado.

De ese modo, y gracias a la recomendación de la propia Agnès, he leído los fantásticos textos que Rinus Van Alebeek ha escrito para los mixes “Paté” que Agnès ha ido creando en los últimos meses para Radio On, y en su concepción aguda e inspiradora y en ese saber ser profundo, sin necesidad de sonar demasiado serio he encontrado buena parte de las claves y referencias que he usado para esta entrevista.

Podría decirse que el collage es la base de tu sonido, especialmente en estos mixes que has ido creando para Radio On, pero en el fondo es como no decir nada, ya que en realidad se puede aplicar ese mismo concepto a un porcentaje enorme de la música que se crea hoy en día y además en esencia, no es un concepto nuevo en absoluto.

De esta manera y como se dice en uno de los textos de Radio On “el collage como forma de arte ha alcanzado un nuevo y excitante nivel, porque finalmente ha podido desvincularse del sucio mundo de la Política y se ha convertido en una expresión de la cultura independiente del siglo XXI”.

No estoy seguro de comprender del todo este planteamiento e incluso de estar de acuerdo pero resulta estimulante y me hace preguntarme si el caos y la entropía inherente a un collage y la(s) interpretación(es) absolutamente personal(es) que cada oyente y el propio autor dan en cada momento es quizá la forma más acertada de expresión en este mundo que cada vez se nos hace más incomprensible.

A lo mejor, la ausencia de estructura, de leyes rígidas, de secuencias ordenadas y de grupos definidos y estancos es precisamente la clave y la única interpretación posible.

Y de ese modo, mucha de la música actual, aparentemente inconexa y mutante, con esa textura casi etérea, basada en retales perdidos en la inmensidad de internet, nos produce tanta extrañeza y al mismo tiempo nos atrae de forma tan inexplicable, precisamente por ser la lectura más real y próxima que hemos hecho nunca de nuestra propia existencia.

¿Lo ves así?

Agnès: El collage no es más que combinar sonido preexistente para crear algo nuevo.

Si sumas una batería, un bajo y una guitarra, también podemos considerarlo un collage. Son artefactos diseñados para generar cierto tipo de sonidos, por lo tanto son sonidos preexistentes. Todos sabemos como suena una batería.

Otra cosa es lo que hagas con esa batería, bajo y guitarra, qué tipo de batería utilizas, cómo lo combinas, etc. Lo mismo ocurre con material sonoro que proviene de fuentes “no mecánicas” -grabaciones de campo, música que suena en la radio, música que se encuentra en internet, etc.–

Hay gente que utiliza instrumentos tradicionales cómo herramienta base, mi herramienta base son las canciones, es decir, utilizo sonido preexistente como portador de información. Utilizar canciones ajenas implica estar haciendo una auto-reflexión musical. Además se habla con la voz de otros, por lo tanto la individualidad y el virtuosismo quedan relegados de su trono.

Es ahí dónde entra el juego la terminología del remix, dónde el poder estético está en manos de lxs creadorxs, que ya no tienen necesidad de tener conocimientos musicales convencionales y por otra parte, se otorga un poder similar a la escucha y el acto de escuchar.

En cuanto a los procesos de creación, y en relación al caos y las estructuras, no es un ejercicio gratuito ni aleatorio. Existen aires de disonancia, pero no me atrevería a calificarlo de caos. En mi caso hay una estructura generada por unas “leyes” rígidas y el orden es estricto, simplemente las premisas no son las habituales. Existe una coherencia sólida y fuerte en el proceso, aunque el desarrollo de la escucha sea críptico e impredecible, cosa que lo hace revelador. Al final se trata de una composición total, a pesar de que el método compositivo no sea el tradicional y esté más bien esté ligado con el hecho de desaprender.

Cuándo escucho a Graham Lambkin, por ejemplo, hay una sensación de suspensión de los elementos sonoros e incluso de la temporalidad. Pero a medida que progresa la escucha, te das cuenta que hay una reflexión y una actitud fuerte detrás, y eres consciente de ello porque te está guiando y tu predisposición a escuchar va cambiando.

Al ser músicas autosuficientes e irrebatibles para las ideas tradicionales del gusto, conducen a resultados excitantes y es por eso que quizá, tal y cómo comentas, nos atrae de forma inexplicable.

Bien, antes de ponernos demasiado trascendentales pasemos a otro aspecto tan o más importante aún en tus creaciones. Me refiero al humor y a la pura diversión. Tanto tus mixes/collage como las composiciones electrónico/ruidosas que cuelgas en tu Bandcamp transmiten una sensación de goce desinhibido e irreverente del sonido, sin más límite que el de tu propia imaginación.

Una vez que uno, como oyente, acepta esas “reglas” y deja de buscar cinco pies al gato, sucumbe al puro placer del juego y de la sorpresa. Me encanta esta cita de Van Alebeek y me parece una descripción muy gráfica de lo que haces:

“Y mientras los músicos de noise de la vieja escuela sólo expresan rabia, con algún toque de dada y art brut por aquí y por allá, Agnès se lleva al abuelo del noise al parque a dar una vuelta en su silla de ruedas y escucha pacientemente su cháchara de cascarrabias- y sabemos que le quiere, basta con mirar como le pasa la mano por la mandíbula para quitarle la baba..” 

¿Te sientes identificada?

A: Empecé muy pronto a escuchar música experimental, avant-garde, noise, electroacústica, concreta, etc. Con 16 años iba mucho a la biblioteca de Lleida y escuchaba mucha música.

Ahí descubrí la revista RAS, la revista Tellus y los compilados de Necronomicon. Recuerdo escuchar con mucho fervor a Paul De Marinis, a Mataparda y a Sociedades en Tetra Brik.

Empecé a hacer música a través de samplers, dándole la vuelta a canciones, desarrollaba pequeños experimentos, sin ningún tipo de formación musical académica.

Años después conocí a Vicky Bennet (People like us) y a John Oswald, en Bilbao, y me di cuenta de la importancia del plagiarismo y la apropiación y de que realmente ese era mi camino. John Oswald acuñó el término “plunderphonia” para describir la apropiación, el plagio y la manipulación de trabajos realizados por otras personas.

Es decir, trabajar con sonidos que no son “originales” sin necesidad de tener conocimientos musicales convencionales. Es una forma de producción barata y potente.

El plano de la creación experimental parece que se ha reservado a unas élites especializadas y académicas –arte sonoro-, cosa que ha hecho que haya una cierta aversión y distancia por las músicas experimentales.

No obstante, es cierto que algunas de las producciones actuales son repetitivas en estructuras y en muchas ocasiones se han quedado ancladas en la nostalgia. Pero existen ciertos prejuicios, y se ha abierto una brecha generacional.

Me cuesta entenderlo, cuándo algunas de las producciones más arriesgadas de gente muy joven, están bebiendo -de forma consciente o inconsciente- de las músicas experimentales de décadas pasadas. Toda la terminología del remix -que ahora está tan en boga- bootleg, mash-up, etc, puede rastrearse en la música experimental.

Pongamos por ejemplo a James Tenney, que en 1961 compuso Collage No. 1 “Blue Suede” un “bootleg” del hit “Blue Suede Shoes” (1956) de Elvis Presley.

Cuando Pierre Schaeffer empezó a trabajar en la década de 1940 con discos y posteriormente con cinta magnética y grabaciones, lo que hacía era actuar sobre el sonido que registraba. La tecnología de la grabación permitió grabar y hacer una representación de ese sonido y manipularla. El caso es que hay cierta analogía con las creaciones digitales, internet y la manipulación, distorsión y alteración de música pop actual.

Siempre es bueno escuchar a gente que pone en cuestión el sonido y se enfrenta a la reflexión de la propia música. Me interesan ciertas actitudes y posicionamientos frente a lo sonoro, independientemente de géneros, estilos, herramientas o generaciones. Gracias a ello puedo querer y apreciar a mucha gente, no tengo muchos escrúpulos. La experimentación va mucho más allá de ciertos dogmas, referencias o herramientas –por ejemplo, el insulso enfrentamiento entre digital y analógico-. Es una actitud y una predisposición.

Ligado a esto creo que hay una relación directa entre esa violencia supuestamente inherente al noise y la abrumadora presencia de hombres en la escena hasta ahora. Ha habido un exceso de testosterona, y de competitividad por ver quién era más bruto y agresivo, que si bien en un momento dado ha podido ampliar los horizontes de este estilo a la larga ha acabado encasillándolo.

Poco a poco aparecen las mujeres y el colectivo de LGTB va ganando presencia en este ámbito (pienso en Puce Mary o Pharmakon on el libro “Pink Noises” p ej) y con ello se está dando un cambio de paradigma muy saludable en mi opinión.

¿Lo ves tú también así? ¿Consideras que la cuestión del genero ha sido un factor importante en la evolución del noise?

A: Me gusta escuchar a Foxdye, Yureka Ca$h, Zara Paz o Fire Toolz, pero su condición trans y de mujeres no es la razón, me parece que hay una intención muy parecida a lo que hace el nipón CD-R o el cybergrinder S.M.E.S.

Me fascina la gente que se acerca e interpreta la música de forma arriesgada, fresca, impredecible y eufórica, y no porque estén catalogadxs en un género u otro –utilizo género con un doble sentido, tanto musical cómo la dicotomía hombre-mujer–.

Entiendo el género cómo algo más allá de lo biológico (lo biológico me parece simple y maniqueísta). Suelo equiparar la problemática de la definición de género con la de género musical. Para la música los géneros musicales ya no tienen sentido porque encasillan y son predecibles. Por eso hablar de género se me hace tedioso y un simple intercambio de “papeles” me aburre.

Hay un autocontrol en torno a la testosterona. Se asocia a una sonoridad, unos comportamientos y unos roles determinados. Pero tal y como la “pluma” no es patrimonio de lxs gays, la agresividad tampoco es patrimonio de los hombres, y tampoco la agresividad es patrimonio del noise. Para la música no sólo se basta con definiciones de género y roles, hay que ir más allá.

El control solo funciona si unx es cómplice con él. Hay que apropiarse de la tecnología para producir de forma autónoma redes propias y contenidos culturales -que no “coolturales”.

De acuerdo al texto de Radio On, el Mitt Paté 11 está dedicado a una sesión de escucha radical que tuvo lugar en el solsticio de verano en el barrio de Solokoetxea en Bilbao.

El evento duró tres horas y permitía la entrada y salida libre, la escucha, baile, conversación o lo que a uno le viniera en gana durante el mismo. Pero no da más pistas sobre el mismo y siento curiosidad. ¿Podrías describirlo con más detalle? Y también ¿Qué sensaciones te produjo y qué conclusiones has podido sacar?

A: El público escuchaba, cerraba los ojos, dibujaba, bailaba y hablaba con su vecino. Alguien dijo que, después de aquello, no escucharía música en un mes. El ruido, el estruendo, las capas, la escucha se tornaron oblicuos. El evento duró 3 horas y en el Mitt Paté lo resume en media hora.

A mi parecer reinaba la confusión, pero no por el tipo de músicas dispares entre sí, si no más bien por la disposición clásica de colocar frente a frente la música y el público sentado. Pero quizá fue una sensación mía.

Las audiciones me gusta definirlas como una experiencia sonora del turbocapitalismo; suelo generar contrastes antagónicos, saltos temporales, históricos o geográficos, mimetismos, mezcla de capas imposibles, contextos distópicos, imaginarios delirantes, melodías que entran y salen, cacofonías de ruido, …

Hablando de Bilbao, en un artículo anterior entrevisté a Miguel A. García –Xedh- uno de los responsables del Club Larraskito y del Zarata Fest, en cuya recopilación estás presente y con quienes has colaborado en varias ocasiones. ¿Qué relación tienes con la “escena” de Larraskito y qué opinas de la labor que vienen desarrollando?

A: Viví un año en Bilbao (allá por el 2010) y fui asidua a Larraskito. También amenicé musicalmente los interludios de los conciertos en el Zarata Fest durante los últimos años, tanto en Bilbao cómo en Madrid.

Mi primer concierto fue en Larraskito en 2010. Oier Iruretogoiena me escribió y me propuso actuar. Nunca me ha gustado mucho tocar en directo y me costó prepararlo. Le di muchas vueltas y al final preparé un Power Point. Realicé unas versiones de diferentes hits de música clásica a través de la manipulación de archivos .mid.

El concierto consistió en una presentación de Power Point y cada slide contenía un track, a la vez que aparecía la cara del compositor. Escuchar los tracks triturados y distorsionados y ver a Rimsky-Korsakov (por ejemplo) con su ademán desafiante, producía un efecto grotesco.

Conocer a la gente de la Larraskito y escena afín me estimuló mucho para seguir haciendo música y sobre todo, a prestarle más atención a aspectos sonoros que antes no me había planteado.

Hay una escena activa y lo mejor es que cada unx tienen personalidades diferentes y su acercamiento a la música es muy dispar entre ellxs. Eso es lo que enriquece a la escena de Larraskito además de ser un grupo cohesionado y fiel –sin ser cerrado en sí mismo-, pero que a la vez se va reciclando y mutando.

Cuando Autechre actuaron en el Sónar de hace un par de años, un amigo me comentó que hubo un instante en el que creyó escuchar todas las canciones del mundo a la vez. Me gustó mucho esa bella descripción de la honda impresión que nos había provocado aquella música.

En los textos de Radio On encuentro también una hermosa referencia, muy similar, cuando se pregunta si “¿Puedes recordar todos los libros que has leído, o las películas que has visto, las personas que has conocido, los platos que has comido, las personas que has amado y condensar la experiencia en un solo momento? ¿Es posible recordar –simultáneamente- todas las músicas que has escuchado? y ¿Qué pasará si lo consigues? ¿Te devolverá las sonrisas, olores y recuerdos de aquellos días de juventud que han desaparecido a la vuelta de la esquina?” Añade “¿Es Mitt Paté un intento de juntar todos esos recuerdos y almacenarlos para el futuro próximo?”.

Puede ser, pero yo me inclino más a pensar que es una especie de prensa que comprime toda esa música, la tritura y la devuelve totalmente transformada. De hecho, veo así mucha de la música que se produce hoy en día. Como una forma de asimilar todo lo hecho hasta ahora y triturarlo después para recoger los trocitos y crear algo verdaderamente nuevo con ellos. ¿Lo ves así tú también?

A: Hace unos días, ante la incertidumbre de si SoundCloud desaparecía en 50 días, alguien descargó SoundCloud entero, unos 900TB y lo puso a disposición de cualquiera en Reddit. Esto si que es triturar y recoger trocitos! 😉 Me parece bastante ilustrativo de lo que estás planteando.

Estamos en un momento muy historicista, necesitamos del pasado para seguir alimentándonos o bien para repensarnos, pero a la vez hay cierto impulso de no ser conscientes de ello. Con todo éste existencialismo, el tiempo se desarrolla a una velocidad mucho más abstracta. Hay una sobresaturación de historia, de revivals y pastiches.

Los ordenadores y los sistemas de grabación han ampliado el dominio sobre los parámetros de la música y han desestabilizado -por fin- el paradigma de la música, difuminando las fronteras que separaban intérpretes, compositorxs y autorías.

Hacer música hoy es tener que consumirla de forma crítica.

Alguien podría decir que el invento del sampler y su uso para producciones de hip-hop no es nada nuevo y que “Entroducing” de DJ Shadow tiene ya más de veinte años, y en parte, tendría razón.

Pero no creo que hablemos de lo mismo. Los sampleados del mundo del hip-hop, por ignotos que sean, siempre han tenido un espíritu de coleccionista de joyas musicales, han sido mínimamente reconocibles y con ello han motivado un juego de homenajes y de referencias cruzadas, un cierto aire exhibicionista y en muchos casos un tono casi didáctico.

Aquí no hay nada de esto, las fuentes sonoras son tan minúsculas, tan diversas e imposibles de trazar y están muchas veces tan distorsionadas que no dan pie a ninguno de estos juegos.

Es necesario reinventarse y el propio oyente debe crear su interpretación y de alguna manera, tener un rol más activo ¿no es cierto?

A: No utilizo samples ni loops.

Supongo que los fanatismos deben llegar a su fin y deconstruir a los ídolos hasta la saciedad es la mejor opción para ello. La canción se reduce a un simple sonido, que bien podría ser el sonido de un golpe en una cazuela. Es la forma de destruir como acto constructivo y por supuesto el oyente puede o no apreciar éste gesto.

Todavía sigue habiendo muchx purista que se guía al son de sus ídolos y adquiere nuevos fanatismos en función de si el musicx en cuestión ha pasado o no por un gran festival o lo ha apadrinado tal o cuál. Me parece una postura absurda y anacrónica, propio de alguien que no ha entendido nada (al igual que los fanáticos del copyright, pero ya es otro tema).

Escuchar requiere tiempo -reescuchar no está de más- y predisposición. A la vez reelaborar prejuicios o ideas previas entorno a la forma de entender ciertas sonoridades. Dejarse sorprender y ser consciente de que el azar y la intuición están infravalorados. Obviamente ésta es una tarea que le corresponde al oyente.

En cualquier caso ¿De dónde parten tus fuentes sonoras? ¿Qué dirías que te inspira a crear? Y ¿De qué modo se diferencian tus creaciones para bandcamp de los mixes en este sentido? (si es que se diferencian de alguna manera).

A: Me inspira mucho la calle, el entorno próximo. No me gusta llevar cascos cuándo ando por la calle, prefiero escuchar lo que pasa alrededor. Se puede observar la repetición hiperbólica de canciones a la que estamos expuestxs, el ruido de los pasos de determinados zapatos, distintas capas o niveles auditivos, voces, etc.

Me impregno de lo cotidiano y del contexto en el que estoy involucrada. Trabajo con el exceso y utilizo el capitalismo como un medio, no como un fin. Reivindico el exceso y lo dispar entre sí. El capitalismo -ese mágico bastardo- es una de las inspiraciones que sigo para preparar los programas de radio Mitt Paté.

La selección y mezcla de tracks son algo más que representaciones simbólicas de tiempos caóticos. Hay un enfado eufórico, suena misterioso e inquietante, y auditivamente denso.

El capitalismo es un extraño híbrido entre lo ultramoderno y lo arcaico. Es lo que queda en pie cuando las creencias se colapsan a nivel simbólico y lo único que quedan son las reliquias y las ruinas, lugar por dónde el oyente transita.

Cuando produzco música, antes que nada, me gusta escribir una historia o bien tener un mapa conceptual. A priori creo una contexto con unos tonos y tesituras, con un determinado imaginario, y después, en base a ello, trabajo los diferentes tracks que compondrán el disco.

Éstos contextos suelen ser ciudades con ciertos toques distópicos, abigarrados y cierto aire arcaico y cyborg. Trabajo mucho con archivos midi -no confundir con instrumentos- que voy adaptando, estrujando y manipulando según la sonoridad que se persigue.

La preocupación de los registros sonoros (ya sea la música que produzco o bien los programas de radio) recae en la densidad y la distorsión armónica. Incido en la incertidumbre que se siente al escuchar material con muchas capas. El material es examinado y rehecho, se convierte en protagonista y adquiere una forma de auto-reflexión.

Como John Oswald dijo, es una forma de escucha activa. Hay que aplicarse y extraer de esa experiencia lo que buscas en ella.

En esta mezcla y agitación de material sonoro, se yuxtaponen muchas veces elementos en apariencia aparentemente inconexos, aislados y dispersos para crear nueva “vida”, y me remito por última vez a Radio On para otra bella cita:

“…fascinación por los procesos, la forma en que el material inerte puede generar vida. Moléculas chocando entre sí en una sopa primigenia, sin preocuparse de si están vivas o no, se juntan, algunos elementos cobran un nuevo significado y con las nuevas estructuras todo es diferente. Se llama vida… Las partes individuales en los collage de Agnès, funcionan de la misma manera que esa materia inerte”.

No puedo estar más de acuerdo, tus composiciones parecen tener vida propia y mutar constantemente con cada escucha. ¿Cómo las percibes tú misma una vez creadas? ¿Las vuelves a escuchar? ¿Qué feedback recibes de tu público en este sentido?

A: Las escucho muchas veces, sí, y en rangos temporales distantes. Hacer el Mitt Paté es una toma de decisiones constantes para facilitar un desarrollo y una estructura cuidada.

Seleccionar el tipo de música, sonidos, es crucial para la combinación final y es ahí dónde se deja entrever la esencia. Utilizo músicas y sonido que extraigo de internet: desde SoundCloud, Bandcamp o YouTube, con especial atención a gente que se autoproduce y arriesga en el sonido.

También le presto atención al carácter juguetón en las creaciones musicales y ¿por qué no? a lo abyecto. Mi máxima es cuidar lo extremo, es lo que nos salva del stablishment, lo snob y el aburrimiento.

Cuando reescucho el mix, tengo una impresión grande de distancia y lo disfruto mucho. Al final es algo medio impersonal ya que en realidad está participando mucha gente.

Me ocurre que según se desarrolla el programa, voy visualizando una línea temporal, una especie de electrocardiograma que me ayuda a visualizar la estructura sonora (impactos, intensidades, tiempos, etc).

Cuando el sonido adquiere materialidad, se hace presente, en ese instante todo tiene sentido. Trabajo con muchas capas -canciones, músicas- y sonido imperceptibles que si no oyes en una primera escucha, lo harás en la segunda (si le das una segunda oportunidad, claro).

Dentro de esta yuxtaposición está también el elemento visual, que hasta ahora no habíamos comentado pero tiene un papel notable en tu página web. Admito que solo he echado un vistazo rápido al mismo, pero lo suficiente para sentirme fascinado, por ese punto cotidiano, casi antropológico y a la vez extraño, bizarro y un poco desasosegante que tiene. ¿Cómo trabajas este aspecto de tu arte? y ¿Cómo dirías que se relaciona con tu vertiente más sonora?

A: Lo cotidiano y común tiene un peso fuerte en la construcción de mi imaginario. En general reina el afán por la novedad y puede que, debido a ello, el shock por lo nuevo haya quedado atrás.

Me dejo embriagar por el entorno, encuentro, observo mucho, me asombra el desencanto, las acumulaciones en escaparates, los displays urbanos o rurales, la periferia y el kitsch fallido. No soy capaz de retener toda la información que veo y me gusta utilizar la cámara de fotos cómo extensión.

Las imágenes toman una mueca trash, un trash cotidiano, muy presente. Aunque esté involucrada en un entorno, tomo una perspectiva externa, totalmente descriptiva y lo que reflejan las imágenes son aspectos generales.

Ésta distorsión o “subjetivización” de lo cercano es lo que lo relaciona con lo sonoro: creando versiones de hits pop, rescatando ritmos periféricos, trabajando con archivos .mid -los que se utilizan a modo de pistas para karaoke-,…

Algunxs lo llamarán entrometerse en la “alta” y “baja cultura”. Es una distinción algo extraña y confusa y no me gusta aplicarla, sobre todo porque la distinción está creada por agentes que forman parte de la llamada “alta cultura”.

Ahondando un poco más en ese aire “antropológico”, parece que viajas con bastante frecuencia y que además te gusta tomar registros sonoros y visuales de tus visitas.

Tengo la sensación de que hay una intención de visibilizar ciertos comportamientos, comunidades, iniciativas… que escapan a los radares habituales y mayoritarios y de hacerlas inclusivas a tus creaciones, al mismo tiempo que te incluyes tú en las suyas y las estimulas. Pero prefiero que seas tú la que me cuente cómo desarrollas esta labor… es posible que me esté yendo un poco por las ramas…

A: Me gusta pasar temporadas fuera de la base, Madrid. Vivir, convivir, deslocalizarme, mimetizarme… me ayuda a entender cosas y a ampliar imaginario. Suele fascinarme todo lo que me rodea, no hay que ir lejos para encontrar estimulación.

Ni fuerzo ni busco, simplemente observo y sí, me llaman la atención las cosas más comunes, que por otro lado, no parecen serlo en una sociedad tan mediatizada como la nuestra.

Me explico, pienso que la cultura que solo se preserva, no es cultura en absoluto. La cultura (me refiero a la definición científica: hábitos, valores, normas, etc. que adquiere una persona como miembro de la sociedad) no es una categoría natural sino política.

Partiendo de ésta premisa lo que busco es politizar -plasmar, mostrar- ciertos “desórdenes” en apariencia naturales. Ésta naturalidad es lo que me llama la atención; la excepción frente a la norma mediatizada y adquirida, el límite.

Me refiero a que si la cultura es una adquisición, por lo tanto fruto de lo político, me interesa aquello que aún siendo adquirido tiene algo de natural y espontáneo (qué sería lo contrario de adquirido). Algo que está en el límite, outsider o perturbador.

Para terminar, me gustaría que describieras brevemente los proyectos en los que estás involucrada en este momento y los planes que tienes para el futuro.

A: Ahora mismo me tiene muy fascinada todo lo que está pasando alrededor de la canción de Luis Fonsi “Despacito”: cómo explotan cabezas, millones de versiones (incluyendo bandas de policía, grupos de metal, etc), comprobar la evolución temporal de la palabra “despacito” en google trends, la canción más descargada en streaming de toda la historia, moverte por el pueblo (coche, súper, bazar chino) y en todos lados suena la canción,…

Me muevo por la emoción e inconscientemente estoy gestando algo.

A todo esto, estoy trabajando en una exposición que me han encargado en la qué el término “muzak” (también llamado música de ascensor, funcional o ambiental) estará muy presente, siempre desplazando las formas y alterando el significado. Es una exposición que se construye alrededor del próximo disco “Odem Stimuzak” y se inaugurará el 15 de septiembre en un pueblo de Lleida (Balaguer).

Estoy preparando también una audición llamada “Dronology” para el ciclo Archipiélago qué comisaría José Luis Espejo y se celebra en septiembre.

Y por último tengo entre manos un compilado de versiones de hits de electroacústica (Xenakis, Cage, Oliveros, Schaeffer, Ussachevsky, Varèse, Polonio, Nono, Ligety, Henry, … etc.).