#Entrevistas

Necesitamos disciplina

Precediendo a su actuación en la próxima edición de MUGAKO, desvelamos algunos misterios, desde filosóficos a sonoros, detrás esta identidad.

24.08.17
Frankie Pizá

Texto y entrevista de Antton Iturbe.

Los datos sobre el proyecto Roots In Heaven son muy escasos y oficialmente se reducen a una escueta, funcional y más bien opaca nota de prensa de su propio sello, Zehnin Records.

Sabemos que bajo ese alias se esconde el nombre de un conocido DJ y productor de Techno, pero su identidad no ha sido aún desvelada (y por cierto, adelanto que tampoco lo será en esta entrevista).

En todas sus apariciones públicas se presenta tras una máscara metálica adornada con plumas, mezcla de espadachín de esgrima y hechicero de vudú, que oculta su identidad y permite que el público se concentre exclusivamente en la música y se deje invadir por la profunda vibración de sus extensos drones.

Es ahí, en el directo, en la experiencia compartida con el público donde probablemente el proyecto cobra todo su sentido, como lo hará en el festival MUGAKO en octubre, donde Roots in Heaven es uno de los artistas en cartel, motivo por el cual hemos concertado esta entrevista con el hombre “behind the mask”

¿Cuál es el concepto detrás de Roots in Heaven? El nombre sugiere una cierta visión trascendental, como si quisieras regresar al Cosmos al que originalmente pertenecemos, pero a lo mejor me estoy yendo demasiado lejos, dime, ¿de dónde viene el nombre y que es lo que te sugiere?

Roots In Heaven: El nombre viene de una sesión de Yoga en la que tome parte hace ya un tiempo en Berlín. Todos los ejercicios estaban basados en posiciones de Yoga en las que se invierte el sentido de la gravedad.

Es decir, todas aquellas en las que tus pies están a una altura superior a tu cabeza. Y por alguna razón, me pareció que había un interesante paralelismo con lo que yo pretendo conseguir con mi música.

Este proyecto también trata de que inviertas tu polaridad para despojarte de ciertas reglas y permitir que las cosas sucedan y te afecten de otra manera.

Al mismo tiempo, escondes tu cara detrás de una máscara metálica que te da un aspecto un poco agresivo, y eso parece entrar en conflicto con la idea de paz y tranquilidad que un nombre como Roots in Heaven puede sugerir.

¿Por qué sucede esto? Obviamente se trata de una interpretación personal y es posible que la tuya sea completamente diferente pero tengo mucha curiosidad por conocerla.

RIH: La máscara está construida y diseñada por Ignazio Mortellaro, que es quien se encarga de todo el aspecto visual de mis shows. Ignazio es un artista contemporáneo que me atrae mucho y cuando le propuse la idea de la máscara aportó un punto de vista que me pareció muy interesante.

La máscara era algo necesario para mí en este proyecto, porque hay muchísima gente en el mundo de la música que me conocer por mi “otro proyecto” y por tanto era importante que mantuviera mi identidad en secreto y no despistara al público con ella. En definitiva, es una manera sencilla de escapar a la tiranía de las expectativas.

Y sí, como bien dices, la red metálica es la de la máscara de un guerrero. Pero es también la máscara que se usa para la práctica de la esgrima, un deporte extremadamente ritualizado, en el que no se libra una lucha verdadera, si no la ritualización de esa lucha.

Ahí encuentro el paralelismo con mi proyecto, además de la disciplina personal con la que lo llevo, que es también vital para su desarrollo.

La disciplina en el modo en el que produzco la música y en el modo en el que me desenvuelvo a un nivel espiritual y energético, por decirlo de alguna manera.

Es una especie de proceso abstracto llevado al extremo, muy ritualizado. El guerrero ya no busca sangre, si no la disciplina personal, y esa búsqueda es la que se traduce en mi música.

Por otro lado Ignazio ha añadido unas plumas alrededor de la máscara que sugieren esa idea de inversión vertical de la polaridad que comentaba al inicio, al asociarse con la imagen de un pájaro.

El catálogo musical de Strobsocopic Artifacts y la aportación estética que Ignazio hace al mismo son realmente atractivos…

RIH: Estoy de acuerdo. Ignazio, en especial, me parece un artista realmente único con un sentido del espacio muy próximo al que yo trato de obtener con mi música. Un espacio diáfano, abierto y en oposición a esa cultura “in your face”, constantemente cambiante, abigarrada y asfixiante que vivimos en la actualidad, tan alta, tan directa, tan explosiva y tan sensacionalista.

Quiero hacer algo que se oponga totalmente a esa cultura, música que requiere tiempo y atención para ser procesada y que no es accesible de forma inmediata. Y no lo digo desde un punto de vista de superioridad intelectual, lo digo simplemente porque necesita tiempo para ser absorbida.

La música de RIH es una invitación a reclamar ese tiempo y tomárselo para uno mismo. Es por ello también que no he querido hacer un álbum con tracks diferenciados en el que puedas saltar de uno a otro. Es una larga pieza que debes escuchar pacientemente desde el principio hasta el final.

Por otro lado, varias de las reseñas que he encontrado sobre la música de RIH (en especial esta en The Quietus) hablan constantemente de visiones distópicas “de una humanidad en proceso de desaparición, en un lento declive de la civilización” y se describe la música de drones como “música para el momento en el los marcadores del tiempo como los relojes, metrónomos y alarmas se habrán parado”.

Estas visiones sugerirían que es necesario un proceso de destrucción/deconstrucción de nuestra civilización en primer lugar para encontrar nuestra esencia y empezar de nuevo a crear desde ella. Esa podría ser también una interpretación del conflicto agresividad/paz del proyecto.

Pero en cualquier caso, ¿cómo te sientes cuando lees o escuchas este tipo de asociaciones con tu música?

RIH: Por un lado puedo estar de acuerdo con ellas, en el sentido de recuperar un sentido del tiempo que parecemos haber perdido. Estamos bombardeados por estímulos constantes y el intervalo de atención es tan corto que esto está afectando al modo en el que much@s artistas actúan ante el público.

Se sienten forzad@s a entretener constantemente porque la atención del público recae rápidamente. La gente está siendo educadamente para deslizar su atención de una cosa a otra constantemente como en la pantalla de un Ipad, como si eso fuera posible con las experiencias de la vida real. Es absolutamente demencial.

Así que sí, RIH es una invitación a ese proceso distópico de deconstrucción, de desmantelar toda esta farsa que nos rodea y encontrar algo nuevo. Por otro lado a nivel estético la música drone de texturas ásperas se ha asociado con frecuencia a una imaginería de ruina post-industrial y esa no es necesariamente la estética de RIH. RIH está mucho más cercano a los paisajes naturales.

Recientemente hice una performance en una localización perfecta. Era un lago en medio de un bosque y pedí expresamente que mi set se ubicara entre las 5 y las 6 de la mañana, justo al amanecer.

Y después de casi una hora de música drone ambiental el sol empezó a iluminar el lago, y mientras este cobraba vida poco a poco, podías ver el reflejo de la imagen de los árboles formándose en la superficie del agua. Y esas imágenes estaban invertidas, con lo que el concepto de Roots in Heaven tenía todo el sentido del mundo, ja ja ja.

Interpretaciones aparte, tus composiciones están basadas en drones de larga duración y como bien dices, requieren de una predisposición por parte del oyente para acceder a su interior.

En ese sentido, esa actitud te empuja completamente fuera de la pista de baile, que entiendo que ha sido tu lugar de trabajo habitual hasta el momento. Quiere esto decir que RIH y tu “otro” proyecto son entres totalmente paralelos y separados y que uno te permite poner el otro a un lado y descansar de él? O ¿existen “vasos comunicantes” entre ambos?

RIH: No, no están separados. Existen un montón de “vasos comunicantes” entre ellos, como dices. El uso de la máscara no es tanto un modo de trazar una línea divisoria entre ambos proyectos como un modo intencionado de evitar la pesada carga de las expectativas del público, y prepararle para escuchar algo fresco y nuevo.

En cualquier caso, la separación se da sólo en el aspecto exterior, porque en el interior ambos parten de una misma expresión personal. Lo que hice durante la última década en mi “otro” proyecto está en la base de por qué he creado RIH. Ambos están integrados. Al mismo tiempo, el trabajo que hago como RIH tiene su reflejo posterior en mi otra actividad como DJ y productor.

En definitiva, reclamo un cierto tiempo para crear y procesar las cosas, escapando de los formatos rígidos y preconcebidos. Nadie te obliga a que un track tenga 10,12 o 15 minutos, cuando te haces consciente de ello, el tiempo se convierte en algo extremadamente relativo. Hice un experimento muy bello recientemente en una escuela de Ámsterdam.

Limitamos el número de asistentes a 30 personas y nos metimos todos en una de las aulas del colegio. Allí hice una sesión que duro toda la noche, de forma que la gente podía dormir si lo deseaba, expuesta al sonido de RIH durante el sueño. Acabo transformándose en una experiencia de “sueño activo” realmente interesante.

Todo el mundo durmió o al menos dormitó durante la sesión y todos me contaron que habían tenido sueños muy intensos. Cada sueño era completamente diferente del resto pero todos tenían un elemento común. Los sueños de todos ellos, de las 30 personas, ocurrían siempre dentro de aquella aula.

¿Una especie de experiencia de “sueño compartido”?

RIH: Exacto. Es un espacio compartido, que contiene una energía que afecta a todos los presentes. Estas cosas ayudan a entender otras perspectivas del poder que la música y el sonido ejercen sobre nosotros. Por supuesto, la pista de baile me ha permitido entender muchos aspectos interesantes de ese poder, pero a través de RIH estoy descubriendo territorios completamente nuevos para mí.

Al mismo tiempo estoy adquiriendo herramientas que puedo usar después en mi faceta de DJ de club. Son otras formas y otras circunstancias, pero todo es parte de la misma ”sopa”.

En parte ya me has contestado a la siguiente pregunta pero me gustaría profundizar un poco más en algunos aspectos. La música producida por RIH está pensada, en principio, para ser escuchada en casa, en la intimidad, y no en un entorno de club. Eso supondría para ti una retirada de la vida pública, por así decirlo.

Pero RIH también actúa en directo, lo que significa que RIH puede convertirse en una experiencia comunitaria que me recuerda a las sesiones cercanas a la meditación que plantea en ocasiones Lucy.

Has mencionado en alguna ocasión instalaciones sonoras como “I Dormienti” de Brian Eno como referencia, pero ¿Cómo planteas exactamente las sesiones en directo de RIH?

RIH: Yo también considero que se trata de una experiencia compartida, en comunidad. Lo que me gusta de RIH es que proporciona una sensación de intimidad y relación directa con el oyente, casi mística, diría yo. Mística en un sentido espiritual y religioso muy “medieval”, de una relación directa y muy íntima entre dios (sea lo que sea para cada uno) y la persona.

Dicho de otro modo, lo que hago es traer ese estado mental en el que caes cuando estas en medio de una sesión de meditación a una experiencia en comunidad. Uso las mismas herramientas de producción que utilizo en casa y expongo el resultado a un público sobre un escenario. El ejemplo del lago que te he comentado es muy bueno para entender la idea de experiencia comunitaria.

Durante la misma siento que me disuelvo en la propia idea de la música, al mismo tiempo que lo hace el público asistente. Todos juntos, hasta llegar a un punto, en el que no hay diferencias entre nosotros. Es como sí el sonido lo abarcara absolutamente todo. A ti, a la audiencia, al espacio en sí. Todo es uno: artista, actuación, oyente, música, vibración, espacio, naturaleza…

En este sentido, ¿qué podemos esperar de tu show en MUGAKO? ¿Nos puedes avanzar algo?

RIH: Estoy realmente excitado con el show que preparo para MUGAKO. Probablemente será Ignazio quien se encargue de la parte visual y me traeré todo mi “sistema en una maleta”, que es como llamo a mi estudio de grabación portátil, evitando el uso de laptops o cualquier otro interface digital.

Lo que surge de mi “maleta” va directa al mixer, literalmente, sin ningún tipo de tratamiento digital intermedio. Prepararé una base, un sistema de posibilidades sonoras interconectadas que funciona como la paleta de un pintor.

Decidiré los colores de antemano, pero el cuadro será totalmente improvisado. Si a esto le unimos la aportación visual de Ignazio, creo que quedará algo “muy expansivo”… ja ja.

Has hablado de la improvisación, como un factor clave en tus creaciones. Pero hay un aspecto relativo a ella, y que mencionas en algunas entrevistas, que encuentro muy interesante. Es el hecho de que evitas, a toda costa, usar el azar en esa práctica de la improvisación.

Te gusta trabajar dentro de los límites de una serie de reglas muy estrictas (tanto en RIH como en tu faceta de DJ/Productor Techno) y eso te permite crear tu propia música de manera totalmente personal e indagar en ese concepto más y más profundamente con cada uno de tus publicaciones.

¿Lo ves así? Y en cualquier caso, ¿Puedes anticiparnos por dónde van a continuar evolucionando tus proyectos?

RIH: Es así. El azar o la aleatoriedad es exactamente lo que NO quiero en mi música. Tengo la sensación de que en mucha de la música contemporánea más intelectual hay una tendencia demasiado “fácil” de crear a través del puro azar. Es algo que se lleva haciendo desde los años 30 y que en su momento fue revolucionario y necesario pero en mi opinión, se ha abusado de ello. Así que cuando hablo de improvisación, prefiero hablar de un método probabilístico en lugar de hablar del azar.

Tengo un sistema sonoro predeterminado y lo agito para que produzca un resultado dentro de un rango. Pero no sé dónde va a terminar el resultado dentro de ese rango. Es una sorpresa para mí. Pero en el fondo hay una cierta estructura y textura musical que responde de un cierto modo, no de cualquier manera aleatoria. Es un equilibrio delicado.

Cuando oigo la palabra azar me sugiere algo extremo y casi agresivo: otra revolución, otra “superinnovación” y bla, bla, bla. ¿hacia dónde? Para mí, debe haber un equilibrio y una relación de armonía en lo que haces. No me interesa en absoluto provocar sensaciones del tipo “oh wow, que locura de sonido”. Es como esas películas llenas de efectos especiales. Por supuesto me puedo sentir maravillado momentáneamente por ellas, pero en cuanto salgo del cine me olvido de la película.

Volvamos a la máscara por un momento. He leído que estudiaste teatro y que hay un aspecto de performance en el uso de esa máscara. Parece algo extremadamente liberador para ti, que te ha permitido dar rienda suelta a una especie de persona oculta que habita en tu interior, abriendo nuevas posibilidades creativas con ello.

Esto es muy interesante e inspirador pero al mismo tiempo me sugiere que quizá somos nosotros, en nuestras vidas cotidianas los que hacemos una “performance” constante en base a unas reglas de comportamiento social establecidas y que esa máscara ayuda a “liberar” tu yo “real”.

¿Estarías de acuerdo en esta posibilidad?

RIH: Estoy totalmente de acuerdo. Desde un punto de vista filosófico, no creo que exista un sólo “yo”. Nos cuesta admitirlo, pero en el fondo albergamos cientos de personalidades diferentes en nuestro interior.

Y la máscara, lo cierto es que me la pongo incluso cuando estoy produciendo en el estudio, me ayuda a adquirir una personalidad concreta. Vuelvo a la idea de evitar la tiranía de las expectativas, incluso las que yo me creo conmigo mismo.

La máscara me ayuda a escapar de ellas. Me la pongo y soy otra parte de mi mismo, y la máscara es una forma muy potente de recordármelo. Así es como funciona para mí.

TIU: Este tema me recuerda una entrevista con DJ Stingray que leí recientemente en la que le preguntaban sobre su eterno uso de un pasamontañas en todas sus apariciones publicas.

Inicialmente se suponía que era una reivindicación de la ausencia de ego y el anonimato de la escena techno original. Y aunque ha podido terminar dándole una especie de personalidad especial que en parte contradice ese propósito, sigue siendo un potente recordatorio de la esencia de esta música.

¿Tiene RIH una actitud similar en este sentido? ¿El mundo del techno se ha convertido en algo demasiado orientado al estrellato y al “show business”?

RIH: Esta es una pregunta que no puedo responder como RIH, porque lo considero un proyecto totalmente ajeno a la industria musical. Pero desde la perspectiva de mi faceta de DJ/Productor de Club, hay mucho que puedo decir al respecto.

Por un lado estoy de acuerdo en que el mundo del techno se ha convertido en un “star system” pero por otro, no estoy seguro de que esto sea algo bueno o malo per se. No puedes calificar las cosas como blancas o negras con tanta facilidad. Hay aspectos positivos y negativo en ambas posibilidades.

Lo importante es ser consciente de lo que haces, de manera que puedas mantener tu integridad. En el sentido de que puedas decir “esto es lo que quiero hacer”.

Es cierto que me pienso “Qué c… estoy haciendo aquí” en algunas situaciones en el entorno de los clubs pero aún así sería muy arrogante por mi parte tratar de desvincularme por completo de esa cultura.

Al final, todos esos Djs que forman parte del star-system tienen sus propias historias personales y las llevan de una manera u otra a su música y no me siento en posición de juzgarles por el modo en el que lo hacen. Prefiero centrarme en la idea de la integridad.

Por lo tanto, ¿no sientes ninguna nostalgia por los tiempos más anónimos del techno?

RIH: En absoluto. De hecho en mi proyecto no soy anónimo de ninguna manera. Doy entrevistas constantemente y hablo un montón en todas las preguntas. Puedo fascinarme por ciertos métodos y herramientas del pasado pero ese es un aspecto diferente. Estaríamos hablando de modos de expresión, no emitiendo juicios.

Acabemos con tus planes inmediatos de producción, sesiones en directo, ediciones en tu sello Zehnin Records, etc.

¿Qué nos puedes contar?

RIH: Voy a continuar el proyecto RIH tal y como lo he llevado hasta ahora. Siempre grabo las actuaciones y de vez en cuando hay fragmentos que destacan por una razón o por otra y terminan formando parte de mis publicaciones.

En este sentido me siento más cercano a la actitud de un músico de free jazz, cuyas grabaciones nunca son iguales a lo que luego escuchas en directo.

El proyecto en sí se convierte en un proceso. Las actuaciones de RIH y las publicaciones, son facetas de un proyecto en evolución constante, moviéndose de un punto A a un punto B.

Por lo tanto cada publicación no es una obra por si sola , si no más bien una fotografía momentánea de un proceso más grande.

RIH: Así es. En unos meses publicaré algo nuevo como RIH, pero de momento quiero dejar que “Petit Madeleines” respire y no caer en la trampa de la publicación constante de novedades. Quiero dejarle crecer…